Viajes: Puente de Carlos IV - Praga, República Checa
Se ha dicho que este puente es uno de los más bellos del mundo. Y es más que una armónica mezcla de argamasa y piedra que une las dos orillas del Moldava: este puente conecta la más profunda historia de los checos con el universo. Poseído por una melancolía compacta, este puente se extiende más allá de sus 500 metros para cubrir una longitud infinita del espacio y del tiempo colmada de millones de pasos, de gestas, de leyendas, de santos y pecadores.

Durante el reinado de Carlos IV (1347-1378), Praga llegó a ser uno de los focos culturales más importantes de Europa. Los vastos planes de urbanización incluyeron la construcción de un nuevo puente para reemplazar al Judit, destruido en 1342 por una inundación del Moldava. El Puente de Carlos IV conecta los barrios de Stare Mesto y Malá Strana.
Cantidad de estatuas: 30
Columnas: 16
Longitud: 515 metros
Ancho: 10 metros
La obra fue encargada en 1357 al arquitecto Peter Parler que la construyó con bloques de piedra de arenisca y, según se cuenta, le agregó huevos y vino a la argamasa para darle más fortaleza.
El Puente de Carlos (Karluv Most), llamado así desde 1870, permitía el paso de cuatro carruajes en línea y hoy, el de miles de peatones admirados. Una cruz muy sencilla era su única decoración; las estatuas llegaron después.
Las torres góticas, en cambio, son parte del diseño original. Son magníficos edificios en sí mismos, y no simples remates del puente.
El conjunto que se arma con el Moldava y sus cisnes, las colinas del castillo, las cúspides de iglesias y palacios –de espaldas a Malá Strana- y el retazo de Stare Mesto con sus bellos edificios históricos no estaban en los planos del arquitecto. Tampoco las 30 esculturas que se agregaron con los siglos. La primera se colocó en 1683 y con la forma de grandes escultores –como Braun y Brokof- nacieron algunas de la sestatuas que, enmtre 1706 y 1714, decoraron casi la tiotalidad del puente. La última se colocó en 1938. La mayorái de ellas son copias porque las obras originales están en el Museo Nacional de Praga para preservarlas del deterioro.
El puente se convirtió en epicentro de la historia de la ciudad. Desde la torre de Stare Mesto se exhibieron en 1621 las cabezas de 10 nobles protestantes y en 1648, sobre sus adoquines, se firmó la ansiada tregua de la Guerra de los Treinta Años.
Su presente es más apacible. Nadie lo considera un medio. Se visita y se contempla como si fuera un museo al aire libre o un barrio precioso.

Durante el reinado de Carlos IV (1347-1378), Praga llegó a ser uno de los focos culturales más importantes de Europa. Los vastos planes de urbanización incluyeron la construcción de un nuevo puente para reemplazar al Judit, destruido en 1342 por una inundación del Moldava. El Puente de Carlos IV conecta los barrios de Stare Mesto y Malá Strana.
Cantidad de estatuas: 30
Columnas: 16
Longitud: 515 metros
Ancho: 10 metros
La obra fue encargada en 1357 al arquitecto Peter Parler que la construyó con bloques de piedra de arenisca y, según se cuenta, le agregó huevos y vino a la argamasa para darle más fortaleza.
El Puente de Carlos (Karluv Most), llamado así desde 1870, permitía el paso de cuatro carruajes en línea y hoy, el de miles de peatones admirados. Una cruz muy sencilla era su única decoración; las estatuas llegaron después.
Las torres góticas, en cambio, son parte del diseño original. Son magníficos edificios en sí mismos, y no simples remates del puente.
El conjunto que se arma con el Moldava y sus cisnes, las colinas del castillo, las cúspides de iglesias y palacios –de espaldas a Malá Strana- y el retazo de Stare Mesto con sus bellos edificios históricos no estaban en los planos del arquitecto. Tampoco las 30 esculturas que se agregaron con los siglos. La primera se colocó en 1683 y con la forma de grandes escultores –como Braun y Brokof- nacieron algunas de la sestatuas que, enmtre 1706 y 1714, decoraron casi la tiotalidad del puente. La última se colocó en 1938. La mayorái de ellas son copias porque las obras originales están en el Museo Nacional de Praga para preservarlas del deterioro.
El puente se convirtió en epicentro de la historia de la ciudad. Desde la torre de Stare Mesto se exhibieron en 1621 las cabezas de 10 nobles protestantes y en 1648, sobre sus adoquines, se firmó la ansiada tregua de la Guerra de los Treinta Años.
Su presente es más apacible. Nadie lo considera un medio. Se visita y se contempla como si fuera un museo al aire libre o un barrio precioso.






