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LibroAbierto
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Pentagramas, óleos, palabras, pinceles, acordes, brújulas, recuerdos, ilusiones, música, silencios...
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Borges - Bioy: confesiones,confesiones - Rodolfo Braceli - Escritor y periodista argentino (1940)
Para la construcción de su libro, Rodolfo Braceli utilizó únicamente entrevistas periodísticas propias, que se iniciaron con Jorge Luis Borges, en octubre de 1965, y que se prolongaron con Adolfo Bioy Casares, hasta octubre de 1996. A lo largo de treinta años, sus encuentros con los dos escritores fueron más de veinte.

-Borges... ¿Alguna vez lloró en voz alta en la Biblioteca tan absolutamente negada a sus ojos?
-¿Por qué me pregunta eso?
-No sé, se me ocurrió…
-Me obliga a una respuesta demasiado íntima, cercana a la confesión.
-De todas maneras, con esto que me acaba de decir, ya inició la confesión de su intimidad.
-Sin duda. Qué voy a hacerle… Sí, lloré como usted dice, en voz alta… Pero fui afortunado porque ese día llovía torrencialmente.
-Y la lluvia lo consoló.
-No, el sonido numeroso de la lluvia disimuló mi lamento, disipó mi llanto en medio del temporal.



-Borges, dígame: ¿qué es Bioy para usted?
-Bioy es la clase de personas queridas que, si un día nos faltan, el dolor se vuelve insoportable. Tan insoportable como el dolor por la falta de un padre, de una madre, de un hermano… Por suerte yo no tendré esa clase de dolor. Me iré de la vida mucho antes que él por haber tenido la precaución de nacer también mucho antes. Tengo que admitirlo, he sido un hombre afortunado en varios aspectos: por un lado, al haber nacido antes me iré antes y no sufriré el dolor de ciertas ausencias, como la de Bioy. Por otro lado, mi ceguera me ha beneficiado: no veré envejecer a ciertos rostros queridos.

-Hablábamos de la posible atracción de los cuartos oscuros. ¿No tendrá que ver, en su caso, con los otros cuartos oscuros, los del amor?
-No lo descarto. Pero debo confesarle que no elegiría la oscuridad cuando uno tiene la suerte de tener entre los brazos a una mujer linda. Es tan agradable verla… Ahora ya no me acuerdo de una época en la que pasaba todo el día en uno de esos cuartos oscuros. Cuando salía a la calle tenía una sensación muy rara, como que yo me había olvidado de que el mundo seguía andando.
-Al salir de esos fragorosos paréntesis, Bioy, es cuando uno se pregunta: ¿cómo es posible que haya tantos millones que no están haciéndose el amor?
-Es cierto. Haciéndose el amor. Como correspondería. Nos distraemos en cosas menos gratas.

-Dicen, Bioy, que en el amor y en la vida lo que importa es ser porfiados.
-Desgraciadamente esa porfía al final no sirve de nada. La muerte siempre llega. Y aunque le digan a uno que va a vivir hasta los 105 años, es tan espantosa…
-Mario Benedetti el otro día me decía que siempre debemos estar enojados con la muerte, por lo menos para no merecerla.
-Le doy la razón a Benedetti.
-Borges, en cambio, solía decir que esperaba la muerte con esperanza.
-Eso decía. Y era el motivo de una de las pocas peleas que teníamos con él. Yo siempre le objetaba que no podía opinar eso. A mí no me gustaba nada oírlo.
-¿Borges hablaba en serio o se trataba de otra de sus zancadillas para, digamos…
-…asombrar al burgués? No, no creo que fuera para eso; pero podría ser que hablara así por el hábito del juego de su inteligencia: a él le gustaba sorprender a su interlocutor.



-Nadie adelante, nadie a los costados, nadie atrás.
-Nadie. Pero uno se empeña en seguir.
-Digamos, Bioy, que hace frío, frío de seres queridos en el mundo.
-Qué le parece. Es un frío que nada puede atemperar.
-Diciéndolo desde un poema, ¿cómo hacer, Bioy, para que el sol no nos pierda la memoria?
-Sí, cómo hacer para que el sol no nos pierda la memoria. Yo no lo sé. Apenas sé que ahora me voy a almorzar. Iré, como siempre, a Lola o a Happening.
-¿Qué comerá? ¿Con quién irá?
-Tal vez pida una mousse de espárragos y un bife. No soy demasiado imaginativo con la comida. Y no sé con quién comeré. Pero seguro que me acompañará el negro.
-¿Un amigo?
-No. Así lo llamo cariñosamente a mi bastón…

-¿Por qué será, Borges, que se lleva tan mal con los espejos?
-Tal vez porque multiplican un mundo que debiera ser abreviado.

Bioy (…) quería invitarlo a que mire bien hacia atrás en su vida, para ver qué imagen remota rescata.
-Tal vez esto que ahora le digo ya se lo dije, no sé. Pero me gustará repetirlo, al fin de cuentas uno cada vez que toma un vaso de agua lo disfruta por primera vez, ¿no? En lo más remoto de mi vida tengo la idea de estar mirando la luna con mis padres, en Rincón Viejo. Me decían que había una persona con un burrito, en la luna…
-Y para sus ojos, ¿había una persona?
-Pero claro que la había. Al menos yo creí verla.
-Y ahora, cuando mira la luna, ¿qué ve?
-Ya adulto, para mí lo del burrito en la luna no está desmentido.

-Me alegra, me sorprende un poco escuchar esto de sus labios, Borges. Entonces no era cierto que el futuro no lo preocupa.
-Lo cierto es que mi preocupación de nada sirve. Yo puedo ahora blasfemar contra el desmedido cuello de la jirafa, pero eso no modificará a la jirafa.

Borges explica por qué no escribió y casi no leyó novelas: He fracasado en eso. Me resulta ingrato. Entrar en una novela es como entrar en una habitación llena de desconocidos que a uno se los van presentando…


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