logotipo

img_google
LibroAbierto
VENTANAS QUE INIVTAN A ASOMARSE Y DESCUBRIR... libro_abierto_mdq@hotmail.com
Acerca de
Pentagramas, óleos, palabras, pinceles, acordes, brújulas, recuerdos, ilusiones, música, silencios...
Sindicación
 
"Historias de mujeres" > Rosa Montero > Escritora española > 1951

Este libro reúne, en una versión más ampliada, las biografías de mujeres que RosaMontero publicó en el suplemento dominical de "El País".
No son ni biografías académicas ni artículos periodísticos,
sino textos muy apasionados, muy personales.
Son historias de mujeres singulares a las que la escritora intentó entender.

FRIDA KAHLO

“Todos llevamos dentro nuestra propia muerte, toda vida es irse desviviendo…”

“No tengo más remedio que aguantar porque es peor desesperarse.”

Vestirse era para ella una expresión artística más; entre acicalarse frente a un espejo
o pintar uno de sus autorretratos no debía de haber mucha diferencia.
En las dos actividades se construía a sí misma, algo que le era absolutamente necesario
en su carrera contra la decadencia.

MARGARET MEAD

“…a Margaret Mead se le perdió una pieza de su propio rompecabezas y ella misma
se fue deshaciendo poco a poco.”

“Corría por la existencia como si huyera de algo… (no podía soportar
que le anularan súbitamente un compromiso previo, una clase, una cita, y encontrarse de repente con un par de horas libres (un desierto aterrador e intransitable)
(…) Además hablaba mucho (…) (que no hubiera ni un minuto de silencio
En donde pudiera retumbar la incertidumbre)”

LAURA RIDING

“Y es que lo que llamamos locura
no es algo
que esté fuera de nosotros,
sino que es
un ingrediente habitual
de los humanos
(tal vez lo que varíen
sean las proporciones, el equilibrio).”

MARY WOLLSTONECRAFT

“Y es que el mundo medieval había sido abigarrado y promiscuo: se comía en público,
compartiendo mesa con los desconocidos; se moría en público, en las ejemplarizantes ejecuciones; se dormía en público, porque en las posadas alojaban a diez personas en cada cuarto.
En el siglo XVIII, en cambio, comenzó la extrema soledad de la vida moderna.
Pero también aparecieron los beneficios del individualismo:
los derechos humanos, el impulso democrático.”

“…Y profundamente enamorada, se echa en los brazos de un aventurero norteamericano de treinta y nueve años. Gilbert Imlay, guapo, alegre, vividor, uno de esos personajes mudables y ligeros que suelen florecer en los momentos históricos turbulentos.”

ZENOBIA CAMPRUBÍ

Zenobia ya había claudicado. Salvo unas cuantas frases aisladas muy hermosas que dejan entrever su capacidad literaria (como cuando explica cómo se deshace Juan Ramón Jiménez de los borradores de sus poemas: “Rompe el papel en pedacitos con deleite, como si fuera un trabajador quitando el andamio”)

Tal vez estuviera pensando en todo esto (en las ilusiones rotas, en las vidas no vividas) cuando anotó en los cuadernos cubanos este conmovedor párrafo:
“Cuando regresamos, las nubes se habían abierto hacia el noroeste y el resplandor del atardecer (…) hacía que el mundo pareciera nuevo (…) Y de repente todos los sueños infantiles se hicieron realidad y nos embargó la intensa esperanza de que todo este tiempo de incredulidad hubiera sido un desperdicio de la alegría.”

LADY OTTOLINE MORRELL

Ottoline, por su parte, era un completo anacronismo.
Su tempo era irreal: actuaba, vestía y hablaba como
un personaje del Renacimiento. Pero de un Renacimiento también ficticio, recreado o imaginado desde
el romanticismo, con mucha purpurina y cartón piedra. “¿Será al menos la luz del sol normal en Garsington?”,
se pregunta Virginia Woolf en una carta a una amiga:
“No, creo que incluso el cielo está entelado
con una seda amarillo-pálida, y desde luego
los repollos han sido perfumados.”

GEORGE SAND

A los treinta y cuatro años, Sand se encontraba cansada de sí misma y de su compulsiva necesidad de amar,
que le hacía inventarse una pasión tras otra:
“Siempre persiguiendo sombras: me hastío”.

000000

(…) “He aprendido que la normalidad es lo que no existe.”
No