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Divagaciones de un Alma Errabunda
Llega un momento en la vida en el que se decide salir en busca del mundo.
Acerca de
No tengo muchas ganas de describirme pero diré que he viajado tal vez más de lo que me gustaría, he vivido tal y como yo he querido, he buscado mi vida y en base a esa búsqueda sobrevivo.
 
Un pequeño inciso
Hablando de no querer ir con ajetreos y mira tú por donde olvido algo importante. He olvidado lo que era ir en busca de las nubes. Me explico. Cuando todavía eres lo suficientemente pequeño como para sentir el viento contra tu cara, el estómago dándote vuelcos, las nubes acercarse, para después caer toparte con el suelo y alejarte de nuevo. Lo cierto es que estoy hablando de los columpios. Cerrar los ojos mientras te columpias lo más alto que puedes y dejar que esa sensación te invada. ¿Quién se acuerda? Sonreír mientras te dejas llevar por el ímpetu… No sé, tal vez después de escribir esto veré a una ancianita columpiándose y luego darse el porrazo de su vida. A veces queremos volar tan alto que no nos damos cuenta de que nos vamos a salir del columpio, pero al menos soñamos, que ya es algo.
 
Recuerdos...
Ya he perdido mi precioso uno, el uno que me ha acompañado la mitad de mi vida y sin embargo me siento más pequeña e indefensa que nunca antes.

¿Dónde se esconde ese niño que perduró al menos hasta los 13? Ya no recordaba lo feliz que era haciendo cierto tipo de cosas pero al observar a los niños recuerdo... esos instantes de felicidad que tienes cuando eres pequeño. ¿Podéis recordar el significado de beber? No, no, no me estoy refiriendo a engullir alcohol. ¿Quién se acuerda de tener un vaso entre las manos? Un vaso grande, que casi no puedes abarcar, normalmente suelen ser de plástico aunque a veces se nos deja uno de cristal, está lleno de cualquier tipo de bebida, da igual, acercárselo a los labios mojándolos con el líquido y esperar unos instantes así. Después meter la cara entera dentro de ese vaso, los dientes dejando paso al líquido y mordiendo el vaso. El aliento empañando el cristal y beber a cámara lenta, succionando la vida al vaso y al líquido. Quedarse en Babia mientras el vaso se vacía, tal vez ni siquiera se esté vaciando sólo está el líquido en contacto con los labios y dientes. Retirar el vaso y darse cuenta de la marca que resta en la cara. La zona que se había escondido dentro del vaso sintiéndose ajena a este mundo, un cosquilleo por toda la cara. Y en el estómago ése líquido fresco bajando lentamente. ¿Te has sentido así alguna vez? Es más, ¿recuerdas la última vez que lo hiciste?

He vuelto a reírme a mis anchas, a reírme desde el fondo de mis entrañas, a disfrutar de la risa. No esa sonrisa comedida ni esa risilla irónica, no, esa risa que te sale del alma que llena toda la estancia de alegría.

Vuelvo a tumbarme en el suelo. Te preguntarás, ¿y qué tiene de interesante tumbarse en el suelo? Pues lo tiene todo. Te relajas y vuelves a mirar todo desde una perspectiva diferente, sin importarte quién te mire o quién te rodee, simplemente disfrutas de esos instantes de paz y de tranquilidad. Sin querer mover ningún músculo. Hasta que algo te atrae, te llama la atención y como niño, presto, te vuelves a levantar lleno de esa alegría que extraen al convertirte en mayor.
De nuevo cambio de perspectiva, estoy en lo alto de un tobogán. El parque está lleno de madres, de otros niños y yo, con mis veinte años en lo alto del tobogán. Les miro y me da todo igual, debo tirarme. Lo hago y en cuanto mis pies rozan el suelo, decidida corro de nuevo hasta las escaleras: ¡hay que repetir!

Con todo esto sólo quiero recordar a los infantes que todos llevamos dentro que muchas veces entre responsabilidades y ajetreos nos olvidamos de sorprendernos por el mundo. Un mundo que no está sólo lleno de derechos y deberes. También está lleno de una alegría inherente, que muchas veces pasamos por alto. Volver a maravillarnos por poder estar vivos, respirar, poder quedarnos hasta un poco más tarde en vez de irnos a dormir para ver las estrellas. Sentirse de nuevo un pequeñito ser ante la inmensidad del horizonte. Aunque pasen los años, aunque haya perdido ese uno, y aunque tuviera de nuevo un uno ante mí es mi deseo poder seguir maravillándome por este mundo.
 
¡Otro viaje!
¡Aquél fin de semana por fin me libraba de los niños y de los padres y de todos los alemanes! Mi felicidad era extrema, casi rozaba la euforia. Iba a pasar unos alegres días en Austria, sólo tres días, pero algo es algo. Sin pensar demasiado metí la ropa que encontré limpia en la mochila, me la eché al hombro y comencé mi nuevo viaje.

No iba sola, y tampoco iba a estar sola al llegar allí. Menos mal… no me veía haciendo yo todos esos cambios de trenes sabiendo tan poco alemán. Ahora viene la gracia del fin de semana. El tren desde Munich a Simbach estaba vacío, nuestro vagón sólo estábamos mi amiga, yo y otro chico. El susodicho, estaría estudiando o algo. Era el típico creidillo que hace ver que estudia, que es inteligente, que se cree muy guapo, muy interesante y muy GUAY. Tenía ante el un montón de partituras y varios libros de distintas asignaturas. Al poco de llegar nosotras se puso a hablar por teléfono. Kristin ya no tenía demasiado sueño así que nos pusimos a hablar... todavía estaba en la fase de que si quería hablar de algún tema interesante mejor lo hiciera en inglés.. Y coge el creidillo del muchacho ese y se pone a hablar en inglés por teléfono. Luego, en francés, eso sin parar de darme miradas furtivas del tipo: mira-que-guay-soy-que-puedo-hablar-tantos-idiomas. Mi amiga y yo los quedamos estupetactas y sobre todo con unas ganas inmensas de echarnos a reir. Pero por respeto no lo hicimos, aunque hubieron momentos en los que no pude más y me reía en bajito. Cosa a la que Creidillo le parecía también muy gracioso. Ahora viene su verdadera gran hazaña: Al salir de Munich vi una catedral muy entrañabe, la verdad es que me sorprendió,. Tan juguetona como de habitual no dudé ni un instante de decirle ¡Adiós! a aquella bonita catedral. Explico la situación del tren. Estaba "waving goodbye" girada hacia mi ventana, justamente la opuesta del Creidillo, con lo cual sólo podía ver mi espalda y mi reflejo en el cristal del tren. Al hacer el gesto de despedida con la mano, Creidillo creyó que era a él y el muy listo comenzó a moverla agitadamente, muy entusiasmado por la atención que creía que le estaba prestando. Pobrecito, luego vio mi cara de asombro y se cohibió. Ya se le había terminado la euforía. Se dió cuenta de que no era a él a quien saludaba a través del cristal del tren. Kristin no pudo más y tuvo que reirse a sus anchas, la verdad es que yo también lo hice.

¿No es sorprendente como la gente a veces hace cosas realmente extrañas sólo para llamar la atención?

Soy alérgica y ese tren estaba lleno de polvo y demás cosas molestas que hacían todo lo posible por meterse en mi nariz y fastidiarme. Comencé a estornudar, aunque luego me dio la risa tonta. Pero el chico parecía muy pensativo, como comiendose la cabeza por algo. Luego una gran sonrisa se expandió en su carita y dijo lleno de regocijo: God Bless! Las próximas veces que estornudé ya me lo dijo en Alemán. Pero se sentía muy orgulloso de haberse acordado de como se decía en inglés. Le dediqué una sonrisa ambígua: había que felicitarle por el esfuerzo que estaba haciendo (para hacer el ridículo lo más posible).

El resto del fin de semana fue excepcional, los austríacos son más "outgoing" que los alemanes a pesar del acento tan gracioso que tienen.