En estos días no hay correos electrónicos urgentes, no hay nadie al otro lado del teléfono, pero sí muchos mensajes navideños de personas que ni se acordaron de ti el resto del año. Gente que revisando su agenda, encuentra tu nombre y decide mandarte un mensaje prefabricado. Yo, por si acaso, contesto a todos, no quiero parecer descortés, igual que cuando voy a una boda, beso a la novia y felicito al novio (aunque pienso que es una gilipollez lo que están haciendo y para qué coño me han invitado con lo agusto que estaría en mi casa leyendo o viendo Dos metros bajo tierra). Estos días no hago otra cosa. Leo, escribo, veo esta serie -un amigo me ha dejado la segunda temporada porque en el país donde resido existe una cosa llamada desconexión territorial- y vuelvo a leer y a escribir. Me detengo para cocinar algo o echar de comer al gato (Laura se ha ido, pero él sigue aquí), a veces tengo que acariciarle y entonces le hablo, le digo cosas aunque creo que no me entiende, pero yo se las digo porque (creo) tengo la necesidad de escuchar mi voz.
Últimamente estoy llegando a la conclusión de que soy uno de los seres más egoístas que existen, ¿no me interesa nada de ahí afuera? Siempre busco la solución en los libros. Ahora le toca a Pessoa, nunca me ha gustado la poesía de fenicios, pero cayó en mis manos y lo abrí, lo estoy leyendo, aunque no acaba de gustarme y ustedes se llevarán las manos a la cabeza. Aquí les dejo mi favorito. Es un poco largo, lo siento, pero imprímanlo y clávenlo en su corcho, con chinchetas de colores, a diferentes alturas, señalando estrofas, atravesando palabras. Merece la pena levantar la cabeza de la pantalla y navegar por esos senderos de hormigas, atrapar una idea y volver a sumergirse en el blanco. Pues nada queda.
| Tabaquería No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo. Ventanas de mi cuarto, Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad. Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y He fracasado en todo. No, ni en mí... (¡Come chocolatinas, pequeña, Pero por lo menos queda de la amargura de lo que (Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas, He vivido, estudiado, amado, y hasta creído, He hecho de mí lo que no sabía, Esencia musical de mis versos inútiles, Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a Después me echo para atrás en la silla El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose |
Junio de 1982
La vida es espectáculo. Solamente soy feliz cuando logro verla como puro espectáculo. Ya la logro ver así cada vez menos veces. Por eso mismo soy menos capaz de disfrutar de ella, incluso como protagonista. Pero protagonista de ese espectáculo inesperado, renovado todos los días en el que entras tú a pelo, sin caretas previas, a ver cómo improvisas el papel.
Carmen Martín Gaite. Cuadernos de todo
En los manteles se refleja el sol que no se queda atascado en las ventanas.
Las ventanas dan a un cielo lleno de luna y sin estrellas.
Las estrellas son los mensajes que PePu envía a sus amantes cuando el sol se va a dormir.
Dormir es lo que PePu no quiere hacer.
Muchísimas gracias por leerme.
Aquí va otro fragmento:
- Deberíamos haber ido.
- ¿Para qué? Siempre te aburres.
¿Cómo decirte? No lo necesito. Ahora mismo (y mañana) sólo quiero que me beses, quiero estar así y que digas aquello de que nada importa. Aquello que decías cuando no era verdad igual que ahora. Levantas la mirada, tus dedos mantienen el peón suspendido a (millones de) centímetros del tablero. Qué difícil es decir lo que se piensa, por eso sólo digo tonterías:
- Luego me lo echarás en cara.
- Nunca salimos, eso es verdad.
Todo detenido: las gaviotas y las nubes, media señora tras el visillo, el gato que nos mira displicente. Digo:
- Pero está lloviendo.
- ¿Y cuándo no?
- Entonces, ¿por qué has dicho que no te importaba que nos quedáramos en casa? Podíamos haber ido. Además, no voy a tener yo la culpa de que no deje de llover –muevo, muevo una pieza sin mucho sentido.
- Porque somos dos. Somos una pareja. Y sé que a ti no te apetecía estar con éstos.
Avanzas un alfil y de nuevo mi turno. No pienso, saco uno de mis caballos. Me cuesta la palabra en la boca. Te recoges el pelo y apartas mi caballo. Una menos. Las venas de tus manos. El anillo que te regalé. Escrito: loco por ti. Sigo:
Cuentos de ajedrez. Alrededor de un tablero
Varios Autores
Prólogo: Juan Aparicio
Selección y comentario de partidas: David Vivancos Allepuz
Editorial Páginas de espuma
Que nadie se engañe, sólo consigo la simplicidad con mucho esfuerzo.
La hora de la estrella. Clarice Lispector
- ¿Vienes? ¿Dónde estaba el tablero?
- Donde siempre. Abajo, la primera puerta. Ya estoy.
Sé que la música te parecerá demasiado alta, que nada más entrar por la puerta la bajarás hasta que casi no se oiga. Sé que miraré cómo lo haces y no diré nada, pero a mí me gusta escuchar la música así de alta, a ese volumen en el que no te permite pensar. Gritas:
- ¿Lo encuentras?
- Sí, ya lo tengo preparado, ¿vienes? Estoy cansado de ser menos que un amor y más que un amigo…
- Eso es de una canción, ¿no?
Entras. Sonríes, sonríes al ver todo preparado. El té, el tablero, mis zapatillas rojas y rotas por las que asoma un dedo. Son mis preferidas, las de estar por casa, cómodas, imprescindibles en cualquier tarde de domingo. Hablas:
- ¿De verdad que quieres jugar?
- Con la que está cayendo, no querrás que paseemos por la playa.
- Vaya domingo.
- ¿Estás bien?
Te pregunto porque sé la respuesta. Sé que algo no funciona, sé que fuera llueve y tú me asustas más que las nubes grises que se deshacen como de harina. Mientes:
- Claro que sí. ¿Qué me va a pasar? Quiero blancas.
- Sales.
Siempre me ganas, Ángela. Ángela Ángela. Ángela tendida en el suelo con un rayo de sol que se escapa entres dos nubes y se clava en tu espalda. Piensas qué mover, mientras mueves los pies, los dedos, unos contra otros, acariciando tu empeine. Tus pies y tus dedos, los rizos sobre la cara. Peón o caballo, piensas, y tus ojos negros tintineando de blancas a negras como si nada más tuviese importancia. Miento:
¿Quieres saber cómo termina? Este cuento está incluido en el libro
Cuentos de ajedrez. Alrededor de un tablero
Autor: AA.VV.
Prólogo: Juan Aparicio
Selección y comentario de partidas: David Vivancos Allepuz
Puedes comprarlo en cualquier librería o encargarlo directamente en su página web.
Que lo disfrutes.
Los amantes(Memoria del fuego/Las caras y las máscaras)
Amares. Eduardo Galeano
Con estas sencillas palabras y un traspié sintáctico está todo dicho. No es necesario seguir, sólo puedes pararte a releer y otra.
Un poco de aire antes de volver a contar.
Enviado el 1 de mayo de 2005
de: 4cuentos@lau2.org para: raquel_xxx@ya.com
Estoy solo, triste. Lo hemos hablado varias veces por teléfono, pero no lo entiendo. El dolor y la angustia, el querer y no poder, el no saber porqué, ni qué hice o dejé de hacer para que esto se acabase. Todas las dudas posibles y las que surgirán mañana al despertar, tras una noche echando de menos algo que ya ni siquiera recuerdas, y que, cuando podías haberlo tenido, lo dejaste escapar.
Contestado el 2 de mayo de 2005
de: raquel_xxx@ya.com para: 4cuentos@lau2.org
Lo que ahora es bueno, antes era malo. Esa persona que ahora mismo tienes a tu lado llenando tu vida, podría haber pasado por delante tuya en otro momento, en otro lugar, y no te habrías dado cuenta de su existencia. Es todo tan puntual, tan... bajo la lluvia. Imagínate que nos quitan ese día, ¿nos habríamos enamorado?
No seas injusto.
Ciao
3
Enviado el 2 de mayo de 2005
de: 4cuentos@lau2.org para: raquel_xxx@ya.com
Tengo el corazón negro, marcado por mil arañazos de tus manos de uñas cortas, de raspaduras que han ido limando su superficie hasta dejarlo inservible. Así es como me has dejado, así es como me siento: no quiero volver a amar a nadie. Al final siempre es lo mismo: DOLOR.
Eres uno de esos seres incapaces de emocionarse, de sentir. Preferiría la vida gris del que no ha sentido, del que no ha conocido ni padecido el amor.
2
Enviado el 9 de junio de 2005
de: 4cuentos@lau2.org para: raquel_xxx@ya.com
Por favor, devuélveme mi corazón, dame mi vida otra vez. Vuelve conmigo pronto, no puedo soportar pensar que querré a otra, no quiero volver a enamorarme de otra. Quiero pasar el resto de mi vida enamorado de ti, queriéndote, besándote, amándote. ¿Qué tengo que hacer? Lo único que quiero es que sigas conmigo, si no me quieres, da igual porque yo te querré por los dos. Por favor, vuelve. Por favor, ven conmigo, te quiero mucho...
Contestado el 17 de junio de 2005
de: raquel_xxx@ya.com para: 4cuentos@lau2.org
“No es que no quiera perderte, es que no puedo”. Me dices que ahora mismo no me cambiarías por nadie, ¿acaso me conoces? Tus ojos me miran y estoy segura: no ven la realidad, no ven los colores de la noche, como no ven a la mujer con la que comparte su cama todas las noches.
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Enviado el 20 de junio de 2005
de: 4cuentos@lau2.org para: raquel_xxx@ya.com
No quiero que me entiendas, sólo que me escuches. Sí, estaba muy desesperado, ahora, quizá también. ¿Qué puedo hacer? No puedo romper con todo. Lo pensé. El tiempo ha convertido este lugar en otra prisión y ahora no puedo ir a ningún sitio, ahora mismo no tengo salida, estoy acorralado. Llega la noche, salgo de trabajar y no quiero volver aquí. Se hace de día y no quiero despertar en esta cama. Asco. No siento ganas de mirar porque no tengo nada que ver.
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Contestado el 25 de junio de 2005
de: raquel_xxx@ya.com para: 4cuentos@lau2.org
Dices que puedes darme todavía más, a veces me haces sentir importante. Si supieses tantas cosas que no te digo y que, por supuesto, jamás te escribiré; si supieses lo que hay dentro de mi corazón, sabrías mucho más que yo. Porque, si todo se redujese a saber si te quiero o no, sería demasiado fácil.


