Viajes: San Petersburgo - Rusia
San Petersburgo es la ventana por la que Rusia se asoma a Europa.
De los tres nombres (Petrogrado, Leningrado, San Petersburgo) por los que se conoció la ciudad fundada por Pedro el Grande en 1703, a orillas de la desembocadura del río Neva en el Golfo de Finlandia, fue con el tercero con el que se convirtió en un mito de la gran novela rusa.
Si se llega a San Petersburgo en verano sus noches blancas, consecuencia de las cercanía del Círculo Polar, harán difícil saber si es de día o es de noche. El truco es mirar los puentes de la ciudad que durante la noche se elevan para que circulen los barcos.
Para recordar a los grandes escritores rusos permanecen abiertas las casas-museo de algunos de ellos, como la de Dostoievski o la de Pushkin.
San Petersburgo siempre fue la joya más preciada de Rusia, su única comunicación con Europa por vía marítima y vía de entrada de todo tipo de influencias.
En 1837, Alexandr Serguéievich Pushkin fue mortalmente herido en un duelo en las calles de la ciudad.
Durante 12 años se prolongaron los trabajos de la gigantesca estatua de Pedro el Grande, que preside la Plaza de los Decembristas.
“Todo es falso”, pensaba Nikolái Gógol de las grandezas y miserias de los nobles y burgueses que paseaban por la Avenida Nevsky en sus críticos ‘Cuentos petersburgueses’.
Entre los muchos estrenos que tuvieron lugar en el Teatro Alexandrisky, algunos quedaron para la posteridad, como aquel en el que el dramaturgo Antón Chéjov, enfermo de tuberculosis, se vio obligado, por la mala repercusión de la obra que presentaba –‘La Gaviota’- a abandonar el teatro rápidamente y salir a las calles nevadas de la ciudad sin su abrigo.
San Petesburgo es a Fiódor Dostoievski lo que París a Balzac. Llegó a la ciudad (cuando aún se lloraba a Pushkin) para su ingreso en la Escuela de Ingeniería Militar del Castillo de Mijailovski, edificación que todavía existe.
Se pueden recorrer las calles en las que Marmelládov muere atropellado y se suicida Svidrigáilov, cerca de la Plaza de la Paz, principal escenario de 'Crimen y castigo' (1866). La visita a la casa en la que murió el escritor y a su tumba, en el monasterio Nevski, completan el paseo mínimo para el lector de Dostoievski.
La fortaleza de Pedro y Pablo, donde Dostoievski fue confinado en 1849 por leer una carta en la que Belinski le reprochaba a Gógol sus apologías del zarismo todavía se alza a orillas del Neva, como cuando eran recluidos en ella los revolucionarios. Dostoievski salió de allí ocho meses después para enfrentarse a un pelotón de fusilamiento. Fue indultado en el lugar de la ejecución.
Stefan Zweig, en sus 'Momentos estelares de la humanidad', habría de imaginar así aquel instante en que la plaza Semenovsk pudo ser testigo de la ejecución de Dostoievski:
"Una manzana de casas,/ de techos bajos y con sucia escarcha,/ rodea una plaza de oscuridad y nieve./ (...) Un teniente lee la sentencia: "Muerte por traición. Con pólvora y con plomo".
De los tres nombres (Petrogrado, Leningrado, San Petersburgo) por los que se conoció la ciudad fundada por Pedro el Grande en 1703, a orillas de la desembocadura del río Neva en el Golfo de Finlandia, fue con el tercero con el que se convirtió en un mito de la gran novela rusa.
Si se llega a San Petersburgo en verano sus noches blancas, consecuencia de las cercanía del Círculo Polar, harán difícil saber si es de día o es de noche. El truco es mirar los puentes de la ciudad que durante la noche se elevan para que circulen los barcos.Para recordar a los grandes escritores rusos permanecen abiertas las casas-museo de algunos de ellos, como la de Dostoievski o la de Pushkin.
San Petersburgo siempre fue la joya más preciada de Rusia, su única comunicación con Europa por vía marítima y vía de entrada de todo tipo de influencias.
En 1837, Alexandr Serguéievich Pushkin fue mortalmente herido en un duelo en las calles de la ciudad.
Durante 12 años se prolongaron los trabajos de la gigantesca estatua de Pedro el Grande, que preside la Plaza de los Decembristas.“Todo es falso”, pensaba Nikolái Gógol de las grandezas y miserias de los nobles y burgueses que paseaban por la Avenida Nevsky en sus críticos ‘Cuentos petersburgueses’.
Entre los muchos estrenos que tuvieron lugar en el Teatro Alexandrisky, algunos quedaron para la posteridad, como aquel en el que el dramaturgo Antón Chéjov, enfermo de tuberculosis, se vio obligado, por la mala repercusión de la obra que presentaba –‘La Gaviota’- a abandonar el teatro rápidamente y salir a las calles nevadas de la ciudad sin su abrigo.
San Petesburgo es a Fiódor Dostoievski lo que París a Balzac. Llegó a la ciudad (cuando aún se lloraba a Pushkin) para su ingreso en la Escuela de Ingeniería Militar del Castillo de Mijailovski, edificación que todavía existe.
Se pueden recorrer las calles en las que Marmelládov muere atropellado y se suicida Svidrigáilov, cerca de la Plaza de la Paz, principal escenario de 'Crimen y castigo' (1866). La visita a la casa en la que murió el escritor y a su tumba, en el monasterio Nevski, completan el paseo mínimo para el lector de Dostoievski.
La fortaleza de Pedro y Pablo, donde Dostoievski fue confinado en 1849 por leer una carta en la que Belinski le reprochaba a Gógol sus apologías del zarismo todavía se alza a orillas del Neva, como cuando eran recluidos en ella los revolucionarios. Dostoievski salió de allí ocho meses después para enfrentarse a un pelotón de fusilamiento. Fue indultado en el lugar de la ejecución.
Stefan Zweig, en sus 'Momentos estelares de la humanidad', habría de imaginar así aquel instante en que la plaza Semenovsk pudo ser testigo de la ejecución de Dostoievski:
"Una manzana de casas,/ de techos bajos y con sucia escarcha,/ rodea una plaza de oscuridad y nieve./ (...) Un teniente lee la sentencia: "Muerte por traición. Con pólvora y con plomo".
