Sin Miedo
Me encuentro sentada en un rincón de la cafetería, mirando cómo pasa la vida... haciendo por enésima vez balance de la mía. Y siempre hay una sensación de vacio que se apodera de mí, un vacío que se torna en el olor de un cuerpo, en el aroma del deseo, en la suave caricia de mis pechos.
Paseo una vez más por las calles de esta perdida ys ombría ciudad.. Y en mi garganta se alberga un grito desgarrador que pugna por salir de ahí, como si de una liberación se tratase. Como si con ello consiguiera liberar el lastre que me persigue desde que comencé a sangrar por primera vez.
Aun recuerdo los sueños de niña, dondeme veía como mujer. Con bellos pechos turgentes, silueta que casi rozara la delgadez, suaves curvas, piel firme, regular... Recuerdo que en mis sueños nunca estaba sola, siempre había una figura a mi lado, que me cogía la mano, que acariciaba mi mejilla, que posaba sus labios en los míos...
... Y ahora veo mi piel blanquecina, sin luz; mi pelo escaso y encrespado; mi piel fláccida.. y con ella, cada miembro (pechos, nalgas, abdomen,muslos); mi horrible olor; mi sexo amorfo... Y este ardor que ya he mencionado y que me sigue invadiendo cada segundo. Este constante deseo que cuanto más intento negar, más patente se hace.
Ya no busco mi Romeo particular, no busco cualidades, no exijo nada. Solo quiero. Quiero que alguna parte de ese sueño se haga material. Solo quiero dejar de estar sola en mi fuero interno (y, por qué no, externo...).

Casi había llegado a mi casa. Sacaba las llaves para abrir el portal, y un coche se detuvo a mi lado. Seguí andando (tal vez titubeante), haciendo caso omiso, pero teniendo muy presente que se habían parado junto a mí. No miré quién conducía. A medida que iba acercándome a mi portal, el coche se acercaba conmigo. Frenó. Una figura bajó de él. Me di la vuelta y metí nerviosamente la llave en la herranura, sin atinar hacia donde debía girar.
La figura se situó detrás de mí. Y me rodeó con sus brazos. Hundió su cabeza en mi pelo, mientras me chupaba el cuello con lamidos contundentes, que casi pretendían desgarrar mi carne. Sentía su pene erecto contra mis nalgas, y como subía y bajaba, rozándose con la tela de mi pantalón.
De forma fugaz sentí pasar en mi mente las imágenes y las sensaciones del parque, de la catedral... Y un arrebato de deseo se volvió a cernir. Me asaltaron miles depensamientos... Estaba ahí, indefensa... podría forzarme, violarme; pero había ya un algo de conocido. Ya había tenido experiencias con él. Había algo que me hacía conocerlo.
Me dirigió al interior del coche. Era negro, con los cristales ahumados. No se veía absolutamente nada desde fuera. Allí, aparcado, con las luces puesta, y los intermitentes parpadeantes.
SIn mediar palabra, me sentó bruscamente en el asiento trasero. Yo me dejaba hacer... no sé por qué, pero lo hacía... igual sabía que otra fuente de deseo me arrebataría.
Separó mis piernas, que apoyó en cada lado de los sillones delanteros, las ingles me dolían del esfuerzo que hacía. Acercó su rostro a mi pubis y lo lamió por encima del pantalón. La repentina sensación me hizo dar un pequeño brinco. Se incorporó y sin dejar de mirar mi sexo comenzó a m asturbarse de forma decidida. Yo lo miraba a los ojos. Esta vez él no lo hacía. Se limitaba a rozar su pene erecto con su mano y a concentrarse en esa parte de mi cuerpo. Se acercaba, y lorozaba y de nuevo seguía masturbándose cada vez más rápido. Mi vagina empezaba a tener pequeñas contracciones, mi clítoris a palpitar. El solo hecho de imaginarme que me rozaba con su pene, me hacía excitarme sobremanera. EMpecé a respirar y a contonear mis caderas. Eso parecía excitarlo más. Y a mi me excitaba más aún. Empezó a jadear intensamente y a hacer movimientos mucho más bruscos, emitía un pequeño gritito, que más parecía un gemido o un lamento... Y por fin me cubrió esa zona, y parte de mi ropa con su esperma. Con mi mano, froté las zonas donde había caido, embadurnando mi ropa con su semen.

Con una mirada que rozaba la obscenidad, lamió él mismo aquellas manchas. Sentir su lengua me hizo estremecerme de nuevo. Ardía en deseos de que, por fin, me quitara la ropa. Pero no lo hizo. Con el pene ligeramente flacido, se acercó a mi rostro, y rozó mis labios. Instintivamente saqué mi lengua, y sentí la suavidad del glande, la pequeña fisura, y el almizclado sabor. Rozó mis labios, mi mejilla, y yo lo buscaba con mi lengua. Se separó, y sin dejar de mirarme, quitó presurosamente el botón de mi pantalón y bajó la cremallera, introduciendo su mano, y acariciando torpemente mi sexo.
Me bajó el pantalón junto a las bragas. Me quitó un zapato, y así pudo sacarlos. El resto pendía de mi otra pierna. Me encontraba ahí, con las piuernas abiertas, mostrándole mi sexo en todo su esplendor, junto con sus latidos.
Se arrodilla ante mi y hunde su rostro en mí. Pasa su lengua salvajemente por mi vagina, introduciéndola en ella. Mi respiración se entrecorta. Luego juega con mi clítoris, con movimientos rápidos sobre él; movimientos libidinosos, que me hacían sentir ese pequeño cosquilleo en la garganta, y desear más y más. Introduce sus dedos en mi vagina, en ese momento palpitante, deseosa de ser penetrada. Hunde de nuevo su rostro en él, succiona mi clítoris, lo besa, lo muerde, lo lame... Alternando movimientos bruscos, rápidos; con suaves, lentos... Caricias con odio; pasión con ternura...
Siento de nuevo que el placer se cierne sobre mí, que el climax llega. Llega. Sube por mis pies, por mi rostro, por mis pechos. El calor se apodera de mí; su lengua lo siente y me lame más deprisa, más deseosa. Mi cuerpo se contonea, se contorsiona. Mis caderas se levantan, mi garganta exhala gritos huidizos. Sus dedos entran y salen con más rapidez, adivinando lo que se avecina. Siento el calor en mi sexo y cómo se dilata. La contracción de los músculos de mis piernas y el rubor de mis mejillas. Y por fin el placer, una oleada de intenso placer.
- ¡Más!- Grita él. Y más le doy yo. El extasis sigue subiendo, hago fuerza con mis genitales, para perpetuar el orgasmo. Veo como eyaculo, y él, sumergido en mi sexo que no deja de besar, bebe de mi fluido... y me sigue rogando más... Y lo que es eyaculación, se torna en micción, con el que él, agradecido, impregna su cara.
Esta vez no huí de él. Quizás el aplomo, quizás la confianza, me hizo seguir dentro de su coche. Esperando una reacción.
Paseo una vez más por las calles de esta perdida ys ombría ciudad.. Y en mi garganta se alberga un grito desgarrador que pugna por salir de ahí, como si de una liberación se tratase. Como si con ello consiguiera liberar el lastre que me persigue desde que comencé a sangrar por primera vez.
Aun recuerdo los sueños de niña, dondeme veía como mujer. Con bellos pechos turgentes, silueta que casi rozara la delgadez, suaves curvas, piel firme, regular... Recuerdo que en mis sueños nunca estaba sola, siempre había una figura a mi lado, que me cogía la mano, que acariciaba mi mejilla, que posaba sus labios en los míos...
... Y ahora veo mi piel blanquecina, sin luz; mi pelo escaso y encrespado; mi piel fláccida.. y con ella, cada miembro (pechos, nalgas, abdomen,muslos); mi horrible olor; mi sexo amorfo... Y este ardor que ya he mencionado y que me sigue invadiendo cada segundo. Este constante deseo que cuanto más intento negar, más patente se hace.
Ya no busco mi Romeo particular, no busco cualidades, no exijo nada. Solo quiero. Quiero que alguna parte de ese sueño se haga material. Solo quiero dejar de estar sola en mi fuero interno (y, por qué no, externo...).

Casi había llegado a mi casa. Sacaba las llaves para abrir el portal, y un coche se detuvo a mi lado. Seguí andando (tal vez titubeante), haciendo caso omiso, pero teniendo muy presente que se habían parado junto a mí. No miré quién conducía. A medida que iba acercándome a mi portal, el coche se acercaba conmigo. Frenó. Una figura bajó de él. Me di la vuelta y metí nerviosamente la llave en la herranura, sin atinar hacia donde debía girar.
La figura se situó detrás de mí. Y me rodeó con sus brazos. Hundió su cabeza en mi pelo, mientras me chupaba el cuello con lamidos contundentes, que casi pretendían desgarrar mi carne. Sentía su pene erecto contra mis nalgas, y como subía y bajaba, rozándose con la tela de mi pantalón.
De forma fugaz sentí pasar en mi mente las imágenes y las sensaciones del parque, de la catedral... Y un arrebato de deseo se volvió a cernir. Me asaltaron miles depensamientos... Estaba ahí, indefensa... podría forzarme, violarme; pero había ya un algo de conocido. Ya había tenido experiencias con él. Había algo que me hacía conocerlo.
Me dirigió al interior del coche. Era negro, con los cristales ahumados. No se veía absolutamente nada desde fuera. Allí, aparcado, con las luces puesta, y los intermitentes parpadeantes.
SIn mediar palabra, me sentó bruscamente en el asiento trasero. Yo me dejaba hacer... no sé por qué, pero lo hacía... igual sabía que otra fuente de deseo me arrebataría.
Separó mis piernas, que apoyó en cada lado de los sillones delanteros, las ingles me dolían del esfuerzo que hacía. Acercó su rostro a mi pubis y lo lamió por encima del pantalón. La repentina sensación me hizo dar un pequeño brinco. Se incorporó y sin dejar de mirar mi sexo comenzó a m asturbarse de forma decidida. Yo lo miraba a los ojos. Esta vez él no lo hacía. Se limitaba a rozar su pene erecto con su mano y a concentrarse en esa parte de mi cuerpo. Se acercaba, y lorozaba y de nuevo seguía masturbándose cada vez más rápido. Mi vagina empezaba a tener pequeñas contracciones, mi clítoris a palpitar. El solo hecho de imaginarme que me rozaba con su pene, me hacía excitarme sobremanera. EMpecé a respirar y a contonear mis caderas. Eso parecía excitarlo más. Y a mi me excitaba más aún. Empezó a jadear intensamente y a hacer movimientos mucho más bruscos, emitía un pequeño gritito, que más parecía un gemido o un lamento... Y por fin me cubrió esa zona, y parte de mi ropa con su esperma. Con mi mano, froté las zonas donde había caido, embadurnando mi ropa con su semen.

Con una mirada que rozaba la obscenidad, lamió él mismo aquellas manchas. Sentir su lengua me hizo estremecerme de nuevo. Ardía en deseos de que, por fin, me quitara la ropa. Pero no lo hizo. Con el pene ligeramente flacido, se acercó a mi rostro, y rozó mis labios. Instintivamente saqué mi lengua, y sentí la suavidad del glande, la pequeña fisura, y el almizclado sabor. Rozó mis labios, mi mejilla, y yo lo buscaba con mi lengua. Se separó, y sin dejar de mirarme, quitó presurosamente el botón de mi pantalón y bajó la cremallera, introduciendo su mano, y acariciando torpemente mi sexo.
Me bajó el pantalón junto a las bragas. Me quitó un zapato, y así pudo sacarlos. El resto pendía de mi otra pierna. Me encontraba ahí, con las piuernas abiertas, mostrándole mi sexo en todo su esplendor, junto con sus latidos.
Se arrodilla ante mi y hunde su rostro en mí. Pasa su lengua salvajemente por mi vagina, introduciéndola en ella. Mi respiración se entrecorta. Luego juega con mi clítoris, con movimientos rápidos sobre él; movimientos libidinosos, que me hacían sentir ese pequeño cosquilleo en la garganta, y desear más y más. Introduce sus dedos en mi vagina, en ese momento palpitante, deseosa de ser penetrada. Hunde de nuevo su rostro en él, succiona mi clítoris, lo besa, lo muerde, lo lame... Alternando movimientos bruscos, rápidos; con suaves, lentos... Caricias con odio; pasión con ternura...
Siento de nuevo que el placer se cierne sobre mí, que el climax llega. Llega. Sube por mis pies, por mi rostro, por mis pechos. El calor se apodera de mí; su lengua lo siente y me lame más deprisa, más deseosa. Mi cuerpo se contonea, se contorsiona. Mis caderas se levantan, mi garganta exhala gritos huidizos. Sus dedos entran y salen con más rapidez, adivinando lo que se avecina. Siento el calor en mi sexo y cómo se dilata. La contracción de los músculos de mis piernas y el rubor de mis mejillas. Y por fin el placer, una oleada de intenso placer.
- ¡Más!- Grita él. Y más le doy yo. El extasis sigue subiendo, hago fuerza con mis genitales, para perpetuar el orgasmo. Veo como eyaculo, y él, sumergido en mi sexo que no deja de besar, bebe de mi fluido... y me sigue rogando más... Y lo que es eyaculación, se torna en micción, con el que él, agradecido, impregna su cara.
Esta vez no huí de él. Quizás el aplomo, quizás la confianza, me hizo seguir dentro de su coche. Esperando una reacción.
Aprendiendo a vivir con ello
Me he acercado a un videoclub y he alquilado películas porno. Me he dejado llevar por mi instinto, por el raciocinio. Me he cansado de estar luchando contra él; de estar luchando contra lo que soy y de lamentarme de mí misma. He decidido dejarme llevar por él. Por fin le ofrezco mi vida, mi mente, mi cuerpo, mi alma. Se lo doy todo y dejo mi destino en sus manos, cansada ya de esta pugna. Has ganado. Soy tuya.
Me senté en el sofá. Serían las once y media de la mañana. La luz de un sol resplandeciente entraba a través de los cristales cerrados del balcón. Las cortinas estaban completamente abiertas. Al frente más edificios en cuyas ventanas podías ver el movimiento de las casas. me senté frente al televisor después de haber introducido la película en el dvd. Primero los créditos, luego una horrible pantalla rosa con el nombre de la película.
Las primeras imágenes son de una detención de dos chicas con coletas y faldas muy cortas. SUs pechos exuberantes resaltan con diferencia del resto de la imagen. Del coche de policía se baja un agente fornido, rubio, con músculos que habla con ellas y les dice que han sido malas. Ellas lo toman a risa y comienzan (tras algunas palabras) a realizarle una felación.
La imagen cambia, y esta vez es una mujer bombero la que aparece, porque hay un incendio. Entra a una nave, erpo descubre que no ha sucedido nada. Se detiene y... no se sabe cómo ni por qué, comienza a excitarse sobremanera. Se desprende de su uniforme de bombero, se arrodilla y comienza a tocarse.
La observo. Observo cómo se da placer y mira de forma lasciva a la cámara. Se introduce los dedos y se procura rozar el clítoris. Me empatizo con ella, y comienzo a tocarme por encima del pijama apretando mi mano contra mi sexo. La luz que entra por la ventana me hace entornar los ojos.
Sigo observando la imagen. Y empiezo a excitarme al verla a ella... Y dejo que mi mente vuele... Y, de repente, ella sale de la pantalla y está frente a mí. Se acerca y se sienta delante de mí, y sigue masturbándose mientras se incorpora ligeramente para poder verme.
Sigo tocándome pero ya empiezan a molestarme mis bragas. Por lo que introduzco la mano dentro de ellas, para sentir y palpar con mayor facilidad mi húmedo sexo.
Ella se incorpora y se acerca a mí. Introduce sus dedos en mi sexo, que yo agradezco con un respingo. Tengo frente a mí sus operados pechos y muy cerca sus pezones. Tomo uno de ellos en mi boca. Y succiono, sintiendo su tacto rugoso. Subo a sus labios y los beso suavemente.
Las bragas me molestan demasiado. Me siento en el suelo y me quito el pantalón. Siento en mis nalgas el frío terrazo. Abro mis piernas, para tener mayor acceso al clítoris. Ensalvio mis dedos y comienzo a manipularme y a sentir mayor placer.
Ella se acerca a mí, la veo que se agacha y me da un lametón en mi vulva. Se ayuda de una mano y me separa los labios para rozar con su lengua. La introduce en la vagina y juguetea con la zona de la uretra.
Necesito introducir algo. la estimulación del clítoris, de alguna manera me hace desear un pene dentro de mí, o algo que tenga su misma forma. Siento una ansiedad desmedida. Necesito que algo penetre en mí. Comienzo a mover mis caderas, a modo de penetración. Una especie de desesperación se cierne sobre mí. El placer está aumentando cada vez más. Comienzo a jadear y a sentir que se hincha de sangre mi sexo, y a expeler un refrescante sudor. Me sigo tocando el clítoris unas veces más rápido, otras veces más lento, y parándome de vez en cuando para tomar aire y para ensalivarme aún más los dedos.
Tengo su vulva en mi boca. Esto acariciando con mi lengua la piel suave que la rodea. La abro con mis manos y juego con su clítoris, mientras introduzco dos dedos en su vagina, sintiéndola húmeda. Ella hace lo propio conmigo, y me hace dar respingo. Lo hace bien. Sabe lo que hace. Aprieto su cabeza contra mi sexo. Mis dedos se enredan entre su rubio pelo...
De nuevoo me inhunda la ola. Me miro y veo cómo un líquido blanquecino sale de la uretra con cierta potencia. Cuando me incorporo, todo está húmedo y de la vagina también hay fluidos...
Me incorporé después de eso. Cogí la fregona y recogí todo. Me sequé con una toalla y oriné.
Saqué la película y miré el reloj. Aún quedaban cinco días para volver a verlo. Aquella noche del coche simplemente, cuando terminó, se incorporó. Se sentó en su sitio de conductor y me pidió que bajara, y que dentro de una semana estuviera lista; me prepararía una sorpresa.





