Vuelta a la rutina
Ya estoy de vuelta en Alemania, de vuelta en la rutina. Ordenemos todos los hechos para que yo misma los pueda entender. Y es que las ideas ordenadas parecen más claras. Layed out on theese simple sheets. Llegué nerviosa. Ahora viene el por qué:
Recuerdo muy bien aquella mañana, la maleta la terminé a última hora, como siempre. Milagrosamente, no olvidé meter nada en la maleta… pero creo que más que porque me acordase de todo fue porque destripé mi cuarto entero y lo liberé de todas mis pertenencias. Por eso, si había algo suelto… rápida y veloz lo metía en la maleta. Ya está mi cuarto vacío, mi maleta llena. Mi corazón ávido de nuevas experiencias, mi mente algo aturdida. Porque confesando algo: nunca he viajado en avión.
Haciendo caso omiso de mi revuelto estómago (por los nervios) me obligo a comer mi última ración de comida casera, comida española, que no probaré durante los próximos cuatro meses.
Me he despedido de todos… debería estar lista para embarcarme en la nueva aventura. Pero mi estómago sigue sin estar demasiado de acuerdo con esto de viajar.
Así, de golpe y porrazo me veo esperando en el aeropuerto a que nos llamen. Pasa el tiempo, la hora de embarque… Los minutos son eternos y los de Iberia no dan señales de vida. Hasta que... el DIN DON DIIIIIIIIIIIN me despierta de mi sopor: ¡Atención! Pasajeros del vuelo Iberia bla bla bla pasen por el mostrador en la Terminal B.
¿Qué? Miro a mi alrededor y me siento más perdida que nunca. ¿Dónde está la Terminal B? ¡Y cómo voy a llegar allí con este equipaje de mano que pesa más que yo! Aterrada miro a los que me rodean, que parecen tranquilísimos. Claro, son alemanes, no se inmutan por nada. La masa alemana, se levanta y anda con paso lento hacia donde nos han indicado. Yo, sigo la masa. Que aunque sean alemanes parecen más familiarizados con esto de los vuelos, aeropuertos y demás. Pero, suddenly, out of the blue, todos los antes remolones alemanes deciden ir a grandes zancadas. Y yo todavía intentando arrastrar el “maletín”. A lo lejos, puedo atisbar un alto alemán con un jersey rojo chillón.
Ya en el mostrador, I catch my breath, mientras me comunican que el aparato que debía efectuar el vuelo esta averiado. ¡Vaya suerte la mía! Nada, a esperar cuatro horitas en el aeropuerto hasta el próximo vuelo.
La señorita me informa: Podéis recoger vuestro equipaje en la salida 45 bla bla bla… Adiós.
¿Adiós? ¿Cómo que adiós? ¿Dónde está eso de ir a buscar el equipaje? Después de que la señorita me repitiera las indicaciones –igualmente confusas, e igualmente rápidas e incomprensibles - decido ir hacia algún lugar haciendo como que me he enterado de lo que me ha dicho. Menos mal que todavía estoy en España y que se supone que hablo la misma lengua.
Para ese entonces, toda la masa alemana se ha esfumado del mapa, ya no tengo a quien seguir. Algo perdida, me propongo ser racional y buscar mi equipaje. Total, tengo cuatro horas hasta el próximo vuelo.
Las masas extranjeras pasan a mi alrededor como pedro por su casa y yo, española, mota de polvo entre la masa, me quedo embobada mirando los carteles, que sí, supuestamente tienen que ser comprensibles para mí: ESPAÑOLA.
Por fin, encuentro el lugar donde debería, repito, DEBERÍA estar mi equipaje. Pero… ¿cómo no? Ni rastro de él (ni tampoco de ninguno de los alemanitos, ni siquiera del de jersey rojo chillón). Mis ánimos van cayendo en picado.
¿Dónde se habrá escondido mi maleta? ¡Con todas mis preciadas pertenencias! ¡Que mi cuarto se ha quedado en bragas! (Nunca mejor dicho, sólo quedan unas bragas grandes de esas que te regala algún familiar, no sabes por qué, y que te llegan casi hasta el sujetador. Que sí, hija, que sí, que son muy calentitas, ya verás… Y de ahí a un salón para la tercera edad) ¡Que no tengo nada más en la vida más que mi preciada maleta! Además del equipaje de mano con botas y demás zapatos (que pesaban mil toneladas y no cabían en la maleta).
Finalmente, me armo de valor y decido superar mi timidez e “inquire about the location of my luggage”
- Tal vez se haya extraviado. No podemos decirte donde está.
Ahora está entre dos compañías: Iberia y Lufthansa. Ninguna se hará cargo del extravío… bla bla bla bla… Vamos, que te aguantas y te quedas sin pertenencias. Estás más vacía que tu habitación. Sólo calzado para vestirte. Éste es tu viaje ¡Y TODAVÍA NO HAS SALIDO DE ESPAÑA! En el fondo de mi mente se libera una vocecita: ¡Eso es que no tienes que ir! –grita la muy condenada-¡Mala suerte desde que saliste de casa, eso significa algo! Y yo, testaruda prefiero no prestarle demasiada atención. Todo el mundo tiene contratiempos.
Vuelvo al lugar donde se hace latente la ausencia de mi equipaje y exhausta me siento en el primer banco que avisto, rodeada del resto de mis pertenencias. Tan absorta estoy en mi desgracia que no me doy cuenta de que hay un chaval a mi lado. Tiene la misma cara de perdido que yo. Está leyendo un libro que parece chino… Pero luego me doy cuenta (mi mente tiene un procesador lento), es que está leyendo en inglés, pero no un inglés normal, no, está leyendo del revés. Me pregunto por qué narices alguien querría leer un libro del revés, aunque sea en inglés. Pero luego, siendo más observadora me doy cuenta de que está mirando unos papelitos que tiene en el libro. ¡Y esos papelitos son los mismos que tengo yo! Por tanto, ¡ha perdido el mismo vuelo que yo! Y tal vez también haya perdido su maleta… ¡Ah! Ya no me siento tan sola y desamparada. Ahora viene lo complicado: comunicarme con el tío este. Intento echar mano del inglés que creo que sé. Pero sólo sale una frase destartalada que no entiendo ni yo. El chico me mira desconcertado y finalmente dice… Du yu espik espanis? Mi sonrisa se expande y llena toda mi cara. ¡Pues claro! Si soy española, joé!
De pronto sale una maleta, pero es la del chico (que por cierto es más grande que la mía, también se va un año… es erasmus), esperamos a que la mía también aparezca pero sigue sin querer dar señales de vida. Hacemos un report de que se ha perdido y ya está... Yo sin maleta. Ahora toca encontrar el restaurante más caro de todo el aeropuerto y utilizar el vale que nos han dado. Pero ya no estoy tan nerviosa, ahora me han tranquilizado: mi maleta está en algún lugar, dios sabe donde, y algún día, dios sabe cuando, aparecerá.
Tras la charla amena con el chico español y tras haber llenado mi estómago, ya no tan nervioso, porque en vez de efectuar un viaje me he quedado en tierra, nos damos cuenta de que ya es la hora de embarcar. A mitad de vuelo, me doy cuenta de que comer tanto no fue una buena idea. No me encuentro demasiado bien. Pero tampoco es plan de admitirlo. No me da miedo volar, no me da vueltas el estómago.
Finalmente, tras una larga lucha con mi estómago, aterrizamos y pongo pie en mi nuevo hogar: Alemania. Con alguna esperanza todavía escondida espero a ver si mi maleta ha decido aparecer, pero como ya me temía, mis esperanzas de poco sirven y lo primero que tengo que hacer en este país es pedir que me devuelvan mi maleta.
Unos cuantos días a sobrevivir con la ropa puesta… nada del otro mundo. Al menos ya he llegado a Alemania.
Recuerdo muy bien aquella mañana, la maleta la terminé a última hora, como siempre. Milagrosamente, no olvidé meter nada en la maleta… pero creo que más que porque me acordase de todo fue porque destripé mi cuarto entero y lo liberé de todas mis pertenencias. Por eso, si había algo suelto… rápida y veloz lo metía en la maleta. Ya está mi cuarto vacío, mi maleta llena. Mi corazón ávido de nuevas experiencias, mi mente algo aturdida. Porque confesando algo: nunca he viajado en avión.
Haciendo caso omiso de mi revuelto estómago (por los nervios) me obligo a comer mi última ración de comida casera, comida española, que no probaré durante los próximos cuatro meses.
Me he despedido de todos… debería estar lista para embarcarme en la nueva aventura. Pero mi estómago sigue sin estar demasiado de acuerdo con esto de viajar.
Así, de golpe y porrazo me veo esperando en el aeropuerto a que nos llamen. Pasa el tiempo, la hora de embarque… Los minutos son eternos y los de Iberia no dan señales de vida. Hasta que... el DIN DON DIIIIIIIIIIIN me despierta de mi sopor: ¡Atención! Pasajeros del vuelo Iberia bla bla bla pasen por el mostrador en la Terminal B.
¿Qué? Miro a mi alrededor y me siento más perdida que nunca. ¿Dónde está la Terminal B? ¡Y cómo voy a llegar allí con este equipaje de mano que pesa más que yo! Aterrada miro a los que me rodean, que parecen tranquilísimos. Claro, son alemanes, no se inmutan por nada. La masa alemana, se levanta y anda con paso lento hacia donde nos han indicado. Yo, sigo la masa. Que aunque sean alemanes parecen más familiarizados con esto de los vuelos, aeropuertos y demás. Pero, suddenly, out of the blue, todos los antes remolones alemanes deciden ir a grandes zancadas. Y yo todavía intentando arrastrar el “maletín”. A lo lejos, puedo atisbar un alto alemán con un jersey rojo chillón.
Ya en el mostrador, I catch my breath, mientras me comunican que el aparato que debía efectuar el vuelo esta averiado. ¡Vaya suerte la mía! Nada, a esperar cuatro horitas en el aeropuerto hasta el próximo vuelo.
La señorita me informa: Podéis recoger vuestro equipaje en la salida 45 bla bla bla… Adiós.
¿Adiós? ¿Cómo que adiós? ¿Dónde está eso de ir a buscar el equipaje? Después de que la señorita me repitiera las indicaciones –igualmente confusas, e igualmente rápidas e incomprensibles - decido ir hacia algún lugar haciendo como que me he enterado de lo que me ha dicho. Menos mal que todavía estoy en España y que se supone que hablo la misma lengua.
Para ese entonces, toda la masa alemana se ha esfumado del mapa, ya no tengo a quien seguir. Algo perdida, me propongo ser racional y buscar mi equipaje. Total, tengo cuatro horas hasta el próximo vuelo.
Las masas extranjeras pasan a mi alrededor como pedro por su casa y yo, española, mota de polvo entre la masa, me quedo embobada mirando los carteles, que sí, supuestamente tienen que ser comprensibles para mí: ESPAÑOLA.
Por fin, encuentro el lugar donde debería, repito, DEBERÍA estar mi equipaje. Pero… ¿cómo no? Ni rastro de él (ni tampoco de ninguno de los alemanitos, ni siquiera del de jersey rojo chillón). Mis ánimos van cayendo en picado.
¿Dónde se habrá escondido mi maleta? ¡Con todas mis preciadas pertenencias! ¡Que mi cuarto se ha quedado en bragas! (Nunca mejor dicho, sólo quedan unas bragas grandes de esas que te regala algún familiar, no sabes por qué, y que te llegan casi hasta el sujetador. Que sí, hija, que sí, que son muy calentitas, ya verás… Y de ahí a un salón para la tercera edad) ¡Que no tengo nada más en la vida más que mi preciada maleta! Además del equipaje de mano con botas y demás zapatos (que pesaban mil toneladas y no cabían en la maleta).
Finalmente, me armo de valor y decido superar mi timidez e “inquire about the location of my luggage”
- Tal vez se haya extraviado. No podemos decirte donde está.
Ahora está entre dos compañías: Iberia y Lufthansa. Ninguna se hará cargo del extravío… bla bla bla bla… Vamos, que te aguantas y te quedas sin pertenencias. Estás más vacía que tu habitación. Sólo calzado para vestirte. Éste es tu viaje ¡Y TODAVÍA NO HAS SALIDO DE ESPAÑA! En el fondo de mi mente se libera una vocecita: ¡Eso es que no tienes que ir! –grita la muy condenada-¡Mala suerte desde que saliste de casa, eso significa algo! Y yo, testaruda prefiero no prestarle demasiada atención. Todo el mundo tiene contratiempos.
Vuelvo al lugar donde se hace latente la ausencia de mi equipaje y exhausta me siento en el primer banco que avisto, rodeada del resto de mis pertenencias. Tan absorta estoy en mi desgracia que no me doy cuenta de que hay un chaval a mi lado. Tiene la misma cara de perdido que yo. Está leyendo un libro que parece chino… Pero luego me doy cuenta (mi mente tiene un procesador lento), es que está leyendo en inglés, pero no un inglés normal, no, está leyendo del revés. Me pregunto por qué narices alguien querría leer un libro del revés, aunque sea en inglés. Pero luego, siendo más observadora me doy cuenta de que está mirando unos papelitos que tiene en el libro. ¡Y esos papelitos son los mismos que tengo yo! Por tanto, ¡ha perdido el mismo vuelo que yo! Y tal vez también haya perdido su maleta… ¡Ah! Ya no me siento tan sola y desamparada. Ahora viene lo complicado: comunicarme con el tío este. Intento echar mano del inglés que creo que sé. Pero sólo sale una frase destartalada que no entiendo ni yo. El chico me mira desconcertado y finalmente dice… Du yu espik espanis? Mi sonrisa se expande y llena toda mi cara. ¡Pues claro! Si soy española, joé!
De pronto sale una maleta, pero es la del chico (que por cierto es más grande que la mía, también se va un año… es erasmus), esperamos a que la mía también aparezca pero sigue sin querer dar señales de vida. Hacemos un report de que se ha perdido y ya está... Yo sin maleta. Ahora toca encontrar el restaurante más caro de todo el aeropuerto y utilizar el vale que nos han dado. Pero ya no estoy tan nerviosa, ahora me han tranquilizado: mi maleta está en algún lugar, dios sabe donde, y algún día, dios sabe cuando, aparecerá.
Tras la charla amena con el chico español y tras haber llenado mi estómago, ya no tan nervioso, porque en vez de efectuar un viaje me he quedado en tierra, nos damos cuenta de que ya es la hora de embarcar. A mitad de vuelo, me doy cuenta de que comer tanto no fue una buena idea. No me encuentro demasiado bien. Pero tampoco es plan de admitirlo. No me da miedo volar, no me da vueltas el estómago.
Finalmente, tras una larga lucha con mi estómago, aterrizamos y pongo pie en mi nuevo hogar: Alemania. Con alguna esperanza todavía escondida espero a ver si mi maleta ha decido aparecer, pero como ya me temía, mis esperanzas de poco sirven y lo primero que tengo que hacer en este país es pedir que me devuelvan mi maleta.
Unos cuantos días a sobrevivir con la ropa puesta… nada del otro mundo. Al menos ya he llegado a Alemania.
Comentario:
Muy bien, ánimo y sigue escribiendo, que esto es lo tuyo. Estoy deseando leer la continuación de la historia...
Comentario:
Pobrecita mi niñita jajajaa pero tranquila... q todo se soluciona!!! wapa!!!! :P
Comentario:
hola!!!
estos articulos que escribes asin leido por la mañana .... me he dejado los ojos ahora solo veo puntitos blancos jejes...
la historia estas es muy chula.. ya para estar escrito por internet no esta nada mal la verdad...
cuidate!!!
estos articulos que escribes asin leido por la mañana .... me he dejado los ojos ahora solo veo puntitos blancos jejes...
la historia estas es muy chula.. ya para estar escrito por internet no esta nada mal la verdad...
cuidate!!!
Comentario:
Pobeshita mi Lis, nena..... jo qué odisea, y lo peor es que sé que es real, por desgracia todos hemos vivido lo mismo que tú muchas veces. Lo has escrito muy bien, como siempre, me he reido un montón, mu weno!!.
Mil besos encanto, te quiero mucho.
Mil besos encanto, te quiero mucho.
Comentario:
Jajaja vaya odisea. Espero que pronto escribas el siguiente capitulo... fuera de lo gracioso (y reconozcamoslo, "cabrón") de la historia, me ha encantado tu tono. Sigue con ello eh? Un besazo.
Comentario:
vaya lio con la maletilla ehh!!! ha estado mu graciosa la experiencia a ver que ocurrio al final con la maleta que esta la cosa con intriga
Comentario:
Yo no me voy a dormir sin saber como termina esto....¿se puede buscar por internet?...parecido a pocholo pero con una maleta, muy buena la historia...queremos el segundo capitulo...
Comentario:
¡¡Me ha encantado!! Pero me tienes en un sinvivir con la maleta... XDD
Además, que me he sentido (como acabo de decirte (Irc pawa'!!) plenamente identificada en muchos aspectos.
Quiero el próximo capítulo YA XDDDDDDDDDDDD
Además, que me he sentido (como acabo de decirte (Irc pawa'!!) plenamente identificada en muchos aspectos.
Quiero el próximo capítulo YA XDDDDDDDDDDDD
Comentario:
Toda una odisea , muy bien narrada de una forma amena , fluida y divertida , enhorabuena.
Comentario:
Es el destino que quieres que te quedes aqui en España para que nos conozcamos y empecemos algo. Hazle caso la proxima ves
Comentario:
Una experiencia emocionante y divertida, además muy bien contada.
¡Felicidades!
¡Felicidades!





