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Los de dentro
A veces no es él quien escribe, somos nosotros.. Los de dentro
Acerca de
A veces son ellos...me vacían el cerebro y me obligan a escribir hasta lo que a veces mis manos no quieren....te miran a los ojos fijamente y saben lo que estás pensando...te desenredan las ideas y las sacan a la luz....ten cuidado....son muchos...infinitos...y tienen todos el mismo aspecto....pero nadie puede verlos.
Sindicación
 
Sudores fríos


De repente, y cuando ya no lo esperaba, me nubla la vista y me anula los oídos una fiebre que no viene a cuento.
Se trata de uno de esos catarros que (por lo que dicen…) es producto de esos cambios de temperatura por el calor del metro, el aire acondicionado tan fuerte en los comercios, el que tú eliges en casa, la manga larga en el cine o el teatro, el sudor, el frío en un vagón de tren, en definitiva, el destemple y el no saber como equiparse para cada estación del año (por cierto, si alguien sabe cuando empieza y termina cada una de ellas que me lo explique…).
Los delirios que me provoca la fiebre son tantos que no sé como hacer para que no se note.
Tengo los oídos taponados y apenas oigo los ruidos normales debido a la infección.
Mi tono de voz es, más que nunca, completamente nasal.
Los pañuelos de papel se amontonan muy usados en la basura y mi paladar ha perdido toda la fuerza en estos días.
Poco a poco voy recuperándome y espero que el proceso no sea muy largo, aunque afortunadamente, tengo en casa una enfermera que me cuida sin necesidad de que me ocurra nada.


 
23:28 hrs


Temí el viaje por ser tan largo sin habernos marchado tan lejos como hace suponer la duración del mismo.
A veces no supe donde poner mis pies ni donde acomodar unas piernas tan largas. El equipaje casi hizo saltar las cremalleras antes de llegar a casa, pero fue suficiente el hueco que hicimos descansando estos días.
Hoy, mientras miraba ese suelo enmoquetado, me preguntaba cuantos pies habrán pisado donde nosotros pisamos y con cuanta desgana.
Cuanta será la gente que, al contrario que nosotros, no quiera ver llegar el día en que han de volver a casa.
Ahora sé que viajar a tu lado no es cansado y que recorriendo el camino juntos hacemos las horas segundos.

Volver a casa y salir de ella siempre es un gusto porque es un placer hacerlo contigo.

“…cogí piedras de la orilla por renovar y reinventar nuestro jardín…”


 
Colores



Existe una cosa en mi día a día que no me gusta. Me molesta la gente sin inquietudes, sin valores. Me irrita la piel ser joven y ver que la mayoría de la gente de mi edad no tiene más pretensiones que buscar la forma más cómoda de tener la ocasión de ser presuntuoso sin darle la importancia que merece a unos valores iniciales que no alcanzan.
Cuando alguien se refiere a mí sin más, exijo una actitud determinada (y esto si que no es una cuestión de edad).
Decir las cosas que son típicas y no prestar atención ni mostrar interés son las cosas que más detesto. Cuando esto me sucede se me pone toda la sangre en la cabeza y solo siento ganas de levantarme, marcharme e invertir mi tiempo en las personas con las que aprendo algo nuevo y con conversaciones en las que ambas partes vuelven a casa ensanchando un poco más por dentro.
Me gusta la gente que se para a escuchar y no a oír por no encontrar nada mejor qué hacer.
La personalidad es algo que se tiene o no se tiene y yo solo quiero rodearme de quien me entienda y la tenga.
Para gustos se hicieron los colores, por eso yo elijo cuantos quiero ver de los que se hicieron para mí.