Dedicado a la única persona que pudiera valerlo.
Entrad en el símil de veracidad, prolongad vuestra condena hasta el fin de los días, pero en ese preciso instante... allí estaré yo para regozijarme en vuestro dolor y muerte. Gozaré en el día en que cosechéis lo que habéis sembrado. Exhalaré mi último suspiro de paz el día en que tú te des por vencido, y expulses tu último aliento.
Sufrirás el tormento que te has creado, porque no has sabido enfrentarte a la vida. No has querido enseñar lo que debías. Y entonces recordarás mis palabras, palabras de una sencilla niña que no tiene mucho que contarle a la vida. Mas que sé lo que significa respetar, pero tú... Tú sólo te respetas a ti mismo. Y a los demás los pisoteas y los indignas. Pero llegará el momento en que tu sombra se avalanzará sobre ti, y te devolverá todo aquello que no le prohibiste hacer. Mas ese día yo únicamente podré sonreir. Reir, liberarme, llorar de alegría, de felicidad. De gozo. Y en ese momento, cuando las lágrimas te cubran, cuando sepas que erraste, en ese momento: TE DIRÉ... "Me trae bien sin cuidado tu desgracia, es más si me tiene que traer algo lo único que me trae es gozo, alivio, éxito. Pues significará que no eres más que ese pobre desgraciado que siempre debiste ser. Volverás a ser rebajado a tus cenizas y en ellas te revolverás por toda la eternidad. Porque es lo que bien te mereces."
Amargo fruto fuiste en el vientre de tu madre. Desgraciado ser eres en la vida de tus semejantes. Tu altanero caminar te pisoteará, te aplastará y te engullirá. Como un perro desauciado lloriquearás. No sabes valerte, pues todo te lo han dado hecho. Y en eso se basa tu altanería. En la facilidad que te han brindado. Pero el día en que te la arrebaten... Llorarás. Desgraciado. Llorarás. Quédate en tu saco repleto de oro, que como cualquier fruto se tornará agrio en tu boca. Como todo aquello que tocas se vuelve amargo a tu lado.
Con tu pompa y gloria te abandono, a ella te encomiendo, para que guíe tu camino e ilumine tu vida. Tanto, que sea lo único que recibas.
Es mi deseo ver tu cuerpo putrefacto en el instante que te des cuenta de su olor, el perfume con el cual has convivido tu vida entera. Podrido, que estás más que podrido.
Sufrirás el tormento que te has creado, porque no has sabido enfrentarte a la vida. No has querido enseñar lo que debías. Y entonces recordarás mis palabras, palabras de una sencilla niña que no tiene mucho que contarle a la vida. Mas que sé lo que significa respetar, pero tú... Tú sólo te respetas a ti mismo. Y a los demás los pisoteas y los indignas. Pero llegará el momento en que tu sombra se avalanzará sobre ti, y te devolverá todo aquello que no le prohibiste hacer. Mas ese día yo únicamente podré sonreir. Reir, liberarme, llorar de alegría, de felicidad. De gozo. Y en ese momento, cuando las lágrimas te cubran, cuando sepas que erraste, en ese momento: TE DIRÉ... "Me trae bien sin cuidado tu desgracia, es más si me tiene que traer algo lo único que me trae es gozo, alivio, éxito. Pues significará que no eres más que ese pobre desgraciado que siempre debiste ser. Volverás a ser rebajado a tus cenizas y en ellas te revolverás por toda la eternidad. Porque es lo que bien te mereces."
Amargo fruto fuiste en el vientre de tu madre. Desgraciado ser eres en la vida de tus semejantes. Tu altanero caminar te pisoteará, te aplastará y te engullirá. Como un perro desauciado lloriquearás. No sabes valerte, pues todo te lo han dado hecho. Y en eso se basa tu altanería. En la facilidad que te han brindado. Pero el día en que te la arrebaten... Llorarás. Desgraciado. Llorarás. Quédate en tu saco repleto de oro, que como cualquier fruto se tornará agrio en tu boca. Como todo aquello que tocas se vuelve amargo a tu lado.
Con tu pompa y gloria te abandono, a ella te encomiendo, para que guíe tu camino e ilumine tu vida. Tanto, que sea lo único que recibas.
Es mi deseo ver tu cuerpo putrefacto en el instante que te des cuenta de su olor, el perfume con el cual has convivido tu vida entera. Podrido, que estás más que podrido.





