Reseña: Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas
El gran Otis B. Driftwood (no sé cuántos de ustedes se habrán percatado de que el enlace a la página de Otis está mal. Ya lo he arreglado. Mil disculpas por las molestias!) y yo nos entrecruzamos lectoramente y leímos dos libros diferentes de Vila-Matas a la vez. De ahí que decidiéramos entrecruzarnos también las reseñas... He aquí la que Otis escribió sobre Bartleby y compañía y con la que me hace el honor (y a vosotros como lectores) de participar en mi saloncito. Os dejo con él:
Reseña literaria: Bartleby y Compañía
Enrique Vila-Matas, Barcelona, 2000
Ed. Anagrama (Colección Quinteto)
La vanidad y la modestia. La pérdida de fe, la falta de convicción o la reafirmación en ella. La pereza y la desidia con todos sus grados intermedios o la hiperactividad. Razones todas ellas, contradictorias algunas, que pueden llevar a un escritor a sufrir el síndrome de Bartleby.
Bartleby es un personaje de un relato de Hermann Melville, un oficinista que es el paradigma del “no hacer”. Ese personaje o, mejor dicho, su carácter, es el que toma Vila-Matas para explicar un síndrome que afecta a los escritores que deciden dejar de escribir por cualquiera de las razones enumeradas arriba, o por ninguna de ellas en particular. En sus pequeñísimos capítulos, estructurados como si fuera un compendio de notas a pie de página, el autor nos va presentando a diversos autores, algunos casi míticos y otros completos desconocidos, explicándonos por qué unos dejaron la literatura (o, más bien, la negaron, y de ahí la expresión “literatura del NO”) y por qué otros, con mucho potencial, jamás publicaron nada. Así, durante las doscientas páginas viajamos desde Arthur Rimbaud hasta Juan Ramón Jiménez, pasando por gente que nunca escribió como Joseph Joubert e incluso personajes de ficción que representan extremos dentro de la literatura del NO, como Paranoico Pérez, convencido de que Saramago es un plagiario de sus ideas y que por eso no escribe, para que no se las robe.
Dentro de su estilo ligero y un puntito (o puntazo) surrealista, Vila-Matas se intercala a sí mismo como personaje dentro de este ¿ensayo? postulándose como escritor del NO, colocando a un filósofo, Derain, como contrapunto humorístico que le confirma o le revienta sus tesis e hipótesis literarias por un módico precio y que sirve de puente para definir distintas formas de analizar a estos escritores. Con afirmaciones sorprendentes como la que se refiere a los suicidas (que no cuento para no reventar la sorpresa), nos va asociando a cada escritor con cada excusa para no escribir, bien sean éstas explícitas (verdaderas o falsas), bien haya motivos implícitos (igualmente falsos o verdaderos).
Lo primero que se le pasa por la cabeza al lector cuando se sumerge en este libro – que, como es habitual en su autor, es áspero para comenzar y mucho más fluido una vez dentro – es una pregunta: “¿Seré un escritor del NO? ¿Seré acaso un Bartleby, maestro?” Para mí es la genialidad que tiene, el remover las entrañas de quien lee para hacerle pensar en la posibilidad de escribir, y mucho mejor, de dejar de escribir. Pues si Wilde decía que lo mejor es que hablen de uno aunque sea mal, Vila-Matas afirma indirectamente que lo máximo a lo que aspira un escritor es a que hablen de él por dejar de escribir, o incluso sin haber escrito nada.
En este sentido creo que todo lector es, en cierta medida, un escritor que no escribe. Conozco muy poca gente a la que, cuando les digo que voy a escribir una novela, no se paren en ese momento a pensar detenidamente en la suya propia. Son apenas unos segundos de silencio que resultan más elocuentes que cualquier conversación sobre libros. Y la experiencia – propia y ajena – me dice que somos más francos, abiertos y sinceros cuando nos enfrentamos a nuestras propias ideas puestas en el papel. Quizás por eso tengamos tanto miedo a escribir. No porque los demás se rían de lo que escribimos, sino porque nosotros mismos no seamos capaces de reírnos de ello. El mundo está plagado de futuros escritores del NO. Y sospecho que Vila-Matas pensó en ellos al escribir este libro. Y es que es un libro que merece la pena releer, aunque cueste entrar en él. Es de los que se te quedan dando vueltas en la cabeza, como cuando estamos un rato viendo cómo centrifuga la lavadora sin saber por qué. En definitiva, perfecto para cualquier especie de Bartleby que pulule por la Tierra. Y casi habría una por cada ser humano.
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Reseña literaria: Bartleby y Compañía
Enrique Vila-Matas, Barcelona, 2000
Ed. Anagrama (Colección Quinteto)
La vanidad y la modestia. La pérdida de fe, la falta de convicción o la reafirmación en ella. La pereza y la desidia con todos sus grados intermedios o la hiperactividad. Razones todas ellas, contradictorias algunas, que pueden llevar a un escritor a sufrir el síndrome de Bartleby.
Bartleby es un personaje de un relato de Hermann Melville, un oficinista que es el paradigma del “no hacer”. Ese personaje o, mejor dicho, su carácter, es el que toma Vila-Matas para explicar un síndrome que afecta a los escritores que deciden dejar de escribir por cualquiera de las razones enumeradas arriba, o por ninguna de ellas en particular. En sus pequeñísimos capítulos, estructurados como si fuera un compendio de notas a pie de página, el autor nos va presentando a diversos autores, algunos casi míticos y otros completos desconocidos, explicándonos por qué unos dejaron la literatura (o, más bien, la negaron, y de ahí la expresión “literatura del NO”) y por qué otros, con mucho potencial, jamás publicaron nada. Así, durante las doscientas páginas viajamos desde Arthur Rimbaud hasta Juan Ramón Jiménez, pasando por gente que nunca escribió como Joseph Joubert e incluso personajes de ficción que representan extremos dentro de la literatura del NO, como Paranoico Pérez, convencido de que Saramago es un plagiario de sus ideas y que por eso no escribe, para que no se las robe.
Dentro de su estilo ligero y un puntito (o puntazo) surrealista, Vila-Matas se intercala a sí mismo como personaje dentro de este ¿ensayo? postulándose como escritor del NO, colocando a un filósofo, Derain, como contrapunto humorístico que le confirma o le revienta sus tesis e hipótesis literarias por un módico precio y que sirve de puente para definir distintas formas de analizar a estos escritores. Con afirmaciones sorprendentes como la que se refiere a los suicidas (que no cuento para no reventar la sorpresa), nos va asociando a cada escritor con cada excusa para no escribir, bien sean éstas explícitas (verdaderas o falsas), bien haya motivos implícitos (igualmente falsos o verdaderos).
Lo primero que se le pasa por la cabeza al lector cuando se sumerge en este libro – que, como es habitual en su autor, es áspero para comenzar y mucho más fluido una vez dentro – es una pregunta: “¿Seré un escritor del NO? ¿Seré acaso un Bartleby, maestro?” Para mí es la genialidad que tiene, el remover las entrañas de quien lee para hacerle pensar en la posibilidad de escribir, y mucho mejor, de dejar de escribir. Pues si Wilde decía que lo mejor es que hablen de uno aunque sea mal, Vila-Matas afirma indirectamente que lo máximo a lo que aspira un escritor es a que hablen de él por dejar de escribir, o incluso sin haber escrito nada.
En este sentido creo que todo lector es, en cierta medida, un escritor que no escribe. Conozco muy poca gente a la que, cuando les digo que voy a escribir una novela, no se paren en ese momento a pensar detenidamente en la suya propia. Son apenas unos segundos de silencio que resultan más elocuentes que cualquier conversación sobre libros. Y la experiencia – propia y ajena – me dice que somos más francos, abiertos y sinceros cuando nos enfrentamos a nuestras propias ideas puestas en el papel. Quizás por eso tengamos tanto miedo a escribir. No porque los demás se rían de lo que escribimos, sino porque nosotros mismos no seamos capaces de reírnos de ello. El mundo está plagado de futuros escritores del NO. Y sospecho que Vila-Matas pensó en ellos al escribir este libro. Y es que es un libro que merece la pena releer, aunque cueste entrar en él. Es de los que se te quedan dando vueltas en la cabeza, como cuando estamos un rato viendo cómo centrifuga la lavadora sin saber por qué. En definitiva, perfecto para cualquier especie de Bartleby que pulule por la Tierra. Y casi habría una por cada ser humano.
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Concurso: microrrelatos sobre Enzensberger
Después de haber reseñado el librito Mediocridad y delirio, y gracias a los comentarios que suscitó, me he dado cuenta de que no soy la única a la que encandila el nombre:
Montano apuntaba la frase que dijo Savater: "Yo de mayor quiero ser Magnus".
Yo misma hice alguna alusión a su apellido Enzensberger.
Y Fanshawe lo remató: "Siempre me apasionó su nombre. Tanto que lo convertí en protagonista de dos microrrelatos míos."
Movida por la curiosidad se lo pedí y aquí está:
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LA HORA EN N.Y.
Tras complicados logaritmos y más de una ecuación de tercer grado, Hans Magnus Effemberg llegó a una sorprendente conclusión: en Nueva York los días sólo tienen veinticuatro horas.
Enfebrecido, se lanzó a investigar cuántas horas tienen las noches.
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(Aviso: Fanshawe le cambió el apellido por no ofender, ¡qué mono! ;-))
Pues bien, os reto a un concursito de microrrelatos en los que el nombre Hans Magnus Enzensberger sea el protagonista. Yo, al leer el microrrelato de Fanshawe, pienso que a él el nombre le parecía nombre de físico, químico, investigador... A ver qué se os ocurre a vosotros!
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Montano apuntaba la frase que dijo Savater: "Yo de mayor quiero ser Magnus".
Yo misma hice alguna alusión a su apellido Enzensberger.
Y Fanshawe lo remató: "Siempre me apasionó su nombre. Tanto que lo convertí en protagonista de dos microrrelatos míos."
Movida por la curiosidad se lo pedí y aquí está:
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Tras complicados logaritmos y más de una ecuación de tercer grado, Hans Magnus Effemberg llegó a una sorprendente conclusión: en Nueva York los días sólo tienen veinticuatro horas.
Enfebrecido, se lanzó a investigar cuántas horas tienen las noches.
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(Aviso: Fanshawe le cambió el apellido por no ofender, ¡qué mono! ;-))
Pues bien, os reto a un concursito de microrrelatos en los que el nombre Hans Magnus Enzensberger sea el protagonista. Yo, al leer el microrrelato de Fanshawe, pienso que a él el nombre le parecía nombre de físico, químico, investigador... A ver qué se os ocurre a vosotros!
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Reseña: El medio es el masaje.
El medio es el masaje. Sí, señor. (Scratch, scratch) A todo el que le hablo de este libro se ríe y piensa que me equivoco que no es así, que es “el medio es el mensaje”, que eso lo sabe desde Neil Postman hasta mi sobrino de cuatro años. Pero no, esta vez es El medio es el masaje. Un librillo subtitulado "Un inventario de efectos" y que está escrito por Marshall McLuhan (sí, ese señor que sale en Annie Hall defendiendo a Woody Allen en la cola del cine). Lo que pasa es que este inventario está ilustrado con diagramas, dibujos y fotografías de Quentin Fiore, un conocido dibujante y diagramador (puedes ver algunos de sus trabajos aquí). Y entonces pasa de ser un libro a ser una galería, una exposición sobre el pensamiento de McLuhan. O mejor dicho, la conversión en objeto físico del pensamiento de McLuhan.
El libro (si es que lo podemos llamar así. A mí me gusta más "exposición" en plan museo, jeje) es un ejemplo de la consabidísima frase de McLuhan de "el medio es el mensaje". El juego de palabras del título es ya una perversión de la frase que trae consigo toda una serie de significados. (En inglés massage y message se diferencian sólo por una vocal). Y por eso, creo yo, este libro se concibió como una exposición de las ideas de McLuhan de tal forma que el medio sea el más adecuado para transmitir las ideas. De ahí esta reinterpretación del concepto de libro, creo yo.
Me ha encantado este libro porque constituye un auténtico desafío a las mentes reaccionarias y a los intelectuales de poltrona con borlas. ¿Cómo se pueden defender las sesudas ideas de McLuhan a través de un libro hecho en gran medida con ilustraciones, chascarrillos de periódico y fotografías? Pues bien, sí se puede. Se puede cuando la idea que se quiere transmitir es precisamente esa: que el contenido depende de la forma o incluso está determinado por ella.
La primera idea que aparece en el libro es la de que los medios de comunicación son prolongaciones de los sentidos humanos, o dicho con más precisión: "todos los medios son prolongaciones de alguna facutlad humana, psíquica o física."
Cito (meta, para, hiper) textualmente:


Esta idea no hay que tomarla a la ligera, sino que de ella se desprende una consecuencia muy importante: y es que con el nacimiento de nuevos medios, cambia nuestra forma de estar en el mundo y de percibir el mundo. Nuevos medios generan nuevas formas de comunicarse con el mundo, según la facultad humana que privilegien. De esto creo que ya se ha hablado en este blog gracias a Bronowski.
A partir de esta idea general, McLuhan analiza cómo el órgano dominante en las sociedades prealfabéticas era el oído y cómo con la creación del alfabeto, fue el ojo el que ocupó su puesto. "La pluma de ganso acabó con la conversación", dice... y habla sobre el alfabeto de una forma divina: es capaz de retrotraerse a los comienzos, mirarlo con ingenuidad y maravilla y decir: "¿De dónde surgió el prodigioso arte místico de pintar el LENGUAJE y hablar a los ojos?". A continuación, profundiza en la sociedad alfabética y se mete de lleno en los cambios que introdujo la imprenta: no sólo habla a los ojos, sino que permite multiplicar el mensaje, es un "mecanismo repetidor". Y una de las consecuencias que McLuhan atribuye a dicho mecanismo es la de "privacidad".
Ahora bien, las connotaciones positivas de la privacidad vienen dadas por ser algo elegible, por ser el opuesto de "público". Cuando estos dos opuestos convergen, aparece la "aldea global". En la aldea global, cada uno gestiona su propia privacidad, dándole los límites públicos que desea: se puede desconectar de todo porque se puede conectar con todo. El principal problema que McLuhan ve a la aldea global es que se está forzando a los nuevos medios a cumplir con el papel de los viejos. Esta práctica, si nos damos cuenta, es totalmente contraria a la frase de "el medio es el mensaje" (tomada en plan prescriptivo).
Otra de las ideas que vienen en este libro habla sobre la capacidad de "inadaptación". El ser un inadaptado, el no encontrar en todos los medios prolongaciones de nuestras propias facultades, a veces, nos lleva a ver la realidad de forma más ingenua pero más penetrante, más pura pero más profunda, más extravagante, pero más útil.[ Esta idea me recuerda mucho a Azúa y sus desocultaciones y también, por qué no repetirme a la idea de Bronowski que se puede resumir en "la capacidad para ver el mundo como una manzana" (yo me entiendo: quiero decir en establecer metáforas novedosas para comprender la realidad). ] En este sentido, dice McLuhan que dice Oppenheimer:
Otra cosa que me ha encantado de este librito-exposición es el montón de artistas invitados: Whitehead, James Joyce y su Finnegan's Wake, Bob Dylan, Montaigne dándole la mano a los Beatles, Homero columpiándose de una viñeta de Liechtenstein... McLuhan los pone a dialogar con una facilidad pasmosa.
La otra cosa que me ha encantado es ver cómo las ideas se suceden a lo largo del tiempo; cómo se aplican los mismos planteamientos a nociones completamente diferentes y los autores que uno tiene en la estantería, la mochila y el corazón, se ponen a gritarse unos a otros desde todas partes. Y yo estoy en el medio, viéndolos comer manzanas, viéndoles probarse las botas de Van Gogh y oyéndolos diailojizar (me van a permitir el palabro, yo sé por qué me lo digo, jejeje) en la cola de un cine de Manhattan... Así me gusta más el mundo: visto como una manzana con las botas de Vincent sentado en un cine de Manhattan, sí señor. ¿Qué más se puede pedir?
Apunte final
Por no sé qué milagros informáticos, ha salido la reseña dos veces, aunque la primera aparece con el texto incompleto. McLuhan, que desde su cielo se ríe de mí conmigo... :-)
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El libro (si es que lo podemos llamar así. A mí me gusta más "exposición" en plan museo, jeje) es un ejemplo de la consabidísima frase de McLuhan de "el medio es el mensaje". El juego de palabras del título es ya una perversión de la frase que trae consigo toda una serie de significados. (En inglés massage y message se diferencian sólo por una vocal). Y por eso, creo yo, este libro se concibió como una exposición de las ideas de McLuhan de tal forma que el medio sea el más adecuado para transmitir las ideas. De ahí esta reinterpretación del concepto de libro, creo yo.
Me ha encantado este libro porque constituye un auténtico desafío a las mentes reaccionarias y a los intelectuales de poltrona con borlas. ¿Cómo se pueden defender las sesudas ideas de McLuhan a través de un libro hecho en gran medida con ilustraciones, chascarrillos de periódico y fotografías? Pues bien, sí se puede. Se puede cuando la idea que se quiere transmitir es precisamente esa: que el contenido depende de la forma o incluso está determinado por ella.
La primera idea que aparece en el libro es la de que los medios de comunicación son prolongaciones de los sentidos humanos, o dicho con más precisión: "todos los medios son prolongaciones de alguna facutlad humana, psíquica o física."
Cito (meta, para, hiper) textualmente:


Esta idea no hay que tomarla a la ligera, sino que de ella se desprende una consecuencia muy importante: y es que con el nacimiento de nuevos medios, cambia nuestra forma de estar en el mundo y de percibir el mundo. Nuevos medios generan nuevas formas de comunicarse con el mundo, según la facultad humana que privilegien. De esto creo que ya se ha hablado en este blog gracias a Bronowski.
A partir de esta idea general, McLuhan analiza cómo el órgano dominante en las sociedades prealfabéticas era el oído y cómo con la creación del alfabeto, fue el ojo el que ocupó su puesto. "La pluma de ganso acabó con la conversación", dice... y habla sobre el alfabeto de una forma divina: es capaz de retrotraerse a los comienzos, mirarlo con ingenuidad y maravilla y decir: "¿De dónde surgió el prodigioso arte místico de pintar el LENGUAJE y hablar a los ojos?". A continuación, profundiza en la sociedad alfabética y se mete de lleno en los cambios que introdujo la imprenta: no sólo habla a los ojos, sino que permite multiplicar el mensaje, es un "mecanismo repetidor". Y una de las consecuencias que McLuhan atribuye a dicho mecanismo es la de "privacidad".
Ahora bien, las connotaciones positivas de la privacidad vienen dadas por ser algo elegible, por ser el opuesto de "público". Cuando estos dos opuestos convergen, aparece la "aldea global". En la aldea global, cada uno gestiona su propia privacidad, dándole los límites públicos que desea: se puede desconectar de todo porque se puede conectar con todo. El principal problema que McLuhan ve a la aldea global es que se está forzando a los nuevos medios a cumplir con el papel de los viejos. Esta práctica, si nos damos cuenta, es totalmente contraria a la frase de "el medio es el mensaje" (tomada en plan prescriptivo).
Otra de las ideas que vienen en este libro habla sobre la capacidad de "inadaptación". El ser un inadaptado, el no encontrar en todos los medios prolongaciones de nuestras propias facultades, a veces, nos lleva a ver la realidad de forma más ingenua pero más penetrante, más pura pero más profunda, más extravagante, pero más útil.[ Esta idea me recuerda mucho a Azúa y sus desocultaciones y también, por qué no repetirme a la idea de Bronowski que se puede resumir en "la capacidad para ver el mundo como una manzana" (yo me entiendo: quiero decir en establecer metáforas novedosas para comprender la realidad). ] En este sentido, dice McLuhan que dice Oppenheimer:
"Algunos niños que juegan en la calle podrían solucionar varios de mis más arduos problemas de física, porque tienen modos de percepción sensorial que yo he perdido hace mucho tiempo."Hay que ver hasta qué punto el medio es el mensaje, caray.
Otra cosa que me ha encantado de este librito-exposición es el montón de artistas invitados: Whitehead, James Joyce y su Finnegan's Wake, Bob Dylan, Montaigne dándole la mano a los Beatles, Homero columpiándose de una viñeta de Liechtenstein... McLuhan los pone a dialogar con una facilidad pasmosa.
La otra cosa que me ha encantado es ver cómo las ideas se suceden a lo largo del tiempo; cómo se aplican los mismos planteamientos a nociones completamente diferentes y los autores que uno tiene en la estantería, la mochila y el corazón, se ponen a gritarse unos a otros desde todas partes. Y yo estoy en el medio, viéndolos comer manzanas, viéndoles probarse las botas de Van Gogh y oyéndolos diailojizar (me van a permitir el palabro, yo sé por qué me lo digo, jejeje) en la cola de un cine de Manhattan... Así me gusta más el mundo: visto como una manzana con las botas de Vincent sentado en un cine de Manhattan, sí señor. ¿Qué más se puede pedir?
Apunte final
Por no sé qué milagros informáticos, ha salido la reseña dos veces, aunque la primera aparece con el texto incompleto. McLuhan, que desde su cielo se ríe de mí conmigo... :-)
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Reseña: Mediocridad y Delirio, de Hans Magnus Enzensberger
Leer un libro de Hans Magnus Enzensberger siempre es un regalo para la inteligencia. Mediocridad y delirio es una galería de temas variados y controvertidos que Enzensberger va desbrozando, limpiando y aclarando gracias a su particular manera de ver el mundo y gracias a su independencia intelectual. Así, Hans Magnus siempre está del lado de la lógica y del sentido común, un lado muy oscuro y poco habitado en la actualidad.
Mediocridad y delirio recoge ensayos publicados por Enzensberger en diferentes revistas y periódicos, desde el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Die Zeit , la revista Geo o Der Spiegel, todos ellos medios de comunicación que gozan de gran prestigio en Alemania.
La primera parte recoge ensayos que a primera vista pueden parecer bastante heterogéneos pero que, si se intenta generalizar un poco, están ligados por un tema principal que les da soporte: el hombre como animal verbal, o el hombre y el conocimiento. La ironía es una de las claves de estos primeros ensayos. Esto queda ya patente en títulos como “Una modesta proposición para proteger a la juventud frente a los productos de la poesía” o “Loa al analfabetismo”, que es la conferencia que pronunció cuando recogió el premio Heinrich Böll. Aquí se plantea si el jurado ha galardonado a un anacronismo al galardonarle a él. De este primer bloque, los más interesantes desde el punto de vista periodístico, son los dedicados a la figura del crítico, el análisis que hace sobre la historia y las claves del éxito del diario Bild y el dedicado a la televisión.
En “El triunfo del diario Bild” combina su propio discurso con fragmentos extraídos del periódico. Estos fragmentos funcionan a modo de ilustraciones y no de ejemplos, en un curioso ejercicio de intertextualidad. Para Enzensberger, el principal delito del diario Bild no “reside tanto en inventar una mentir ay publicarla; el delito propiamente dicho está en la difusión de dicha mentira, que aumenta con el número de lectores” . Dice Enzensberger que la gente lee este periódico precisamente porque no informa de nada, de que sus noticias constituyen un cúmulo de hechos atemporales que, por otra parte, garantizan al lector la tranquilidad y la satisfacción de saber que el mundo sigue igual.
Curiosísimo e interesantísimo es el capítulo dedicado a la televisión, que se llama “El medio de comunicación cero o por qué no tiene sentido atacar a la televisión” y que comienza con la siguiente aseveración: “La televisión idiotiza” . Enzensberger reconoce cuatro variantes que han servido a los teóricos para concluir esta capacidad idiotizante de la televisión: 1. Debido al papel ideológico y de vehículo propagandístico de la televisión. 2. El hecho de que la televisión suponga una invitación a imitar los comportamientos –moralmente reprobables en su mayoría- que en ella se presentan. 3. La tesis que considera que la televisión incapacita a los individuos para distinguir entre realidad y ficción. 4. La tesis de la idiotización, que viene a ser el lugar donde convergen las anteriores.
Ahora bien, Enzensberger trata estas teorías de forma totalmente irónica y tiene una crítica que hacerles a las cuatro y es que se toman en serio a la televisión. También critica que todas hacen aparecer a la televisión como un actor malvado frente a un pobre espectador indefenso. El problema reside en saber en qué bando hay que situar al teórico. A continuación, Enzensberger trata de aportar su propia solución al problema televisivo. Él no cree que el problema radique en los contenidos, pues éstos se acercan cada vez más al “contenido cero”. Él dice que es, precisamente, este contenido cero el que constituye el valor de uso de la televisión: el espectador se conecta a la televisión para desconectar. De la incapacidad para reconocer esto es de donde surgen, según Enzensberger, la teorías apocalípticas sobre la televisión. Se trata de un ensayo interesantísimo por novedoso y fresquísimo. Requiere mucha capacidad por parte del lector para ir separando los granos de ironía de las sólidas ideas que Enzensberger tiene sobre los medios de comunicación.
La segunda parte la forman dos ensayos de carácter más económico en los que Enzensberger reflexiona sobre los modos de financiación de los partidos políticos y sobre la distribución financiera que se lleva a cabo a través del Fondo Monetario Internacional.
En la tercera parte, analiza diversos problemas del panorama político alemán. Uno de los ensayos está dedicado al partido de los Verdes y al figura del bosque en Alemania, su importancia en la vida de los alemanes y su pérdida irremisible debido a la contaminación y a la especulación. De todos los ensayos de esta sección, me han parecido especialmente interesantes el dedicado a desenmarañar la dicotomía entre “poder e intelecto”, entre “intelectual y político”. En él trata de averiguar de dónde viene la superioridad moral que se le concede a todo intelectual digno de ser llamado así y si esta dicotomía existe realmente o es algo que se quiere vender al ciudadano. También trata de averiguar la pertinencia de esta dicotomía.
Para morirse de risa es el ensayo “Las ventajas de sentirse avergonzado”, donde hace un recorrido por las principales condecoraciones otorgadas por su país y no puede por menos que reírse y hacernos reír ante semejante anacronismo.
El otro ensayo que más interesante me ha parecido es el llamado “Medianía y Delirio”, en el que hace un recorrido por la historia de Alemania utilizando los conceptos de mediocridad, utopía y liderazgo como medios de transporte. Gracias a estos conceptos arroja luz sobre muchos comportamientos actuales, calificables, lamentablemente de “mediocres” y nos sugiere que esta “mediocridad” es peligrosa, puesto que esconde una secreta satisfacción por uno mismo. Y eso ciega.
Se trata de un libro muy interesante porque permite conocer más a fondo y de mano de un pensador fresco, independiente, sagaz y certero, las verdades de la política y la economía alemanas. Además, las reflexiones en torno a los medios de comunicación y la “mediatización” de los comportamientos humanos son muy innovadoras y no por ello menos plausibles. Por fin algo nuevo en el manido cónclave de los teóricos de los medios de comunicación.
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Mediocridad y delirio recoge ensayos publicados por Enzensberger en diferentes revistas y periódicos, desde el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Die Zeit , la revista Geo o Der Spiegel, todos ellos medios de comunicación que gozan de gran prestigio en Alemania.
La primera parte recoge ensayos que a primera vista pueden parecer bastante heterogéneos pero que, si se intenta generalizar un poco, están ligados por un tema principal que les da soporte: el hombre como animal verbal, o el hombre y el conocimiento. La ironía es una de las claves de estos primeros ensayos. Esto queda ya patente en títulos como “Una modesta proposición para proteger a la juventud frente a los productos de la poesía” o “Loa al analfabetismo”, que es la conferencia que pronunció cuando recogió el premio Heinrich Böll. Aquí se plantea si el jurado ha galardonado a un anacronismo al galardonarle a él. De este primer bloque, los más interesantes desde el punto de vista periodístico, son los dedicados a la figura del crítico, el análisis que hace sobre la historia y las claves del éxito del diario Bild y el dedicado a la televisión.
En “El triunfo del diario Bild” combina su propio discurso con fragmentos extraídos del periódico. Estos fragmentos funcionan a modo de ilustraciones y no de ejemplos, en un curioso ejercicio de intertextualidad. Para Enzensberger, el principal delito del diario Bild no “reside tanto en inventar una mentir ay publicarla; el delito propiamente dicho está en la difusión de dicha mentira, que aumenta con el número de lectores” . Dice Enzensberger que la gente lee este periódico precisamente porque no informa de nada, de que sus noticias constituyen un cúmulo de hechos atemporales que, por otra parte, garantizan al lector la tranquilidad y la satisfacción de saber que el mundo sigue igual.
Curiosísimo e interesantísimo es el capítulo dedicado a la televisión, que se llama “El medio de comunicación cero o por qué no tiene sentido atacar a la televisión” y que comienza con la siguiente aseveración: “La televisión idiotiza” . Enzensberger reconoce cuatro variantes que han servido a los teóricos para concluir esta capacidad idiotizante de la televisión: 1. Debido al papel ideológico y de vehículo propagandístico de la televisión. 2. El hecho de que la televisión suponga una invitación a imitar los comportamientos –moralmente reprobables en su mayoría- que en ella se presentan. 3. La tesis que considera que la televisión incapacita a los individuos para distinguir entre realidad y ficción. 4. La tesis de la idiotización, que viene a ser el lugar donde convergen las anteriores.
Ahora bien, Enzensberger trata estas teorías de forma totalmente irónica y tiene una crítica que hacerles a las cuatro y es que se toman en serio a la televisión. También critica que todas hacen aparecer a la televisión como un actor malvado frente a un pobre espectador indefenso. El problema reside en saber en qué bando hay que situar al teórico. A continuación, Enzensberger trata de aportar su propia solución al problema televisivo. Él no cree que el problema radique en los contenidos, pues éstos se acercan cada vez más al “contenido cero”. Él dice que es, precisamente, este contenido cero el que constituye el valor de uso de la televisión: el espectador se conecta a la televisión para desconectar. De la incapacidad para reconocer esto es de donde surgen, según Enzensberger, la teorías apocalípticas sobre la televisión. Se trata de un ensayo interesantísimo por novedoso y fresquísimo. Requiere mucha capacidad por parte del lector para ir separando los granos de ironía de las sólidas ideas que Enzensberger tiene sobre los medios de comunicación.
La segunda parte la forman dos ensayos de carácter más económico en los que Enzensberger reflexiona sobre los modos de financiación de los partidos políticos y sobre la distribución financiera que se lleva a cabo a través del Fondo Monetario Internacional.
En la tercera parte, analiza diversos problemas del panorama político alemán. Uno de los ensayos está dedicado al partido de los Verdes y al figura del bosque en Alemania, su importancia en la vida de los alemanes y su pérdida irremisible debido a la contaminación y a la especulación. De todos los ensayos de esta sección, me han parecido especialmente interesantes el dedicado a desenmarañar la dicotomía entre “poder e intelecto”, entre “intelectual y político”. En él trata de averiguar de dónde viene la superioridad moral que se le concede a todo intelectual digno de ser llamado así y si esta dicotomía existe realmente o es algo que se quiere vender al ciudadano. También trata de averiguar la pertinencia de esta dicotomía.
Para morirse de risa es el ensayo “Las ventajas de sentirse avergonzado”, donde hace un recorrido por las principales condecoraciones otorgadas por su país y no puede por menos que reírse y hacernos reír ante semejante anacronismo.
El otro ensayo que más interesante me ha parecido es el llamado “Medianía y Delirio”, en el que hace un recorrido por la historia de Alemania utilizando los conceptos de mediocridad, utopía y liderazgo como medios de transporte. Gracias a estos conceptos arroja luz sobre muchos comportamientos actuales, calificables, lamentablemente de “mediocres” y nos sugiere que esta “mediocridad” es peligrosa, puesto que esconde una secreta satisfacción por uno mismo. Y eso ciega.
Se trata de un libro muy interesante porque permite conocer más a fondo y de mano de un pensador fresco, independiente, sagaz y certero, las verdades de la política y la economía alemanas. Además, las reflexiones en torno a los medios de comunicación y la “mediatización” de los comportamientos humanos son muy innovadoras y no por ello menos plausibles. Por fin algo nuevo en el manido cónclave de los teóricos de los medios de comunicación.
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Poesía: Entonces y Palabras para Julia
No, no es que tenga obsesión por Ángel González. Pero es que hace poco me acordaba de mi querido profesor de fonética, Félix (nombre que es a mi vida lo que un mojón a un camino, por lo visto), y de este poema de Ángel González que él utilizó para que hacer transcripciones fonéticas y fonológicas... La verdad es que era muy divertido pelearse con los símbolos. Y el poema ha ganado belleza desde "entonces":
ENTONCES
Entonces,
en los atardeceres de verano,
el viento
traía desde el campo hasta mi calle
un inestable olor a establo
y a hierba susurrante como un río
que entraba con su canto y con su aroma
en las riberas pálidas del sueño.
Ecos remotos,
sones desprendidos
de aquel rumor,
hilos de una esperanza
poco a poco deshecha,
se apagan dulcemente en la distancia:
ya ayer va susurrante como un río
llevando lo soñado aguas abajo,
hacia la blanca orilla del olvido.
***************************************************************
Os dejo por aquí también un fragmentito de José Agustín Goytisolo recitando su Palabras para Julia, al hilo del ovillo que comenzó a deshilvanar Fanshawe.
Que lo disfrutéis.
Palabras para Julia
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ENTONCES
Entonces,
en los atardeceres de verano,
el viento
traía desde el campo hasta mi calle
un inestable olor a establo
y a hierba susurrante como un río
que entraba con su canto y con su aroma
en las riberas pálidas del sueño.
Ecos remotos,
sones desprendidos
de aquel rumor,
hilos de una esperanza
poco a poco deshecha,
se apagan dulcemente en la distancia:
ya ayer va susurrante como un río
llevando lo soñado aguas abajo,
hacia la blanca orilla del olvido.
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Os dejo por aquí también un fragmentito de José Agustín Goytisolo recitando su Palabras para Julia, al hilo del ovillo que comenzó a deshilvanar Fanshawe.
Que lo disfrutéis.
Palabras para Julia
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Índice de Reseñas en este Weblog
Ya va siendo hora de poner un índice, que ni yo misma me revuelvo entre tanta reseña...
Reseñas:
El oficio de vivir, de Cesare Pavese. Martes, 23 de noviembre de 2004
Siete maneras de decir manzana, de Benjamín Prado. Viernes, 3 de diciembre de 2004
Novela con cocaína, de M. Aguéiev. Jueves, 9 de diciembre de 2004
Telebasura y periodismo, de Carlos Elías Sábado, 11 de diciembre de 2004.
Lecturas Compulsivas, de Félix de Azúa. Jueves23 de diciembre de 2004
Tres cerditos, uso significado y metáfora, de Guillermo Lorenzo y Rafael Núñez. Lunes, 3 de enero de 2005
Los cínicos no sirven para este oficio, de R. Kapucinski. Martes, 11 de enero de 2005
Los problemas del arte, de Susanne K. Langer. Lunes, 17 de enero de 2005
Der Kontrabass, de Patrick Süskind. Lunes, 24 de enero de 2005
Contra la interpretación, de Susan Sontag. Lunes, 7 de febrero de 2005
Mausoleo, de Hans Magnus Enzensberger. Martes, 15 de febrero de 2005
Los diez mandamientos en el siglo XXI, de Fernando Savater. Lunes, 21 de febrero de 2005
Discurso sobre o filho da puta, de Alberto Pimenta. Miércoles, 23 de febrero de 2005
Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, de Rafael Sánchez Ferlosio. Sábado, 5 de marzo de 2005
Sobre la libertad,de John Stuart Mill. Viernes, 11 de marzo de 2005
Homo videns, de Giovanni Sartori. Lunes, 15 de marzo de 2005
Introducción a la Estética, de Hegel. Viernes, 18 de marzo de 2005
The importance of being Earnest, de Oscar Wilde. Viernes, 1 de abril de 2005
La era del acceso, de Jeremy Rifkin. Viernes, 8 de abril de 2005.
Demian, de Herman Hesse. Domingo, 17 de abril de 2005
El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sábato. Viernes, 22 de abril de 2005
Los orígenes del conocimiento y de la imaginación, de Jacob Bronowski. Domingo, 1 de mayo de 2005
Contra los periodistas y otros contras, de Karl Kraus. Martes, 3 de mayo de 2005
Cómo se reparte la tarta, de Noam Chomsky. Sábado, 21 de mayo de 2005
Mediocridad y delirio, de Hans Magnus Enzensberger. Miércoles, 25 Mayo 2005
El medio es el masaje, de Marshall McLuhan.Sábado, 28 Mayo 2005
Historia de la literatura portátil, de Enrique Vila-Matas. Martes, 31 Mayo 2005
Novecento, de Alessandro Baricco. Domingo, 5 Junio 2005
La amigdalitis de Tarzán, de Alfredo Bryce Echenique. Miércoles, 15 Junio 2005
La exagerada vida de Martín Romaña, de Alfredo Bryce Echenique. Lunes, 27 Junio 2005
El dardo en la palabra, de Fernando Lázaro Carreter. Lunes, 4 Julio 2005
Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald. Viernes, 22 Julio 2005
Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams. Lunes, 25 Julio 2005
La asesina ilustrada, de Enrique Vila Matas. Domingo, 7 Agosto 2005
Música para Camaleones, de Truman Capote. Viernes, 12 Agosto 2005
Un vasto y desierto paisaje, de Kjell Askildsen. Sábado, 20 Agosto 2005
El mundo de ayer, de Stefan Zweig. Lunes, 5 Septiembre 2005
El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon. Viernes, 23 Septiembre 2005.
El último encuentro, de Sándor Márai. Domingo, 9 Octubre 2005
Confieso que he vivido, de Pablo Neruda. Miércoles, 26 Octubre 2005
Animalario Universal del Profesor Revillod, de Miguel Murugarren y Javier Sáez Castán. Sábado, 29 Octubre 2005
Las aventuras del barón de Münchhausen , de Rudolf Erich Raspe. Miércoles, 9 Noviembre 2005
El poeta y los lunáticos, de G.K. Chesterton. Martes, 15 Noviembre 2005
El sobrino de Wittgenstein, de Thomas Bernhard. Jueves, 24 Noviembre 2005
La escala de los mapas, de Belén Gopegui. Martes, 29 Noviembre 2005
Dejad que baile el forastero, de Jaime Priede. Viernes, 9 Diciembre 2005
Gramática de la Fantasía, de Gianni Rodari. Martes, 20 Diciembre 2005
La Muerte en Venecia, de Thomas Mann. Domingo, 1 Enero 2006
El mundo como supermercado, de Michel Houellebecq. Lunes, 23 Enero 2006
Otoño en Madrid hacia 1950, de Juan Benet. Domingo, 29 Enero 2006
Ejercicios de Estilo, de Raymond Queneau. Viernes, 3 Febrero 2006
Vals de Mefisto, de Sergio Pitol. Miércoles, 15 Febrero 2006
Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam. Domingo, 19 Febrero 2006
Modos de ver, de John Berger. Sábado, 25 Febrero 2006
Ilusiones perdidas, de Honoré de Balzac. Martes, 14 Marzo 2006
Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, de Woody Allen. Viernes, 24 Marzo 2006
Hombres de maíz, de Miguel Ángel AsturiasMartes, 4 Abril
El astillero, de Juan Carlos Onetti Martes, 2 Mayo 2006
Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato. Domingo, 14 Mayo
Arte poética, de Jorge Luis Borges Jueves, 8 Junio 2006
El síndrome Chejov, de Miguel Ángel Muñoz Miércoles, 14 Junio 2006
Una pena en observación, de C.S. Lewis Sábado, 24 Junio 2006
Estos poetas son míos, de Mario Benedetti Miércoles, 12 Julio 2006
Gran Sertão: Veredas, de João Guimarães Rosa Martes, 1 Agosto 2006
La viuda blanca y negra, de Ramón Gómez de la Serna Lunes, 18 Septiembre 2006
Rua, de Miguel Torga y Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas Viernes, 29 Septiembre 2006
Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino Miércoles, 11 Octubre 2006
Juego de azar, de Slawomir Mrozeck Viernes, 20 Octubre 2006
De fusilamientos, de Julio Torri Sábado, 4 Noviembre 2006
La hora de la estrella, de Clarice Lispector Lunes, 13 Noviembre 2006
Don Ramón María del Valle-Inclán, de Ramón Gómez de la Serna Lunes, 12 Febrero 2007
La soledad era esto, de Juan José Míllás Lunes, 26 Febrero 2007
Todas las almas, de Javier Marías Domingo, 1 Abril 2007
La sinagoga de los iconoclastas, de J. Rodolfo Wilcox Domingo, 1 Abril 2007
La voz oval, de Enrique Olmos de Ita Sábado, 28 Abril 2007
Nada, de Carmen Laforet Miércoles, 30 Mayo 2007
Comedia onírica, de August Strindberg y La noche de las tríbadas, de Per Olov Enquist Martes, 3 Julio 2007
Cocaína (Manual de usuario), de Julián Herbert. Viernes, 13 julio 2007
La invención de Hugo Cabret, de Brian Selznik Martes, 31 julio 2007
El traje de los domingos, de Enrique Vila-Matas. Sábado, 4 agosto 2007
Manual de literatura para caníbales, de Rafael Reig. Domingo, 12 agosto 2007
Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez Jueves, 16 agosto 2007
La novela de un literato, 1, de Rafael Cansinos Assens Lunes, 20 agosto 2007
Todo son preguntas, de Juan José Millás. Miércoles, 19 septiembre 2007
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Reseñas:
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Reseña: Cómo se reparte la tarta
Me compré este librito cuando estuve en Barcelona. Me pareció una buena opción para cubrir el expediente de los tres libros que tengo que leer para la asignatura Periodismo Internacional. La verdad es que no me apetecía leer uno de esos libros de "Estuve en una guerra y como soy periodista ahora escribo un libro". No niego que los habrá muy interesantes, pero no tenía el ánimo para eso, así que me compré un librito de Chomsky (puedes consultar su bibliografía aquí), a ver si al menos, me reía un poco.
Pero nada. Ni ironía, ni tampoco ideas brillantes, ni abstracción, ni nada.
Noam Chomsky nació en Filadelfia en 1928. Por influencia de Zellig Harris estudió Lingüística. A finales de 1954 se convirtió en investigador en el MIT (Massachussetts Institue of Technology). Desde entonces se dedicó de lleno a la Lingüística. Acutalmente es profesor de en el MIT de lenguas modernas. Sus teorías acerca del lenguaje y su gramática revolucionaron el mundo de la lingüística.
Esta cita resume las ideas de Chomsky respecto del compromiso que deben adquirir los intelectuales y pensadores como vigilantes de las acciones políticas.
Cómo se reparte la tarta es un libro en que se denuncian las acciones políticas estadounidenses desde los años 80 hasta mediados de los años 90 (el libro fue publicado en 1996). Efectivamente, Chomsky trata de esclarecer quién se encarga de cortar el pastel del dinero estadounidense, por qué las porciones resultan tan espeluznantemente desiguales y quién se lleva las porciones más grandes.
El libro se divide en tres partes diferenciadas en las que se da cuenta de las reducciones que se han hecho en los presupuestos estatales del dinero que va destinado a ayudar a los más débiles.
La primera parte del libro se dedica a denunciar cómo los ricos y poderosos tienen mucho más peso y poder de decisión y siempre resultan beneficiados, en detrimento de los más pobres. Así resulta mucho más fácil persistir en la desigualdad: los conservadores estadounidenses se parapetan en el libre mercado y el no intervencionismo para ir empobreciendo a los pobres y enriqueciendo a los ricos.
En la segunda parte, Chomsky denuncia cómo las políticas de Estados Unidos, la reducción de ayudas a familias necesitadas y a minorías en desventaja provoca que estos se van totalmente desfavorecidos en el salvaje capitalismo de David Ricardo. Pero a los ricos y poderosos no les interesa que existan estos menesterosos, por lo tanto, los mete en cárceles y los encierra en suburbios. Se trata, si nos paramos a pensar bien, de una política claramente represiva, que pasa por ir encerrando los "problemas" en el armario hasta que éste reviente. No parece una sociedad en que prime la idea de progreso.
La última parte da cuenta de las agresiones contra la democracia y contra los derechos humanos por parte de Estados Unidos, tanto dentro de su país como fuera de él. En muchos casos, Chomsky compara los sistemas sanitarios de Estados Uniods y Europa o el sistema educativo. Siempre Estados Unidos sale muy mal parado. Chomsky denuncia que el control que se ejerce sobre los medios de comunicación se utiliza para presentar el sistema como algo liberal y progresista y no como lo que es: un sistema de enriquecimiento para los grandes magnates dedicado a despojar a los más desfavorecidos de lo poco que tienen.
Sin embargo, no se trata de un libro de ideas. Se trata de un libro en el que Chomsky utiliza un montón de números, porcentajes, datos estadísticos y titulares para denunciar las injusticias que se cometen en Estados Unidos desde arriba. Leer este libro es como abrir una caja. Por desgracia, al no ser estadounidense ni estar muy enterada de cómo funciona este país por lo que a burocracia, sistema de reparto de ayudas, porcentajes de población negra, índices de desarrollo por estado y demás cuestiones necesarias para el conocimiento del país (aquí se me olvidó el verbo se refiere, menos mal que Otis me lo ha dicho!!), pues no he podido hacerme una idea clara de hasta qué punto son flagrantes algunos de los hechos numéricos que Chomsky denuncia.
Eso sí, me encanta pensar que Chomsky es un grano en la popa de los ricos y poderosos de Estados Unidos, y que pese a que esos ricos y poderosos tengan tanto poder como para extirparse los efectos que la crítica de Chomsky pueda producir, al menos se les levantará algún dolor de cabeza.
Aún así, he de reconocer que el libro no me ha gustado mucho porque no he conseguido hacerme una idea clara de los hechos que Chomsky denuncia, de su calado en la sociedad, del conocimiento que la población pueda tener de esto, de las vías de solución que pueden tener... Por otra parte, habría que analizar las causas de que estas violaciones de derechos prosperen y habría que intentar sistematizar los datos y los hechos para poder intentar ofrecer una solución... Utópica que es una.
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Pero nada. Ni ironía, ni tampoco ideas brillantes, ni abstracción, ni nada.
Noam Chomsky nació en Filadelfia en 1928. Por influencia de Zellig Harris estudió Lingüística. A finales de 1954 se convirtió en investigador en el MIT (Massachussetts Institue of Technology). Desde entonces se dedicó de lleno a la Lingüística. Acutalmente es profesor de en el MIT de lenguas modernas. Sus teorías acerca del lenguaje y su gramática revolucionaron el mundo de la lingüística.
"Los intelectuales están en condiciones de exponer las mentiras de los gobiernos, de analizar las causas y motivos de los hechos, y a menudo sus intenciones ocultas. Al menos en el mundo occidental, tienen el poder que les da la libertad política, el acceso a la información y la libertad de expresión. A una privilegiada minoría, la democracia de Occidente le brinda el tiempo de ocio, los medios y la formación necesarios para ver la verdad que yace oculta tras el velo de distorsiones y engaños, de ideologías y de intereses de clase a través del cual se nos presentan los acontecimientos de la historia actual..."
Esta cita resume las ideas de Chomsky respecto del compromiso que deben adquirir los intelectuales y pensadores como vigilantes de las acciones políticas.
Cómo se reparte la tarta es un libro en que se denuncian las acciones políticas estadounidenses desde los años 80 hasta mediados de los años 90 (el libro fue publicado en 1996). Efectivamente, Chomsky trata de esclarecer quién se encarga de cortar el pastel del dinero estadounidense, por qué las porciones resultan tan espeluznantemente desiguales y quién se lleva las porciones más grandes.
El libro se divide en tres partes diferenciadas en las que se da cuenta de las reducciones que se han hecho en los presupuestos estatales del dinero que va destinado a ayudar a los más débiles.
La primera parte del libro se dedica a denunciar cómo los ricos y poderosos tienen mucho más peso y poder de decisión y siempre resultan beneficiados, en detrimento de los más pobres. Así resulta mucho más fácil persistir en la desigualdad: los conservadores estadounidenses se parapetan en el libre mercado y el no intervencionismo para ir empobreciendo a los pobres y enriqueciendo a los ricos.
En la segunda parte, Chomsky denuncia cómo las políticas de Estados Unidos, la reducción de ayudas a familias necesitadas y a minorías en desventaja provoca que estos se van totalmente desfavorecidos en el salvaje capitalismo de David Ricardo. Pero a los ricos y poderosos no les interesa que existan estos menesterosos, por lo tanto, los mete en cárceles y los encierra en suburbios. Se trata, si nos paramos a pensar bien, de una política claramente represiva, que pasa por ir encerrando los "problemas" en el armario hasta que éste reviente. No parece una sociedad en que prime la idea de progreso.
La última parte da cuenta de las agresiones contra la democracia y contra los derechos humanos por parte de Estados Unidos, tanto dentro de su país como fuera de él. En muchos casos, Chomsky compara los sistemas sanitarios de Estados Uniods y Europa o el sistema educativo. Siempre Estados Unidos sale muy mal parado. Chomsky denuncia que el control que se ejerce sobre los medios de comunicación se utiliza para presentar el sistema como algo liberal y progresista y no como lo que es: un sistema de enriquecimiento para los grandes magnates dedicado a despojar a los más desfavorecidos de lo poco que tienen.
Sin embargo, no se trata de un libro de ideas. Se trata de un libro en el que Chomsky utiliza un montón de números, porcentajes, datos estadísticos y titulares para denunciar las injusticias que se cometen en Estados Unidos desde arriba. Leer este libro es como abrir una caja. Por desgracia, al no ser estadounidense ni estar muy enterada de cómo funciona este país por lo que a burocracia, sistema de reparto de ayudas, porcentajes de población negra, índices de desarrollo por estado y demás cuestiones necesarias para el conocimiento del país (aquí se me olvidó el verbo se refiere, menos mal que Otis me lo ha dicho!!), pues no he podido hacerme una idea clara de hasta qué punto son flagrantes algunos de los hechos numéricos que Chomsky denuncia.
Eso sí, me encanta pensar que Chomsky es un grano en la popa de los ricos y poderosos de Estados Unidos, y que pese a que esos ricos y poderosos tengan tanto poder como para extirparse los efectos que la crítica de Chomsky pueda producir, al menos se les levantará algún dolor de cabeza.
Aún así, he de reconocer que el libro no me ha gustado mucho porque no he conseguido hacerme una idea clara de los hechos que Chomsky denuncia, de su calado en la sociedad, del conocimiento que la población pueda tener de esto, de las vías de solución que pueden tener... Por otra parte, habría que analizar las causas de que estas violaciones de derechos prosperen y habría que intentar sistematizar los datos y los hechos para poder intentar ofrecer una solución... Utópica que es una.
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Reseña: algunas obras de teatro de Oscar Wilde
Ya reseñé en su día The importance of Being Ernest, pero esta no es la única obra de teatro que escribió el controdivertidísimo dramaturgo Oscar Wilde.
Recientemente, entre trenes y vuelos me he leído Lady Windermere's Fan, Salome, A Woman of no Importance y An Ideal Husband.
Exceptuando Salome, el resto de las obritas que reseño aquí tratan más o menos de lo mismo: lo estúpido de la impostura social, lo absurdo de querer aparentar lo que no se es, lo esclavo de la vida en society, lo cansino de vivir dependiendo de la verborrea ajena... También se habla de la contraposición entre el mundo femenino y el masculino. Lo marravilloso de estas obras es que es de los labios de las propias mujeres de las que cuelgan los topicazos del mundo-macho y al verrés.
Las mujeres de Oscar Wilde son divinas: las hay básicamente, de dos tipos: por un lado, la mujer cándida hasta en la cocina, buena hasta la permisividad, inocente hasta la torpeza... son encantadoras en sus intentos por suplir su inconsciencia de una forma totalmente inconsciente que las lleva de error en error; son enternecedoras en su humildad contradictoria; pero también son ofensivas en su torpeza que se reitera y reitera sin fin. Así le pasa a la señora Windermere, que va metiendo la pata en todo cuanto cubo encuentra hasta que hay que sacarla de allí, lavarle las heridas y rehacerle las trenzas.
Las otras mujeres de Wilde son mucho más turbadoras, mucho más "modernas", tienen la lengua como un cuchillo, pero sus cortes no ofenden porque está envueltos en lucidez, dependen totalmente de la vida en sociedad (si no, se aburren hasta el bostezo), pero disimulan tan bien que parece que la sociedad depende de ellas; ponen tanto empeño en enfatizar su desdén por la society, su ternura maternal hacia el hombre-niño, sus ansias por meter la pata con toda su voluntad y la contradicción entre el destino de sus dineros y el de sus cotilleos, que uno ya no sabe si las conoce realmente o si ellas dejan asomar, coquetamente, sólo una parte de su misteriosa personalidad. Mrs. Allonby de An Ideal Husband, que en cuanto a la trama tiene un personaje secundario, es un claro ejemplo de esta mujer casi salmantina, con las cosas claras y la lengua dispuesta a expresarlas...
Los hombres también se dividen en dos categorías, para mi gusto. El irónico vivales y el trágico. Ambos son muy inteligentes, pero suponen dos formas diferentes de enfrentarse a la vida, a las mujeres y al cotilleo continuo de las reuniones burguesas. Así, el irónico conquista a todo el mundo con una máscara de inaccesibilidad, de distancia y de ironía destrozona que reparte a diestro y siniestro pero que acompaña siempre con una gran sonrisa y con los gestos más galantes. Así es Algernon de The importance of Being Earnest o Lord Illingworth deA Woman of no Importance. Los otros, los trágicos son personajes inteligentes que se ven metidos en una dinámica de vida que no desean llevar, pero que no carecen de la fuerza o el vigor suficiente como para salirse de allí. Son buenos hasta la blancura y o bien consiguen solucionar todos los conflictos, como Lord Goring en An Ideal Husband o bien el destino lo amaña todo para que sus problemas se solucionen, como pasa con Jack en The Importance of Being Earnest.
Lo más divertido de las obras de Wilde no son, en absoluto, las situaciones. Normalmente, siempre hay alguna reunión social en la que estos tipos humanos se mezclan entre sí y con otros de no importance. A veces, el enredo es más divertido, como en el caso de An Ideal Husband, donde la situación en que se ven envueltos los personajes da varios giros sobre sí misma, situando sucesivamente en ventaja y desventaja a diversos personajes. Sin embargo, hay quien ha hecho comedias de enredo con más acierto que Oscar. Por otra parte, a veces, la contraposición de buenos y malos despide demasiada moralina, como sucede en A Woman of No Importance. Aquí, los buenos (mejor dicho, las buenas) son tan buenas que resultan aburridas, topicas, refunfuñonas y bastante grimosillas. En cambio, los malos son realmente seductores, así pues, la obra no acierta en la contraposición entre los buenos y los malos y el final es una solución poco afortunada cuyo fracaso viene, en parte, a mi modo de ver, debido a la falta de matices en los personajes.
Pero es que, en realidad, lo que realmente importa en las obras de Oscar Wilde son los diálogos: la certeza con que Wilde expresa todas sus ideas siempre con una agudísima ironía pero siempre con exactitud. Wilde se sirve de aparentes contradicciones, de paradojas y de presuntos absurdos para explicar su forma de ver el mundo. Y se sirve de sus personajes para expresar esta visión del mundo. De hecho, casi todas los aforismos atribuidos a Wilde están en labios de sus personajes. Da gusto ir leyéndolos hilados en un discurso que salta de perla lingüística en perla lingüística con una agilidad que ni los salmones contra corriente.
Y es que si alguien sabía nadar contra la corriente, ese era Oscar.
(Por cierto, aquí tenéis información sobre las versiones que se hicieron en cine de algunas de sus obras).
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Recientemente, entre trenes y vuelos me he leído Lady Windermere's Fan, Salome, A Woman of no Importance y An Ideal Husband.
Exceptuando Salome, el resto de las obritas que reseño aquí tratan más o menos de lo mismo: lo estúpido de la impostura social, lo absurdo de querer aparentar lo que no se es, lo esclavo de la vida en society, lo cansino de vivir dependiendo de la verborrea ajena... También se habla de la contraposición entre el mundo femenino y el masculino. Lo marravilloso de estas obras es que es de los labios de las propias mujeres de las que cuelgan los topicazos del mundo-macho y al verrés.
Las mujeres de Oscar Wilde son divinas: las hay básicamente, de dos tipos: por un lado, la mujer cándida hasta en la cocina, buena hasta la permisividad, inocente hasta la torpeza... son encantadoras en sus intentos por suplir su inconsciencia de una forma totalmente inconsciente que las lleva de error en error; son enternecedoras en su humildad contradictoria; pero también son ofensivas en su torpeza que se reitera y reitera sin fin. Así le pasa a la señora Windermere, que va metiendo la pata en todo cuanto cubo encuentra hasta que hay que sacarla de allí, lavarle las heridas y rehacerle las trenzas.
Las otras mujeres de Wilde son mucho más turbadoras, mucho más "modernas", tienen la lengua como un cuchillo, pero sus cortes no ofenden porque está envueltos en lucidez, dependen totalmente de la vida en sociedad (si no, se aburren hasta el bostezo), pero disimulan tan bien que parece que la sociedad depende de ellas; ponen tanto empeño en enfatizar su desdén por la society, su ternura maternal hacia el hombre-niño, sus ansias por meter la pata con toda su voluntad y la contradicción entre el destino de sus dineros y el de sus cotilleos, que uno ya no sabe si las conoce realmente o si ellas dejan asomar, coquetamente, sólo una parte de su misteriosa personalidad. Mrs. Allonby de An Ideal Husband, que en cuanto a la trama tiene un personaje secundario, es un claro ejemplo de esta mujer casi salmantina, con las cosas claras y la lengua dispuesta a expresarlas...
Los hombres también se dividen en dos categorías, para mi gusto. El irónico vivales y el trágico. Ambos son muy inteligentes, pero suponen dos formas diferentes de enfrentarse a la vida, a las mujeres y al cotilleo continuo de las reuniones burguesas. Así, el irónico conquista a todo el mundo con una máscara de inaccesibilidad, de distancia y de ironía destrozona que reparte a diestro y siniestro pero que acompaña siempre con una gran sonrisa y con los gestos más galantes. Así es Algernon de The importance of Being Earnest o Lord Illingworth deA Woman of no Importance. Los otros, los trágicos son personajes inteligentes que se ven metidos en una dinámica de vida que no desean llevar, pero que no carecen de la fuerza o el vigor suficiente como para salirse de allí. Son buenos hasta la blancura y o bien consiguen solucionar todos los conflictos, como Lord Goring en An Ideal Husband o bien el destino lo amaña todo para que sus problemas se solucionen, como pasa con Jack en The Importance of Being Earnest.
Lo más divertido de las obras de Wilde no son, en absoluto, las situaciones. Normalmente, siempre hay alguna reunión social en la que estos tipos humanos se mezclan entre sí y con otros de no importance. A veces, el enredo es más divertido, como en el caso de An Ideal Husband, donde la situación en que se ven envueltos los personajes da varios giros sobre sí misma, situando sucesivamente en ventaja y desventaja a diversos personajes. Sin embargo, hay quien ha hecho comedias de enredo con más acierto que Oscar. Por otra parte, a veces, la contraposición de buenos y malos despide demasiada moralina, como sucede en A Woman of No Importance. Aquí, los buenos (mejor dicho, las buenas) son tan buenas que resultan aburridas, topicas, refunfuñonas y bastante grimosillas. En cambio, los malos son realmente seductores, así pues, la obra no acierta en la contraposición entre los buenos y los malos y el final es una solución poco afortunada cuyo fracaso viene, en parte, a mi modo de ver, debido a la falta de matices en los personajes.
Pero es que, en realidad, lo que realmente importa en las obras de Oscar Wilde son los diálogos: la certeza con que Wilde expresa todas sus ideas siempre con una agudísima ironía pero siempre con exactitud. Wilde se sirve de aparentes contradicciones, de paradojas y de presuntos absurdos para explicar su forma de ver el mundo. Y se sirve de sus personajes para expresar esta visión del mundo. De hecho, casi todas los aforismos atribuidos a Wilde están en labios de sus personajes. Da gusto ir leyéndolos hilados en un discurso que salta de perla lingüística en perla lingüística con una agilidad que ni los salmones contra corriente.
Y es que si alguien sabía nadar contra la corriente, ese era Oscar.
(Por cierto, aquí tenéis información sobre las versiones que se hicieron en cine de algunas de sus obras).
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Nuevos amigos: Don Plúmbeo y Luctuoso
(Ni Bouvard y Pécuchet suena mejor, vamos)
Ayer me preguntaba Belén que qué significaba "plúmbeo". Yo le pregunté al más puro estilo Gregory Bateson que qué le sugería la palabra. (Es que a mí la palabra plúmbeo me parece muy gráfica, muy metafórica, muy palabra, no sé cómo explicarme...)
Belén me decía que plúmbeo le sugería agua, boca llena de agua o esperar al fontanero.
La verdad es que a mí también me sugería fontanero, y tubería, y un vacío que pesa mucho. (Una tubería estropeada, por ejemplo, al fin y al cabo es un vacío que "pesa" mucho). Dijimos que la propia palabra, con su esdrújula y su "ea" parecía descubrir una parábola que la alberga....
En fin, todas estas elucubraciones nos hicimos, hasta que finalmente miramos en el maravilloso DRAE, que nos contó lo siguiente:
La verdad es que no nos pareció tan descabellado lo que la palabra nos sugería... o mejor dicho, lo que la palabra era.
Luego pasamos a la palabra "luctuoso"... Ella me dijo que le sonaba muy erótico, y como paladeable. Yo le dije que a mí me sonaba erótico y acuático o mejor, aceitoso, como de un aceite para untar en la piel... Y bien, luctuoso, dice la RAE:
Pero Belén y yo le hemos adoptado, como dice Belén, "para salvarla de la tristeza". Y ahora significa "suave, corredizo, y digno de fluidos humanos" y también "cualidad única de los aceites con que se visten el cuerpo las novias en la noche de bodas. Por extensión, úsase para los sentimientos de júbilo expectante".
Esta es la primera palabra- piedra.
La primera palabra piedra espumosa.
La primera palabra piedra espumosa de la cabaña en la que las palabras significan lo que son.
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Ayer me preguntaba Belén que qué significaba "plúmbeo". Yo le pregunté al más puro estilo Gregory Bateson que qué le sugería la palabra. (Es que a mí la palabra plúmbeo me parece muy gráfica, muy metafórica, muy palabra, no sé cómo explicarme...)
Belén me decía que plúmbeo le sugería agua, boca llena de agua o esperar al fontanero.
La verdad es que a mí también me sugería fontanero, y tubería, y un vacío que pesa mucho. (Una tubería estropeada, por ejemplo, al fin y al cabo es un vacío que "pesa" mucho). Dijimos que la propia palabra, con su esdrújula y su "ea" parecía descubrir una parábola que la alberga....
En fin, todas estas elucubraciones nos hicimos, hasta que finalmente miramos en el maravilloso DRAE, que nos contó lo siguiente:
plúmbeo, a.
(Del lat. plumbĕus).
1. adj. De plomo.
2. adj. Que pesa como el plomo.
3. adj. Que resulta aburrido por su pesadez.
La verdad es que no nos pareció tan descabellado lo que la palabra nos sugería... o mejor dicho, lo que la palabra era.
Luego pasamos a la palabra "luctuoso"... Ella me dijo que le sonaba muy erótico, y como paladeable. Yo le dije que a mí me sonaba erótico y acuático o mejor, aceitoso, como de un aceite para untar en la piel... Y bien, luctuoso, dice la RAE:
luctuoso, sa.
(Del lat. luctuōsus).
1. adj. Triste, fúnebre y digno de llanto.
2. f. Derecho que se pagaba en algunas provincias a los señores y prelados cuando morían sus súbditos, y a veces consistía en una alhaja o prenda de ropa del difunto; la que él señalaba en su testamento, o la que el señor o prelado elegía.
Pero Belén y yo le hemos adoptado, como dice Belén, "para salvarla de la tristeza". Y ahora significa "suave, corredizo, y digno de fluidos humanos" y también "cualidad única de los aceites con que se visten el cuerpo las novias en la noche de bodas. Por extensión, úsase para los sentimientos de júbilo expectante".
Esta es la primera palabra- piedra.
La primera palabra piedra espumosa.
La primera palabra piedra espumosa de la cabaña en la que las palabras significan lo que son.
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Poesía: Cumpleaños, de Ángel González
Mi poema del día ;-) Que lo disfrutéis...
CUMPLEAÑOS
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
****************************************************************************
(Hoy habrá que empezar a morir otro poquito cada día, a lo Miguel Hernández... ;-)
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CUMPLEAÑOS
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
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(Hoy habrá que empezar a morir otro poquito cada día, a lo Miguel Hernández... ;-)
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London bridge is falling down
Buenas!!
Disculpadme la ausencia y los silencios, es que he estado de viajecito por London. Vean, vean:

Bueno, prometo volver mañana (por cierto, mañana es mi cumple!) con más reseñas y cosas. De momento les dejo un trocito tipiquísimo de The Waste Land (Thomas Stearns Eliot):
I. THE BURIAL OF THE DEAD
APRIL is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
Winter kept us warm, covering
Earth in forgetful snow, feeding
A little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Starnbergersee
With a shower of rain; we stopped in the colonnade,
And went on in sunlight, into the Hofgarten,
And drank coffee, and talked for an hour.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.
And when we were children, staying at the archduke's,
My cousin's, he took me out on a sled,
And I was frightened. He said, Marie,
Marie, hold on tight. And down we went.
In the mountains, there you feel free.
I read, much of the night, and go south in the winter.
Mi trocito preferido es eso de "And down we went". Si quieren, mañana les cuento por qué.
Oh, y esta cita de Eliot que me acabo de encontrar, indagando por ahí:
Words move, music moves
Only in time, but that which is only living
Can only die. Words, after speech, reach
Into the silence. Only by the form, the pattern,
Can words or music reach
The stillness, as a Chinese jar still
Moves perpetually in its stillness.
Por cierto, se me había ocurrido organizar una gimkana (o como se escriba) literaria. ¿Cuántos se animarían a participar?
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Disculpadme la ausencia y los silencios, es que he estado de viajecito por London. Vean, vean:

Bueno, prometo volver mañana (por cierto, mañana es mi cumple!) con más reseñas y cosas. De momento les dejo un trocito tipiquísimo de The Waste Land (Thomas Stearns Eliot):
I. THE BURIAL OF THE DEAD
APRIL is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
Winter kept us warm, covering
Earth in forgetful snow, feeding
A little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Starnbergersee
With a shower of rain; we stopped in the colonnade,
And went on in sunlight, into the Hofgarten,
And drank coffee, and talked for an hour.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.
And when we were children, staying at the archduke's,
My cousin's, he took me out on a sled,
And I was frightened. He said, Marie,
Marie, hold on tight. And down we went.
In the mountains, there you feel free.
I read, much of the night, and go south in the winter.
Mi trocito preferido es eso de "And down we went". Si quieren, mañana les cuento por qué.
Oh, y esta cita de Eliot que me acabo de encontrar, indagando por ahí:
Words move, music moves
Only in time, but that which is only living
Can only die. Words, after speech, reach
Into the silence. Only by the form, the pattern,
Can words or music reach
The stillness, as a Chinese jar still
Moves perpetually in its stillness.
Por cierto, se me había ocurrido organizar una gimkana (o como se escriba) literaria. ¿Cuántos se animarían a participar?
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Reseña: Contra los periodistas y otros contras
Me cansan los libros de aforismos, reflexiones enlatadas, chistecillos y sátiras de andar por casa. En especial, me molestan cuando vienen recopilados por editores que los consideran como el mejor modo de aproximarse al autor.
Encantóme en su día el librillo que me acercó a Ferlosio después de que el cauce del Jarama hubiera abierto una brecha entre nosotros. Porque era muy suyo, con su complejidad, sus desvaríos, sus ansias de extenderse en mil páginas en ciertas ocasiones, su mesura para expresarse en los justos términos en otras...
Encandilóme recientemente el librillo de Ernesto Sábato en que reflexiona sobre el oficio de escribir, puesto que se trataba de un conjunto de anotaciones, casi diría que hipertextuales, que se necesitaban una a otra. Reflexiones sesudas, pensadas, argumentadas, justificadas. Sesudas, en suma. Nada del juego conceptista y contundente de levantar las faldas de los intelectuales a golpe de sintaxis.
Durante estos días de asueto me he leído Contra los periodistas y otros contras de Karl Kraus. No sé decir si de Karl Kraus o de el duque que lo parió, Jesús Aguirre. Y es que este libro sí es uno de esos compendios de aforimos y sátiras brevísimas en las que el amontonamiento no hace más que dañar al individuo y al conjunto.
Para empezar, tengo que decir que lo cogí con mano maliciosa por aquello de "contra los periodistas". Nada más errado. Título llamativo que, en realidad, no responde por completo al contenido, puesto que aquí se critica a los periodistas, las mujeres, los vieneses, los berlineses, los tontos, los no tan tontos, los artistas, los pasteles... en fin, casi podemos decir que se critica todo aquello que se mueva y no sea el autor.
De hecho, el libro está dividido en siete apartado, uno se dedica sólo a los artistas, otro sólo a Viena y Berlín, otro solo a la sociedad... En cambio, el de periodistas es, en realidad, "Sobre periodistas, estetas, políticos, psicólogos, estúpidos y eruditos".
Sobre el contenido, poca queja tengo, la verdad. La principal queja del contenido es la estructura en sí. Un aforismo es para ser leído en una postal de ciudad turística; en una servilleta de papel, en la carpeta de un amigo, incluso en la camiseta del quinqui del barrio. No es para hincharte a leer aforismos en plan "palomitas de maíz". Y ese es el problema que tiene este libro: la lucidez de las críticas de Karl Kraus, la magnífica traducción de los juegos de palabras, lo certero de las flechas de su pluma, lo moderno de su pensamiento son características del autor que se amalgaman de tal manera que no dan lugar más que a un pastiche que ni huele, ni sabe, ni fluye.
Y es una pena, porque cogido el libro al vuelo y abierto por cualquier página al azar, deja verdaderos aforismos:
También deja frases primorosas, no por ello, exentas de verdad:
Pero uno de tras de otro, como caramelos de menta en pleno catarral, embotan la sensibilidad y la capacidad de percepción. Para conocer a Karl Kraus sigue valiendo mucho más la pena leerse Los últimos días de la Humanidad.
Ah! Y no se fíen nunca de un título que no puso el autor ;-)
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Encantóme en su día el librillo que me acercó a Ferlosio después de que el cauce del Jarama hubiera abierto una brecha entre nosotros. Porque era muy suyo, con su complejidad, sus desvaríos, sus ansias de extenderse en mil páginas en ciertas ocasiones, su mesura para expresarse en los justos términos en otras...
Encandilóme recientemente el librillo de Ernesto Sábato en que reflexiona sobre el oficio de escribir, puesto que se trataba de un conjunto de anotaciones, casi diría que hipertextuales, que se necesitaban una a otra. Reflexiones sesudas, pensadas, argumentadas, justificadas. Sesudas, en suma. Nada del juego conceptista y contundente de levantar las faldas de los intelectuales a golpe de sintaxis.
Durante estos días de asueto me he leído Contra los periodistas y otros contras de Karl Kraus. No sé decir si de Karl Kraus o de el duque que lo parió, Jesús Aguirre. Y es que este libro sí es uno de esos compendios de aforimos y sátiras brevísimas en las que el amontonamiento no hace más que dañar al individuo y al conjunto.
Para empezar, tengo que decir que lo cogí con mano maliciosa por aquello de "contra los periodistas". Nada más errado. Título llamativo que, en realidad, no responde por completo al contenido, puesto que aquí se critica a los periodistas, las mujeres, los vieneses, los berlineses, los tontos, los no tan tontos, los artistas, los pasteles... en fin, casi podemos decir que se critica todo aquello que se mueva y no sea el autor.
De hecho, el libro está dividido en siete apartado, uno se dedica sólo a los artistas, otro sólo a Viena y Berlín, otro solo a la sociedad... En cambio, el de periodistas es, en realidad, "Sobre periodistas, estetas, políticos, psicólogos, estúpidos y eruditos".
Sobre el contenido, poca queja tengo, la verdad. La principal queja del contenido es la estructura en sí. Un aforismo es para ser leído en una postal de ciudad turística; en una servilleta de papel, en la carpeta de un amigo, incluso en la camiseta del quinqui del barrio. No es para hincharte a leer aforismos en plan "palomitas de maíz". Y ese es el problema que tiene este libro: la lucidez de las críticas de Karl Kraus, la magnífica traducción de los juegos de palabras, lo certero de las flechas de su pluma, lo moderno de su pensamiento son características del autor que se amalgaman de tal manera que no dan lugar más que a un pastiche que ni huele, ni sabe, ni fluye.
Y es una pena, porque cogido el libro al vuelo y abierto por cualquier página al azar, deja verdaderos aforismos:
"El lenguaje no es el aya, sino la madre del pensamiento."Llenitos de enjundia, no me dirán que no.
"El diablo es optimista si cree que puede hacer mejores a los hombres."
"El que plagia debería copiar cien veces al autor".
También deja frases primorosas, no por ello, exentas de verdad:
"Cabe cerrarse al mundo toda la semana. Pero hay una penetrante sensación de domingo a la que no podemos hurtarnos ni en un tragaluz, ni en la cumbre de una montaña, ni siquiera en un ascensor."
Pero uno de tras de otro, como caramelos de menta en pleno catarral, embotan la sensibilidad y la capacidad de percepción. Para conocer a Karl Kraus sigue valiendo mucho más la pena leerse Los últimos días de la Humanidad.
Ah! Y no se fíen nunca de un título que no puso el autor ;-)
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Reto: Encuéntrenme un libro
¡¡Lo tengo!! Por fin he encont¡r!ado uno de los libros que llevo millones de años buscando (bueno, puede que tanto no):
PESSOA, Fernando
Páginas de Estética e de Teoría e Crítica Literárias
Ediçoes Atica 1973. Lisboa 19'5 cm. 358 pp.
Está disponible pour moi en la librería Boxoyo de Cáceres y ya lo tengo reservado. El libro lo encontré gracias a un buscador de libros que se llama Iber Libro y que es realmente útil. Os aconsejo a todos que recurráis a él si necesitáis buscar algún libro.
Pero (siempre tiene que haber un "pero")...
Hay otro que no encuentro y que ansío. ¿Me ayudáis? ¡¡Prometo premio para el que me lo encuentre!! Y premio de verità verità...
El libro, también de Fernando Pessoa:
Páginas íntimas e de auto-interpretação, textos estabelecidos e prefaciados por Georg Rudolf Lind e Jacinto do Prado Coelho, Lisboa, Editorial Ática, 1966.
Podéis encontrar un fragmento del libro aquí, si os sirve de ayuda.
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PESSOA, Fernando
Páginas de Estética e de Teoría e Crítica Literárias
Ediçoes Atica 1973. Lisboa 19'5 cm. 358 pp.
Está disponible pour moi en la librería Boxoyo de Cáceres y ya lo tengo reservado. El libro lo encontré gracias a un buscador de libros que se llama Iber Libro y que es realmente útil. Os aconsejo a todos que recurráis a él si necesitáis buscar algún libro.
Pero (siempre tiene que haber un "pero")...
Hay otro que no encuentro y que ansío. ¿Me ayudáis? ¡¡Prometo premio para el que me lo encuentre!! Y premio de verità verità...
El libro, también de Fernando Pessoa:
Páginas íntimas e de auto-interpretação, textos estabelecidos e prefaciados por Georg Rudolf Lind e Jacinto do Prado Coelho, Lisboa, Editorial Ática, 1966.
Podéis encontrar un fragmento del libro aquí, si os sirve de ayuda.
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Reseña: Los orígenes del conocimiento y la imaginación
Este es un librillo con seis conferencias dictadas por Jacob Bronowski. Se publicó póstumamente y se conoce también con el nombre de "Silliman Lectures". Fueron dictadas por Bronowski en la Universidad de Yale allá por los años 60.
Jacob Bronowski (Polonia, 1908- EEUU, 1974) fue científico, poeta, ensayista, matemático y quién sabe qué cosas más. La mejor información acerca de su biografía se puede encontrar en esta página. (En inglés, eye).
Las conferencias de la Universidad de Yale, aglutinadas bajo el título Los orígenes del conocimiento y la imaginación tratan uno de los temas esenciales de la obra del autor: cómo separar la actividad científica y el arte, sus lenguajes, sus formas de ver el mundo... Dice el autor:
El propósito de las lecciones de Bronowski es intentar desentrañar el mecanismo a través del que experimentamos de una forma que no es totalmente física aquello que nos llega por mecanismos físicos. La primera conferencia se llama "La mente como instrumento para el conocimiento". En ella, Bronowski entronca con las ideas de Kant y decide que "no podemos ver el mundo sin la intervención de los sentidos físicos". Pero claro, el hombre no es un animal cualquier, sino un animal muy especial, que puede ser artista o científico. La primera distinción que establece Jacob entre la ciencia y el arte (o que al fin y al cabo no es tal distinción) se debe al órgano mediador: Bronowski clasifica las artes entre las que están mediadas por la vista (la pintura, por ejemplo) y las que están mediadas por el oído (la música). Dentro de esta clasificación, entiende el autor que la vista hace de mediadora con las cosas, mientras que el oído media entre nosotros y los demás seres vivos. La ciencia, en cambio, dice el autor, está totalmente dominada por el sentido de la vista. (¿Qué sería del mundo si Newton hubiese nacido ciego? se pregunta el autor).
Tras constatar este predominio del sentido de la vista como factor "humanizador", Bronowski lleva a cabo un estudio de cómo se ve, y cómo funciona el ojo humano a diferencia del ojo de otros animales. Finalmente, enlaza esta sutileza de la visión humana con la capacidad de tener una visión interior. Y sobre todo, con la idea de que la idea de "visión" configura y determina al ser humano. Como ejemplo, aporta el campo semántico de "visión", "imagen", "imaginería", "imaginación", "visual", en todas sus acepciones.
La segunda lección se mete de lleno en el lenguaje. Se llama "La evolución y poder del lenguaje simbólico". (Lo de que el hombre es un animal simbólico ya lo dijo Cassirer, y pocos se han dedicado a llevarle la contraria). Aquí, en primer lugar, Bronowski hace un resumen de lo expuesto en la lección anterior (lo cual es siempre muy útil) y avanza una hipótesis sobre cómo se originó el lenguaje humano. A este respecto, Bronowski no comparte la hipótesis saltacionalista de Chomsky. Eso sí, el lenguaje humano, según Bronowski, se caracteriza por ciertas notas que lo distinguen de los libros de instrucciones que son los lenguajes animales. Estas notas características son: 1. La disociación entre el mensaje y la carga emocional que el mensaje trae consigo. 2. La prolongación de la referencia o bien, la capacidad de aludir al futuro y al pasado. 3. La internalización, o capacidad de dirigirse a uno mismo. 4. La productividad o generatividad. En virtud de esta capacidad, el mensaje puede descomponerse en unidades que pueden reutilizarse con nuevos significados. Estas características del lenguaje afectan a cómo se enfrenta el hombre al mundo. En especial, esta última nos obliga a ordenar el mundo, reordenarlo, cambiar las cosas de sitio, etc...
En "El conocimiento como algoritmo y metáfora" une al lenguaje humano con el lenguaje científico. El lenguaje científico consta de tres características básicas: 1. Tiene símbolos que representan conceptos. 2. Tiene una gramática que permite la combinación de estos símbolos. 3. Existe un diccionario de traducciones que enlazan el lenguaje científico con el mundo real. Como podemos ver, en realidad, tiene mucho que ver con el lenguaje humano cotidiano. En esta lección, Bronowski tiene la audacia de proponer que el mero hecho de encontrar un objeto de estudio y aislarlo es una mentira. Que el dividir el mundo entre "lo relevante y lo irrelevante desde el punto de vista de la ciencia" es ya desvirtuar este mundo. Pero que, pese a todo, la ciencia es capaz de avanzar.
La siguiente lección se llama "Las leyes de la naturaleza y la naturaleza de las leyes". Aquí, Bronowski sigue ahondando en la idea anterior respecto de la división del mundo para su estudio. En realidad, dice él, todo el mundo está interconectado y unos hechos tienen influencia sobre otros, sin embargo, nosotros no somos capaces más que de descodificar una parte. Si quisiéramos descodificarlo todo, tendríamos que mirar el mundo desde fuera, como Dios. Aquí, nos detalla toda una serie de teorías que intentan cercar este problema, desde Bertrand Russell hasta Kurt Gödel y la incompletud de su aritmética. Y es que "ningún sistema formal puede abarcar todas las preguntas que pueden preguntársele". Y esto es debido a la propia "axiomatización" o "sistematización" de las cosas. Este problema sin solución surge, simplemente, del hecho de que se divida el universo en dos: verdadero/falso, positivo/negativo 1/0. Y es que para formalizar la naturaleza, tenemos que recortarla en campos cuyos límites ha puesto ahí el ser humano. Y ya no es entonces, la misma naturaleza que queríamos estudiar al principio, antes de recortarla.
La quinta lección trata sobre "El error, el progreso y el concepto de tiempo". Aquí, Bronowski entra de lleno en lo que es la "imaginación" y opone este concepto o esta forma de generar conocimiento al de las máquinas. Para él, la imaginación puede estar basada perfectamente en el error (ese error frente al que la máquina se atasca, se vuelve loca, se autodesconecta, o se repite constantemente). Y es un acto imaginativo consiste en pensar algo que la máquina podría considerar un error. (Creo que viene a ser un poquito esa idea que tenemos todos de romper la regla para crear algo nuevo).
La última conferencia se llama "Ley y responsabilidad individual". Aquí habla de la práctica de la ciencia, de la figura del científico y además, aporta un argumento para superar la falacia naturalista. La falacia naturalista es el paso del ser al deber ser. (Lee más aquí, si quieres). Pues bien, esta es la argumentación que ofrece Bronowski (y que, si nos damos cuenta, entronca con todo lo expuesto anteriormente):
Habrá que leerlo, digo yo ;-)
Por cierto, si quieres leer reflexiones más sesudas y rigurosas sobre este librito que he reseñado, mira este documento .doc
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Jacob Bronowski (Polonia, 1908- EEUU, 1974) fue científico, poeta, ensayista, matemático y quién sabe qué cosas más. La mejor información acerca de su biografía se puede encontrar en esta página. (En inglés, eye).
Las conferencias de la Universidad de Yale, aglutinadas bajo el título Los orígenes del conocimiento y la imaginación tratan uno de los temas esenciales de la obra del autor: cómo separar la actividad científica y el arte, sus lenguajes, sus formas de ver el mundo... Dice el autor:
" I grew up to be indifferent to the distinction between literature and science, which in my teens were simply two languages for experience that I learned together." (Crecí siendo indiferente a la distinción entre literatura y ciencia, lo que en mi juventud eran simplemente dos lenguajes de la experiencia que yo aprendí unidos.)
El propósito de las lecciones de Bronowski es intentar desentrañar el mecanismo a través del que experimentamos de una forma que no es totalmente física aquello que nos llega por mecanismos físicos. La primera conferencia se llama "La mente como instrumento para el conocimiento". En ella, Bronowski entronca con las ideas de Kant y decide que "no podemos ver el mundo sin la intervención de los sentidos físicos". Pero claro, el hombre no es un animal cualquier, sino un animal muy especial, que puede ser artista o científico. La primera distinción que establece Jacob entre la ciencia y el arte (o que al fin y al cabo no es tal distinción) se debe al órgano mediador: Bronowski clasifica las artes entre las que están mediadas por la vista (la pintura, por ejemplo) y las que están mediadas por el oído (la música). Dentro de esta clasificación, entiende el autor que la vista hace de mediadora con las cosas, mientras que el oído media entre nosotros y los demás seres vivos. La ciencia, en cambio, dice el autor, está totalmente dominada por el sentido de la vista. (¿Qué sería del mundo si Newton hubiese nacido ciego? se pregunta el autor).
Tras constatar este predominio del sentido de la vista como factor "humanizador", Bronowski lleva a cabo un estudio de cómo se ve, y cómo funciona el ojo humano a diferencia del ojo de otros animales. Finalmente, enlaza esta sutileza de la visión humana con la capacidad de tener una visión interior. Y sobre todo, con la idea de que la idea de "visión" configura y determina al ser humano. Como ejemplo, aporta el campo semántico de "visión", "imagen", "imaginería", "imaginación", "visual", en todas sus acepciones.
La segunda lección se mete de lleno en el lenguaje. Se llama "La evolución y poder del lenguaje simbólico". (Lo de que el hombre es un animal simbólico ya lo dijo Cassirer, y pocos se han dedicado a llevarle la contraria). Aquí, en primer lugar, Bronowski hace un resumen de lo expuesto en la lección anterior (lo cual es siempre muy útil) y avanza una hipótesis sobre cómo se originó el lenguaje humano. A este respecto, Bronowski no comparte la hipótesis saltacionalista de Chomsky. Eso sí, el lenguaje humano, según Bronowski, se caracteriza por ciertas notas que lo distinguen de los libros de instrucciones que son los lenguajes animales. Estas notas características son: 1. La disociación entre el mensaje y la carga emocional que el mensaje trae consigo. 2. La prolongación de la referencia o bien, la capacidad de aludir al futuro y al pasado. 3. La internalización, o capacidad de dirigirse a uno mismo. 4. La productividad o generatividad. En virtud de esta capacidad, el mensaje puede descomponerse en unidades que pueden reutilizarse con nuevos significados. Estas características del lenguaje afectan a cómo se enfrenta el hombre al mundo. En especial, esta última nos obliga a ordenar el mundo, reordenarlo, cambiar las cosas de sitio, etc...
En "El conocimiento como algoritmo y metáfora" une al lenguaje humano con el lenguaje científico. El lenguaje científico consta de tres características básicas: 1. Tiene símbolos que representan conceptos. 2. Tiene una gramática que permite la combinación de estos símbolos. 3. Existe un diccionario de traducciones que enlazan el lenguaje científico con el mundo real. Como podemos ver, en realidad, tiene mucho que ver con el lenguaje humano cotidiano. En esta lección, Bronowski tiene la audacia de proponer que el mero hecho de encontrar un objeto de estudio y aislarlo es una mentira. Que el dividir el mundo entre "lo relevante y lo irrelevante desde el punto de vista de la ciencia" es ya desvirtuar este mundo. Pero que, pese a todo, la ciencia es capaz de avanzar.
La siguiente lección se llama "Las leyes de la naturaleza y la naturaleza de las leyes". Aquí, Bronowski sigue ahondando en la idea anterior respecto de la división del mundo para su estudio. En realidad, dice él, todo el mundo está interconectado y unos hechos tienen influencia sobre otros, sin embargo, nosotros no somos capaces más que de descodificar una parte. Si quisiéramos descodificarlo todo, tendríamos que mirar el mundo desde fuera, como Dios. Aquí, nos detalla toda una serie de teorías que intentan cercar este problema, desde Bertrand Russell hasta Kurt Gödel y la incompletud de su aritmética. Y es que "ningún sistema formal puede abarcar todas las preguntas que pueden preguntársele". Y esto es debido a la propia "axiomatización" o "sistematización" de las cosas. Este problema sin solución surge, simplemente, del hecho de que se divida el universo en dos: verdadero/falso, positivo/negativo 1/0. Y es que para formalizar la naturaleza, tenemos que recortarla en campos cuyos límites ha puesto ahí el ser humano. Y ya no es entonces, la misma naturaleza que queríamos estudiar al principio, antes de recortarla.
La quinta lección trata sobre "El error, el progreso y el concepto de tiempo". Aquí, Bronowski entra de lleno en lo que es la "imaginación" y opone este concepto o esta forma de generar conocimiento al de las máquinas. Para él, la imaginación puede estar basada perfectamente en el error (ese error frente al que la máquina se atasca, se vuelve loca, se autodesconecta, o se repite constantemente). Y es un acto imaginativo consiste en pensar algo que la máquina podría considerar un error. (Creo que viene a ser un poquito esa idea que tenemos todos de romper la regla para crear algo nuevo).
"Cada acto de la imaginación es el descubrimiento de una semejanza entre dos cosas que con anterioridad se pensaba que no tenían nada que ver una con la otra".Y si no, que le pregunten a Newton qué tenían que ver las manzanas con la Luna. Se trata de abrir el sistema (sí, ese sistema cerrado que se atrancaba cuando le hacías una pregunta cuya respuesta no podía contener). ¿Y cómo se abre el sistema? Pues para Bronowski el puente que nos lleva del sistema a su apertura es la metáfora. La metáfora es la llave. Y es que ¿qué mejor definición para metáfora que la que ha dado Bronowski para "acto imaginativo"?
La última conferencia se llama "Ley y responsabilidad individual". Aquí habla de la práctica de la ciencia, de la figura del científico y además, aporta un argumento para superar la falacia naturalista. La falacia naturalista es el paso del ser al deber ser. (Lee más aquí, si quieres). Pues bien, esta es la argumentación que ofrece Bronowski (y que, si nos damos cuenta, entronca con todo lo expuesto anteriormente):
"El deber ser viene dictadopor el ser en la búsqueda del conocimiento, no se puede obtener el conocimiento a menos que nos comportemos de determinada manera".Dice Bronowski que sólo se puede saber qué es verdadero si uno se comporta de determinada manera. Y este es el punto culminante de esta última conferencia. Sin embargo, su argumentación en contra de la falacia naturalista está, por lo visto, recogida de forma más extensa en su libro Science and Human Values.
Habrá que leerlo, digo yo ;-)
Por cierto, si quieres leer reflexiones más sesudas y rigurosas sobre este librito que he reseñado, mira este documento .doc
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