Síndrome de Stendhal
El arte debe consumirse con moderación. A esa conclusión lleva la experiencia del novelista francés Stendhal (1783-1842) quien, al visitar Florencia (Italia) en 1817, salió de la iglesia de la Santa Croce sumamente conmovido:
“Fui presa de una suerte de éxtasis ante la idea de estar en Florencia y en compañía de los grandes hombres cuyas tumbas acababa de ver. Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba por así decirlo. Alcancé ese estado de emoción en el que las sensaciones deliciosas que procura el arte se asemejan a sentimientos apasionados. Al dejar la Santa Croce, se aceleraron los latidos de mi corazón; sentí que perdía la vida, al caminar tenía miedo de desplomarme.”
Se define este síndrome como “la situación anímica que se produce al observar obras de belleza impresionante en un corto espacio de tiempo y acumuladas en una ciudad.”
Ésta es la primera descripción de lo que la psiquiatra florentina Graziella Magherini llamó el “Síndrome de Stendhal”. Los síntomas pueden incluir vahídos, pérdida del sentido de identidad y de orientación, depresión e incluso agotamiento físico. Al parecer, esta dosis excesiva de cultura, para la cual el único remedio es el reposo, afecta anualmente a decenas de turistas extranjeros en Florencia. Según Magherini los ingredientes son “una personalidad impresionable, el estrés del viaje y el descubrimiento de una ciudad como Florencia, donde se siente la presencia de fantasmas de grandes hombres, la muerte y la perspectiva histórica.”
Stendhal y su situación psicosomática sirvieron como línea argumental para la película “El Síndrome de Stendhal” (1996) del italiano Darío Argento, con su hija Asia en uno de los roles protagónicos.
Marie-Henri Beyle, uno de los principales novelistas franceses del siglo XIX, firmó sus obras con el seudónimo Stendhal. Registró sus impresiones como viajero en el libro: “Roma, Nápoles y Florencia” (1817). Sus dos novelas más importantes fueron: “Rojo y negro” (1830) y “La cartuja de Parma” (1839).
Magherini demostró que el contacto con obras maestras puede hacer resurgir experiencias emocionales y ahondar en el conocimiento de uno mismo. No olvidemos que los viajes más largos son, y serán siempre, los que se hacen en la mente.
“Fui presa de una suerte de éxtasis ante la idea de estar en Florencia y en compañía de los grandes hombres cuyas tumbas acababa de ver. Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba por así decirlo. Alcancé ese estado de emoción en el que las sensaciones deliciosas que procura el arte se asemejan a sentimientos apasionados. Al dejar la Santa Croce, se aceleraron los latidos de mi corazón; sentí que perdía la vida, al caminar tenía miedo de desplomarme.”Se define este síndrome como “la situación anímica que se produce al observar obras de belleza impresionante en un corto espacio de tiempo y acumuladas en una ciudad.”
Ésta es la primera descripción de lo que la psiquiatra florentina Graziella Magherini llamó el “Síndrome de Stendhal”. Los síntomas pueden incluir vahídos, pérdida del sentido de identidad y de orientación, depresión e incluso agotamiento físico. Al parecer, esta dosis excesiva de cultura, para la cual el único remedio es el reposo, afecta anualmente a decenas de turistas extranjeros en Florencia. Según Magherini los ingredientes son “una personalidad impresionable, el estrés del viaje y el descubrimiento de una ciudad como Florencia, donde se siente la presencia de fantasmas de grandes hombres, la muerte y la perspectiva histórica.”
Stendhal y su situación psicosomática sirvieron como línea argumental para la película “El Síndrome de Stendhal” (1996) del italiano Darío Argento, con su hija Asia en uno de los roles protagónicos.
Marie-Henri Beyle, uno de los principales novelistas franceses del siglo XIX, firmó sus obras con el seudónimo Stendhal. Registró sus impresiones como viajero en el libro: “Roma, Nápoles y Florencia” (1817). Sus dos novelas más importantes fueron: “Rojo y negro” (1830) y “La cartuja de Parma” (1839).Magherini demostró que el contacto con obras maestras puede hacer resurgir experiencias emocionales y ahondar en el conocimiento de uno mismo. No olvidemos que los viajes más largos son, y serán siempre, los que se hacen en la mente.
Comentario:
Información adecuada del síndrome, estoy por dar el tema en una conferencia y aprovecharé mi experiencia en Italia, aunque no lo presenté sí regresé pleno de arte.
Gracias, y si fuera posible me enviaran resultados de las investigaciones. Saludos desde México
Gracias, y si fuera posible me enviaran resultados de las investigaciones. Saludos desde México






