"Confieso que he vivido" - Pablo Neruda - Escritor chileno (1904-1973)
"El trabajo de los escritores, digo yo, tiene mucho de común con el de aquellos pescadores árticos. El escritor tiene que buscar el río y, si lo encuentra helado, necesita perforar el hielo. Debe derrochar paciencia, soportar la temperatura y la crítica adversa, desafiar el ridículo, buscar la corriente profunda, lanzar el anzuelo justo, y después de tantos y tantos trabajos sacar un pescadito pequeñito. Pero debe volver a pescar, contra el frío, contra el hielo, contra el agua, contra el crítico, hasta recoger cada vez una pesca mayor."
"Pero, qué maravilla es haber estado en Ulan Bator! Más para mí que vivo en los bellos nombres. Vivo en ellos como en mansiones de sueño que me estuvieran destinadas. Así he vivido, gozando de cada sílaba, en el nombre de Singapur, en el de Samarcanda. Deseo que cuando me muera me entierren en un nombre, en un sonoro nombre bien escogido, para que sus sílabas canten sobre mis huesos, cerca del mar."
"Desde Topolobambo en Sinaloa, bajé por esos nombres hemisféricos, ásperos nombres que los dioses dejaron de herencia a México cuando en su territorio entraron a mandar los hombres, menos crueles que los dioses.""Volví reconfortado al hotel, me senté en la verandah de mi bungalow con papel de escribir y mi mangosta encima de la mesa, y decidí enviar un telegrama al gobierno de Chile. Me faltaba la tinta. Entonces fue cuando llamé al “boy” del hotel y le pedí en inglés ink, para que me trajera un tintero. No dio el menor signo de comprensión. Se limitó a llamar a otro boy, tan vestido de blanco y tan descalzo como él, para que lo ayudara a interpretar mis enigmáticos deseos. No había nada que hacer. Cuando yo decía ink y movía mi lápiz mojándolo e un tintero imaginario, los siete u ocho boys que se habían reunido para asesorar al primero, repetían al unísono mi maniobra con un lápiz que sacaban de sus faltriqueras, y exclamaban con ímpetu: ink, ink, muertos de risa. Les parecía un nuevo rito que estaban aprendiendo. Desesperado me lancé hasta el bungalow fronterizo, seguido por la retahíla de servidores vestidos de blanco. De una mesa solitaria tome un tintero que allí estaba por milagro y, blandiéndolo ante sus ojos asombrados, les grite:
-¡This! ¡This!
Entonces todos sonrieron y dijeron a coro:
-¡Tinta! ¡Tinta!
Así supe que la tinta se llama “tinta” en malayo."
"Si los poetas contestaran de verdad a las encuestas largarían el secreto: no hay nada tan hermoso como perder el tiempo. Cada uno tiene su estilo para ese antiguo afán."
"Siempre me preguntaban, especialmente los periodistas, qué obra estoy escribiendo, que cosa estoy haciendo. Siempre me ha sorprendido esta pregunta por lo superficial. Porque la verdad es que siempre estoy haciendo lo mismo. Nunca he dejado de hacer lo mismo. Poesía?
Me enteré mucho después de estar haciéndolo, que lo que yo escribía se llamaba poesía. Nunca he tenido interés en las definiciones, en las etiquetas. Me aburren a muerte las discusiones estéticas. No disminuyo a quienes las sustentan, sino que me siento ajeno tanto a la partida de nacimiento como al post-mortem de la creación literaria. “Que nada exterior llegue a mandar a mí.”, dijo Walt Whitman. Y la parafernalia de la literatura, con todos sus méritos, no debe sustituir a la desnuda creación."






