Maktub
¿...está escrito...?
Acerca de
"...y entonces fue como si el mundo permaneciese inmóvil porque mi alma se había quedado en silencio".
Sindicación
Archivos
 
Estoy aquí, detrás de tus párpados...
"Dime que no me necesitas y desaparezco...”, fue lo último que escribí aquí, sin imaginar siquiera que llegaría el día en que lo dijeses. No, no has dicho “no te necesito Laura”, es más, sé que me necesitas, aún hoy, pero me echaste de tu lado, me apartaste de tu camino sin más, sin apenas explicaciones, de un día para otro, sin darme un margen para asimilarlo, sin demostrar por un instante que no me querías a tu lado...

Los dos meses que llevábamos juntos estaban resultando increíbles. Jamás me había sentido tan feliz, tan llena de vida, tan ilusionada..., después de años, de ocho putos años, había vuelto a encontrar una persona por la que perder la cabeza, una persona que le daba sentido por fin a todo lo que me rodeaba, una persona con la que compartir tanta magia..., había vuelto a enamorarme...

Nada hacía presagiar el último fin de semana que pasamos juntos que tú tomarías esa decisión, nada. Sábado cumpleaños con mi gente, un pedo increíble, bailando toda la noche, sonriéndome toda la noche. En el viaje de vuelta a casa comentabas la jugada con mi hermana, hacías planes (siempre hiciste tú los planes...) y una vez en el taxi te sentaste delante, mi tata y yo detrás; abrazaste mi pierna con tu mano desde tu asiento y no me soltaste en todo el viaje... ¿por qué hacías esas cosas? Al llegar me hiciste el amor mirándome a los ojos, y no puedo creer que estuviera tan ciega Paco, me niego a pensar eso, yo vi lo que me decían y no era que me ibas a dejar, sino todo lo contrario, me decían que me deseabas y que deseabas hacerme el amor así, siempre...

Pasaste el domingo colgado de mi cuello, abrazado a mi cuerpo, tirado en mi sofá, acariciándome el pelo mientras yo dormía, bromeando y haciendo más planes, que si te voy a echar de menos en estos quince días que vamos a estar sin vernos, que si quizá no aguanto tanto tiempo sin ti y tengo que coger un vuelo a Londres o tú a Tenerife a verme, que si después iríamos juntos al Festival de Cultura Urbana, que si... ¿me estabas mintiendo? Yo sé que no..., tú también me has dicho que no, te creo, igual que te creí siempre, porque todo era real, no eran fantasías, no estaba en mi paranoia, por una puta vez la vida era agradable porque si, la vida me había echo un regalo y eras tú, aunque siempre insistieras en que eras tú el que había tenido tanta suerte al conocerme...

La idea era irte el domingo por la noche a tu casa, para levantarte el lunes bien y hacer la maleta para marcharte de vacaciones a Tenerife, con tu hermana. Yo tenía que trabajar. Pero no te fuiste, quisiste pasar la noche conmigo también. Y cuando te desperté temprano no quisiste moverte de la cama, me invitaste a entrar en ella cinco minutos más, a abrazarte y tardé medio segundo en decidir que no iría a trabajar, que quería quedarme contigo, ahí, pegada a tu piel caliente, sintiéndote respirar y durmiéndome de nuevo entre tus brazos.

No te fuiste de mi casa hasta las siete. Nos despedimos en la parada del bus, bromeando que sólo eran quince días, “no queda nada” decías, y me abrazabas fuerte, fuerte. Tu última sonrisa y desapareciste en el bus. Lloré, por un segundo lloré, pero jamás imaginando que era una despedida para siempre, sólo eran quince días, “no quedaba nada” como tú decías...



Tenerife, yo trabajando, luego en mi pueblo, llamadas, mensajes. Volviste a Madrid, yo me fui a Londres, esta vez eran mis vacaciones. Ningún mensaje, ninguna llamada. Seguí sin pensar nada malo, sólo preocupándome por querer saber de ti y maldiciendo la frialdad y el pasotismo que a veces te caracterizaban.

Vuelta a Madrid, loca por verte, por besarte, por llenarme los ojos con tus sonrisas, loca por disfrutar a tu lado y recuperar el tiempo perdido. Pero no hubo besos, ni sonrisas, sino distancias, excusas y a los pocos días un adiós, o un hasta pronto, hasta siempre, hasta ahora... ¿un qué Paco? No entendía nada. Nada.

Me hablabas en ese banco sin mirarme a los ojos, y a cada palabra me rompías por dentro, a cada frase brotaban más lágrimas, más sabor amargo subía por mi garganta, ganas de vomitar, ganas de golpear todo lo que me rodeaba, ganas de borrar ese momento, ganas de taparte la boca... “es suficiente, no digas nada más, ¡cállate!, te estás equivocando, ¿no lo ves?, ¿no te estás dando cuenta de que es un error lo que estás haciendo?, ¡cállate!”, pensaba, sin mirarte yo ahora.

Pero no pude borrarme ni borrar ese momento por más que lo deseé. Pasó, así es la vida, con estos golpes bajos, con esta crudeza tan desquiciada. El problema es que yo había olvidado lo que es que te partan el corazón, había olvidado que se pueden llorar mares..., porque lloré si, todo el fin de semana. Mi reflejo en el espejo apenas lo reconocía, sólo veía una niñata con los ojos morados, los párpados hinchados, los labios temblando y una tristeza infinita en la mirada.

No entendía nada, “no ha sido una farsa” me juraba una y otra vez, no es uno más, él es diferente, siempre lo fue. No eran mentira sus besos, no eran mentira sus caricias, ni las veces que te abrió el msn sólo para decirte preciosa, o para darte las gracias, “gracias por todo lo que me das Laura, nunca me habían tratado tan bien”, y ¿así tratas tú a los que se portan tan bien contigo Paco? ¿Esta es tu forma de pagarme, dejándome tirada, echándome de tu vida? Que alguien me lo explique por favor, porque mi razonamiento no alcanza a comprenderlo, si hace sólo quince días estabas comprando dos billetes con nuestros nombres a Roma, un viaje para los dos en septiembre, que tú planeaste, al que tú me invitaste, ¡por dios!

Son tantas contradicciones, todo ha pasado tan deprisa que aún hoy me levanto y parece que lo soñé, que él nunca existió, que fue producto de mi imaginación, él y las risas, los paseos, las copas, las tardes en mi sofá tirados. Él y sus caricias, sus brazos fuertes, sus teorías sobre política y religión, sus “ñam”, sus ganas de comerme entera, su forma de mirarme tan dulce, tan protectora. Él y la vida que me ofrecía, los sueños que me bordaba, las noches en mi cama, las noches recorriendo Madrid, las noches que se ahogaron en un suspiro, que quedaron colgando de un péndulo que se agita de un lado a otro, un péndulo en el que invierto horas y horas mirando, observando si se inclinará hacia un lado o hacia otro, con el corazón en un puño, con la angustia y el dolor como compañeros, con las venas llenas de impotencia y la garganta llena de silencios.
Un péndulo...

Porque ahora has vuelto a hablarme, me sonríes, me buscas, bromeas y seduces como lo hacías al principio, pero esta vez con timidez, con miedos, mucho más perdido. Encuéntrate Paco, y si algún día vuelves a ser aquel que conocí y del que me enamoré, ven a buscarme, pero antes de que sea demasiado tarde, antes de que deje de pasar horas y horas mirando el péndulo, absorta en su movimiento, en su vaivén..., antes de que me marche para siempre y no te vuelva a querer.