Un reencuentro
Por la mañana, me despierta un sonido extraño, un sonido que no identifico. Extrañada, abro los ojos en busca del ruido que me despierta. Poco a poco la habitación se está haciendo más clara, ya no sé si es que mi vida ha decidido ir a cámara rápida o qué. Son las siete de la mañana y ya he descubierto la procedencia del ruido: las persianas, que son automáticas. Mira tú, los alemanitos, qué avanzados están.
Al abrir el armario tengo serias dudas sobre qué ponerme en el día de hoy. ¿Las botas, las chanclas, unos baffles, el reproductor de mp3 o… sí, tal vez el CD de Stratovarius? Aunque no sé si pega demasiado con las botas… Bueno, siendo serios, como no había ropa a irse con lo puesto. Sigo a la espera de que aparezca mi maleta.
Va siendo hora de que describa un poco lo que he venido a hacer aquí (aunque a veces me lo siga preguntando y no lo comprenda demasiado bien). Estoy aquí porque me gustaría aprender esta lengua bárbara, y a cambio de comida y alojamiento vivo en casa de unos familiares lejanísimos cuido de sus dos monstruitos: Samuel y Moisés (llamémosles así).
Describamos un poco esta familia peculiar: Mattias, el padre, es un hombre bastante mayor ya pasa los cincuenta y cinco (y a veces me pregunto por qué ha decidido tener hijos a estas horas).
Samuel, de cuatro años, es un niño extremadamente precoz y a mi vista (no sólo a la de sus padres) superdotado. Aunque resalte por su brillante capacidad, es evidente el gran esfuerzo que le requiere la demostración de afecto, el contacto físico y lo que es peor aún: las relaciones sociales. Aunque esto se hace más palpable a la hora de relacionarse con sus iguales. Es un niño necesitado de atención permanente y también un perfeccionista. En realidad, se parece bastante a su padre.
Moisés, de tres años, es todo lo contrario. Suele ser un niño risueño, siempre atento, curioso y cariñoso. Cuando me busca, no sonríe hasta que mi cara le da una señal de alegría o de afecto. Desde el primer día en que llegué le llamo Barrufet, que en catalán significa Pitufo. Desde ese primer momento responde a ese nombre. Es más, se lo ha apropiado.
Cuando no me encuentra por la casa en vez de preguntar por mí, “camina” (no exactamente, tiene un andar gracioso, dando trompicones y meneando su pañal), va gritando do quiera que va: ¿Dónde está tu Barrufet? ¿Dónde está? Hasta que me encuentra y vuelve a salir corriendo, tan contento.
Los padres son ambos doctorados en Biología, pero curiosamente ninguno trabaja y tienen dinero suficiente como para tener una gran casa con cinco habitaciones, un jardín… etc. Es decir, no se pueden quejar. A veces me pregunto para qué me necesitan si ninguno trabaja.
En general, son una familia agradable. Sobretodo agradable si no vives con ellos.
Tras esta larga explicación tal vez innecesaria… vuelvo a mis habituales andanzas por Alemania. Después de haber llevado a los niños al Kindergarten me di cuenta de que a causa del frío mi piel se estaba resquebrajando! Sí, que me estaba pelando en pleno invierno. Decidí ir a comprarme alguna crema. ¡Qué ilusa yo! En España jamás he tenido que hacer uso de esas cosas pegajosas que algunas mujeres (y ahora también hombres) se aplican en la piel. (No hay que decir que es evidente que detesto el maquillaje)
Sin siquiera coger un diccionario me fui a Tannen Platz (no sin haber recibido antes una laaaarguísima explicación del lugar). Llegué al Shlecker, el Schleker de toda la vida . Como el resto de los comercios alemanes, de nombres impronunciables que proliferan por toda España. (Un paréntesis: no tienen suficiente con tener peores productos que nosotros, NO! Sino que tienen que venir a nuestro país a vendérnoslos para luego llevarse todas nuestras frutas y verduras. Fin del paréntesis)
Una vez dentro me di cuenta de lo perdida que estaba… Primero: encontrar dónde están las cremas. Segundo: cuál de todos los botecitos era el indicado para mí. Evidentemente todo estaba en alemán… y yo ni papa. ¡CLIIIING! En mi mente aparece una lucecita: Dale la vuelta a los botes y mira a ver si hay alguna descripción en inglés. Hummm… No, aquí no hay nada que se parezca en lo más mínimo al inglés… ¡CLIIIING! De nuevo se ilumina mi mente: Eh! Que también entiendes francés…. A ver… No, tampoco nada en francés. Pero… si son sus vecinos, qué menos que ponerlo en francés. Pues no, aquí sólo hay polaco, ruso, rumano y hasta griego pero ni rastro de ningún idioma comprensible, ni siquiera italiano. Ya, algo desconcertada y decepcionada me dirijo a la dependienta:
- Sprechen Sie Englisch?
- Eh… Nein, nur ein bisschen. Was kann ich für Sie machen?
- Oh... (espera, que a ver si me aclaro yo sola cómo explicarle a esta mujer que quiero una crema facial) Ich… (quiero! Quiero! El español lucha por salir) MÖCHTE! (uhms… creo que de tanta alegría que me ha dado acordarme de la palabrita le he dado demasiado énfasis, sobreviví. Ahora sólo hay que explicar el qué…)
La chica me mira como si estuviera loca o viniera de otro planeta. Yo todavía procesando.
- Ich… ein.. “créeme” für (Face, face! El inglés es esta vez quien quiere darse un paseo). Ya, gestualizando, me señalo la cara.
- Ah… - dice la dependienta amable y tras esto suelta una larga parrafada de la que no entiendo ni mu. Was wollen Sie blachen, blachen, blachen, blablachen? Oder blablablachen?
- Errrrrrrr… O.o o.O ¡¡¡¿¿¿????!!! Emmm… Just something for my face…
- Ah.. Wir haben blablachen, Margareten Astoren, Schwrargaunraoen, Chsengwegräöen, Lorealen...
- (Sí, sí! Loreal! Porque yo lo valgo!)
Total, que al final compro lo primero que me pone en las manos – no hace falta especificar que era lo más caro. Me dejo la mitad del dinero que llevaba y no sé si lo que he comprado es lo que quiero.
Vuelvo a casa con la cara larga y desconcertada. Más tarde, descubro que he comprado una crema exfoliante (qué pasa, que te parece que tengo granos? Es sólo por este condenado frío que me deja la piel tan estirada que parezco chinita y no puedo ni sonreír, ni que me hubiera hecho un lifting!), y una crema de leche. Menos mal que me van bien, ya tengo piel normal de nuevo.
Al finalizar el día estoy exhausta, he jugado con los peques. “Rejuveneciéndome” y haciendo un gran esfuerzo mental por comprender un idioma del que TODAVÍA (pronto cambiará esto) no tengo ni idea. Me estiro en la cama sin preocuparme por cambiarme. Total, no tengo más ropa. En fin, mañana será otro día…
Para aquellos que sean impacientes y deseen saber qué le ocurrió a mi maleta… Esta es la historia:
Cuatro días después de llegar a Alemania, un día en el que no por última vez me preguntaría qué hago aquí, abrí la puerta de mi habitación y vi un regalo del cielo. Mi maleta! Mi querida, preciosa maleta! Mi tesoro!! Mío!! Sólo mío. Por fin había vuelto a mí. Mi tesoro! La cogí entre mis brazos (al menos intenté abarcarla con ellos) y la acuné. Mi tesoro… Ya sabía yo que volverías. Nadie te quiere tanto como yo, a que sí mi tesoro?
Ya podía descansar en paz.
Al abrir el armario tengo serias dudas sobre qué ponerme en el día de hoy. ¿Las botas, las chanclas, unos baffles, el reproductor de mp3 o… sí, tal vez el CD de Stratovarius? Aunque no sé si pega demasiado con las botas… Bueno, siendo serios, como no había ropa a irse con lo puesto. Sigo a la espera de que aparezca mi maleta.
Va siendo hora de que describa un poco lo que he venido a hacer aquí (aunque a veces me lo siga preguntando y no lo comprenda demasiado bien). Estoy aquí porque me gustaría aprender esta lengua bárbara, y a cambio de comida y alojamiento vivo en casa de unos familiares lejanísimos cuido de sus dos monstruitos: Samuel y Moisés (llamémosles así).
Describamos un poco esta familia peculiar: Mattias, el padre, es un hombre bastante mayor ya pasa los cincuenta y cinco (y a veces me pregunto por qué ha decidido tener hijos a estas horas).
Samuel, de cuatro años, es un niño extremadamente precoz y a mi vista (no sólo a la de sus padres) superdotado. Aunque resalte por su brillante capacidad, es evidente el gran esfuerzo que le requiere la demostración de afecto, el contacto físico y lo que es peor aún: las relaciones sociales. Aunque esto se hace más palpable a la hora de relacionarse con sus iguales. Es un niño necesitado de atención permanente y también un perfeccionista. En realidad, se parece bastante a su padre.
Moisés, de tres años, es todo lo contrario. Suele ser un niño risueño, siempre atento, curioso y cariñoso. Cuando me busca, no sonríe hasta que mi cara le da una señal de alegría o de afecto. Desde el primer día en que llegué le llamo Barrufet, que en catalán significa Pitufo. Desde ese primer momento responde a ese nombre. Es más, se lo ha apropiado.
Cuando no me encuentra por la casa en vez de preguntar por mí, “camina” (no exactamente, tiene un andar gracioso, dando trompicones y meneando su pañal), va gritando do quiera que va: ¿Dónde está tu Barrufet? ¿Dónde está? Hasta que me encuentra y vuelve a salir corriendo, tan contento.
Los padres son ambos doctorados en Biología, pero curiosamente ninguno trabaja y tienen dinero suficiente como para tener una gran casa con cinco habitaciones, un jardín… etc. Es decir, no se pueden quejar. A veces me pregunto para qué me necesitan si ninguno trabaja.
En general, son una familia agradable. Sobretodo agradable si no vives con ellos.
Tras esta larga explicación tal vez innecesaria… vuelvo a mis habituales andanzas por Alemania. Después de haber llevado a los niños al Kindergarten me di cuenta de que a causa del frío mi piel se estaba resquebrajando! Sí, que me estaba pelando en pleno invierno. Decidí ir a comprarme alguna crema. ¡Qué ilusa yo! En España jamás he tenido que hacer uso de esas cosas pegajosas que algunas mujeres (y ahora también hombres) se aplican en la piel. (No hay que decir que es evidente que detesto el maquillaje)
Sin siquiera coger un diccionario me fui a Tannen Platz (no sin haber recibido antes una laaaarguísima explicación del lugar). Llegué al Shlecker, el Schleker de toda la vida . Como el resto de los comercios alemanes, de nombres impronunciables que proliferan por toda España. (Un paréntesis: no tienen suficiente con tener peores productos que nosotros, NO! Sino que tienen que venir a nuestro país a vendérnoslos para luego llevarse todas nuestras frutas y verduras. Fin del paréntesis)
Una vez dentro me di cuenta de lo perdida que estaba… Primero: encontrar dónde están las cremas. Segundo: cuál de todos los botecitos era el indicado para mí. Evidentemente todo estaba en alemán… y yo ni papa. ¡CLIIIING! En mi mente aparece una lucecita: Dale la vuelta a los botes y mira a ver si hay alguna descripción en inglés. Hummm… No, aquí no hay nada que se parezca en lo más mínimo al inglés… ¡CLIIIING! De nuevo se ilumina mi mente: Eh! Que también entiendes francés…. A ver… No, tampoco nada en francés. Pero… si son sus vecinos, qué menos que ponerlo en francés. Pues no, aquí sólo hay polaco, ruso, rumano y hasta griego pero ni rastro de ningún idioma comprensible, ni siquiera italiano. Ya, algo desconcertada y decepcionada me dirijo a la dependienta:
- Sprechen Sie Englisch?
- Eh… Nein, nur ein bisschen. Was kann ich für Sie machen?
- Oh... (espera, que a ver si me aclaro yo sola cómo explicarle a esta mujer que quiero una crema facial) Ich… (quiero! Quiero! El español lucha por salir) MÖCHTE! (uhms… creo que de tanta alegría que me ha dado acordarme de la palabrita le he dado demasiado énfasis, sobreviví. Ahora sólo hay que explicar el qué…)
La chica me mira como si estuviera loca o viniera de otro planeta. Yo todavía procesando.
- Ich… ein.. “créeme” für (Face, face! El inglés es esta vez quien quiere darse un paseo). Ya, gestualizando, me señalo la cara.
- Ah… - dice la dependienta amable y tras esto suelta una larga parrafada de la que no entiendo ni mu. Was wollen Sie blachen, blachen, blachen, blablachen? Oder blablablachen?
- Errrrrrrr… O.o o.O ¡¡¡¿¿¿????!!! Emmm… Just something for my face…
- Ah.. Wir haben blablachen, Margareten Astoren, Schwrargaunraoen, Chsengwegräöen, Lorealen...
- (Sí, sí! Loreal! Porque yo lo valgo!)
Total, que al final compro lo primero que me pone en las manos – no hace falta especificar que era lo más caro. Me dejo la mitad del dinero que llevaba y no sé si lo que he comprado es lo que quiero.
Vuelvo a casa con la cara larga y desconcertada. Más tarde, descubro que he comprado una crema exfoliante (qué pasa, que te parece que tengo granos? Es sólo por este condenado frío que me deja la piel tan estirada que parezco chinita y no puedo ni sonreír, ni que me hubiera hecho un lifting!), y una crema de leche. Menos mal que me van bien, ya tengo piel normal de nuevo.
Al finalizar el día estoy exhausta, he jugado con los peques. “Rejuveneciéndome” y haciendo un gran esfuerzo mental por comprender un idioma del que TODAVÍA (pronto cambiará esto) no tengo ni idea. Me estiro en la cama sin preocuparme por cambiarme. Total, no tengo más ropa. En fin, mañana será otro día…
Para aquellos que sean impacientes y deseen saber qué le ocurrió a mi maleta… Esta es la historia:
Cuatro días después de llegar a Alemania, un día en el que no por última vez me preguntaría qué hago aquí, abrí la puerta de mi habitación y vi un regalo del cielo. Mi maleta! Mi querida, preciosa maleta! Mi tesoro!! Mío!! Sólo mío. Por fin había vuelto a mí. Mi tesoro! La cogí entre mis brazos (al menos intenté abarcarla con ellos) y la acuné. Mi tesoro… Ya sabía yo que volverías. Nadie te quiere tanto como yo, a que sí mi tesoro?
Ya podía descansar en paz.
Comentario:
menos mal ke te ha lelgado, ya me tenia hasta preocupado ke tuvieras ke tirarte meses con la misma ropa xD
Comentario:
Esto crea adicción, nena ;P
Comentario:
tiaaa mu weno!! jejeje sigue escribiendo, eh?? k me he enganchao es como una telenovela!!
muaaakkkk WAPA!!
muaaakkkk WAPA!!
Comentario:
jajajja cielo, me he partido la caja, Loreal, porque tu lo vales xD hacia tiempo que no me reia tanto con nada, excepto cuando un amigo se cago en los calzoncillos mientras se echaba pedos... uys, me estoy divagando demasiado, felicidades x el blog wapisima, y sigue con ese humor tan bueno
Comentario:
Super divertido
Jajaja
Jajaja
Comentario:
Sobre todo tomado con mucho humor, a mi de pasarme eso me tiraria de los pelos.
Reitero lo dicho por los demás, muy bien narrado, divertido, y entretenido, que es lo más dificil de conseguir ;P
Enhorabuena wapa, 1beso (y animo que hay publico ;PPP)
Reitero lo dicho por los demás, muy bien narrado, divertido, y entretenido, que es lo más dificil de conseguir ;P
Enhorabuena wapa, 1beso (y animo que hay publico ;PPP)
Comentario:
la primera palabra que me viene a la cabeza al leer tu blo: valiente!!!!
animo con el idioma y enhorabuena por tu recien recuperada maleta.
saludos
animo con el idioma y enhorabuena por tu recien recuperada maleta.
saludos





