Blogs.ya.com Quitar publicidad
Espacio sobre Literatura
Enlaces en ventana nueva
Acerca de
Gnosce te ipsum
Contacta
espaciosobreliteratura@gmail.com
Busca en este Sitio

Busca en el DRAE

Leyendo
  • El hombre aproximativo, de Tristan Tzara
  • Ética y psicoanálisis, de Erich Fromm
  • La verdad de las mentiras, de Mario Vargas Llosa
  • Enlaza
    Sindicación
     
    Intento de reseña en forma de carta: La vida exagerada de Martín Romaña
    Maldito Bryce,
    Claro que te queremos más desde que escribiste el Martín Romaña. O quizás estaría mejor decir desde que Martín Romaña te robó la pluma, se encaramó a tu sillón Voltaire como encaramándose a la perra vida, se hizo con tu cuaderno rojo y se puso a contar su vida. O la tuya. Creo que ni vosotros sabéis quién es el de la foto de vuestro carnet de locos incurables. Ni falta que hace.

    A bordo de un sillón
    No hay solapas que lleguen para describir todo lo que pasa por un sillón Voltaire que en realidad no es ningún lugar más allá del ámbito impalpable de la utopía. Martín Romaña capitaneó su vida como pudo, abrazando todas las banderas que creyó necesario para mantenerse en pie en París y no perder a la mujer que amaba. Luego, cuando ya no podía más, se subió, cuaderno de navegación en mano, al singular y sinlugar sillón Voltaire y se puso a contar todo eso que había vivido sólo para poder contarlo. El sillón Voltaire es la república de los tímidos; el cuaderno de navegación es su medio de comunicación. Todos los que somos “mejores por carta” tenemos un sillón Voltaire. Y Martín es la epistolaridad hecha persona. ¿O es la persona hecha epistolaridad?

    La realidad más pura se vive en un folio en blanco que es melancólicamente azul. Esa es la gran tragedia alegre de tu Martín Romaña, su crisis positiva: su necesidad de exagerar la vida para acomodarla a la hondonada inabarcable de su expresión. Por eso causan tierna gracia todas las desventuras de Martín, porque él mismo le quita trascendencia a todos los hechos dándosela sólo al hecho de poder escribirlos. Porque encarna perfectamente el “vivir para contarla” que nos quiere vender Gabo.

    No sé cuánto va de tu vida en Martín, pero aunque vaya mucho, lo has sabido disimular perfectamente colmando de velos la realidad: por un lado te aferras a otro nombre, te encarnas (en el sentido más sangriento) en otro y le das la voz... aunque todos los hechos y las desesperanzas que Martín cuente te hayan ocurrido a ti, maldito Bryce, con haberlas puesto en boca de Martín te deshaces de ellas un poco. Por otra parte, en tu incansable viaje por París, Bilbao y todos cuantos escenarios sean propicios para exagerar aún más la ya exagerada vida narrada de Martín Romaña, te sientas a descansar y hacer recuento en el sillón Voltaire, te sientas a contemplarte a ti mismo, cuaderno de navegación en mano, poniéndole otro velo a lo real. Porque lo real no importa, lo que importa es contarlo y cómo contarlo.

    Bizqueritas y hondonadas
    Yo no sé si el poeta es un fingidor que finge que es dolor o escribir es confesar que se ha vivido. No sé si basta con sentarse a escribir para llegar a París o si hay que haber ido a París para poder sentarse a escribir. Lo que es cierto es que nunca podremos ir al París de Martín Romaña, porque ése sólo existe en el cuaderno azul, porque es un París sinlugar y singular que no se identifica con el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel y la Gare de Austerlitz. No, el París de Martín Romaña es París porque tiene una hondonada donde Martín atraviesa sus penas si está solo y sus alegrías si está con Inés, luz de donde el sol la toma. El París de Martín es un París donde Inés se lía a bizquear cada vez que se enoja y Martín se lía a temblar cada vez que Inés se enoja. Es un París en cuyo aeropuerto siempre es invierno, donde las caseras son malas y los jóvenes marxistas exigen a los escritores peruanos que escriban novelas de partido. Es ése y no otro y no se parece en nada al aguacero que inundó las tristezas de Vallejo, ni al París inalcanzable y siempre pasado de Ilsa Lazslo, ni es tampoco la alegría de las tizas y los paraguas rotos de la Maga. Ay, esto es lo que tiene la literatura, mira en cuántos Paríses puede estar uno aunque su timidez le impida moverse del sillón Voltaire.

    Basta con tener un estilo para contar las cosas, para darles unicidad, para fingir hasta crear la realidad en la página escrita. Quién sabe qué simplezas se esconden en realidad, en el destartalado pisito de un escritor peruano en París en los años 60, sólo hay que ir bautizando las cosas, dejándolas que nos dejen inventarnos su historia y ya está: la vida parece maravillosa folio en blanco a través. Así, la bizquerita de Inés, las mujeres calatitas, la hondonada en la cama y las apariciones de Octavia de Cádiz en la playa de Cádiz son maneras únicas de ver las cosas, no son cosas únicas. A cualquiera le pueden pasar, pero luego hay que saber recostarse en el sillón Voltaire y darles las palabras que se merecen. Cómo no te vamos a querer más después de haber escrito el Romaña, Bryce, maldito Bryce.

    |
     
    Eugénio de Andrade
    Me riñe Luvina (con razón) porque está esto muy calladito. Y es que se murió Eugénio de Andrade (el pseudónimo de José Fontinhas) y aquí silencio y después Parnaso. Pues sí, murió el 13 de junio y tenía ya 82 años. Terra os lo cuenta mejor que yo. También lo cuenta mejor que yo Inés Mara en su rinconcito.

    Yo me he callado cobardemente porque no sabía qué añadir a esa pátina de brillo que Eugénio les ponía a las palabras, como si a todas les hubiese saneado las vocales el mismo sol veraniego y feliz; me encantaba cómo iba mezclando sus naranjas, desayunos y gatos cotidianos con preguntas, afirmaciones, reflexiones, retruécanos y relámpagos sobre la literatura, la poesía, la lírica y el hombre... Me gusta esa sencillez para decir diciendo "apaciguadamente", de forma confiada. Para mí, Eugénio es como Pulgarcito y su camino de miguitas. Miguitas de lenguaje, que van trazando un camino más para conocernos y para vernos ese brillo con que Eugénio dibuja las cosas. La verdad es que tenía que ser feliz: comía naranjas y peras de Cézanne, y probablemente veía y vivía con una nitidez de misterio impresionista. Se fue, pero nos quedan las miguitas, al menos :-)


    Que fizeste das palavras?
    Que contas daras tu dessas vogais
    de um azul tão apaziguado?

    E das consoantes que lhes diras,
    ardendo entre o fulgor
    das laranjas e o sol dos cavalos?

    Que lhes diras, quando
    te perguntarem pelas minusculas
    sementes que te confiaram?


    ¿Qué has hecho de las palabras?
    ¿Qué cuentas darás tú de esas vocales
    de un azul tan apaciguado?

    Y de las consonantes, ¡qué les dirás
    ardiendo entre el fulgor
    de las naranjas y el sol de los caballos?

    ¿Qué les dirás tú, cuando
    te pregunten por las minúsculas
    semillas que te confiaron?


    ************************************************************************************************************************************
    O lugar mais perto
    O corpo nunca é triste
    o corpo é o luar
    mais perto onde o lume canta
    É na alma que a morte faz a casa.


    El lugar más cercano
    El cuerpo nunca es triste;
    el cuerpo es el lugar
    más cercano donde la luz canta.
    Es en el alma donde la muerte hace la casa.


    Los poemas se los debo a mi amigo Miguel, que me los dio a conocer. Si queréis leer más poemas de Andrade, hurgad por aquí o por aquí.

    A mí me vais a disculpar que no escriba mucho ni comente mucho tampoco, es que estoy encerrada en un horror vacui de preguntas con respuestas asimétricas; además, bastante tengo con abrirme paso en mi laberíntica efimería de cajas de cartón, y en no caerme del calendario cada dos por tres... Uf

    |
     
    Nadie es perfecto
    Mientras estudio y me mudo estoy leyéndome el libro Nadie es perfecto escrito a partir de las conversaciones de Billy Wilder con Hellmuth Kasarek y que Otis me recomendó. Es, simplemente, delicioso, lleno de anécdotas divertidísimas, pero también de perspectivas reveladoras... Me estoy riendo muchísimo. Les dejo un fragmentito:

    Las reglas de Preston Sturges para una comedia de éxito
  • 1. Una chica guapa es mejor que una fea

  • 2. Una pierna es mejor que un brazo.

  • 3. Un dormitorio es mejor que un cuarto de estar.

  • 4. Una llegada es mejor que una partida

  • 5. Un nacimiento es mejor que una muerte

  • 6. Una persecución es mejor que una conversación

  • 7. Un perro es mejor que un paisaje

  • 8. Un gatito es mejor que un perro.

  • 9. Un bebé es mejor que un gatito.

  • 10. Un beso es mejor que un bebé

  • 11. Que alguien se caiga de culo es mejor que todo lo demás


  • Jejejeje...

    |
     
    Juego: El género aparte
    Dice el DRAE:
    didascalia. Del gr. διδασκαλία, enseñanza).
    1. f. Enseñanza, instrucción.
    2. f. En la antigua Grecia, instrucción que daba el poeta a un coro y a los actores.
    3. f. En la antigua Grecia, conjunto de catálogos de piezas teatrales representadas, con indicaciones de fecha, premio, etc.
    4. f. En la literatura latina, conjunto de notas que a veces, al comienzo de una comedia, daban noticias sobre su representación.

    Y también dice:
    acotación1.
    1. f. acotamiento.
    2. f. Señal o apuntamiento que se pone en la margen de algún escrito o impreso.
    3. f. Cada una de las notas que se ponen en la obra teatral, advirtiendo y explicando todo lo relativo a la acción o movimiento de los personajes y al servicio de la escena.

    Dicen que Valle-Inclán era un maestro de las acotaciones, purita literatura, vamos:
    "Leve tumulto, dando voces, la cabeza desnuda, humorista y lunático, irrumpe Max Estrella. Don Latino le guía por la manga, implorante y suspirante. Detrás asoman los cascos de los guardias. Y en el corredor se agrupan, bajo la luz de una candileja, pipas, chalinas y melenas del modernismo. "


    Y es que importa mucho no solo lo que pasa en un libro sino el cómo pasa... no qué se dice sino cómo se dice... Y eso nos lo indican los escritores añadiendo grandes adjetivaciones al "replicó", "dijo" e "inquirió" de turno:
    "Cuando se hallaba ya sentado a la mesa decía con aire contrariado y fastidioso a su primo, palpándose los bolsillos: "Me he dejado el pañuelo. Tendré que volver a subir".
    Dice Thomas Mann que dijo Hans Castorp, subido a la mágica cumbre que le curaba los pulmones...

    O estas dos de Graham Greene en El americano impasible:
  • "-Sí- dijo Vigot.
    Parecía buscar sobre su escritorio las palabras que pudieran expresar su idea tan exactamente como lo había hecho yo"

  • "-Pyle está muerto. Asesinado.
    Dejó la aguja y volvió a sentarse sobre los talones, mirándome. No hubo ninguna escena, ninguna lágrima, solamente reflexión..., la larta reflexión íntima de alguien que debe alterar el curso entero de su vida."


  • Y bien, mi reto es el suivant: acotaciones o modos de decir las cosas que sean muchísimo más importantes, determinantes y delimitadores que las cosas mismas... Del tipo: "-sí, dijo ella mientras arrugaba el ceño con curiosidad, sin poder creerse que él la estuviese mirando con cara de querer darle el beso que su abuelo siempre le había negado"

    ¿Se animan? Puede salir de todo!

    |
     
    Reseña: La amigdalitis de Tarzán
    Juan Manuel Carpio es un cantautor en París. María Fernanda de la Trinidad del Monte Montes es una niña bien del pleno centro de San Salvador que llega a París desorientada pero divina, creyendo que todos los taxis llevan a hoteles de cinco estrellas y que todos las personas son embajadores en París. E inevitablemente, se enamoran.

    Pero los semáforos en verde se interponen entre ellos. Se interponen entre ellos los fotógrafos alcohólicos, las tarantulitis de los niños, el estado de sitio de El Salvador, las canciones a Luisa de Juan Manuel, el hecho de que ya no se fabriquen ciertos modelos de Alfa-Romeo y las secas flores de una villa en Mallorca. Y es que esta es la historia de un amor que no acaba de encontrar su materialización, un amor a destiempo, un amor que se arrastra a tientas por todo el globo terráqueo buscando la coincidencia en la ETA (Estimated Time of Arrival) de ambos both amantes.

    El amor exageradamente exagerado esta vez no se abre paso más que a través de las cartas, y es que Fernanda y Juan Manuel en el fondo, fueron mejores por carta:
    "La carta debe ser como un retrato del alma o algo así, porque tú y yo somos de lo más fotogénico que se pueda dar, epistolarmente hablando"

    La carta es el espacio para encontrarse, la tierra en que dejar que fertilice ese amor que parece que ni germina ni se pudre, que permanece inmutable pese a todos los cambios que viven, aisladamente, los dos escritores compulsivos de misivas. En las cartas se sienten cómodos, como en un saloncito ordenado al gusto de cada uno; allí se pueden desordenar, dar rienda suelta al desconsuelo, a la ira, y a la risa. E incluso se esconden por carta. No utilizan apenas los silencios en la correspondencia, sino que se esconden escribiendo, ocultándose, en ese típico juego del amor adolescente de hago como que X para que crea que X pero porque sé que en el fondo sabrá que Y. O el amor como una ecuación de "segundo grado".

    Así que Bryce Echenique utiliza las cartas como pilar esencial para su narración, supongo que para que la narración "también sea mejor". En realidad los encuentros están narrados por Juan Manuel Carpio; las cartas las utiliza más bien para dar una idea del transcurso del tiempo y para aportar la perspectiva de Fernanda siendo Fernanda, no de Fernanda a través de los ojos de Juan Manuel Carpio. No tengo ni idea de si la intención de Bryce Echenique era hacer una versión tropical y araucanota de Les liaisons dangereuses, o si simplemente le pone el género epistolar; no sé si le ha apetecido darle una perspectiva más objetiva al personaje femenino y no pasarlo únicamente por el tamiz del exagerado sentimiento masculino, ni si ha utilizado el recurso epistolar para acelerar la narración y transmitirla en sus exactos términos verbales a flor de lengua.

    Más bien me suena a una mezcla de todo esto. Por un lado, a esta Fernanda María, al dejarla narrarse a sí misma, se le cae un poco el aura de divina e inalcanzable que rodea a las mujeres de Bryce (Octavia de Cádiz apareciendo y desapareciendo de las playas; Inés subiendo y bajando de la hondonada, vista desde la lejanía de la separación), aunque es cierto que Juan Manuel Carpio, en sus versiones de los hechos utiliza todos esos recursos simbólicos para devolvérsela: el llamarla Fernanda Mía, el Alfa Romeo Verde, la estereotipación de "pelirroja flacuchenta"... son trozos de su forma de verla que comparte con el lector.

    Por otra parte, muchas veces, leyendo a Bryce he tenido la sensación de estar leyendo cartas a nadie, cartas al vacío o cartas nunca escritas. De hecho, los cuadernos escritos desde el señor Voltaire (en La vida exagerada de Martín Romaña y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz) son como una extensísima carta escrita a la amada.

    Por último, con este sistema epistolar, Bryce Echenique consigue hacer la narración más directa: es una novela epistolar, basada en las cartas, pero también es dialógica, claro, porque se basa en el intercambio de cartas en que unas son respuestas a otras. Así, Juan Manuel y Fernanda Suya tejen su propio universo, su discurso personalísimo e intrasferible, que trasciende los espacios y los tiempos para mantenerlos unidos no importa cuál sea el océano que los separe... ;-)

    Y bien... pese a que esta novela tiene grandes defensores... Yo siempre estaré enamorada de Martín.

    |
     
    Cuando Ruge la Marabunta o una tarde en la Feria del Libro
    Ayer, 10 de junio, mi amigo Dani me invitó a darme un paseíto por la Feria del Libro de Madrid. Él iba con la intención de charlar con Miquel Silvestre (alias Hank); yo, toda silencios y chanclas alemanas de siete leguas, con la sana intención de dar un paseo y olvidarme del proceloso océano de los apuntes.

    Lo primero que nos pasó es que tardamos en encontrar la Feria, inexpertos ambos both en aglomeraciones y acontecimientos de enrabietada actualidad. Cuando finalmente la encontramos, ya era tarde y empezó a llover (a llover de verdad, señor Fraga). Una nube, dos nubes, tres nubes... Cuatro imprecaciones. Cinco oraciones a Santa Paciencia. Cuando finalmente escampó (gran palabra!) echamos a andar con aire aturdido y desganado. Vimos a un montón de escritores o pseudo-escritores que, bolígrafo de masas en mano, con un aire aturdido y desganado firmaban libros como quien ensarta tuercas. Pilar más Bardem que nunca, dando rango de templo a la desordenada caseta en que firmaba; Catalina de Habsburgo, que me hizo confundir autor y título con su cara de recién salida del Museo del Prado; Andrés Trapiello más orgulloso de sus canas que un jubilado de un cartón en el bingo; qué se yo...

    A mí me causan gracia, mire usted... Iba yo diciendo, subidita, hecha una princesa sioux toda yo pies negros de charcos y rebeldías, que a mí eso de que te firmen anónimamente, aturdidamente y desganadamente el ejemplar de turno, pues que no me pone nada. Y le explicaba a Dani que yo tenía mi Azúa firmado, pero que Azúa era otra cosa (ya contaré esa historia), que sí era especial, que me había invitado a cacaolat y que me había llamado alteza. Que no es lo mismo.

    Y de pronto... un oscurecimento... y mis teorías se desmoronaron como el castillo de Heraclio Fournier. Leopoldo María Panero, quietito en un rincón de la caseta de Huerga y Fierro hacía como que firmaba libros y obedecía religiosamente las indicaciones de los indicadores de turno (no sé qué profesión tienen estas personas) que le obligaban a poner la fecha, le indicaban el nombre de la persona a quien debía dedicar el libro y le pasaban el ejemplar; no sé si con el fin de que el mito permaneciese intocable en su limbo de locura y desazón; no sé si con el fin de evitar posibles encontronazos de lectores "que tienen aún más que decir que uno".

    Hice una bolita con todas mis teorías y las mastiqué lentamente mientras maldecía no haberme traído ningún libro de Panerito: ni el Agujero llamado Never More, ni Erección del labio sobre la página... ni nada de nada. Pero bueno, amarré mis lobos contra un poema, saqué mis once euros y pagué religiosamente por mi Poemas de la locura seguido de El hombre elefante. La verdad es que estaba hecha un manojito de sentimientos contradictorios. Por un lado, no pensaba más que en Panerito metido en aquella jaula de monos, con la camisa herida y condecorado todo él de locura y lamparones... Por otra parte, era la única manera de acercarse a él. Sólo tenía que decirle (sin decírselo) que yo no veía los barrotes y que en vez de cacahuetes le tendía el libro con todo mi escepticismo. Y se lo dije.

    No sé por qué carambolas del destino y la lógica en patinetes... la señora se distrajo y no me cogió el libro ni se dispuso a hacer su labor de selectora conmigo e indicadora con él. Le di el libro con cara de susto y arrobamiento y le dejé a él que se le fuera la mano como quisiera... Ni para Fernandito, ni para Covadonga cuando sea mayor... Ni nada. Le bastó una mirada para verme toda marabunta rugiente yo, con el mundo que se me entraba por los ojos, se me entraba por las manos y me salía por la boca en un poema de interjecciones primorosas. Cerró el libro, me miró, le cambié mi escepticismo por sus barrotes y me dijo: "Cuando ruge la marabunta." Y yo me sentí más Eleanor Parker que nunca, toda pies negros y no acerté a balbucear más que un: "¡jo, qué guay!" que quería decir todas las cosas... Supongo que Dani se rió para sus adentros ante mi boquiabertura total, pero Panerito me lanzó una mirada desde el pedestal de su poesía, consintiendo, dejándome estar sin palabras, dándome el beneplácito del torpe silencio estropeado con que lo había honrado. Una mirada de caballero, como diciendo: "no te preocupes, lo de las palabras ya es cosa mía".


    Total que cogí mi ejemplar y me fui dando saltitos con mis chanclas de siete leguas, manoseando mi librito, pellizcando a Dani y hablando y moviendo las manos sin parar, toda marabunta, amontonada pero feliz, como Panerito y yo sabemos que soy.

    |
     
    Gloria Fuertes
    ISLA IGNORADA
    Soy como esa isla que ignorada,
    late acunada por árboles jugosos,
    en el centro de un mar
    que no me entiende,
    rodeada de nada,
    —sola sólo—.
    Hay aves en mi isla relucientes,
    y pintadas por ángeles pintores,
    hay fieras que me miran dulcemente,
    y venenosas flores.
    Hay arroyos poetas
    y voces interiores
    de volcanes dormidos.
    Quizá haya algún tesoro
    muy dentro de mi entraña.
    ¡Quién sabe si yo tengo
    diamante en mi montaña,
    o tan sólo un pequeño
    pedazo de carbón!
    Los árboles del bosque de mi isla,
    sois vosotros mis versos.
    ¡Qué bien sonáis a veces
    si el gran músico viento
    os toca cuando viene el mar que me rodea!
    A esta isla que soy, si alguien llega,
    que se encuentre con algo es mi deseo;
    —manantiales de versos encendidos
    y cascadas de paz es lo que tengo—.
    Un nombre que me sube por el alma
    y no quiere que llore mis secretos;
    y soy tierra feliz —que tengo el arte
    de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.
    Para mí es un placer ser ignorada,
    isla ignorada del océano eterno.
    En el centro del mundo sin un libro
    sé todo, porque vino un mensajero
    y me dejó una cruz para la vida
    —para la muerte me dejó un misterio.

    Gloria Fuertes

    Y digo yo... ¿quién no tiene una isla de éstas?

    ************************************************************************

    Y os dejo un soneto en cinco minutos (formas de descargar desesperación mientras se estudia!):

    "Procure no mirar por la ventana,
    no escuchar de los pájaros los trinos,
    no envidiar el relax de los vecinos
    ni el sol que ya las calles engalana;

    no ansíe pasear por la mañana,
    ni quiera dar paseos vespertinos,
    no ceda a la cerveza ni a los vinos
    ni se deje vencer por la desgana.

    Estudie, minucioso, cada tema;
    resuelva, con los libros, cada duda
    recite la lección ante el espejo."

    Ya, si entiendo... mas otro es mi problema.
    ¿A quién leches le pido yo su ayuda
    si no quiero seguir tanto consejo?


    ¡Ánimo a todos los que estáis de exámenes! ¡Y mi más sincera envidia para los que no! (Me meto en mi caparazón again)


    |
     
    Ego quoque: Concurso 20 minutos
    Pues si, eu tamén inscribíme no concurso de los blogs del 20 minutos... (la verdad es que no sé muy bien por qué: o bien por mi tendencia rebañística a seguir cualquier estímulo que me despierte la curiosidad o bien porque utópicamente pensaba que si ganaba, mi profe Tíscar estaría orgullosísima de mí, je)

    El caso es que aquí está el botón: si alguien me ayuda (Palimp!!) igual soy capaz de colocarlo en otro lado también...

    Si os molestáis en votar, moltes graciès!!



    Vótame



    convocado por:
    20minutos.es





    Actualización
    Esto... bueno, que el botoncito este aparece también en la columna de la izquierda (de la derecha para el espectador del espejismo)... Nada por si se animan ,-)

    |
     
    Reseña: Novecento, la leyenda del pianista en el Océano, de Alessandro Baricco.
    Novecento, la leyenda del pianista en el Océano es un librito que escribió el autor italiano Alessandro Baricco allá por septiembre de 1994. Dice él mismo que lo escribió "para un actor [...] y un director", pero que no sabe "si esto es suficiente para decir que he escrito un texto teatral". Y es que el libro puede ser percibido de las dos formas: como un monólogo teatral, del tipo de El Contrabajo, o bien como una novela breve narrada en primera persona, en una suerte de "monólogo exterior", jeje.

    Creo que Novecento es un ejemplo clarísimo de la necesidad que todos tenemos a veces de amueblar una idea. A veces pensamos de forma abstracta acerca de actitudes, de formas de ser de las personas, de las necesidades que tenemos y las que no... de cómo alcanzar la felicidad... y parece que todas estas ideas, por el mero hecho de estar formuladas en un lenguaje abstracto y lejano del lodazal diario de los teléfonos rotos y los semáforos, no tiene aplicación en la realidad. Ahí es donde entran en juego los barcos, los pianos y los personajes, se llamen Danny Boodmann T.D. Lemon Novecento o se llamen Segismundo. Gracias a ellos los autores recorren el tobogán que va desde lo abstracto a lo concreto para facilitarnos nuevamente la subida a la abstracción. Por eso, a veces, enriquece tanto leer un libro.

    Novecento narra la historia de un magnífico pianista, Novecento, que fue encontrado en una cajita de cartón a bordo del trasatlántico Virginian. Toda su vida ha transcurrido haciendo en este mismo barco la ruta entre Europa y América y tocando el piano. Novecento se llama en realidad Danny Boodmann TD Lemon Novecento. Lleva el nombre del hombre que lo encontró, el pianista del barco, Danny Boodmann; las iniciales T.D. se corresponden con las palabras Thanks Danny, que estaban escritas en la nota que acompañaba al bebé, donde también aparecía la palabra Lemon. Por fin, Danny Boodmann añade al nombre de la criatura el nombre del año que inauguraba el siglo XX.

    Luego el viejo Danny Boodmann murió y Novecento se quedó solo en el barco. Fue entonces cuando comenzó a tocar el piano como si los ángeles hubiesen bajado a guiarle las manos. Y gracias a su capacidad para extraer melodías maravillosas del piano se pudo quedar en el barco. El barco era, en realidad, su tierra firme, puesto que había nacido en el mar y era todo su mundo; incluso la tierra la conocía desde la perspectiva marina, como la conocen las gaviotas, I suppose.

    El narrador, un trompetista que tocaba con Novecento nos cuenta con especial viveza el verano de 1931, cuando subió al barco el gran pianista de Jazz Jelly Roll Morton. Se creía el inventor del jazz y cuando conoció la historia de Novecento, quien pese a no haber bajado nunca del barco –o quizás, precisamente por eso- se había convertido en un mito; decidió subir a bordo para conocerle en persona:
    ”- Usted es el que inventó el jazz, ¿verdad?
    - Así es. Y tú eres el que toca sólo si tiene el océano bajo el culo, ¿verdad?
    - Verdad.”

    Así es como se conocieron. Ni que decir tiene, con una presentación tan típica del Far West, que se retaron a un duelo de música. Y tampoco creo que haya que aclarar quién ganó.

    Finalmente, Novecento decide bajar del barco. ¿Por qué? El narrador compara la repentina decisión de Novecento con esos cuadros que se pasan toda la vida colgados de la pared y de repente, zas, se caen. Y es que Novecento quería ver el mar. Baja tres escalones de la escalerilla y al tercero se da la vuelta. Más adelante, el propio Novecento, que aparece en escena, nos explicará por qué no bajó del barco. Y también qué hace al final con seis kilos y medio de dinamita debajo del culo sentado, todavía, en el Virginian.

    Novecento es una excusa para hablar sobre la música, o más bien, para escribir sobre la música. Parece una apuesta que Baricco ha hecho consigo mismo para ver si es capaz de traducir la música en palabras. Los párrafos que se dedican a describir cómo era la música que tocaba en Novecento son un verdadero esfuerzo por hacer que las palabras adquieran nuevos significados, porque la lírica deje paso a algo más, por dejar que el receptor sea capaz de traducir esas palabras en música.

    Novecento también es una excusa perfecta para hablar del hombre activo y del hombre contemplativo, del hombre inquieto y del refugiado, del errante y del que vive en perpetuo exilio interior. Novecento sirve para reflexionar sobre la necesidad de percibir, tocar, oír, saborear y ver las cosas para conocerlas realmente. Novecento no conocía más que un piano rodeado de Océano y sin embargo era capaz de componer y tocar músicas que evocaban las más literarias historias de amor, parecía que aprehendía con sus notas los cielos de París y los suburbios de Buenos Aires, la sencillez de una campesina italiana y la arrogancia de un sombrero de copa inglés.

    Y es que Novecento, al final, es la historia de los que viven este mundo con los 187 sentidos. Luego hay quien lo expresa a través de la música, como Novecento; a través de las palabras, como Baricco; o a través de la pintura, como Gauguin. Pero lo importante es saber leer el mundo:
    ”Sabía escuchar. Y sabía leer. No los libros, eso lo sabe hacer cualquiera, sabía leer al a ente. Los signos que la gente lleva encima: lugares, ruidos, olores, su tierra, su historia…[…]Cada día añadía un pequeño retazo a aquel inmenso mapa que estaba dibujándose en la cabeza, inmenso, el mapa del mundo.[…] Después viajaba por su superficie de maravilla, mientras sus dedos se deslizaban sobre las teclas, acariciando las curvas de un ragtime.”


    Probablemente, Baricco no es un inmarcesible, un must. Quizás Novecento sea tan lírico que resulte cursi a ratitos, o quiera ser tan lírico que acabe por ser Kitsch; Novecento no tiene la prosa fina y delicada de Seda, pero tiene una prosa más espontánea, desbaratada, con versos intercalados, cuya delicia quizás resida en eso, en que está escrita para ser hablada como si hubiese sido escrita…

    Esta reseña, por cierto, viene al hilo del piano-man, sacado del ovillo de Otis B. Driftwood. Así pues, va con dedicatoria ;-) Y también va por Sandra y sus sudores para decir Tchaikovski sin reírse ;-)

    La foto es el cartel de la película que hizo sobre el libro Giuseppe Tornatore.

    |
     
    A estudiar otra vez
    Señores, empieza de nuevo el lodazal de junio... toca ponerse a estudiar. Si las cosas van bien, el día 30 de junio ya seré una señora Licenciada en Periodismo Segundo Ciclo (iks) por la Universidad Carlos III de Madrid. Después, toca simplemente saltar al vacío...

    Digo todo esto para avisarles de que la frecuencia con que actualice esto va a depender, a partir de ahora y hasta fin de mes, de lo aburridos que sean los apuntes, jejeje...

    De momento, en los raticos de esparcimiento me estoy leyendo la Fenomenología del Kitsch, de Ludwig Giesz, que ya comentaré si se tercia.

    Ah, también quería deciros que he incluido nuevos enlaces. De esto hace ya un siglo, pero bueno, os los comento ahora:

    El baúl de los libros. Es un sitio en el que don Mario nos reseña los libros que lee de forma muy incisiva y muy enriquecedora, sí señor.

    La lengua. Es el blog de Elías, de Melilla. Lleva en la red mucho tiempo y en él comenta todo tipo de cosas que tienen que ver con los libros (o no!)

    Otro punto de vista. Este es el rinconcito de Sandra, una asturiana que escancia sidra, juega al futbolín y monta vídeos divinamente. Pero es que además de todo eso, tiene muchísimo que decir. (No como yo, que puse que el blog se llama "Opinión" y ahora me dice Sandra que se llama "Otro punto de vista", anda que menuda caraja que arrastro)

    More Than Words. Dream utiliza todo su saber periodístico para hablar sobre literatura. Deliciosamente informativo.

    Bueno, espero que los disfrutéis si os animáis a dar una vuelta por ellos...

    Os dejo un poema de Unamuno mientras me pongo a hincar los codos. ¡Deséenme suerte, plisis!

    Incidente doméstico
    Traza la niña toscos garrapatos,
    de escritura remedo,
    me los presenta y dice
    con un mohín de inteligente gesto:

    "¿Qué dice aquí, papá?"

    Miro unas líneas que parecen versos.
    "¿Aquí?" "Sí, aquí; lo he escrito yo; ¿qué dice?
    porque yo no sé leerlo..."
    "¡Aquí no dice nada!", le contesté al momento.

    "¿Nada?", y se queda un rato pensativa
    -o así me lo parece, por lo menos,
    pues ¿está en los demás o está en nosotros
    eso a que damos en llamar talento?-.

    Luego, reflexionando, me decía:
    ¿Hice bien revelándole el secreto?
    -no el suyo ni el de aquellas toscas líneas,
    el mío, por supuesto-.

    ¿Sé yo si alguna musa misteriosa,
    un subterráneo genio,
    un espíritu errante que a la espera
    para encarnar está de humano cuerpo,
    no le dictó esas líneas
    de enigmáticos versos?

    ¿Sé yo si son la gráfica envoltura
    de un idioma de siglos venideros?
    ¿Sé yo si dicen algo?
    ¿He vivido yo acaso de ellas dentro?

    No dicen más los árboles, las nubes,
    los pájaros, los ríos, los luceros ...
    ¡No dicen más y nos lo dicen todo!
    ¿Quién sabe de secretos?

    |
     
    Enrique Morente y Félix Grande
    El grito
    En este mundo hay una siguiriya que se inicia solemnemente, con una falseta de pudoroso desconsuelo con la que Paco de Lucía abre con suavidad la puerta misteriosa del ensimismamiento; luego escuchamos la voz de Camarón, templándose al borde de un ilusorio palacio de la pena; entonces, sobre la arquitectura de un compás elaborado con rasgueos y rematado con el pulgar en los bordones, se escucha una voz a la vez entusiasmada y exigente: "¡Ale, Camarón, vamo a cantá como cantan lojhitano!"; aún, una falseta más, con la que Paco deja a Camarón la música temblando y, por fin, en un silencio incandescente y casi monstruoso, un silencio de luto puro (la guitarra interminablemente callada); por fin el grito. El grito de la siguiriya. El grito de la siguiriya es uno de los asuntos más serios que han ocurrido en la historia del arte, en la historia de España y en la historia del hombre. Acaso no ha existido jamás en este mundo un malherido que haya pronunciado el monosílabo ay con mayor orfandad ni mayor elocuencia. Acaso nadie jamás en este mundo pronunció esas dos letras con tanta carga de catástrofe y de huracanada belleza musical como las emiten algunas gargantas flamencas al abrir una siguiriya. Por cierto, esa palabra, ay, no tiene traducción y no la necesita: todas las criaturas del mundo, en cualquier idioma del mundo, la pronuncian cuando se duelen. Esa palabra no tiene fronteras y todo el mundo la comprende porque es la palabra suprema del dolor, y el dolor es un idioma universal.

    Ese grito, el grito de la siguiriya, es desde luego uno de los instantes más altos, quizá el más alto, de toda la historia de la música vocal. Ese grito es el momento más encarnizado de la historia de las músicas que los seres han inventado para contar la premura de su vieja desgracia. En ese grito se reúne de manera instantánea toda la herencia de dolor, de resistencia y de fatalidad que a nuestra especie le ha correspondido. Ese grito es el lucero del alba de la música y, a la vez, la huella dactilar de lo que ocurre en las entrañas de la especie. Ese grito es el fogonazo que ilumina toda la oscuridad del raro tránsito de esta rara especie. Ese grito es la incandescencia que rompe en dos mitades exactas la historia del dolor. Ese grito es la estocada que va certeramente al confín de la adversidad. Ese grito es la venganza de la congoja. Algo eminentemente verdadero le sucede a la especie cuando suena ese grito. En ese grito, en fin, acuden juntos, desde la turbulencia de nuestras emociones, lo irreparable y el consuelo, el estrago y la confrontación. Ese grito es un espejo en donde vemos el rostro resurrecto de nuestros antepasados enharinados en la eternidad del olvido y platicando con el rostro de nuestros descendentes, a quienes no conoceremos nunca y que no sabrán cómo éramos. Ese grito abrocha el vértigo del pasado y el vértigo del porvenir, un vértigo homogéneo dentro del cual nos sabemos presentes, momentáneos y abandonados. Ese grito abrocha trágica y primorosamente los bordes de la herida humana, la
    absolutamente incurable. Ese grito es un espejo en donde vemos, entreverados, nuestro orgullo y nuestra humillación, nuestra resistencia a morir y nuestra finitud.
    Félix Grande, "El grito", publicado en El País

    **************************************************************************

    Hace un par de semanas fui con Belén a un concierto de Enrique Morente. Entre otras cosas nos cantó un trocito de Yerma para poner los pelos de punta, aquello de "Si tú vienes a la romería/ a pedir que tu vientre se abra/ no te pongas un velo de luto/ sino dulce camisa de holanda."

    Poesía pura. Si hay algo maravilloso en Morente es esa sensación que transmite de haber entendido a los poetas hasta la entraña. A Lorca, a Miguel Hernández, a San Juan de la Cruz... Y luego, cómo mueve las manos, trazando otros poemas en el aire en un desafío constante a la gravedad. Morente es de esos pocos artistas que salen al escenario apocadito, casi tierno en su pequeñez. Y al primer compás, le echa una mirada al guitarrista, eleva un silencio y se transforma totalmente. Yo no sé si es la famosa divina manía la que lo posee, pero el cambio mete miedo. La música pasa por él, lo atraviesa totalmente. Pocas veces he entendido tan bien las teorías del "demiurgo" y del "genio creador" como viendo a Morente.

    Y dirán ustedes que qué tiene esto que ver con la literatura... Pues mucho, creo yo. ¿O el texto de Félix Grande no es también pura poesía? ¿O la literatura no nos abre cada dos por tres la puerta misteriosa del ensimismamiento? ¡Ay!

    |
     
    Microrrelatos sobre Hans Magnus Enzensberger
    Bueno, aquí van los microrrelatos sobre Hans Magnus que habéis tenido a bien escribir.

    Los de Pepe, en formato trilingüe... (habrá que darle un premio especial...)
  • “Dios existe”, sentenció Hans Magnus. Lo cierto es que la Ciencia estaba en condiciones de comprobarlo. La humanidad fue conectada en red a un gran ordenador central, obligada a pensar en Dios. Se sucedieron las imágenes: ancianos barbudos... animales imposibles, hombres prodigiosos... una línea quebrada de crestas desquiciadas... una línea recta... los espacios entre palabras son pasadizos por los que una idea puede subir desde la última línea hasta la primera y descender por otro camino con un significado diferente...Enzensberger.


  • Enzensberger poured himself another long shot of whisky, none of that fancy dry martini, thank you very much. He needed a drink and that's the truth. Who could blame him? Life's and endless stream of licquour, cigarrette butts and butterflies fluttering in the dusky dawn."I am very much interested in insanity" he said out loud hoping somebody would listen to his endless ranting... Why wouldn't anybody listen? There is always a sense of sorrow when you drain your glass. Nothing left, not a single tangy drop to moisten your cracked lips with. Sickness of the body and the soul. How can anyone drink too much? There is no such thing as having one too many. Do people complain of living too much? Of course not! Imagine living every second at its fullest, sheer torture... how could they be so blind? The hell with it.Enzensberger had now finished his glass. Christ! How it heightened the torture. And in the meantime there had been every reason to suppose the others imagined he was enjoying himself enormously.They would never understand. Those that do not know the price of happiness will never be happy.


  • Hans Magnus odiava a vida com timidez, mas temia a morte com fascinação. Nos períodos de sombra ficava incapaz de pensar, sentir... Tinha passado muito tempo sem escrever nem uma simples carta. Vivia num entreacto continuo com orquesta. Mas com isso o trabalho não se atrasava, animava-se. Somos todos escravos de circunstâncias externas? Névoa o fumo? Onde ficou o fogo de viver. Não se subordinar a ninguem...e os lírios aos margens do rio, o céu do estio prolongado.Suponho que Erzensberger foi o que chamam um decadente. Porém o seu mundo imaginário foi sempre o unico mundo verdadeiro. Eixemplo horrível de que a maoria da gente é outra gente. Aliás, para qué é preciso um nome? Custa tanto saber o que se sente cuando reparamos em nós! Ler é maçada, escrever é nada...


  • He aquí el de Edus (le daremos un premio al mejor modisto!):
  • Hans Magnus Enzensberger camina con tranquilidad. Observa con ironía como va dejando atrás a los vehiculos paralizados en el embotellamiento. Saluda con el leve contoneo de su mano izquierda a unos niños que lloriquean en el asiento trasero de un flamante BMW. Alarga sus brazos y rescata a las pobres criaturas.Hans Magnus Enzensberger y los dos niños circulan por el laberinto multicolor de coches.Los dos niños preguntan al paseante H.M.E.: ¿de qué color es tu coche?H.M.E. sonríe, y muestra sus zapatos marrones, sus rojizos calcetines, su azulado pantalón...


  • Ahora el de don Otis, magnífico:
  • -¿Nombre? - Preguntó impaciente el probo funcionario, sin levantar la vista del papel.
    -Hans Magnus Enzensberger
    -¿Apellidos?
    -...
    Aún hoy, sigue meditando si ese fue el momento en que decidió hacerse filósofo.


  • Y aquí el de Palimp, que merece mucho premio porque casi nunca se tira al rollo de estas cosas, eh :-) :
  • Enzensberger abrió su maletín y empezó a montar el arma con su habitual economía de movimientos. En menos de cinco minutos había preparado todo y contemplaba a través de la mirilla la esquina por donde iba a aparecer el desfile. Espero sin moverse más de dos horas hasta que, por fin, tuvo a tiro el coche oficial. De un disparo abatió a Hans I, el Magno, que cayó blandamente entre los gritos de la multitud.Enzensberger, sin perder la calma, empezó a recoger todo con cuidado. Le haría falta para cuando Hans II subiera al trono.


  • El de Luvina, premio al relato más breve, jeje:
  • ...y a la hora del dry martini, ¿...Hans Magnus Enzensberger, aún seguía allí...?


  • Y el de Fanshawe, que sigue siendo monísimo por haberle cambiado el apellido a Hans:
  • INMUTABILIDAD Uno tenía rostro pero no nombre. Hans M. Effemberg no tenía rostro."La gente recuerda mejor los rostros", dice el primero."La gente sólo recuerda mentiras", replica H. M. E. "Tu rostro se difuminará en los cerebros, el pintor que te dibuje lo hará pensando en sí mismo, no en ti. Tu fotografía se borrará con el tiempo. Nadie verá tu rostro dentro de doscientos años. De mí, al menos, quedará mi lápida, la letra, algo que repetir. De mí se acordarán hasta e estalle la Tierra. De ti sólo se acordarán los gusanos".Nada supo responder a ese descarado.



  • ¡Qué bonito! ¡Gracias a todos por participar!

    |
     
    Reseña: Historia abreviada de la literatura portátil, de Enrique Vila-Matas
    Os dejo aquí mi reseña del intercambio de reseñas por si no habéis podido "disfrutar" de ella (jejeje...) Otis, deberías hacer lo mismo con la tuya, no se le haya traspapelado a algún(alguna) fan!


    ¿Estás soltero? ¿Tienes un espíritu innovador y una sexualidad extrema? ¿Careces de grandes propósitos? ¿Eres un nómada infatigable? ¿Convives de manera tensa con tu doble? ¿Eres un artista de la insolencia? ¿Sientes simpatía por la negritud? ¿Tu obra artística es ligera y puede transportarse fácilmente? Bienvenido entonces, a la historia de la literatura portátil: eres un shandy.

    La conspiración shandy o sociedad secreta de la literatura portátil se fundó en 1924 y se disolvió tres años después. Agrupó a artistas de lo más variado: César Vallejo, Rita Malú, Berta Bocado, Georgia O'Keefe, Scott Fitzgerald, Marcel Duchamp, Alberto Picabia o Alistair Crowley. Todos cumplían los requisitos expuestos más arriba. ¿A qué se dedicaban? La nada era su objetivo, el camino era la meta, el esfuerzo, inútil. Así es eran estos artistas “amantes de la escritura cuando ésta se convierte en la experiencia más divertida y también la más radical.”

    Con todos los visos formales de verdad que ha sido capaz de reunir, nos presenta Vila-Matas en historia abreviada de la literatura portátil este movimiento literario de principios del siglo XX. Nos aporta incluso, el dato exactísimo de su fundación y de su disolución: el 27 de julio de 1924 en Port Actif (en francés, muy semejante a portatif: portátil ) y 1927, en el Ateneo de Sevilla, respectivamente. Con esto ya comienzan los guiños al lector: las intertextualidades (va por ti, Joe Kozinski), el dialogismo exquisito: Vila-Matas pone a charlar a toda una panoplia de literatos de países, intereses y técnicas diferentes en ambientes totalmente surrealistas y ficticios. Luego veremos, además, cómo consigue él inmiscuirse en esta conversación ajena.

    Otro de los recursos que utiliza Vila-Matas en este libro es explotar la capacidad simbólica del hombre: la suya propia, al atribuir los significados que a él le interesan para su construcción a multitud de textos; por otra parte, explota la de los shandys, dejándoles que unos y otros se atribuyan significados en una suerte de doble conversación: la real y la interpretada. Por otra parte, apela a nuestra propia capacidad de atribuir significados para multiplicar aún más el sentido del texto. Lo que resulta es, pues, un delirante espectáculo formado por la yuxtaposición de textos, metatextos e interpretaciones.

    Quiero leer también en este libro una crítica ironiquísima a la hermenéutica y las interpretaciones “ad hoc”, a la necesidad de interpretar, de atribuir sentido. Es lo mismo que critica Susan Sontag en Contra la Interpretación, pero Vila-Matas se sirve de la propia literatura. Vila-Matas viene a decir (calladamente, porque esto no nos lo cuenta, sino que lo viene a dar a entender) que el trabajo sistematizador de la crítica literaria es inútil o es absurdo. Y es que no se imaginan ustedes cómo nació la literatura portátil:
    “gracias a la definición de la sexualidad extrema por parte de una mujer fatal se hizo realidad el movimiento del mundo de los portátiles: un universo que fue hijo del equívoco y de la casualidad”.
    Leer el equívoco merece la pena.

    El libro comienza con la gestación del movimiento shandy, gracias a confusiones, interpretaciones erróneas y casualidades (¡¿cómo se puede sistematizar esto?!); luego continúa trazando una breve cronología de este movimiento. En esta historia mezcla determinados lugares típicamente “literarios”, por ejemplo, Praga; con algunas características que se asocian al prototipo del escritor extremo, por ejemplo, el suicidio; a esto añade hechos típicamente shandys, minimalistas: una fiesta en Viena en casa de un shandy, Littbarski, que fingía continuamente estar celebrando fiestas; las apariciones sucesivas de “odradeks” o dobles oscuros de los escritores, shandys; las reuniones en el submarino del príncipe Mdivani o el fin del shandysmo en Sevilla, que tiene lugar, precisamente, cuando Aleister Crowley desenmascaró la sociedad, haciéndola pública y por lo tanto, destruyéndola.

    El texto es delirante. Vila-Matas deja hablar a los personajes a través de sus textos, interpreta textos como le conviene, sistematiza acciones absurdas o irremediables para poder configurar el movimiento haciendo que las acciones se adapten a las características que él mismo ha decidido atribuirles... pero además, Vila-Matas ha conseguido construir una novela divertidísima, surrealista casi, en la que hechos absolutamente imposibles, inverosímiles, tienen perfecta cabida, y se convierten casi en totalmente necesarios para el desarrollo de la historia. La historia de cuatro locos que llevan sus obras de arte en una maleta y viajan sin rumbo por el placer de viajar, de portar su obra. El encuentro de Berta Bocado con Andrei Biely está lleno de emoción, así como los encuentros y desencuentros de Jacques Rigaut con la muerte o el desenlace en Sevilla...

    Esta novela-ensayo ficticio constituye un texto muy típico de su autor, que siempre se ha interesado por las muñecas rusas: la capacidad de encajar textos en textos, historias en historias, personajes dentro de personajes. Vila-Matas busca la manera de extender su novela más allá de las 122 páginas que él ha escrito: con ella nos regala también las llaves al mundo shandy y no shandy al mundo de la crítica literaria y de la espontaneidad lectora, al mundo de la percepción y de la interpretación y nos deja libres para leer en esta novela cuantas novelas queramos.

    ¿Y cómo se cuela Vila-Matas en toda esta historia? ¿Quién nos cuenta la historia de la literatura portátil cuando todos sus miembros ya han iniciado una diáspora y han decidido cambiar de vida y de estilo, alejándose física y espiritualmente del movimiento portátil, fingiendo haber participado de él jamás? Siempre tiene que haber un “último shandy”, alguien “para quien su libro es otro espacio donde pasear”... Y ese puede ser el propio Enrique Vila-Matas. O puedes ser tú.

    (Más sobre la Historia abreviada de la Literatura Portátil)

    |