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LibroAbierto
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Pentagramas, óleos, palabras, pinceles, acordes, brújulas, recuerdos, ilusiones, música, silencios...
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ISLA NEGRA > V Región > CHILE
Al regresar de Europa a Chile, en 1937, el poeta buscaba un lugar para dedicarse a su “Canto general”, un libro sobre la historia, la naturaleza y las luchas de los pueblos americanos.


“La costa salvaje de Isla Negra, con el tumultuoso movimiento oceánico, me permitía entregarme con pasión a la empresa de mi nuevo canto”- anotó en sus memorias.


“Comencé a trabajar en mi “Canto General”. Para esto necesitaba un sitio de trabajo. Encontré una casa de piedra frente al océano, en un lugar desconocido para todo el mundo, llamado Isla Negra. El propietario, un viejo socialista español, capitán de navío, don Eladio Sobrino, la estaba construyendo para su familia, pero quiso vendérmela. ¿Cómo comprarla? Ofrecí el proyecto de mi libro “Canto General”, pero fue rechazado por la Editorial Ercilia, que por entonces publicaba mis obras. Con ayuda de otros editores, que pagaron directamente al propietario, pude por fin comprar en el año 1939 mi casa de trabajo en Isla Negra.”
Fragmentos de “Confieso que he vivido”


“La casa... no sé cuándo nació... Era a media tarde, llegamos a caballo por aquellas soledades... – escribió el poeta -
...Don Eladio iba delante, vadeando el estero de Córdoba que se había crecido... Por primera vez sentí como una punzada este olor a invierno marino, mezcla de boldo y arena salda, algas y cardos.”


“Aquí, dijo don Eladio, y allí nos quedamos. Luego la casa fue creciendo, como la gente, como los árboles...”


El arquitecto catalán Germán Rodríguez Arias hizo los planos en el invierno de 1943 y las obras terminaron en marzo de 1945.


Para construir sus casas, Neruda siempre buscó sitios que se relacionaran con elementos o escenarios naturales. En Isla Negra es el mar con su oleaje, playa y roqueríos. El poeta escribió:

“El océano Pacífico se salía del mapa. No había dónde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana”.


Junto a estos espacios abiertos hacia el exterior dominado por el mar, hay otros, como la Covacha, lugar cerrado, con una pequeña ventana hacia el mar, donde el poeta buscaba tranquilidad para escribir.

El arquitecto y amigo de Neruda, Sergio Soza , se ocupó, a partir de 1965, de las ampliaciones en la casa de Isla Negra.


Fueron muchos los invitados a la mesa generosa del poeta y las celebraciones que se hicieron en aquella casa.
La última de ellas fue triste. Neruda siempre festejaba las fiestas patrias. A pesar de la situación que vivía el país,
luego del golpe de estado, el 18 de septiembre de 1973, llegaron algunos amigos a Isla Negra. Pero traían desde Santiago noticias alarmantes o tristes.

Al día siguiente Neruda, gravemente enfermo, fue llevado en ambulancia a la capital. Murió el 23 de septiembre. Volvería a Isla Negra en diciembre de 1992, cuando sus restos fueron trasladados allí, junto a los de Matilde Urrutia, su mujer.

Se cumplió así la voluntad que el poeta había expresado hacía casi cincuenta años en su poema “Disposiciones” de “Canto general”:

“Compañeros, enterradme en Isla Negra,
frente al mar que conozco,
a cada arena rugosa de piedras
y de olas que mis ojos perdidos
no volverán a ver...”

No