Alegría tópica y recuerdos
Siempre trepé por la semana previa a mi cumpleaños como por una deliciosa pista hacia el paraíso. No sé qué misterio guardaba para mí cumplir años, no sé si era una conexión menos somnolienta con mis calles, mis colegios, mis andanzas, no sé si quizás la satisfacción de un ansia infantil de protagonismo, no sé si la absolución de los males y bienes, de los pasados y porvenires, si una invitación a los brotes, si la expansión de ciertos amores bien callados, si la delicia de verme, repentinamente desde fuera, más fecunda, más hábil y más alegre.
El chapoteo incauto en esa felicidad injustificada se volvía luego parduzco y duro en la fangosa semana del después. Los días se amontonaban demasiado iguales a los demás, la nueva condición se asumía sin promesas ni explosiones impredecibles. Iban cayendo los días como si simplemente estuviesen destinados a enterrar aquel otro, florido y revoltoso, a aparcar su alegría en el olvido, a empañarlo con las tormentas de mayo, la niebla y los deberes.
El mayo de este novedoso año viene disfrazado en sol y nubes, sin orden ni concierto. El torbellino luminoso se me cae en los charcos y vuelve luego a alzarse sin disimulos ya de forma cotidiana, siguiendo mis mareas habituales.
Y sin embargo, todo ese jolgorio impenetrable y único que me acompaña el día 10 de mayo cada año, salta desde cada página de los libros que amigos, familiares y demases tienen a bien regalarme para que viva todo el año.
Gracias por la coleta de Münchhausen, por los trocitos para un libro en el futuro, por la vida perra y graciosa de la Narboni… Todos ellos aromatizados por el perfume de Lisboa. Y por el refrán.
Qué topica y que inempañable es a veces la alegría.
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El chapoteo incauto en esa felicidad injustificada se volvía luego parduzco y duro en la fangosa semana del después. Los días se amontonaban demasiado iguales a los demás, la nueva condición se asumía sin promesas ni explosiones impredecibles. Iban cayendo los días como si simplemente estuviesen destinados a enterrar aquel otro, florido y revoltoso, a aparcar su alegría en el olvido, a empañarlo con las tormentas de mayo, la niebla y los deberes.
El mayo de este novedoso año viene disfrazado en sol y nubes, sin orden ni concierto. El torbellino luminoso se me cae en los charcos y vuelve luego a alzarse sin disimulos ya de forma cotidiana, siguiendo mis mareas habituales.
Y sin embargo, todo ese jolgorio impenetrable y único que me acompaña el día 10 de mayo cada año, salta desde cada página de los libros que amigos, familiares y demases tienen a bien regalarme para que viva todo el año.
Gracias por la coleta de Münchhausen, por los trocitos para un libro en el futuro, por la vida perra y graciosa de la Narboni… Todos ellos aromatizados por el perfume de Lisboa. Y por el refrán.
Qué topica y que inempañable es a veces la alegría.
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Girovago / Vagabundo
In nessuna
parte
di terra
mi posso
accasare
A ogni
nuovo
clima
che incontro
mi trovo
languente
che
una volta
già gli ero stato
assuefatto
E me ne stacco sempre
straniero
Nascendo
tornato da epoche troppo
vissute
Godere un solo
minuto di vita
iniziale
Cerco un paese
innocente
G. Ungaretti
En ningún
lugar
de la tierra
me puedo
arraigar
En cada
nuevo clima
que encuentro
compruebo
desfalleciente
que
alguna vez
me había acostumbrado
a él
Y me aparto siempre
extranjero
Naciendo de épocas demasiado
vividas
Gozar de un solo
minuto de vida
inicial
Busco un país
inocente
G. Ungaretti
No tiene sentido prometer lo que no se piensa cumplir. Queden aquí pues los exabruptos de tres años y medio a la deriva (presos, como también dice Ungaretti, en un giro inmortal) hasta que la voracidad de Internet los disipe.
Ungaretti se queda aquí haciendo lo que no hacen los alpinistas. Siendo una bandera o una señal en ningún lado.
Ave et vale
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parte
di terra
mi posso
accasare
A ogni
nuovo
clima
che incontro
mi trovo
languente
che
una volta
già gli ero stato
assuefatto
E me ne stacco sempre
straniero
Nascendo
tornato da epoche troppo
vissute
Godere un solo
minuto di vita
iniziale
Cerco un paese
innocente
G. Ungaretti
En ningún
lugar
de la tierra
me puedo
arraigar
En cada
nuevo clima
que encuentro
compruebo
desfalleciente
que
alguna vez
me había acostumbrado
a él
Y me aparto siempre
extranjero
Naciendo de épocas demasiado
vividas
Gozar de un solo
minuto de vida
inicial
Busco un país
inocente
G. Ungaretti
No tiene sentido prometer lo que no se piensa cumplir. Queden aquí pues los exabruptos de tres años y medio a la deriva (presos, como también dice Ungaretti, en un giro inmortal) hasta que la voracidad de Internet los disipe.
Ungaretti se queda aquí haciendo lo que no hacen los alpinistas. Siendo una bandera o una señal en ningún lado.
Ave et vale
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Lisboa...
Canoas do Tejo. La A2-Sul. Avenida Engenheiro Duarte Pacheco. Mi fardo de recuerdos infantiles. Rua Castilho. Un semáforo en rojo. Una confusión. Otra vuelta al faldón empedrado del marqués. Mis pies llenos de salmos. Una habitación con vistas a la luz. Jabón que me persigue entre las sábanas. Avenida da Liberdade. Cruce con Bramcamp. Cruce con Aleixandre Herculano. Cruce con Calçada da Glória. Bajar, al principio, con miedo. Protegida. Lejana. Mis manos como guantes ordenados.

Miedo a lo conocido. Las palmeras del teatro Edén. El hombre con sus pins de todo el mundo. Correios. La inevitable curva hacia el Rossio. Algún acordeón. Las voces, las luces. La plaza. Pongo toda mi piel, ilimitada y tibia, en sus manos de diosa entre cucharas.
Barco negro. Amália cotidiana. Rua da prata. Rua da Madalena. Rua Alecrim. Lisboa. Sus bares apretados. Mis pies llenos de guantes. La rosa complicada de su urbanismo. La suciedad morada. Mis manos como fardos de recuerdos. Sus lápices de hotel. Su olor a bodega novelada. Su barullo abierto y maternal, parecido a un tazón para los pobres. Praça do Comércio. Nacho espantando gaviotas con un mapa inservible. Sal. Las ruinas, los restaurantes cerrados, la felicidad de las damas y los perros.

Praça de Camões. Lisboa. Su barrio de librerías en olvido. Sus primeros chalecos. Su leche académica. Los salmos ordenados de mi infancia. La paz atardecida de san Jorge. Rua das Portas. El aeropuerto en pasarela. Lo real se nos convierte en lo idéntico a lo mágico. El hotel Astoria. Las chisteras, las quejas volterianas, los viejos sentimientos amueblados. Las torradas. Lisboa. Sonriente y almenar. Desordenada, revoltosa y sucia. Ponemos un desorden en el suyo, una raza desconocida entre todas sus razas, una puerta secreta en sus secretos.

Lisboa como un punto cardinal. Como una ortiga de piedra en la memoria.
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Barco negro. Amália cotidiana. Rua da prata. Rua da Madalena. Rua Alecrim. Lisboa. Sus bares apretados. Mis pies llenos de guantes. La rosa complicada de su urbanismo. La suciedad morada. Mis manos como fardos de recuerdos. Sus lápices de hotel. Su olor a bodega novelada. Su barullo abierto y maternal, parecido a un tazón para los pobres. Praça do Comércio. Nacho espantando gaviotas con un mapa inservible. Sal. Las ruinas, los restaurantes cerrados, la felicidad de las damas y los perros.

Praça de Camões. Lisboa. Su barrio de librerías en olvido. Sus primeros chalecos. Su leche académica. Los salmos ordenados de mi infancia. La paz atardecida de san Jorge. Rua das Portas. El aeropuerto en pasarela. Lo real se nos convierte en lo idéntico a lo mágico. El hotel Astoria. Las chisteras, las quejas volterianas, los viejos sentimientos amueblados. Las torradas. Lisboa. Sonriente y almenar. Desordenada, revoltosa y sucia. Ponemos un desorden en el suyo, una raza desconocida entre todas sus razas, una puerta secreta en sus secretos.

Lisboa como un punto cardinal. Como una ortiga de piedra en la memoria.
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Etiquetas: lisboa
El pluriempleo...
Ideas sobre la novela, de José Ortega y Gasset
Pío Baroja publicó en el periódico El Sol unas notas sobre la novela a las que Ortega y Gasset respondió con sus Ideas sobre la novela. Lo primero que me inquieta es su modernidad. ¿Valdrán hoy estas ideas? ¿Cuántas nociones superadas encontraremos al leer este libro? ¿Todas? No importa. Quizás casi un siglo de experiencias y publicaciones le habrán quitado la razón al Coquí Ortega. Podemos tomar el libro como una predicción del tarot y comprobarlo. No interesa saber qué porcentaje de los planteamientos de Ortega han sido adelantados por la derecha, sino más bien, la facilidad con que eso ha ocurrido si es que ha ocurrido. Quizás la modernidad de ciertos planteamientos teóricos radique más que en su capacidad para persistir como una lapa pegada a la historia, en su capacidad para desenvolver y revelar las cuestiones que siempre resultan espinosas.
La novela se agota
Con cierta lógica, dice Ortega que los géneros se agotan por no ser orbes infinitos de posibilidades. Por ser más bien canteras, vetas, minas. Y asume el agotamiento de la novela con una perspectiva práctica aunque, él mismo lo admite, carente de rigor matemático.
¿Se agota la novela? ¿Se agota el lenguaje? ¿Se agota la necesidad de expresión? ¿Se agotan las personalidades? Llevamos un siglo haciéndonos cruces ante el inevitable y próximo agotamiento de la novela. Y, sin embargo, surgen incansablemente nuevos desafíos, nuevas formas extrañas, palpitantes, temblorosas, desacertadas, de seguir adelante con el género. Supongo que todo buen escritor desea hacer algo nuevo. O contar algo que no estaba contado o contarlo de una forma en que no estaba contado para hacerlo nuevo. Así Clarice Lispector, así Philip Roth, así el controvertido Hernández Mallo, así los ensayovelas de Vila-Matas.
Más que como una fruta enorme y estallante a punto de ofrecernos la última gota de su zumo, me imagino la novela como un árbol que va soltando frutos cada vez más dispares a medida que se alimenta de ese propio zumo (entre otros nutrientes). Imagino el lugar de la novela como un árbol interminable sobre cuyas ramas están sentados los escritores, cada vez más alejados, cada vez más diferentes, todos con una difusa pose de fruta en su actitud.
Pienso en la primera, lejanísima rueda y pienso, a continuación, en vehículos aún no inventados, surcando rasantes cualquier pista. Los pienso deslizándose sin ruedas, apoyándose en la primera, lejanísima y ruda, noción de la rueda. ¿Fue la primera novela como la primera rueda? ¿Cuántas cosas en absoluto parecidas a la rueda nacieron de la rueda?
Autopsia
Ortega defiende el género novelístico como “presentativo”. La novela no debe referir, debe presentar, no debe definir, debe mostrar. La novela es una presentación de vida. Una mostración, una Darstellung. Hay una diferencia absolutamente perceptible entre “había un bosque azotado por el viento” y “las hojas de los árboles se movían inquietas”. La constatación de que la novela es un género autóptico puede parecernos ahora gratuita y facilona.
Sin embargo, este carácter es la esencia misma del arte. Podemos saber“Gustav von Aschenbach padecía una depresión típica en la madurez” de formas muy diversas. Un análisis del paciente, de sus síntomas y de sus historias clínicas puede brindarnos un diagnóstico científico. Un ensayo sobre la personalidad del sujeto en cuestión y sobre la conjunción de una serie de circunstancias y la conversión de este tipo de apariciones en un sistema puede brindarnos un microcosmos preñado de filosofía. Tocar a un sujeto von Aschenbach con el guante de nuestra experiencia puede hacernos saber lo que padece. Leer Muerte en Venecia es lo más parecido al conocimiento artístico que se puede alcanzar sobre esa frase.
¿Seguimos queriendo ese tipo de experiencia, estética y vital cuando leemos novelas? ¿Sigue habiendo caracteres, circunstancias, actitudes que son cognoscibles de esta forma o son las novelas inventarios del pasado? Saber el carácter presentativo de la novela, del arte y conocer el número casi infinito de lo ya producido no significa cerrar la mina, significa que hay que excavar cada vez más metros bajo tierra. No conformarse, es cierto, con las migajas de oro de un nivel ya esquilmado. Bajar todavía más, hundirse y encontrar… más oro. O quizás plomo, piedras, azufre, humanos.
Morosidad de la novela
Que se deduce de lo anterior. La novela es algo que sucede en el tiempo. Aunque existen intentos de ordenar otro tiempo para las novelas, de abolir la simple línea cronológica a favor de la sincronicidad, del sintiempo, de la colmena temporal, como experiencia de lectura, la novela es un hilo que se extiende por el tiempo. Obviamente, si narramos todo lo narrable en dos párrafos, no tenemos novela. La morosidad es esencial en la novela, contar sin contarlo todo, añadir sin añadirlo todo, hacer saber al lector que todavía permanece ignorante. Nos gusta ver pasar a los personajes, verlos afanarse en la cocina, temblar de manos y tirar torpemente un par de copas al suelo. El tiempo no es un lastre que le pese a la novela, sin el cual habría podido alcanzar los cielos más perfectos. El tiempo es un elemento más de la novela-globo, es un aire que la envuelve. La novela puede dejarse mecer por el aire caprichoso de la atmósfera o puede idear anclajes, retos, mecanismos para abolirlo, para hacerle frente, para aprovecharlo en contra de sí mismo.
La verdadera novela no condena al tiempo, no lo maldice, no lo desdeña. Lo transforma.
Pensar en estas Ideas sobre la novela de Ortega es lo más parecido a tomarse un cóctel con él. Discutir, poner ejemplos, negar la mayor, pedir otra copa, reírse, negar con la cabeza, pensar que se está a punto de vencer en la dialéctica, estar a punto de perder, caer en la cuenta de que las verdaderas discusiones, las que interesan, las que iluminan son las que nunca llegan a término, las que van dejando por el camino, hitos de cansancio, callejas sin salida, problemas esquinados. No creo que exista una teoría de la novela. A lo más, pienso, se puede ir con ingenuidad de niño viejo, tal como hace Vila-Matas, “hacia una teoría de la novela”. Poniendo a prueba lo pensado con lo escrito. Con paso blando y timidez pajarera.
(PD. El libro da para más notas, para más diálogos, para más debates interminables mojados en aceitunas. Pero a veces nos cierran los bares y las ideas no expresadas se nos agolpan en los hombros, al acecho. Dejémoslas que vayan tejiendo su nido en nosotros, que vayan horadándonos con su insistencia la oreja, el pensamiento. Estas notas seguirán, por lo tanto, cuando venga el viento que las torne reales. Ya se hablará, por lo tanto, de lo que sabía la rana Ortega ayer de los best sellers de hoy.)
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La novela se agota
Con cierta lógica, dice Ortega que los géneros se agotan por no ser orbes infinitos de posibilidades. Por ser más bien canteras, vetas, minas. Y asume el agotamiento de la novela con una perspectiva práctica aunque, él mismo lo admite, carente de rigor matemático.
¿Se agota la novela? ¿Se agota el lenguaje? ¿Se agota la necesidad de expresión? ¿Se agotan las personalidades? Llevamos un siglo haciéndonos cruces ante el inevitable y próximo agotamiento de la novela. Y, sin embargo, surgen incansablemente nuevos desafíos, nuevas formas extrañas, palpitantes, temblorosas, desacertadas, de seguir adelante con el género. Supongo que todo buen escritor desea hacer algo nuevo. O contar algo que no estaba contado o contarlo de una forma en que no estaba contado para hacerlo nuevo. Así Clarice Lispector, así Philip Roth, así el controvertido Hernández Mallo, así los ensayovelas de Vila-Matas.
Más que como una fruta enorme y estallante a punto de ofrecernos la última gota de su zumo, me imagino la novela como un árbol que va soltando frutos cada vez más dispares a medida que se alimenta de ese propio zumo (entre otros nutrientes). Imagino el lugar de la novela como un árbol interminable sobre cuyas ramas están sentados los escritores, cada vez más alejados, cada vez más diferentes, todos con una difusa pose de fruta en su actitud.
“Cada obra, más perfecta que la anterior, anula a ésta y a todas las de su nivel. […] En el arte el triunfo es cruel, y al conseguirlo una obra, aniquila automáticamente legiones de obras que antes gozaban de estimación.”
Pienso en la primera, lejanísima rueda y pienso, a continuación, en vehículos aún no inventados, surcando rasantes cualquier pista. Los pienso deslizándose sin ruedas, apoyándose en la primera, lejanísima y ruda, noción de la rueda. ¿Fue la primera novela como la primera rueda? ¿Cuántas cosas en absoluto parecidas a la rueda nacieron de la rueda?
Autopsia
Ortega defiende el género novelístico como “presentativo”. La novela no debe referir, debe presentar, no debe definir, debe mostrar. La novela es una presentación de vida. Una mostración, una Darstellung. Hay una diferencia absolutamente perceptible entre “había un bosque azotado por el viento” y “las hojas de los árboles se movían inquietas”. La constatación de que la novela es un género autóptico puede parecernos ahora gratuita y facilona.
Sin embargo, este carácter es la esencia misma del arte. Podemos saber“Gustav von Aschenbach padecía una depresión típica en la madurez” de formas muy diversas. Un análisis del paciente, de sus síntomas y de sus historias clínicas puede brindarnos un diagnóstico científico. Un ensayo sobre la personalidad del sujeto en cuestión y sobre la conjunción de una serie de circunstancias y la conversión de este tipo de apariciones en un sistema puede brindarnos un microcosmos preñado de filosofía. Tocar a un sujeto von Aschenbach con el guante de nuestra experiencia puede hacernos saber lo que padece. Leer Muerte en Venecia es lo más parecido al conocimiento artístico que se puede alcanzar sobre esa frase.
¿Seguimos queriendo ese tipo de experiencia, estética y vital cuando leemos novelas? ¿Sigue habiendo caracteres, circunstancias, actitudes que son cognoscibles de esta forma o son las novelas inventarios del pasado? Saber el carácter presentativo de la novela, del arte y conocer el número casi infinito de lo ya producido no significa cerrar la mina, significa que hay que excavar cada vez más metros bajo tierra. No conformarse, es cierto, con las migajas de oro de un nivel ya esquilmado. Bajar todavía más, hundirse y encontrar… más oro. O quizás plomo, piedras, azufre, humanos.
Morosidad de la novela
Que se deduce de lo anterior. La novela es algo que sucede en el tiempo. Aunque existen intentos de ordenar otro tiempo para las novelas, de abolir la simple línea cronológica a favor de la sincronicidad, del sintiempo, de la colmena temporal, como experiencia de lectura, la novela es un hilo que se extiende por el tiempo. Obviamente, si narramos todo lo narrable en dos párrafos, no tenemos novela. La morosidad es esencial en la novela, contar sin contarlo todo, añadir sin añadirlo todo, hacer saber al lector que todavía permanece ignorante. Nos gusta ver pasar a los personajes, verlos afanarse en la cocina, temblar de manos y tirar torpemente un par de copas al suelo. El tiempo no es un lastre que le pese a la novela, sin el cual habría podido alcanzar los cielos más perfectos. El tiempo es un elemento más de la novela-globo, es un aire que la envuelve. La novela puede dejarse mecer por el aire caprichoso de la atmósfera o puede idear anclajes, retos, mecanismos para abolirlo, para hacerle frente, para aprovecharlo en contra de sí mismo.
La verdadera novela no condena al tiempo, no lo maldice, no lo desdeña. Lo transforma.
Pensar en estas Ideas sobre la novela de Ortega es lo más parecido a tomarse un cóctel con él. Discutir, poner ejemplos, negar la mayor, pedir otra copa, reírse, negar con la cabeza, pensar que se está a punto de vencer en la dialéctica, estar a punto de perder, caer en la cuenta de que las verdaderas discusiones, las que interesan, las que iluminan son las que nunca llegan a término, las que van dejando por el camino, hitos de cansancio, callejas sin salida, problemas esquinados. No creo que exista una teoría de la novela. A lo más, pienso, se puede ir con ingenuidad de niño viejo, tal como hace Vila-Matas, “hacia una teoría de la novela”. Poniendo a prueba lo pensado con lo escrito. Con paso blando y timidez pajarera.
(PD. El libro da para más notas, para más diálogos, para más debates interminables mojados en aceitunas. Pero a veces nos cierran los bares y las ideas no expresadas se nos agolpan en los hombros, al acecho. Dejémoslas que vayan tejiendo su nido en nosotros, que vayan horadándonos con su insistencia la oreja, el pensamiento. Estas notas seguirán, por lo tanto, cuando venga el viento que las torne reales. Ya se hablará, por lo tanto, de lo que sabía la rana Ortega ayer de los best sellers de hoy.)
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Etiquetas: novela ortega-y-gasset
Hoy...
Hoy se me ha quemado una pluma, he muerto dos veces de camino a casa y no he adivinado a mi padre.
Por lo demás, llegó el poemario de mi Shandy. Para muestra, un botón.
Hay viejas lenguas
Hay viejas lenguas,
lenguas de luto, lenguas de alivio,
que llevan penachos
de penas.
Pesan poco, dicen.
No son más que plumas,
sólo plumas.
(Yo tengo una cara triste,
escalera de caracol
de la muerte.
Por ella trepa hasta
este cráneo
más bien duro y
muy triste, también sea dicho.
Yo arrastro mis cestos de melancolía
y me pesan
a pesar de lo que digan).
Teresa Soto.
Y echó a volar la carpeta "Clarice Lispector" en Shangri-La.
Mañana será otro día.
Pasado será otro mes.
Y quizás haya cosas que escribir. Ya hemos encontrado las fuerzas.
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Por lo demás, llegó el poemario de mi Shandy. Para muestra, un botón.
Hay viejas lenguas
Hay viejas lenguas,
lenguas de luto, lenguas de alivio,
que llevan penachos
de penas.
Pesan poco, dicen.
No son más que plumas,
sólo plumas.
(Yo tengo una cara triste,
escalera de caracol
de la muerte.
Por ella trepa hasta
este cráneo
más bien duro y
muy triste, también sea dicho.
Yo arrastro mis cestos de melancolía
y me pesan
a pesar de lo que digan).
Teresa Soto.
Y echó a volar la carpeta "Clarice Lispector" en Shangri-La.
Mañana será otro día.
Pasado será otro mes.
Y quizás haya cosas que escribir. Ya hemos encontrado las fuerzas.
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2007
Infortunios de Alonso Ramírez y yo marchitándome en la sala de espera del médico. El sí de las niñas en la albricia caliente de mi cama de Oviedo. El lazarillo de ciegos caminantes mientras cruzaba la península de cabo a rabo. Noches lúgubres fotocopiadas y mojadas en cerveza cordobesa. Don Álvaro o la fuerza del sino al amor de mi colcha monacal y breve. El candidato melancólico sobre una mesa llena de papeles. Don Ramón María del Valle Inclán inaugurando un febrero febril y rápido. La inteligencia fracasada en algunas tardes de té y croissant. Compañía velándome un insomnio. La voz oval entre tráfagos y visitas. Perdón, imposible, el mismo autor, la misma mesa, los mismos papeles. Diez grandes novelas y sus autores despidiéndome otra vez de Madrid. Festejos de boda, rápido y de prestado. Comedia onírica y La noche de las tríbadas con afán estudiantil. Los estados carenciales con una ardilla en el patio de los naranjos. Pantaleón y las visitadoras en la sala de pintura. Intermedio con Cernuda latiendo en el clima del sur. Una palabra tuya entre algunas cabezadas de sueño. Todas las almas en un tren. La sinagoga de los iconoclastas cerca del jardín y su lluvia eterna. Sobre la belleza haciendo trampa en una librería. Pipá en el frío hotelero de Burgo de Osma. Confabulario definitivo entre Soria y Burgos. La enfermedad con alegría de regalo. Introducción a la mitología griega mientras simulaba escribir cuentos insensatos. Los pazos de Ulloa por todo el convento cordobés. Las salvajes en Puente San Gil en un túnel de tiempo fuera de San Gil. Los intereses creados con monotonía predispuesta. Pepita Jiménez en sus propias calles. Nada haciendo de la silla mecedora. Segunda antolojía poética bajo el calor apretado de Córdoba. Gramática Parda en mi sillón llovido y musical de Galicia. La invención de Hugo Cabret de paso por Madrid. Short Cuts en Sevilla y su rastro hermoso. Día de Reyes Magos en el metro. Poesía y realidad y Mercado común con mucho afán en los autobuses de Madrid. La amante, Escuela nocturna, Sketches de revista recordando en Pinter a los mexicanos lejanos. Cocaína. Manual de usuario en la casa de mi hermana, bañando el ocio. Flores azules en Concarneau. La lámpara maravillosa en un hotel francés de carretera. Fotopoemario como una parada breve y mágica otra vez en Madrid. Mágica tribu sin interés ni curiosidad. Los desposeídos con fervor. 99 Francs y una decepción que crecía. Abierto a todas horas mojada en Galicia en una noche de todas las horas. Los girasoles ciegos en mi playa luminosa. El traje de los domingos bajo la semiinconsciencia del verano. Manual de literatura para caníbales a golpes de teléfono e impavidez. Pálido fuego para poder protestarlo luego. El libro del guión con todas sus esperanzas. Hotel Savoy en el hotel La Noyesa. La magia de escribir con mi padre al lado. Último round entre el tabaco y la cama. El efecto Mozart soltando arena en cada página. Novela de un literato, 1 con la agonía de partir. Siloquios, superloquios, soliloquios e interloquios de patafísica sin por qué ni a dónde. Vidas imaginarias en otro tren. Alicia en el país de las adivinanzas a cuatro manos, con la brisa y su cansancio inexplicable. Chandrío en la Plaza de las Cortes en la última playa de mi vida. Recuerdos inventados otra vez en el tren. Contra los poetas descansando. Los adioses en un Oviedo nuevo en el que soy anfitriona y no huésped ocasional. Léxico editorial con un gato desconocido en mis rodillas. Maldición eterna a quien lea estas páginas maldiciendo en bable por haberlas leído. Aprendizaje o el libro de los placeres al calor del sol tras los cristales. El juguete rabioso como si nunca hubiera abandonado mi butaca de lectora. Las puertas de la percepción con el primer frío asturiano y un cigarrillo a la puerta de casa. Para amantes y ladrones bajo una manta roja en las horas de la siesta. Todo son preguntas casi de pie, a punto de irme a todas partes. La insoportable levedad del ser revisitada en los trenes de regreso. La hermana porque sí. Teatro para minutos en unos minutos de autobús. El jardín del Poeta bebiendo cerveza frente a una farmacia. Comunicado con duda de gato interrogativo. Especies de espacios donde sólo sirven las lecturas discontinuas. Esperando a Godot marcha atrás en el autobús. Santa Evita transportado mil veces a bares y jardines. La cabeza perdida de Damasceno Monteiro buscando el sueño. Triste, solitario y final ansiando el final. El viajero más lento, otra vez de viaje. La línea del horizonte en la biblioteca. Las palabras de la tribu, lavándome las manos tres veces. Nadja, sorprendida in fraganti. Cuando fuimos los mejores y La vida privada de los árboles en un tren que murió en Palencia. La verdad de las mentiras en varias ciudades. En Grand Central Station me senté y lloré en la estación de Oviedo. Bonsái en la biblioteca, ya más vieja, ya más conocida. Exploradores del abismo entre mi casa y mi casa. Fruta prohibida camino de Cuenca. Mitos urbanos en un hotel excesivo de Cuenca. El viaje vertical viajando en horizontal hacia Madrid. Música en el Metro. Asesinatos en la Academia Brasileña de las Letras en las noches que ahora me llegan demasiado pronto. El jardín de los Finzi-Contini paladeando las vacaciones. Travesuras de la niña mala con curiosidad y agarrón. Las nueve revelaciones como si fuera un secreto. Carta de una desconocida y Leporella desafiando la rutina navideña del acostarse tarde, comer mucho y amar más. Historia universal de la infamia buscando un hueco el 31 de diciembre en que pisar las uvas que ya no sé que existen.
101 libros que me recuerdan siempre dónde están esos dulces agujeros de irresponsabilidad en que caigo cuando leo.
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101 libros que me recuerdan siempre dónde están esos dulces agujeros de irresponsabilidad en que caigo cuando leo.
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Mi Shandy gana el Adonais
¡Qué bien rodeada vivo, incluso en la distancia!
Mi Shandy , la de las babuchas enmeigadas y las carpetas bajo el brazo, ha ganado el premio Adonais de poesía con un libro llamado Un poemario: Imitación a Wislawa.
Más información en todas partes, pero más tierna aquí
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Mi Shandy , la de las babuchas enmeigadas y las carpetas bajo el brazo, ha ganado el premio Adonais de poesía con un libro llamado Un poemario: Imitación a Wislawa.
Más información en todas partes, pero más tierna aquí
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Etiquetas: premio-adonais teresa-soto
La evidencia del abismo
“Teoría de la evidencia. Asumir lo que es evidente,
sin pedir explicaciones a la evidencia”
Manuel Vázquez Montalbán
sin pedir explicaciones a la evidencia”
Manuel Vázquez Montalbán
O todas las sandeces que se me ocurrió escribir sobre el último libro de Vila-Matas, Exploradores del abismo. Todas ellas, en Shangri-La. Pasen por allí. Barra libre de ficción, callos fríos y realidad.
"Como un ofidio de su propia piel, surge en ocasiones un adjetivo con vocación descriptiva del nombre de un autor."
Reservas aquí.
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No estamos de paso por Kosovo
Hoy en la Filmoteca española (cinés Doré, junto al oloroso mercado de Antón Martín), a las ocho y media, unos chicos que no están de paso proyectan su documental sobre Kosovo: Kosovo, la última cicatriz de los Balcanes.
En la sala 2. Dura 55 minutos y ellos estarán allí. Apto para todos los que no andan de paso por el mundo.
Sinopsis según la programación de la Filmoteca:
Más información aquí.
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En la sala 2. Dura 55 minutos y ellos estarán allí. Apto para todos los que no andan de paso por el mundo.
Sinopsis según la programación de la Filmoteca:
”En Kosovo, la guerra de 1999 aún está presente. Los albano-kosovares desean conseguir un estado independiente con o sin el permiso de Serbia. El documental se acerca al presente y al futuro de una región de Europa en la que los derechos fundamentales no están garantizados."
Más información aquí.
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