“El que tiene sed” > Abelardo Castillo > Escritor argentino > 1935
“Querías estudiar medicina para ayudar a los hombres, repito tu estilo, y yo te aseguraba que cuando le tuvieras que cortar una oreja a un finado, en la morgue, te ibas a pasar a Humanidades. Tenías mirada de trotskista. Y vos respondías que, por el momento, lo único que querías era poner la luna entre dos rebanadas de pan, y comértela.”
“Se frotaba el hocico con esa minuciosa pulcritud de gato que tienen las moscas.”
“Quiero decir que no hay ningún motivo para interrumpir esta natural discusión, que es casi una ceremonia, un ejercicio del espíritu, un juego, digamos, entre una pareja a la que los años (¿cuatro?, van cuatro años, ¿no?) ya le dan cierto derecho a estar hartos el uno del otro, de vez en cuando, sin que mañana deje de salir el Sol y sin necesidad de que alguno de los dos sea alcohólico. Me gusta ese gesto, el de hace un segundo. Vos, toda entera, me gustás hasta la pornografía cuando te alterás como hace un momento, y no cuando sos perfecta y ecuánime e inglesa del Ejército de Salvación,
si me entendés lo que te quiero decir.”
“Llevaba también una antigua y hermosa corbata ritual, su amuleto, cuyo único adorno algo llamativo
y quizá extemporáneo era un rojo caballito de mar, símbolo del amor eterno (¿o de la fidelidad?, ¿o de la felicidad?, ¿o las tres cosas son la misma, o dan lo mismo, por aquello de la Luna, nueve años luz más cercana que Sirio pero igual de inalcanzable?)”
“Debo de parecer un bombardeado del Guernica de Picasso… (…) Vio su cara en el espejo del botiquín. Muy bien, no era un espectáculo reconfortante, pero tampoco era el último daguerrotipo de Poe.”
“…el corazón que bombea hasta que los oídos estallan, o palpita tan tenuemente que es como deslizarse por una escalera afelpada hacia la muerte…”
“¿Qué es la felicidad? Nada. Una palabra para designar algo que siempre ocurre en el pasado y, como siempre ocurre en el pasado, resulta que nunca ocurrió. Vale decir, no existe. Dos, el amor. El amor sí existe. Es una catástrofe, una calamidad, una peste letal como el cólera morbo. Es raro, eso sí. Es raro y monstruoso como el genio, y como él desdichado, condenado al dolor. (…) La esperanza. Muy bien. Al revés de la felicidad la esperanza sí existe. Existe porque está en el futuro, y si eso no lo dijo Pascal, debió decirlo.”
“Tan vacía como su cabeza, ahí estaba, en la plenitud de su estupidez, con ese aire de absoluta injustificación, de sobra, que tienen siempre los envases vacíos, las latas, las botellas, sobre todo las botellas; con el agravante de que las botellas, al menos para Esteban, al menos en días como hoy,
causaban también un insoportable efecto de desolación, de cosa incompleta, como el que produce un guante abandonado. No dos, pensó. Un solo guante, sin su mano y sin su par. O esos enigmáticos zapatos sin compañero que uno sólo descubre de noche y que, por alguna nocturna razón incomprensible, casi siempre son de mujer, idea que volvió a ponerlo al borde del llanto (…) lo que realmente sentía es que un zapato, un solo zapato abandonado en la noche, un zapato de mujer, si está de pie, es casi un objeto de horror puro. Un zapato de mujer, de pie en la tiniebla de una vereda desierta.”
“…y sobre el arte, esa borrachera de la cultura…”
“Es, por decirlo así, una locura lúcida. Como el arte. En cuanto al terror, si se me permite la expresión, es de carácter metafísico. No da miedo el monstruo, sino la certeza de que, aun no existiendo, se lo ve y se lo siente. En definitiva, caballeros, lo peor del delirium tremens es su nombre.”
“…su portafolio de material sintético, negro estuche de su alma…”
“-Profesor Espósito fue susurrado en su oreja. Se dio vuelta con rapidez. No le gustaba la gente furtiva, la gente que se acerca en silencio sobre alfombras.”
“No me atrevo a emplear la palabra tiempo porque hace pensar en años, incluso en días. Y a su edad, hija querida, los minutos son etapas geológicas.”
“Se frotaba el hocico con esa minuciosa pulcritud de gato que tienen las moscas.”
“Quiero decir que no hay ningún motivo para interrumpir esta natural discusión, que es casi una ceremonia, un ejercicio del espíritu, un juego, digamos, entre una pareja a la que los años (¿cuatro?, van cuatro años, ¿no?) ya le dan cierto derecho a estar hartos el uno del otro, de vez en cuando, sin que mañana deje de salir el Sol y sin necesidad de que alguno de los dos sea alcohólico. Me gusta ese gesto, el de hace un segundo. Vos, toda entera, me gustás hasta la pornografía cuando te alterás como hace un momento, y no cuando sos perfecta y ecuánime e inglesa del Ejército de Salvación,
si me entendés lo que te quiero decir.”
“Llevaba también una antigua y hermosa corbata ritual, su amuleto, cuyo único adorno algo llamativo
y quizá extemporáneo era un rojo caballito de mar, símbolo del amor eterno (¿o de la fidelidad?, ¿o de la felicidad?, ¿o las tres cosas son la misma, o dan lo mismo, por aquello de la Luna, nueve años luz más cercana que Sirio pero igual de inalcanzable?)”
“Debo de parecer un bombardeado del Guernica de Picasso… (…) Vio su cara en el espejo del botiquín. Muy bien, no era un espectáculo reconfortante, pero tampoco era el último daguerrotipo de Poe.”
“…el corazón que bombea hasta que los oídos estallan, o palpita tan tenuemente que es como deslizarse por una escalera afelpada hacia la muerte…”
“¿Qué es la felicidad? Nada. Una palabra para designar algo que siempre ocurre en el pasado y, como siempre ocurre en el pasado, resulta que nunca ocurrió. Vale decir, no existe. Dos, el amor. El amor sí existe. Es una catástrofe, una calamidad, una peste letal como el cólera morbo. Es raro, eso sí. Es raro y monstruoso como el genio, y como él desdichado, condenado al dolor. (…) La esperanza. Muy bien. Al revés de la felicidad la esperanza sí existe. Existe porque está en el futuro, y si eso no lo dijo Pascal, debió decirlo.”“Tan vacía como su cabeza, ahí estaba, en la plenitud de su estupidez, con ese aire de absoluta injustificación, de sobra, que tienen siempre los envases vacíos, las latas, las botellas, sobre todo las botellas; con el agravante de que las botellas, al menos para Esteban, al menos en días como hoy,
causaban también un insoportable efecto de desolación, de cosa incompleta, como el que produce un guante abandonado. No dos, pensó. Un solo guante, sin su mano y sin su par. O esos enigmáticos zapatos sin compañero que uno sólo descubre de noche y que, por alguna nocturna razón incomprensible, casi siempre son de mujer, idea que volvió a ponerlo al borde del llanto (…) lo que realmente sentía es que un zapato, un solo zapato abandonado en la noche, un zapato de mujer, si está de pie, es casi un objeto de horror puro. Un zapato de mujer, de pie en la tiniebla de una vereda desierta.”
“…y sobre el arte, esa borrachera de la cultura…”
“Es, por decirlo así, una locura lúcida. Como el arte. En cuanto al terror, si se me permite la expresión, es de carácter metafísico. No da miedo el monstruo, sino la certeza de que, aun no existiendo, se lo ve y se lo siente. En definitiva, caballeros, lo peor del delirium tremens es su nombre.”
“…su portafolio de material sintético, negro estuche de su alma…”
“-Profesor Espósito fue susurrado en su oreja. Se dio vuelta con rapidez. No le gustaba la gente furtiva, la gente que se acerca en silencio sobre alfombras.”
“No me atrevo a emplear la palabra tiempo porque hace pensar en años, incluso en días. Y a su edad, hija querida, los minutos son etapas geológicas.”
