Cómo me quema...
Ando por las calles con la espalda llena de puñalás, ¿y qué?
sufre más el que no ama.
Yo lo tengo claro, puse la primera piedra,
soy la primera dama, además también puse la cama.
No me importa nada, es necesario.
Vete de aquí con la verdad y con la bendición.
Ojos que no ven..., yo soy pa' ti.
Y tú no tienes sustituto...
Si te pierdo..., ¿quién te ganará? Libertad!
Mírame ahora que puedes, décide que quieres.
Lo malo y lo bueno no te vale.
Yo soy como el agua, bébeme de los manantiales, cariño.
A mí ámame, pero sin modales, hasta que se acabe...
La Mala Rodriguez

sufre más el que no ama.
Yo lo tengo claro, puse la primera piedra,
soy la primera dama, además también puse la cama.
No me importa nada, es necesario.
Vete de aquí con la verdad y con la bendición.
Ojos que no ven..., yo soy pa' ti.
Y tú no tienes sustituto...
Si te pierdo..., ¿quién te ganará? Libertad!
Mírame ahora que puedes, décide que quieres.
Lo malo y lo bueno no te vale.
Yo soy como el agua, bébeme de los manantiales, cariño.
A mí ámame, pero sin modales, hasta que se acabe...
La Mala Rodriguez

INEVITABLE...
Y si me siento imbécil ¿qué? Y si hoy la vida me parece una mierda, ¿qué? ¿Le importa a alguien? Probablemente si, pero ni siquiera me consuela eso. Me siento asqueada con el mundo que me rodea. Llena de rabia por no encontrar nada agradable, sólo mierda, sólo vanidades...
Siento que no tengo derecho a quejarme, porque tengo muchas cosas buenas en mi vida, porque gracias a Dios no me falta nada. Tengo un trabajo, una familia estupenda, los mejores amigos del mundo, gente que me quiere, independencia, mi coche, mis juergas, mis libros y mis mil movidas, y ¿qué? Sigo siendo infeliz porque en el fondo soy una tonta que ha dejado de creer en el amor y sin embargo, lo sigue necesitando para respirar..., por eso me asfixio, por eso maldigo ese sentimiento ingrato y todas sus variantes, por eso detesto sus redes, sus engaños y sus castillos en el aire...
Y lloro, porque hoy me apetece llorar, porque me da asco añorar cosas que sé que me hacen daño, me da asco sufrir este infierno de querer a alguien para el que no significas apenas nada, alguien por el que lo darías todo y que, sin embargo, no tiene nada que darte a ti, o simplemente no le apetece, porque no te quiere, porque no eres la protagonista de sus sueños..., porque hay días, incluso semanas que ni siquiera te dedica un pensamiento y a ti cada segundo te arde la piel pensando en él...

Piensas en acariciarle, en que te mueres por tocarle, por sentir su calor y llenarle de besos. Piensas en que te pasarías la vida sólo mirándole, como lo hacías cuando él dormía y tú le gritabas en silencio todos esos "te quiero", que en el mismo instante morían en tu garganta..., presos del temor de demostrarle lo que sentías, quizá...
Y una vez más te sientes imbécil por estar escribiendo todo esto y más aún por extrañarle, pero es inevitable, como tapar el sol con un dedo, como revovinar el tiempo, como no morir...
Me siento boba, infantil y tremendamente estúpida por haberme enamorado de él, por creer que los sueños se hacían realidad, que la vida nos da lo que anhelamos y todas esas mierdas que nos meten en la cabeza, cuando aún la inocencia es un don que vive en nuestras manos y nos creemos princesas de algún cuento, y buscamos hadas que vuelan en nuestra habitación y nos secan las lágrimas ese día que todo nos parece tan óscuro...
¿De veras que si cierro los ojos y aprieto fuerte, fuerte, no puedo hacer que sigas mirándome como aquella mañana en la cafetería del trabajo? ¿Con los ojos llenos de vida y la boca llena de sonrisas para mí?
¿De veras que no puedo seguir paseando por Madrid con tu dedo en la hebilla de mi pantalón, cual llavero? ¿Por qué? ¡Que alguien me lo explique!
Quiero volver a aquel momento en que tú me pedías que no me separase ni un milímetro de tu cuerpo. Quiero volver a tenerte en mi cama, que me rodees con tus brazos fuertes y dormir abrazada a ti, sintiendo tu respiración. Después despertarme y verte ahí, a mi lado..., besarte el cuello y trazar despacio con mis dedos el tatuaje de tu espalda, el dragón que marca tu piel.
¿De veras que no es posible hacer que me beses con las mismas ganas? Como cuando lo hiciste por primera vez en aquel irlandés, en aquel taxi camino a Atocha, en aquel banco..., mientras tus manos debajo de mi jersey hacían desaparecer el frío en pleno marzo.
Besarme..., como lo hiciste todos los días en aquel ascensor del trabajo, en aquel sofá de tu piso, del mío... Como lo hiciste después de meses y meses sin vernos, el día de nuestro "reencuentro" en aquel bar de Malasaña, dejándote la vida en mis labios, dejándome enganchada a ti por siempre, convirtiendo ese beso en saliva perpetua y ese momento en un recuerdo inolvidable, eterno...

No puedo, imagino que no puedo hacer todo eso. Por desgracia no tengo super poderes, ni una varita mágica, ni ninguna imbecilidad semejante que pueda acercarte a mí y llenarte la sangre de caricias...
Y entonces, ¿tampoco puedo borrarte del planeta? ¿no puedo hacer que desaparezcas? ¿que te esfumes, te desintegres o te rompas en trocitos? Venga, no me jodas y me digas que no puedo arrancarte de mi corazón, ¿no? ¿no? Joder..., de alguna manera tendré que olvidarte, de alguna manera...
Siento que no tengo derecho a quejarme, porque tengo muchas cosas buenas en mi vida, porque gracias a Dios no me falta nada. Tengo un trabajo, una familia estupenda, los mejores amigos del mundo, gente que me quiere, independencia, mi coche, mis juergas, mis libros y mis mil movidas, y ¿qué? Sigo siendo infeliz porque en el fondo soy una tonta que ha dejado de creer en el amor y sin embargo, lo sigue necesitando para respirar..., por eso me asfixio, por eso maldigo ese sentimiento ingrato y todas sus variantes, por eso detesto sus redes, sus engaños y sus castillos en el aire...
Y lloro, porque hoy me apetece llorar, porque me da asco añorar cosas que sé que me hacen daño, me da asco sufrir este infierno de querer a alguien para el que no significas apenas nada, alguien por el que lo darías todo y que, sin embargo, no tiene nada que darte a ti, o simplemente no le apetece, porque no te quiere, porque no eres la protagonista de sus sueños..., porque hay días, incluso semanas que ni siquiera te dedica un pensamiento y a ti cada segundo te arde la piel pensando en él...

Piensas en acariciarle, en que te mueres por tocarle, por sentir su calor y llenarle de besos. Piensas en que te pasarías la vida sólo mirándole, como lo hacías cuando él dormía y tú le gritabas en silencio todos esos "te quiero", que en el mismo instante morían en tu garganta..., presos del temor de demostrarle lo que sentías, quizá...
Y una vez más te sientes imbécil por estar escribiendo todo esto y más aún por extrañarle, pero es inevitable, como tapar el sol con un dedo, como revovinar el tiempo, como no morir...
Me siento boba, infantil y tremendamente estúpida por haberme enamorado de él, por creer que los sueños se hacían realidad, que la vida nos da lo que anhelamos y todas esas mierdas que nos meten en la cabeza, cuando aún la inocencia es un don que vive en nuestras manos y nos creemos princesas de algún cuento, y buscamos hadas que vuelan en nuestra habitación y nos secan las lágrimas ese día que todo nos parece tan óscuro...
¿De veras que si cierro los ojos y aprieto fuerte, fuerte, no puedo hacer que sigas mirándome como aquella mañana en la cafetería del trabajo? ¿Con los ojos llenos de vida y la boca llena de sonrisas para mí?
¿De veras que no puedo seguir paseando por Madrid con tu dedo en la hebilla de mi pantalón, cual llavero? ¿Por qué? ¡Que alguien me lo explique!
Quiero volver a aquel momento en que tú me pedías que no me separase ni un milímetro de tu cuerpo. Quiero volver a tenerte en mi cama, que me rodees con tus brazos fuertes y dormir abrazada a ti, sintiendo tu respiración. Después despertarme y verte ahí, a mi lado..., besarte el cuello y trazar despacio con mis dedos el tatuaje de tu espalda, el dragón que marca tu piel.
¿De veras que no es posible hacer que me beses con las mismas ganas? Como cuando lo hiciste por primera vez en aquel irlandés, en aquel taxi camino a Atocha, en aquel banco..., mientras tus manos debajo de mi jersey hacían desaparecer el frío en pleno marzo.
Besarme..., como lo hiciste todos los días en aquel ascensor del trabajo, en aquel sofá de tu piso, del mío... Como lo hiciste después de meses y meses sin vernos, el día de nuestro "reencuentro" en aquel bar de Malasaña, dejándote la vida en mis labios, dejándome enganchada a ti por siempre, convirtiendo ese beso en saliva perpetua y ese momento en un recuerdo inolvidable, eterno...

No puedo, imagino que no puedo hacer todo eso. Por desgracia no tengo super poderes, ni una varita mágica, ni ninguna imbecilidad semejante que pueda acercarte a mí y llenarte la sangre de caricias...
Y entonces, ¿tampoco puedo borrarte del planeta? ¿no puedo hacer que desaparezcas? ¿que te esfumes, te desintegres o te rompas en trocitos? Venga, no me jodas y me digas que no puedo arrancarte de mi corazón, ¿no? ¿no? Joder..., de alguna manera tendré que olvidarte, de alguna manera...
Muérdeme la voz...
"Tengo el corazón pequeño y el amor grande. Normal que me duela".
Hoy ha sido un día extraño para Aliena.
Ya desde su cama, sin apenas abrir los ojos le ha dedicado su primer pensamiento. Empieza el día odiándose por ello, pero hoy no se lo reprocha en exceso, es lógico, es su cumpleaños.
Hoy Mario cumple veintisiete y ella no puede evitar pensarle e imaginar como hubiera sido ese día de no ser porque él..., porque él se fuera como se va siempre.
Le habría llenado de besos, de caricias, le habría comprado aquel regalo que sabía le encantaría. Se habría llenado los bolsillos de la felicidad más sincera, toda para él, toda para disfrutarla juntos. Pero la realidad es muy diferente a su imaginación y hoy todo eso se ha reducido a un escueto mensaje de móvil en el que le deseaba lo mejor. Así es la vida. Aliena ya no tiene ganas de nada, y menos de quererle, su simple recuerdo le provoca..., no sabe exactamente qué le provoca, pero lo único que realmente desea es que llegue el día en que no sienta nada. Absolutamente nada que haga que su piel le extrañe...
El día empezó con esa nostalgia que detestaba, pero después fue desapareciendo poco a poco. No era momento para estar triste. Mañana se va de vacaciones a su pueblo, con su gente, a las fiestas y eso la hace realmente feliz. No sólo por las juergas que, evidentemente, se va a pegar, jeje, sino por lo especial de esos días, por estar con su familia, con sus amigos, por ofrecer su garganta, su voz, lo mejor que tiene...
Trabaja, intenta dejar todo preparado para que su jefe no tenga demasiado curro en su ausencia. Sonríe, le esperan momentos muy agradables, ahora ya sólo puede pensar en eso.
Comida fuera, en el restaurante donde tantas risas comparte con sus compañeros. Y al salir, saluda a unos conocidos que están sentados en el banco de en frente. Uno de ellos, le dice que ha descubierto que tiene un blog y ha leído unos cuantos post. Ella no puede evitar sentirse algo violenta de repente. Aún sorprendida, le pregunta cómo lo ha hecho y la verdad..., no es tan difícil.
Se siente un poco imbécil, debería tener más cuidado con las cosas que no quiere que lean los extraños, pero joder, ni siquiera pensó en nada que relacionara a ese “extraño”, a su “blog”, y a sus ojos..., si porque por un momento es consciente de que esa mirada le está atravesando, no sabe qué intenta, ni por qué lo hace pero... esa mirada tiene fuego y ahora no puede ni apartar la suya.

La tarde se sucede entre validaciones, actualizar el calendario de publicidad y conversación con ese “extraño”. Él le habla de su blog, ella le encuentra en la red, no es tan difícil tampoco... Y se sorprende al leerle, no parecía ser un tipo tan..., como diría Aliena, tan encantador. Pero ella ya no cree en “encantadores de serpientes”. Quizá unos meses antes, en esa misma situación, le habría seguido el juego, le habría seguido hasta el final, se habría dejado seducir y habría disfrutado del momento.
Pero ahora no creía en nada ni tenía ganas de jugar. Ahora quizá en el fondo deseaba encontrar algo que realmente le sorprendiera, algo que cambiara sus esquemas y le devolviera la ilusión. Pero ni siquiera podía pensar en eso. Ella sabe que es muy extraña esa apatía, pero es lo único que le recorre ahora las venas.
Es de noche. Cena, duchita, sofá, ordenador y el buen rollo de saber que mañana no tiene que madrugar. Aliena enciende un cigarro, lo disfruta pensando que sabe que se acerca el momento de plantearse en serio dejar ese vicio, pensando que mañana a estas horas estará ya de fiesta en su pueblo, que no tiene que madrugar, que Mario en algún lugar de Madrid está celebrando su cumpleaños, que la vida es sólo vida y ya bastante..., y que algunos ojos están llenos de efervescencia...
Hoy ha sido un día extraño para Aliena.
Ya desde su cama, sin apenas abrir los ojos le ha dedicado su primer pensamiento. Empieza el día odiándose por ello, pero hoy no se lo reprocha en exceso, es lógico, es su cumpleaños.
Hoy Mario cumple veintisiete y ella no puede evitar pensarle e imaginar como hubiera sido ese día de no ser porque él..., porque él se fuera como se va siempre.
Le habría llenado de besos, de caricias, le habría comprado aquel regalo que sabía le encantaría. Se habría llenado los bolsillos de la felicidad más sincera, toda para él, toda para disfrutarla juntos. Pero la realidad es muy diferente a su imaginación y hoy todo eso se ha reducido a un escueto mensaje de móvil en el que le deseaba lo mejor. Así es la vida. Aliena ya no tiene ganas de nada, y menos de quererle, su simple recuerdo le provoca..., no sabe exactamente qué le provoca, pero lo único que realmente desea es que llegue el día en que no sienta nada. Absolutamente nada que haga que su piel le extrañe...
El día empezó con esa nostalgia que detestaba, pero después fue desapareciendo poco a poco. No era momento para estar triste. Mañana se va de vacaciones a su pueblo, con su gente, a las fiestas y eso la hace realmente feliz. No sólo por las juergas que, evidentemente, se va a pegar, jeje, sino por lo especial de esos días, por estar con su familia, con sus amigos, por ofrecer su garganta, su voz, lo mejor que tiene...
Trabaja, intenta dejar todo preparado para que su jefe no tenga demasiado curro en su ausencia. Sonríe, le esperan momentos muy agradables, ahora ya sólo puede pensar en eso.
Comida fuera, en el restaurante donde tantas risas comparte con sus compañeros. Y al salir, saluda a unos conocidos que están sentados en el banco de en frente. Uno de ellos, le dice que ha descubierto que tiene un blog y ha leído unos cuantos post. Ella no puede evitar sentirse algo violenta de repente. Aún sorprendida, le pregunta cómo lo ha hecho y la verdad..., no es tan difícil.
Se siente un poco imbécil, debería tener más cuidado con las cosas que no quiere que lean los extraños, pero joder, ni siquiera pensó en nada que relacionara a ese “extraño”, a su “blog”, y a sus ojos..., si porque por un momento es consciente de que esa mirada le está atravesando, no sabe qué intenta, ni por qué lo hace pero... esa mirada tiene fuego y ahora no puede ni apartar la suya.

La tarde se sucede entre validaciones, actualizar el calendario de publicidad y conversación con ese “extraño”. Él le habla de su blog, ella le encuentra en la red, no es tan difícil tampoco... Y se sorprende al leerle, no parecía ser un tipo tan..., como diría Aliena, tan encantador. Pero ella ya no cree en “encantadores de serpientes”. Quizá unos meses antes, en esa misma situación, le habría seguido el juego, le habría seguido hasta el final, se habría dejado seducir y habría disfrutado del momento.
Pero ahora no creía en nada ni tenía ganas de jugar. Ahora quizá en el fondo deseaba encontrar algo que realmente le sorprendiera, algo que cambiara sus esquemas y le devolviera la ilusión. Pero ni siquiera podía pensar en eso. Ella sabe que es muy extraña esa apatía, pero es lo único que le recorre ahora las venas.
Es de noche. Cena, duchita, sofá, ordenador y el buen rollo de saber que mañana no tiene que madrugar. Aliena enciende un cigarro, lo disfruta pensando que sabe que se acerca el momento de plantearse en serio dejar ese vicio, pensando que mañana a estas horas estará ya de fiesta en su pueblo, que no tiene que madrugar, que Mario en algún lugar de Madrid está celebrando su cumpleaños, que la vida es sólo vida y ya bastante..., y que algunos ojos están llenos de efervescencia...
Laura's Birthday
Hoy es un día especial para mí. Es mi cumpleaños.
Es la primera vez que me toca trabajar en este día pero no voy a quejarme, me está resultando muy ameno. En esta oficina estoy rodeada de gente que adoro así que mi mejor sonrisa hoy en parte va para ellos.
Desde anoche no paran de llegar mensajes, mails, postales, llamadas y algún que otro regalo. Mi hermana me ha regalado dos libros de Coelho. Estoy haciendo la colección y bueno..., me encantó abrir el papel de regalo y encontrar Maktub..., gracias tata. Eres la mejor.
Mi madre esta mañana me llamaba a las nueve y cuarto. -Quería llamarte a la misma hora en que naciste, y además era un día tal y como hoy, con mucha niebla y mucho frío-, me dice, jeje. Y después me desea un feliz día y un "espero que se cumplan todos, todos tus deseos", que me llega al alma y hace mis ojos se vuelvan agua.... Gracias mamá, por todo y hoy especialmente, por darme la vida hace exactamente 25 años.
Ahora iremos a comer todos juntos, tomar unas cañas y hacer que el día no se parezca en nada a un lunes normal, porque hoy todo es diferente, y siento más que nunca que estoy llena de vida y que quiero compartir toda esa VIDA con vosotros..., mi gente.

Y entre esa gente, está Jorge. Por supuesto. Y su regalo también fue un libro, lleno de pequeños cuentos y fábulas, que guardan mensajes y pequeños tesoros. Os dejo aquí uno, el que él me dedicó, su preferido.
Hasta pronto!
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
-El mundo es eso- reveló. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
Es la primera vez que me toca trabajar en este día pero no voy a quejarme, me está resultando muy ameno. En esta oficina estoy rodeada de gente que adoro así que mi mejor sonrisa hoy en parte va para ellos.
Desde anoche no paran de llegar mensajes, mails, postales, llamadas y algún que otro regalo. Mi hermana me ha regalado dos libros de Coelho. Estoy haciendo la colección y bueno..., me encantó abrir el papel de regalo y encontrar Maktub..., gracias tata. Eres la mejor.
Mi madre esta mañana me llamaba a las nueve y cuarto. -Quería llamarte a la misma hora en que naciste, y además era un día tal y como hoy, con mucha niebla y mucho frío-, me dice, jeje. Y después me desea un feliz día y un "espero que se cumplan todos, todos tus deseos", que me llega al alma y hace mis ojos se vuelvan agua.... Gracias mamá, por todo y hoy especialmente, por darme la vida hace exactamente 25 años.
Ahora iremos a comer todos juntos, tomar unas cañas y hacer que el día no se parezca en nada a un lunes normal, porque hoy todo es diferente, y siento más que nunca que estoy llena de vida y que quiero compartir toda esa VIDA con vosotros..., mi gente.

Y entre esa gente, está Jorge. Por supuesto. Y su regalo también fue un libro, lleno de pequeños cuentos y fábulas, que guardan mensajes y pequeños tesoros. Os dejo aquí uno, el que él me dedicó, su preferido.
Hasta pronto!
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
-El mundo es eso- reveló. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
Vendrán días, han de venir...
Vendrán días en que el peso que hoy te abruma se hará liviano.
Vendrán días en que ese peso ya no será carga sino bagaje.
Vendrán días, han de venir...
Viaje de vuelta a Madrid. El cd suena suave y la música de Manolo García llena el ambiente cansado, silencioso, apacible. Jéssica, Sara y yo vamos medio tiradas en los asientos, tarareando las canciones, comentando anécdotas del fin de semana, de la Nochevieja, de nuestra familia, nuestras cosas. Manuel con bastante más energía que nosotras conduce con soltura su audi a3 recién estrenado y tararea también por lo bajo...
Porque un alma que alberga sentimientos viles no brilla
y un alma sin brillo es un tiempo marchito para quien lo soporta.
Me pierdo en esta canción. Su letra me llega especialmente. Mi mirada anda perdida desde hace tiempo, recorre la carretera, el horizonte, y las nubes que se vuelven borrosas, oscuras, lejanas. Está anocheciendo. Ahora, cierro los ojos.
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire,
que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.
En mi cabeza se suceden imágenes, momentos de estas fiestas, de esta última semana. Una tras otra.
Es Nochebuena y estoy en casa de mi tía, rodeada de mi familia. Miro las caras de todos, sonrientes, alegres, aunque algunas miradas estén cargadas de una tristeza infinita y desgraciadamente eterna... Una cena estupenda, una compañia inmejorable, villancicos, bailes, guiños de complicidad, "nostálgia" en mi voz...
Otra imagen. La misma noche pero un rato después, en el pub, con la música de fondo, las copas y los amigos. Siguen las sonrisas, ahora más espléndidas, ahora más locas, con la gente de siempre en el sitio de siempre, aunque cada vez seamos menos y todo más diferente.
Déjame perdido en negra noche que hoy el dolor duele,
que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Recuerdo que a las cuatro y media de la mañana nos echamos las copas en un vaso de plástico y nos fuímos a otro local, donde estaban los más babies haciendo botellón. Hacía frío, mucho frío, pero poco importaba, las ganas de pasarlo bien pesaban más que cualquier cosa. Otra copa, nos invitan. La consciencia en mis bolsillos y en mi cabeza una conversación amena, divertida, interesante, provocadora...
Llega el tiempo que en tu campo amado plantarás pensamientos.
Junto al pozo de tu huerta enjambres de madreselva.
Y esa calma, esa calma te ha de ayudar.
La canción sigue llenando mi cerebro. Y esta vez la imagen que me asalta es mucho más intensa. Es un cuello suave, apetecible, un cuello que muerdo, una piel caliente y unos ojos dulces y hambrientos. Cierro de nuevo los ojos y siento como unos labios cálidos están besándome como esa noche necesito que lo hagan. Libres, sinceros y sin esperar a cambio absolutamente nada.
Porque un alma que mora en la sala de los pasos perdidos
es la furia vencida, cáscara vacía de un dolor exacto.
Le miro despacio, como se miran las cosas que nos gustan y pienso que es un auténtico caramelito, guapo, amable, inteligente y lleno de vida. Pero al mismo tiempo muy lejano a mí y a mi mundo. Pero eso ahora, no importa. Más besos contra la pared, más cuello, más piel y la imagen va difuminándose...
Déjame beber de ti en los labios de mujer extraña,
que hoy necesito el calor de unos brazos
que apaguen mi vana esperanza.
Otro flash muy diferente. Otros ojos, de mirada extranjera. Ojos con acento argentino, ojos que brillan entre cerveza y cerveza, y preguntas, y dudas, y esperanzas, sueños e ilusiones frustradas. Ojos curiosos que llegaron a Maktub y lo leyeron de arriba abajo, traspasando la pantalla del ordenador y las palabras de los post, llegando a descifrarme como pocos lo hacen, averiguando lo que nadie sabe... Un ser humano realmente especial, pero pérdido y extraño tan lejos de su tierra, a donde por fin regresaba al día siguiente. Un personaje que merece la pena conocer, por todo lo que tiene de mágico, de auténtico y de agradable. Que te vaya bonito cazador de dragones...
Déjame desnudo de recuerdos. No los necesito.
Que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
La noche siguiente. Un ambiente muy diferente. Cena con mis primas, mi hermana y mi cuñao. Cena llena de risas e historias que sólo se cuentan cuando eres consciente de estar rodeada de tu gente, esa que te entiende y te quiere por todo y a pesar de... todo. Bailes en el pub, el cuello de la otra noche a lo lejos..., puedo olerlo desde aquí, me encanta... Ahora se acerca y me besa en la complicidad de esa semioscuridad, fuera de ojos curiosos y lenguas envidiosas. Más bailes, más noche, más oscuridad.
Dame un lenguaje sin palabras para abrigarme que tengo frio.
Dame besos y caricias olorosas y descalzas.
La canción se mezcla con todos estos recuerdos que me asaltan. Por un segundo es Nochevieja. Otra cena agradable y deliciosa. Otra vez mi familia rodeándome. Otra vez música y jaleo, aunque esta vez mi actitud es distinta. Me siento algo apagada, lejana y especialmente vulnerable. Pie derecho hacia delante, campanadas, uvas, deseos, cava, brindis, besos...
Nos vamos de fiesta, para variar, con nuestras faldas, nuestros tacones y todo el mundo parece estar pasándoselo genial. La noche empieza bien, agusto, feliz, pero el nudo en mi estómago no me deja disfrutar plenamente. No sé de dónde proviene, pero está ahí y por segundos me arrastra lejos, muy lejos...
Dame un mundo sin palabras que yo respire porque me ahogo.
Dame besos y caricias sinceras o mercenarias.
Esta vez el flash que veo me hace sonreir de nuevo. Un pub diferente, Ángela y yo pasamos de esperar cola en el baño y hemos ido allí que sabemos está más vacío, es un sitio tranquilo y agradable que nada tiene que ver con el jaleo de música y gente que llena el otro donde estamos. Voy corriendo, no aguantaba más y ahora espero a mi prima en la puerta, mientras observo el lugar. Es la primera vez que entro a pesar de pasar por allí millones de veces. Busco una cara conocida, sé que debe estar por allí, lo que no imaginaba era encontrarla tan pronto y tan cerca... Él me mira de repente, se sorprende, creo que por un momento piensa que la imagen que contempla es producto de su imaginación y de las copas que ha tomado, pero reacciona a tiempo y se levanta a saludarme. Dos besos, una sonrisa en los ojos y una miniconversación que nos supo a poco a ambos. Lo sé y también sé, Rubén, que perdonas mi "innata" agresividad, o prefieres provocarme indiferencia...? No mientas, idiota...
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire,
que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.

La noche termina más oscura que nunca. Voy andando hasta el coche totalmente perdida, en mi mundo, ajena a otras conversaciones, a otras risas. El nudo en el estómago sube hasta mi garganta y me impide decir ni una palabra. No sé qué coño me pasa. Mi hermana se acerca y me pregunta qué pasa, y yo sólo acierto a decir, "no lo sé, pero me siento tan triste...". Un año que empieza y todo sigue ¿igual? De dónde viene esta sensación absurda, intensa e hiriente?
Déjame perdido en la noche que hoy el dolor duele,
que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
La canción está terminando y nosotros en apenas media hora llegaremos a Madrid, pero la sensación de la noche anterior sigue instalada en mi sangre, aunque, por suerte, no con tanta fuerza. Abro los ojos y miro de nuevo esas nubes borrosas y lejanas. La luna, que juega a esconderse detrás de ellas, en un par de días será llena. No sé si eso es bueno o malo, pero está claro que me afecta siempre, quizá demasiado. Aún así la miro, porque sé que esconde algo, algo que me revelará quizá pronto... Sé que es la culpable de mis desvelos, de mis paranoias y de las sensaciones absurdas que desde hace noches me queman la piel...
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire.
Feliz 2007.
Vendrán días en que ese peso ya no será carga sino bagaje.
Vendrán días, han de venir...
Viaje de vuelta a Madrid. El cd suena suave y la música de Manolo García llena el ambiente cansado, silencioso, apacible. Jéssica, Sara y yo vamos medio tiradas en los asientos, tarareando las canciones, comentando anécdotas del fin de semana, de la Nochevieja, de nuestra familia, nuestras cosas. Manuel con bastante más energía que nosotras conduce con soltura su audi a3 recién estrenado y tararea también por lo bajo...
Porque un alma que alberga sentimientos viles no brilla
y un alma sin brillo es un tiempo marchito para quien lo soporta.
Me pierdo en esta canción. Su letra me llega especialmente. Mi mirada anda perdida desde hace tiempo, recorre la carretera, el horizonte, y las nubes que se vuelven borrosas, oscuras, lejanas. Está anocheciendo. Ahora, cierro los ojos.
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire,
que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.
En mi cabeza se suceden imágenes, momentos de estas fiestas, de esta última semana. Una tras otra. Es Nochebuena y estoy en casa de mi tía, rodeada de mi familia. Miro las caras de todos, sonrientes, alegres, aunque algunas miradas estén cargadas de una tristeza infinita y desgraciadamente eterna... Una cena estupenda, una compañia inmejorable, villancicos, bailes, guiños de complicidad, "nostálgia" en mi voz...
Otra imagen. La misma noche pero un rato después, en el pub, con la música de fondo, las copas y los amigos. Siguen las sonrisas, ahora más espléndidas, ahora más locas, con la gente de siempre en el sitio de siempre, aunque cada vez seamos menos y todo más diferente.
Déjame perdido en negra noche que hoy el dolor duele,
que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Recuerdo que a las cuatro y media de la mañana nos echamos las copas en un vaso de plástico y nos fuímos a otro local, donde estaban los más babies haciendo botellón. Hacía frío, mucho frío, pero poco importaba, las ganas de pasarlo bien pesaban más que cualquier cosa. Otra copa, nos invitan. La consciencia en mis bolsillos y en mi cabeza una conversación amena, divertida, interesante, provocadora...
Llega el tiempo que en tu campo amado plantarás pensamientos.
Junto al pozo de tu huerta enjambres de madreselva.
Y esa calma, esa calma te ha de ayudar.
La canción sigue llenando mi cerebro. Y esta vez la imagen que me asalta es mucho más intensa. Es un cuello suave, apetecible, un cuello que muerdo, una piel caliente y unos ojos dulces y hambrientos. Cierro de nuevo los ojos y siento como unos labios cálidos están besándome como esa noche necesito que lo hagan. Libres, sinceros y sin esperar a cambio absolutamente nada.
Porque un alma que mora en la sala de los pasos perdidos
es la furia vencida, cáscara vacía de un dolor exacto.
Le miro despacio, como se miran las cosas que nos gustan y pienso que es un auténtico caramelito, guapo, amable, inteligente y lleno de vida. Pero al mismo tiempo muy lejano a mí y a mi mundo. Pero eso ahora, no importa. Más besos contra la pared, más cuello, más piel y la imagen va difuminándose...
Déjame beber de ti en los labios de mujer extraña,
que hoy necesito el calor de unos brazos
que apaguen mi vana esperanza.
Otro flash muy diferente. Otros ojos, de mirada extranjera. Ojos con acento argentino, ojos que brillan entre cerveza y cerveza, y preguntas, y dudas, y esperanzas, sueños e ilusiones frustradas. Ojos curiosos que llegaron a Maktub y lo leyeron de arriba abajo, traspasando la pantalla del ordenador y las palabras de los post, llegando a descifrarme como pocos lo hacen, averiguando lo que nadie sabe... Un ser humano realmente especial, pero pérdido y extraño tan lejos de su tierra, a donde por fin regresaba al día siguiente. Un personaje que merece la pena conocer, por todo lo que tiene de mágico, de auténtico y de agradable. Que te vaya bonito cazador de dragones...
Déjame desnudo de recuerdos. No los necesito.
Que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
La noche siguiente. Un ambiente muy diferente. Cena con mis primas, mi hermana y mi cuñao. Cena llena de risas e historias que sólo se cuentan cuando eres consciente de estar rodeada de tu gente, esa que te entiende y te quiere por todo y a pesar de... todo. Bailes en el pub, el cuello de la otra noche a lo lejos..., puedo olerlo desde aquí, me encanta... Ahora se acerca y me besa en la complicidad de esa semioscuridad, fuera de ojos curiosos y lenguas envidiosas. Más bailes, más noche, más oscuridad.
Dame un lenguaje sin palabras para abrigarme que tengo frio.
Dame besos y caricias olorosas y descalzas.
La canción se mezcla con todos estos recuerdos que me asaltan. Por un segundo es Nochevieja. Otra cena agradable y deliciosa. Otra vez mi familia rodeándome. Otra vez música y jaleo, aunque esta vez mi actitud es distinta. Me siento algo apagada, lejana y especialmente vulnerable. Pie derecho hacia delante, campanadas, uvas, deseos, cava, brindis, besos...
Nos vamos de fiesta, para variar, con nuestras faldas, nuestros tacones y todo el mundo parece estar pasándoselo genial. La noche empieza bien, agusto, feliz, pero el nudo en mi estómago no me deja disfrutar plenamente. No sé de dónde proviene, pero está ahí y por segundos me arrastra lejos, muy lejos...
Dame un mundo sin palabras que yo respire porque me ahogo.
Dame besos y caricias sinceras o mercenarias.
Esta vez el flash que veo me hace sonreir de nuevo. Un pub diferente, Ángela y yo pasamos de esperar cola en el baño y hemos ido allí que sabemos está más vacío, es un sitio tranquilo y agradable que nada tiene que ver con el jaleo de música y gente que llena el otro donde estamos. Voy corriendo, no aguantaba más y ahora espero a mi prima en la puerta, mientras observo el lugar. Es la primera vez que entro a pesar de pasar por allí millones de veces. Busco una cara conocida, sé que debe estar por allí, lo que no imaginaba era encontrarla tan pronto y tan cerca... Él me mira de repente, se sorprende, creo que por un momento piensa que la imagen que contempla es producto de su imaginación y de las copas que ha tomado, pero reacciona a tiempo y se levanta a saludarme. Dos besos, una sonrisa en los ojos y una miniconversación que nos supo a poco a ambos. Lo sé y también sé, Rubén, que perdonas mi "innata" agresividad, o prefieres provocarme indiferencia...? No mientas, idiota...
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire,
que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.

La noche termina más oscura que nunca. Voy andando hasta el coche totalmente perdida, en mi mundo, ajena a otras conversaciones, a otras risas. El nudo en el estómago sube hasta mi garganta y me impide decir ni una palabra. No sé qué coño me pasa. Mi hermana se acerca y me pregunta qué pasa, y yo sólo acierto a decir, "no lo sé, pero me siento tan triste...". Un año que empieza y todo sigue ¿igual? De dónde viene esta sensación absurda, intensa e hiriente?
Déjame perdido en la noche que hoy el dolor duele,
que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
La canción está terminando y nosotros en apenas media hora llegaremos a Madrid, pero la sensación de la noche anterior sigue instalada en mi sangre, aunque, por suerte, no con tanta fuerza. Abro los ojos y miro de nuevo esas nubes borrosas y lejanas. La luna, que juega a esconderse detrás de ellas, en un par de días será llena. No sé si eso es bueno o malo, pero está claro que me afecta siempre, quizá demasiado. Aún así la miro, porque sé que esconde algo, algo que me revelará quizá pronto... Sé que es la culpable de mis desvelos, de mis paranoias y de las sensaciones absurdas que desde hace noches me queman la piel...
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire.
Feliz 2007.