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Divagaciones de un Alma Errabunda
Llega un momento en la vida en el que se decide salir en busca del mundo.
Acerca de
No tengo muchas ganas de describirme pero diré que he viajado tal vez más de lo que me gustaría, he vivido tal y como yo he querido, he buscado mi vida y en base a esa búsqueda sobrevivo.
 
El Árbol de las hojas caídas

Eduardo, un niño de viva imaginación, tenía un problema: las pesadillas. Cada noche despertaba empapado en sudor frío, gritando de pánico y frustración. No comprendía el motivo de su desgracia.

-“De todos los sueños que habitan en el mundo, ¿por qué siempre vienen a mí los más espantosos?” – se preguntaba. Todo esto sucedía hasta que dio con la solución.

Sobre los cielos que se expanden sobre nuestras cabezas hay un gran árbol. Éste, abarca todos los cielos y los universos. Sus ramas y raíces se cuelan entre todos los recodos de los planetas. Su savia surca todos los mares. Su tronco es negro como la tez, sus ramas azabache se camuflan en la negritud de los cielos estrellados. Pero… Son sus hojas plata las que podemos observar desde nuestras ventanas. Y es que este árbol tiene tres tipos de hojas, las que son acordes con su tronco, tan negras y oscuras como él, las de un tono verdoso y las plateadas.
Ya os he descrito mucho sobre este árbol pero no os he dicho su nombre. Este árbol es comúnmente conocido como: El Árbol de los Sueños.

Eduardo esperó a que llegara la noche y quedarse dormido, entonces emprendió su búsqueda para entablar batalla y derrotar aquellas palabras que le atormentaban. Ante él se erguía el motivo de su aflicción: El Árbol de Azabache. Con rapidez y poca cautela trepó hasta la copa del árbol. Recostado sobre una de las ramas más oscuras se sentó. En esa rama gruesa estaba grabada la palabra “ODIO” que le guió a otra rama igual de gruesa o incluso más donde estaba inscrito “ABORRECIMIENTO”. Junto a ambas palabras había hojas feas y arrugadas. Eduardo lleno de curiosidad leyó: aversión, deseo del mal. Claramente enfadado alzó la mirada sólo para ver miles de ramitas cargadas de millones de hojas. Cargado de desprecio no pudo evitar leer en esa inmensidad algunas palabras sueltas; enemistad, hostilidad, crueldad, aversión, aspereza. Lleno de ira buscó a tientas la luz pero allá donde se posaba su mirada, sólo había oscuridad. Todas las hojas desplegadas ante él negras, cada cuál aún más que la anterior. Sin pensarlo ni por un instante estuvo seguro de que estas palabras no tenían cabida en su mundo. Con dificultad comenzó a arrancarlas una a una, sobretodo las que más le mortificaban. Hasta llegar a “SENTIMIENTOS”, una anchísima rama cercana al tronco que tenía grabada en su raíz acción o efecto de sentir. Junto con aquella rama fuerte cayeron muchas otras arrastrando a sus hojas también. Cada vez quedaban menos. Unas ramas más allá de “ODIO” había otra viva, fuerte, difícil de arrancar. En ella estaba grabada la palabra “RENCOR” junto con su frase: resentimiento, enfado persistente. Esta rama estaba llena de ramitas y hojas: rencilla, venganza, envidia, celos… millones de inscripciones. Eduardo estaba tan absorto en su tarea de podar el árbol de toda su maldad que no se percató de que junto con las ramas hojas que iba arrojando al vacío caían otras de un tono distinto: dorado y plateado, mucho más finas que las otras, aunque estaban justamente en frente de ellas. Caían las ramas de “AMOR”, “PERDÓN”, “ESPERANZA”, “BELLEZA”, “PLACER”, “ALEGRÍA” caían dejando pequeños destellos de luz donde se podía leer: sentimiento afectivo que busca el bien, estado de ánimo que presenta como posible lo que deseamos… Caían sus hojillas; alegría, buen humor, optimismo, risueño, gozo, dicha, encanto, brillo, esplendor, estrella, deseo, anhelo, fe, aspirar, anhelar, vida, cariño, apego, devoción, entusiasmo, gracia, favor, olvido, reconciliación… Todas caían sin dejar rastro en el vacío.

Cuando Eduardo había despojado el árbol de toda su savia y sentimiento, se sentó ya más tranquilo y se durmió. Creía haber conseguido lo que buscaba, pero al despertar miró en su corazón para encontrarlo vacío. Quería gritar de felicidad, sonreír, alegrarse por su victoria, pero todo aquello se había esfumado junto con aquellas ramas y hojas que él había arrancado. En su corazón sólo habitaban reflejos de los antiguos sentimientos. Ya no eran reales. Ya no existían.

Se despertó sobresaltado y vio su cuarto vacío. Al asomarse a la ventana de su habitación percibió un mundo ausente de color, las gentes deambulaban de aquí para allá sin poder apreciar nada de lo que les rodeaba, sin apreciar la vida. Dándose cuenta de su error, se llenó de culpabilidad. ¿Qué podía hacer para restaurar al mundo su antiguo color? Ahora sí que estaba todo perdido. El mundo era su pesadilla. Impotente, comenzó a llorar. Justo esas lágrimas fueron las que le despertaron. Estaba en el Árbol de los Sueños, recostado sobre aquella rama que había arrancado. Todo intacto. Entonces comprendió y aceptó que no hay luz sin oscuridad. Existen la una y la otra para poder diferenciarse, definirse y distinguirse. Eduardo había aprendido la lección.

Según cuentan esto tuvo una fatal, o bonita, consecuencia. El Árbol se resintió y ahora, una vez al año pierde todas sus hojas y queda desolado. Pero luego, al llegar la luz, vuelven a nacer.

Y Eduardo escribió en las hojas de nuestras vidas el significado de las cosas y los sentimientos, clasificándolos y ordenándolos.




N.A.: (Basado en el Diccionario de Eduardo Benot: Diccionario de Ideas Afines y elementos de Tecnología, Segunda Edición Popular. Ediciones Anaconda. Florida 251, Buenos Aires. )
 
Rescatada de la inopia
Al entrar esta mañana en el correo he visto una luz, un mail tampoco muy significativo en sí, pero alentador. Un comentario en el blog!

¿El blog? ¿Qué blog? Ah!... Sí... aquél que empecé hace muchísimo tiempo cuando todavía vivía en Alemania.

Hay sueños que se esfuman en cuanto aparece un cambio en la vida.

¿ Dónde estoy ahora? Disfrutando de una vida sin responsabilidades más que las justas y propias de un estudiante. Una vida un tanto caótica, estresante, a la deriva, pero en defintiva, la vida que me define, la vida que me pertenece a mí por decisión propia. Resumiendo: No puedo estar más contenta y agusto.

Lo cierto es que me siento confortablemente bien justo en el preciso instante donde todos los caminos se bifurcan, cuando todavía no tienes ni idea de cuál tomarás. Tal vez sea más cómodo no hacer ningún movimiento no vaya a ser que la pifies para siempre.

Creo que me voy a sentar justo en el borde del camino, en esa gran piedra lisa que parece estar ahí puesta precisamente para que te sientes, apoyando la cara en las manos. Muchas veces sin querer pensar en nada, simplemente... mirando la inopia.



 
Reflexiones turbias

Días como el de hoy, en los que el dolor de otra persona me llega hasta el fondo del alma, y me deja un vacío, un anhelo, un impulso de querer hacer algo que es imposible, cuando me lleno de esa impotencia... días como hoy renuncio a sentir. Porque sentir... sentir duele tanto!

Días en los que el aburrimiento te engulle dejándote como en otra esfera, completamente abrumado. Días para los que no queda ni fe ni esperanza y por mucho sol que brille tras esa ventana, sólo la oscuridad reina en tu vida. O ni siquiera eso, lo que es peor, sólo niebla y más niebla. Densa niebla, que no te deja ni atisbar cualquier esperanza.

Días como esos me recuesto donde sea, escribo cualquier palabra que pueda arroparme y abrazarme como el abrazo que necesitaría. Pero son estas palabras las que pueden llegar a alguien, son las que tienen sentimiento. Las que me desgarran y me dejan vacía.

Porque las palabras son el modo en que tenemos de comunicar lo que sentimos por dentro y la mayoría de las veces no expresan ni la mitad de lo que experimentamos, por eso suspiramos.

Aunque... a pesar de todo lo triste que pueda llegar a escribir, todas las páginas que llene... Siempre tendré más que claro que tan sólo por esa sonrisa que consigo arrancarle a mi destino cada mañana, sólo por esa inocente sonrisa que me ofrece un niño... Sólo por sentir la llúvia caer sobre mí... Sólo por los mil y uno motivos que me animan, por ellos (todos) VALE LA PENA VIVIR y seguir en pie.

 
New morn, new begining.
¿Por qué llevo un mes sin escribir nada, y cuando escribo algo... no es demasiado alegre? Pues todo tiene su explicación.

Resulta que a veces la vida parece que te vaya a engullir por mucho que trates tú de evitarlo y de ser optimista. Por eso mismo viene mi anterior post, que probablemente parezca cargado de odio y rabia. Y aunque tal vez fuese así... Sólo es una manera distinta de desahogarse, una manera distinta de decir basta. Porque la nueva manera que tengo de decir basta es dejando esta situación tan humillante.

Hay decisiones que se toman a la ligera, otras que se rumian durante tiempo. Sinceramente, creo que esta es la que más lentamente he tomado en mi vida entera.

Así es que tiro todos los papeles por los aires, me libero de todas mis recientes adquiridas responsabilidades. Y digo:

-"¡Hola, vida nueva! ¡Saludos, Sol tan añorado!" - Y es que es... una vuelta a una nueva rutina.

 
Dedicado a la única persona que pudiera valerlo.
Entrad en el símil de veracidad, prolongad vuestra condena hasta el fin de los días, pero en ese preciso instante... allí estaré yo para regozijarme en vuestro dolor y muerte. Gozaré en el día en que cosechéis lo que habéis sembrado. Exhalaré mi último suspiro de paz el día en que tú te des por vencido, y expulses tu último aliento.

Sufrirás el tormento que te has creado, porque no has sabido enfrentarte a la vida. No has querido enseñar lo que debías. Y entonces recordarás mis palabras, palabras de una sencilla niña que no tiene mucho que contarle a la vida. Mas que sé lo que significa respetar, pero tú... Tú sólo te respetas a ti mismo. Y a los demás los pisoteas y los indignas. Pero llegará el momento en que tu sombra se avalanzará sobre ti, y te devolverá todo aquello que no le prohibiste hacer. Mas ese día yo únicamente podré sonreir. Reir, liberarme, llorar de alegría, de felicidad. De gozo. Y en ese momento, cuando las lágrimas te cubran, cuando sepas que erraste, en ese momento: TE DIRÉ... "Me trae bien sin cuidado tu desgracia, es más si me tiene que traer algo lo único que me trae es gozo, alivio, éxito. Pues significará que no eres más que ese pobre desgraciado que siempre debiste ser. Volverás a ser rebajado a tus cenizas y en ellas te revolverás por toda la eternidad. Porque es lo que bien te mereces."

Amargo fruto fuiste en el vientre de tu madre. Desgraciado ser eres en la vida de tus semejantes. Tu altanero caminar te pisoteará, te aplastará y te engullirá. Como un perro desauciado lloriquearás. No sabes valerte, pues todo te lo han dado hecho. Y en eso se basa tu altanería. En la facilidad que te han brindado. Pero el día en que te la arrebaten... Llorarás. Desgraciado. Llorarás. Quédate en tu saco repleto de oro, que como cualquier fruto se tornará agrio en tu boca. Como todo aquello que tocas se vuelve amargo a tu lado.

Con tu pompa y gloria te abandono, a ella te encomiendo, para que guíe tu camino e ilumine tu vida. Tanto, que sea lo único que recibas.

Es mi deseo ver tu cuerpo putrefacto en el instante que te des cuenta de su olor, el perfume con el cual has convivido tu vida entera. Podrido, que estás más que podrido.