El hechizo de un susurro
Me levanté sin mucho ánimo. Este era uno de esos días en que vivir duele. Sientes pesadez en todo tu cuerpo, en tus ojos, tus brazos, tus piernas. Es un día en los que no caminas: te arrastras. Tengo esa sensación plomiza, que me hace sentir asco por todo, desidia, pesadez...
No sé si habrá tenido que ver con algo de lo que ocurriera ayer. Si ese "Hombre del Susurro" ha influido de alguna forma.
Cuando me levanté de aquél banco para seguir mi camino lo ví a él, Sentado en una zona sombría del parque con la mirada perdida. El corazón me dio un vuelco-... Nunca creí volver a verlo, pero ahí estaba. Me detuve en seco. Sentía horror hacia su persona, o más bien, hacia lo desconocido de su persona; pero, a su vez, me sentía muy atraida, recordaba su susurro, y, sobretodo, mi fantasía que, de alguna forma, sentia curiosidad por saber si podría ser cumplida.
No sé por qué lo hice, quizás venciera el deseo. Cogí mi libro del bolso, lo abrí y fijé mi mirada en sus letras, pero no leí. Me dirijí hacia aquel banco, sin dejar de mirar la página, leyendo una y otra vez el mismo verso sin sentido : "Cansado del combate / en que luchando vivo". Pasé muy cerca. Atisbaba algo con el rabillo del ojo. Sé que, al pasar junto a él salió de su ensimismamiento, por aquél respingo que dio. Se sorprendió al verme, su ajetreo lo delató; pero pronto guardó la compostura. Miré al frente, de esa forma, podría verlo mejor. Su rostro emitía una leve sonrisa, una sonrisa que le daba aires de seguridad. Segui hacia delante, pero mis pasos se hacían cada vez más lentos. Era una especie de incitación hacia su persona. Deseaba que estuviera lejos, no sabía qué consecuencias me traería el estar allí, sin embargo, de nuevo estaba esa confrontación de sentimientos: también deseaba que se acercara.
Vi cómo su figura venía hacia mí. Inconcientemente me quedé paralizada. Las piernas comenzaron a temblarme, y cerré los ojos. Sentí su aliento muy cerca de mi mejilla. Lentamente se dirigía a mi oido, y, de nuevo, me susurró: "Tranquila".
Mi corazón estaba apunto de desbordarse. ¿Pero qué había hecho? El vicio, este deseo ardiente, esta quemazón me había llevado hacia él. Hacia un completo desconocido.
Con la yema de sus dedos acarició mi labio inferior. Sus dedos eran grandes, creo que podrían abarcar mi rostro, y su tacto áspero. La delicadeza con que los posaba sobre mi cara, incluso parecía cómica.
Estaba inmóvil, no me atrevía a mirarlo; mis ojos permanecían cerrados. Pero el seguía ahí, esperando una reacción.
Se acercó un poco más. Podía sentir su calor corporal, pero no me rozaba. Olió mi pelo: hundió su rostro en él y aspiró con fuerza, al separarse, algunos se quedaron impregnados en sus labios, por lo que sentí un pequeño tirón.
- ¿No hablas?- Preguntó mientras jugueteaba con mis rizos. - Veo que no- y sonrió. Acercó su rostro al mío. Noté su pesado aliento en mi cara, que contrastaba con el frío de la mañana. Con su lengua, suavemente despegó mis labios, y los acarició. Entreabrí los ojos.
- Por fin miras- Su rostro reflejó una sonrisa. Sin dejar de mirarme a los ojos, suavemente pasó sus dedos por uno de mis pechos, hasta topar con su pezón totalmente erguido a causa del miedo o del frío... no estaba segura... Se percató de la protuberancia, y con un movimiento que más bien parecía fruto de la casualidad, volvió a rozarlo. Al ver que no reaccionaba de ninguna forma, esta vez la caricia fue más patente. Tomó suavemente mi pecho en su pano, y con el dedo pulgar, acarició el pezón. Di un respingo, y, enseguida la quitó; pero no me fui de allí. Continué inmóvil en mi sitio. De nuevo apareció la sonrisa en su rostro.
Comenzó a bajar su mano por mi vientre. Luego dio un salto hacia mi cadera, e inclinándose un poco, alcanzó a rozar mi ingle... Deslizó suavemente su mano hacia mi entrepierna, muy cerca de mi sexo, pero sin llegar a alcanzarlo. Me pellizcaba muy suavemente. Con su otra mano me acercó a él. Mi cadera rozó con su miembro erecto que levemente rozaba contra mí.
Su mano, la que me acariciaba la entrepierna, reptó hacia mi vagina, y la acarició suavemente: tomé aire.
- Estás húmeda... ¿Has sido mala? - Y tras estas palabras, la acarició con más decisión y muy resuelto posó su boca encima de mi pezón, succionándolo al instante.
Eso me despertó de mi ensimismamiento, y cortó el deseo del placer. Di un paso hacia atrás. Él me miró sin dejar de mostrar aquella sonrisa que, en ese momento, me pareció estúpida. Me separé de él, y comencé a andar rápido. Permaneció inmóvil, mirándome, sin apartar aquella mueca de su cara. Levantó un poco la voz:
- Te gusta el vicio - Afirmó.
Llegué a casa. Me dirijí al cuarto de baño y abrí el grifo. Me sentía sucia. Nunca he tenido prejuicios sobre el sexo. Pero aquéllo me hizo sentirme mal conmigo misma. Creo que quizás se debiera a que, por fin, mi deseo extrapoló mi mente. Mi castigo se materializaba.
Me fui desprendiendo de la ropa y, de pronto, algo calló al suelo. No sé exactamente de dónde podría haber salido, solo sé que estaba entre la ropa. Lo tomé: era un papel. "Nos vemos en la Catedral. ¡No faltes!". Comencé a temblar. Igual habría sido casualidad o, igual no. No parecía una cita a ciegas, más bien pareciera que quien hubiera escrito el mensaje, se dirijía decidida (y sin atisbos de deseo sexual) a esa persona.
Terminé el baño, sintiéndome aún sucia. Esta vez debía lavar mi conciencia. Y me acosté.
(url fotografía: http://www.deviantart.com/deviation/7241819/)
No sé si habrá tenido que ver con algo de lo que ocurriera ayer. Si ese "Hombre del Susurro" ha influido de alguna forma.
Cuando me levanté de aquél banco para seguir mi camino lo ví a él, Sentado en una zona sombría del parque con la mirada perdida. El corazón me dio un vuelco-... Nunca creí volver a verlo, pero ahí estaba. Me detuve en seco. Sentía horror hacia su persona, o más bien, hacia lo desconocido de su persona; pero, a su vez, me sentía muy atraida, recordaba su susurro, y, sobretodo, mi fantasía que, de alguna forma, sentia curiosidad por saber si podría ser cumplida.
No sé por qué lo hice, quizás venciera el deseo. Cogí mi libro del bolso, lo abrí y fijé mi mirada en sus letras, pero no leí. Me dirijí hacia aquel banco, sin dejar de mirar la página, leyendo una y otra vez el mismo verso sin sentido : "Cansado del combate / en que luchando vivo". Pasé muy cerca. Atisbaba algo con el rabillo del ojo. Sé que, al pasar junto a él salió de su ensimismamiento, por aquél respingo que dio. Se sorprendió al verme, su ajetreo lo delató; pero pronto guardó la compostura. Miré al frente, de esa forma, podría verlo mejor. Su rostro emitía una leve sonrisa, una sonrisa que le daba aires de seguridad. Segui hacia delante, pero mis pasos se hacían cada vez más lentos. Era una especie de incitación hacia su persona. Deseaba que estuviera lejos, no sabía qué consecuencias me traería el estar allí, sin embargo, de nuevo estaba esa confrontación de sentimientos: también deseaba que se acercara.
Vi cómo su figura venía hacia mí. Inconcientemente me quedé paralizada. Las piernas comenzaron a temblarme, y cerré los ojos. Sentí su aliento muy cerca de mi mejilla. Lentamente se dirigía a mi oido, y, de nuevo, me susurró: "Tranquila".
Mi corazón estaba apunto de desbordarse. ¿Pero qué había hecho? El vicio, este deseo ardiente, esta quemazón me había llevado hacia él. Hacia un completo desconocido.
Con la yema de sus dedos acarició mi labio inferior. Sus dedos eran grandes, creo que podrían abarcar mi rostro, y su tacto áspero. La delicadeza con que los posaba sobre mi cara, incluso parecía cómica.
Estaba inmóvil, no me atrevía a mirarlo; mis ojos permanecían cerrados. Pero el seguía ahí, esperando una reacción.
Se acercó un poco más. Podía sentir su calor corporal, pero no me rozaba. Olió mi pelo: hundió su rostro en él y aspiró con fuerza, al separarse, algunos se quedaron impregnados en sus labios, por lo que sentí un pequeño tirón.
- ¿No hablas?- Preguntó mientras jugueteaba con mis rizos. - Veo que no- y sonrió. Acercó su rostro al mío. Noté su pesado aliento en mi cara, que contrastaba con el frío de la mañana. Con su lengua, suavemente despegó mis labios, y los acarició. Entreabrí los ojos.
- Por fin miras- Su rostro reflejó una sonrisa. Sin dejar de mirarme a los ojos, suavemente pasó sus dedos por uno de mis pechos, hasta topar con su pezón totalmente erguido a causa del miedo o del frío... no estaba segura... Se percató de la protuberancia, y con un movimiento que más bien parecía fruto de la casualidad, volvió a rozarlo. Al ver que no reaccionaba de ninguna forma, esta vez la caricia fue más patente. Tomó suavemente mi pecho en su pano, y con el dedo pulgar, acarició el pezón. Di un respingo, y, enseguida la quitó; pero no me fui de allí. Continué inmóvil en mi sitio. De nuevo apareció la sonrisa en su rostro.
Comenzó a bajar su mano por mi vientre. Luego dio un salto hacia mi cadera, e inclinándose un poco, alcanzó a rozar mi ingle... Deslizó suavemente su mano hacia mi entrepierna, muy cerca de mi sexo, pero sin llegar a alcanzarlo. Me pellizcaba muy suavemente. Con su otra mano me acercó a él. Mi cadera rozó con su miembro erecto que levemente rozaba contra mí. Su mano, la que me acariciaba la entrepierna, reptó hacia mi vagina, y la acarició suavemente: tomé aire.
- Estás húmeda... ¿Has sido mala? - Y tras estas palabras, la acarició con más decisión y muy resuelto posó su boca encima de mi pezón, succionándolo al instante.
Eso me despertó de mi ensimismamiento, y cortó el deseo del placer. Di un paso hacia atrás. Él me miró sin dejar de mostrar aquella sonrisa que, en ese momento, me pareció estúpida. Me separé de él, y comencé a andar rápido. Permaneció inmóvil, mirándome, sin apartar aquella mueca de su cara. Levantó un poco la voz:
- Te gusta el vicio - Afirmó.
Llegué a casa. Me dirijí al cuarto de baño y abrí el grifo. Me sentía sucia. Nunca he tenido prejuicios sobre el sexo. Pero aquéllo me hizo sentirme mal conmigo misma. Creo que quizás se debiera a que, por fin, mi deseo extrapoló mi mente. Mi castigo se materializaba.
Me fui desprendiendo de la ropa y, de pronto, algo calló al suelo. No sé exactamente de dónde podría haber salido, solo sé que estaba entre la ropa. Lo tomé: era un papel. "Nos vemos en la Catedral. ¡No faltes!". Comencé a temblar. Igual habría sido casualidad o, igual no. No parecía una cita a ciegas, más bien pareciera que quien hubiera escrito el mensaje, se dirijía decidida (y sin atisbos de deseo sexual) a esa persona.
Terminé el baño, sintiéndome aún sucia. Esta vez debía lavar mi conciencia. Y me acosté.
(url fotografía: http://www.deviantart.com/deviation/7241819/)
Comentario:
querida Lilith
navegando por la web, llegué hasta tu espacio, y al leerte comencé a embriagarme de placer, a sentir un lenguaje conocido que me humedece y expande. Despiertas los sentidos, Lilith no es un demonio, fue la primera mujer de Adán, creada igual que él,( no de una costilla de él); ella quiso hacer el amor con Adán estando arriba de él, para mirarlo a los ojos, y mover su pelvis con libertad para generar más placer, y él, no lo aceptó...no toleró la libertad de Lilith, entonces ella se fue al desierto, lo dejó...Lilith representa lo que no puede ser sometido, la libertad de cada mujer, es símbolo de no sometimiento, de libertad y plenitud femenina. La Biblia distorciono esta historia, y demonizó a Lilith. Pero amiga, no es así, Lilith es la intensidad sexual que palpita en las mujeres, y eres muy bendecida por sentir así, disfrutate, deleitate con tu propia intensidad...Eres bella mujer, eres Sagrada, eres pulposa...eres Lilith...
navegando por la web, llegué hasta tu espacio, y al leerte comencé a embriagarme de placer, a sentir un lenguaje conocido que me humedece y expande. Despiertas los sentidos, Lilith no es un demonio, fue la primera mujer de Adán, creada igual que él,( no de una costilla de él); ella quiso hacer el amor con Adán estando arriba de él, para mirarlo a los ojos, y mover su pelvis con libertad para generar más placer, y él, no lo aceptó...no toleró la libertad de Lilith, entonces ella se fue al desierto, lo dejó...Lilith representa lo que no puede ser sometido, la libertad de cada mujer, es símbolo de no sometimiento, de libertad y plenitud femenina. La Biblia distorciono esta historia, y demonizó a Lilith. Pero amiga, no es así, Lilith es la intensidad sexual que palpita en las mujeres, y eres muy bendecida por sentir así, disfrutate, deleitate con tu propia intensidad...Eres bella mujer, eres Sagrada, eres pulposa...eres Lilith...





