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VIAJES: MACONDO > Colombia
Macondo es un pueblo ficticio, escenario de la novela “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.

En Macondo no se puede distinguir entre la realidad y la irrealidad, es un territorio mágico.
Lo maravilloso convive con lo cotidiano y a través de un lenguaje evocador y preciso, es posible hacer vivir
lo inverosímil.
La construcción imaginaria tiene sus raíces profundas en la realidad americana.

Macondo nace, vive y desaparece junto con sus habitantes al finalizar la novela.
El drama, la historia, se extiende al pueblo mismo transformándolo en personaje.

Macondo es el nombre de un árbol que alcanza apróx. 35mts de altura y además, era el nombre
de una finca bananera de la United Fruit Company cercana a Aracataca, pueblo donde nació García Márquez.
Finalmente se convirtió en el espacio imaginario donde se situaría la historia de los Buendía.

Sobre el regreso a los escenarios donde transcurrió su niñez
dice García Márquez: «Ni mi madre ni yo, por supuesto, hubiéramos podido imaginar siquiera que aquel cándido paseo de sólo dos días iba a ser tan determinante para mí, que la más larga y diligente de las vidas no me alcanzaría para acabar de contarlo».

En ese momento, la única manera de llegar desde Barranquilla hasta Aracataca, era a bordo de una destartalada lancha de motor que se abría paso a través de un laberinto de estrechos canales de mangles hasta alcanzar la población de la Ciénaga:

«Los mosquitos carniceros, el calor denso y nauseabundo por el fango de los canales que la lancha iba revolviendo a su paso, el trajín de los pasajeros desvelados que no encontraban acomodo dentro del pellejo, todo parecía hecho a propósito para desquiciar la índole mejor templada».

Se propuso rebautizar al pueblo como: Aracataca-Macondo para reactivar la economía del lugar,
sumido en tal pobreza que se declaró en quiebra total.
Sin embargo, la iniciativa despertó un escaso interés por parte de los habitantes y la medida no fue aprobada.

El propósito de las autoridades municipales era convertirlo en un destino turístico.
Después de todo, de allí salió el único Premio Nobel (1982) del país y muchos de los rasgos
con los que García Márquez ilustró ese pueblo imaginario surgieron de las historias
que le contaban sus abuelos sobre Aracataca (que se llama así desde 1915).

La frontera imaginaria de Macondo empieza en pueblos lacustres sumidos en el sopor:
Nueva Venecia, Trojas de Cataca y Bellavista.
Irónicos nombres para unas miserables aldeas flotantes construidas en forma de palafitos sobre el barro
y pintadas con colores pastel.
Un mundo silencioso y asfixiante de aguas plomizas.

Actualmente, la carretera atraviesa fincas bananeras, pueblos en ruinas y estaciones de tren solitarias.
A medida que se penetra en la Guajira el paisaje cambia bruscamente
y la tierra se vuelve desértica y pedregosa.
En el horizonte aparecen las mujeres guajiras ataviadas con sus largas túnicas de colores vivos, acompañando a los rebaños de cabras y montadas a lomos de mula.

Camino a Riohacha, se eleva la imponente Sierra Nevada de Santa Marta, con sus cumbres de nieves perpetuas a más de cinco mil metros de altura, y a un paso del mar Caribe, aparece la ruta como un espejismo.

La mayoría de los habitantes rechazó la iniciativa, sin embargo el alcalde Pedro Javier Sánchez mandó a hacer un cartel para colocar
en la entrada del pueblo con la leyenda:

“Bienvenido a Aracataca-Macondo, tierra del realismo mágico”


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