“Ninguna eternidad como la mía” > Ángeles Mastretta > Escritora mexicana > 1949
"Isabel Arango creció intensa y desatada como el olor del café."
“De todos modos se habían vuelto tan mexicanos como cualquiera de los que a diario se dejaban deslumbrar por el cielo cercano a los impasibles volcanes, bajo los cuales encontraron los aztecas un lago con un nopal y encima el águila devorando una serpiente que se acomodó en el centro de la bandera cuando estas tierras pasaron a llamarse México.”
“…y cualquiera que la hubiera visto bailar aquella tarde hubiera estado de acuerdo con su maestra en que la vida valdrá la pena mientras haya en el mundo seres capaces de hacer magia cuando profesan una pasión.”
-Todavía no tengo mucho que contar.
-No inventes pidió Pablito-. Te lo ruego, déjame vivir de prestado, cuéntame una historia de amor. ¿No ves que me está secando el abandono?
“Un muchacho de pies pequeños y piernas largas que cuando en los ensayos la tomaba en sus brazos para alzarla al cielo inalcanzable de las bailarinas, le contaba cómo sufría su corazón en vilo o cuál era la triste incertidumbre de sus finanzas.”
“Isabel le dio un beso y volvió a meterse en la cama. No conocía otro modo de exorcizar el mal humor de la mañana, sino repetir el final de la noche y rogar porque el siguiente amanecer fuera con el pie derecho.”
“Pero yo no soy de amores largos, ni de quedarme quieto, ni menos de llevarte por el mundo como si fueras mi rabo. Mejor me voy ahora que nos queremos tanto, me voy antes de que le lleguen los vicios a esto que nos ha salido tan bien. Ya nos tenemos demasiada confianza, me voy a ir antes de que nos entren la terquedad o el odio.”
-Se quiere ir- dijo Isabel.
-¿A dónde que más lo quieran? Apenas anoche te adoraba.
-Dice que a un trabajo en España.
-Por favor, ¿quién le va a dar trabajo en España a un telegrafista revuelto con poeta? De eso en España abunda.
-Pruden, ¿qué hice yo mal? ¿qué le hace falta?
-Le sobras tú, niña- dijo Prudencia Migota jalándola de una mano
para sentarla junto a ella-. Cuando los hombres inventan irse de repente, cuando pasan sin aviso de la adoración al desapego, es cuando ven a su mujer más crecida de lo que soportan. A Corzas le pesa lo buena que eres en tu oficio, le sobra tu avidez, tu certidumbre de que no hay imposibles, tu terquedad y hasta tu certeza de que podrías vivir sin él.
“De todos modos se habían vuelto tan mexicanos como cualquiera de los que a diario se dejaban deslumbrar por el cielo cercano a los impasibles volcanes, bajo los cuales encontraron los aztecas un lago con un nopal y encima el águila devorando una serpiente que se acomodó en el centro de la bandera cuando estas tierras pasaron a llamarse México.”
“…y cualquiera que la hubiera visto bailar aquella tarde hubiera estado de acuerdo con su maestra en que la vida valdrá la pena mientras haya en el mundo seres capaces de hacer magia cuando profesan una pasión.”
-Todavía no tengo mucho que contar.-No inventes pidió Pablito-. Te lo ruego, déjame vivir de prestado, cuéntame una historia de amor. ¿No ves que me está secando el abandono?
“Un muchacho de pies pequeños y piernas largas que cuando en los ensayos la tomaba en sus brazos para alzarla al cielo inalcanzable de las bailarinas, le contaba cómo sufría su corazón en vilo o cuál era la triste incertidumbre de sus finanzas.”
“Isabel le dio un beso y volvió a meterse en la cama. No conocía otro modo de exorcizar el mal humor de la mañana, sino repetir el final de la noche y rogar porque el siguiente amanecer fuera con el pie derecho.”
“Pero yo no soy de amores largos, ni de quedarme quieto, ni menos de llevarte por el mundo como si fueras mi rabo. Mejor me voy ahora que nos queremos tanto, me voy antes de que le lleguen los vicios a esto que nos ha salido tan bien. Ya nos tenemos demasiada confianza, me voy a ir antes de que nos entren la terquedad o el odio.”
-Se quiere ir- dijo Isabel.
-¿A dónde que más lo quieran? Apenas anoche te adoraba.
-Dice que a un trabajo en España.
-Por favor, ¿quién le va a dar trabajo en España a un telegrafista revuelto con poeta? De eso en España abunda.
-Pruden, ¿qué hice yo mal? ¿qué le hace falta?
-Le sobras tú, niña- dijo Prudencia Migota jalándola de una mano
para sentarla junto a ella-. Cuando los hombres inventan irse de repente, cuando pasan sin aviso de la adoración al desapego, es cuando ven a su mujer más crecida de lo que soportan. A Corzas le pesa lo buena que eres en tu oficio, le sobra tu avidez, tu certidumbre de que no hay imposibles, tu terquedad y hasta tu certeza de que podrías vivir sin él.






