Historias de Viajes: Koh-i-noor - India
El Koh-i-noor (Montaña de luz) es un fabuloso diamante de 108 quilates que, actualmente, forma parte de las joyas de la corona británica.
El origen de esta piedra está envuelto en el misterio. Pasando de un soberano a otro, por conquista o por desventura, fue heredado hasta llegar al emperador indio Yahan (quien erigió el mausoleo Taj Mahal - siglo XVII - en memoria de su esposa). Para ese entonces se creía que el poseedor de la gema "gobernaría al mundo". Pero en 1739 el Sha de Persia, Nadir, fue su nuevo propietario usurpando el trono de Yahan.
Cuenta la leyenda que el derrotado emperador escondió el diamante en su tocado y el sagaz Nadir al enterarse, se valió de la costumbre oriental de intercambiar los turbantes. Invitó a Yahan y éste, sin posibilidad de rehusarse, comenzó a desenvolver el turbante, dejando al descubierto la extraordinaria gema, que cayó al suelo. Nadir, al verla, gritó: "KOH-I-NOOR", que significa "Montaña de Luz".
El diamante, símbolo del poder de un imperio, fue reclamado por Pakistán, Irán y la India. Muchos de sus postores, sin embargo, fueron sorprendidos por un dramático final ya que, desde el siglo XIV, esta piedra estuvo vinculada al asesinato y la barbarie. Por eso, transcendió a lo largo de los años que mientras la “Montaña de Luz” daba buena suerte a las mujeres, a sus propietarios varones los hacía infelices.
Tras derrotar al Sha Nadir, Lord Dalhousie (East India Company) se hizo, en 1849, con la fascinante piedra y escribió en una de sus cartas a la reina Victoria: “El Koh-i-Noor puede ser recordado como un símbolo histórico de la sumisión india al dominio imperial inglés y al gobernador general le encantaría que la piedra descansara en su corona real”.
Sin embargo, tan supersticiosa era la reina Victoria, que durante su gobierno la gema fue expuesta en el Gran Palacio de Cristal, en Londres, y a su muerte dejó escrito en su testamento que jamás pasara a manos de un Rey.
Años después, el diamante Koh-i-Noor se convirtió en la piedra central de la corona de la reina Mary.
El origen de esta piedra está envuelto en el misterio. Pasando de un soberano a otro, por conquista o por desventura, fue heredado hasta llegar al emperador indio Yahan (quien erigió el mausoleo Taj Mahal - siglo XVII - en memoria de su esposa). Para ese entonces se creía que el poseedor de la gema "gobernaría al mundo". Pero en 1739 el Sha de Persia, Nadir, fue su nuevo propietario usurpando el trono de Yahan.
Cuenta la leyenda que el derrotado emperador escondió el diamante en su tocado y el sagaz Nadir al enterarse, se valió de la costumbre oriental de intercambiar los turbantes. Invitó a Yahan y éste, sin posibilidad de rehusarse, comenzó a desenvolver el turbante, dejando al descubierto la extraordinaria gema, que cayó al suelo. Nadir, al verla, gritó: "KOH-I-NOOR", que significa "Montaña de Luz".
El diamante, símbolo del poder de un imperio, fue reclamado por Pakistán, Irán y la India. Muchos de sus postores, sin embargo, fueron sorprendidos por un dramático final ya que, desde el siglo XIV, esta piedra estuvo vinculada al asesinato y la barbarie. Por eso, transcendió a lo largo de los años que mientras la “Montaña de Luz” daba buena suerte a las mujeres, a sus propietarios varones los hacía infelices.
Tras derrotar al Sha Nadir, Lord Dalhousie (East India Company) se hizo, en 1849, con la fascinante piedra y escribió en una de sus cartas a la reina Victoria: “El Koh-i-Noor puede ser recordado como un símbolo histórico de la sumisión india al dominio imperial inglés y al gobernador general le encantaría que la piedra descansara en su corona real”. Sin embargo, tan supersticiosa era la reina Victoria, que durante su gobierno la gema fue expuesta en el Gran Palacio de Cristal, en Londres, y a su muerte dejó escrito en su testamento que jamás pasara a manos de un Rey.
Años después, el diamante Koh-i-Noor se convirtió en la piedra central de la corona de la reina Mary.






