Vidas secas > Graciliano Ramos > Escritor brasileño (1892-1953)
Graciliano Ramos escribió “Vidas secas” entremayo y octubre de 1937. Los capítulos se publicaron inicialmente sepradaos, como cuentos, hasta ser reunidos bajo la forma de lo que se llamó “novela desmontable”.
El autor expuso su punto de vista sobre “Vidas secas”:
“Hice el librito sin paisajes, sin diálogos y sin amor. En eso, al menos, debe ser original. Ausencia de campesinos bien hablantes, incendios, inundaciones, ponientes colorados, amor de caboclos (en Brasil, mestizo de indio y blanco). Mi gente, casi muda, vive en una casa vieja de hacienda; las personas adultas, preocupadas por el estómago, no tienen tiempo de abrazarse. Hasta una perra es una criatura decente, porque en la vecindad no existen galanes caninos.”
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"Doña Vitória movió el abanico, y pasado un minuto las llamaradas crepitaban entre las piedras.
El círculo de luz aumentó, ahora las figuras surgían en la sombra, rojas. Fabiano, visible de la barriga para abajo, se iba volviendo indistinguible de allí para arriba, era una negrura que vagas claridades atravesaban. De esa negrura salió nuevamente el parloteo masticado."
"El sol chupaba los pozos (…) examinó el cielo limpio, lleno de claridades de mal agüero, que la sombra de las aves cortaba."
"Los brazos le colgaban, desanimados."
"Minúsculos, perdidos en el desierto quemado, los fugitivos se abrazaron, sumaron sus desgracias y pavores."
"Ahí Fabiano paró, se sentó, se lavó los pies duros, intentando retirar de las grietas hondas el barro que tenían. Sin secarse, intentó calzarse, y fue una dificultad: los talones de las medias de algodón hacían pelotas en el empeine de los pies y las botinas de vaqueta se resistían como vírgenes."
"Allá había sapos. Y la canción de ellos subía y descendía, una tonada lamentosa llenaba los alrededores. Intentó contar las voces, pero se confundió. Eran muchas, sin duda había una infinidad de sapos en los matorrales. ¿Qué estarían haciendo? ¿Por qué gritaban aquella cantinela gorgoteante y triste?"
"Baléia se enojaba, cabeceaba y no podía dormir. (…) Barrido el piso con la escoba, se escurriría entre las piedras, se enroscaría, se dormiría al calor, sintiendo el olor de las cabras mojadas y oyendo rumores desconocidos, el tic-tac de las goteras, la cantinela de los sapos, el soplo del río inundado. Animales pequeños y sin dueño irían a visitarla."






