logotipo

img_google
LibroAbierto
VENTANAS QUE INIVTAN A ASOMARSE Y DESCUBRIR... libro_abierto_mdq@hotmail.com
Acerca de
Pentagramas, óleos, palabras, pinceles, acordes, brújulas, recuerdos, ilusiones, música, silencios...
Sindicación
 
La silla del águila > Carlos Fuentes > Escritor mexicano (1928)

“-Asumes la presidencia, Séneca, te ponen en el pecho la banda tricolor, te sientas en la Silla del Águila y ¡vámonos! Es como si te hubieras subido a la montaña rusa, te sueltan del pináculo cuesta abajo, te agarras como puedes a la silla y pones una cara de sorpresa que ya nunca se te quita, haces una mueca que se vuelve tu máscara, con el gesto que te lanzaron te quedas para siempre , el rictus ya no te cambiará
en seis años, por más que aparentes distintos modos de sonreír, ponerte serio, dubitativo o enojado,
siempre tendrás el gesto de ese momento aterrador en que te diste cuenta, amigo mío,
de que la Silla Presidencial, la Silla del Águila,
es nada más y nada menos que un asiento en la montaña rusa que llamamos La República Mexicana.”


“¿Cuánto crees que dura la juventud? ¿Sabes que un viejo de melena da risa y pena ajena?
¿No has visto a esos jipis ancianos arrastrando su pobre rebeldía por los barrios de clase media a donde fueron a naufragar, buscando un inexistente San Francisco de los años sesenta,
enredados en collares de cuentas coloridas y empujando sus alpargatas viejas hasta el supermercado?”


“...lo sucio y lo sagrado comparten una cosa. No nos atrevemos a tocarlos...”


“Ni manco me rindo porque me quedan pies para patalear.”


“Tengo más paciencia que las viejitas cuando barajan los naipes. Dicen que una viejita se murió barajando.”


“Me guiaron por esos túneles sombríos
con olor a muertes olvidadas.
Una rata inmunda me miró como si me deseara. Goteaba sal de las bóvedas
y el castillo entero crujía
como si mis pasos lo ofendieran.”


“-¿Por qué no tienen ustedes un vicepresidente como nosotros?- me pregunta el embajador de los EE UU, Cotton Madison-. Ya ve, matan a Kennedy, asume Johnson; renuncia Nixon, asciende Ford. Ningún problema.
Trato de explicarle que durante el siglo XIX, cuando tuvimos vicepresidentes, estos prohombres se dedicaron a minar y derrocar al Presidente en turno, empezando con la sublevación de Nicolás Bravo contra Guadalupe Victoria en 1827. Y Santa Anna, “el caudillo inmortal de Cempoala” según nuestro Himno Nacional, le dio un golpe a su propio vicepresidente, Valentín Gómez Farías, aunque el “Quinceuñas” (el cojo Santa Anna, Paulina) fue capaz de darse golpes de Estado a sí mismo (...)
Podría hacer una lista de lavandería de vicepresidentes desleales. Anastasio Bustamante contra Vicente Guerrero, y aun de generales que prefirieron asaltar el poder que defender al país contra un invasor extranjero, como sucedió con el traidor Paredes Arrillaga en la guerra con los americanos.
Es una historia deprimente, pero más vale tomarla en cuenta, mi discreta amiga, para tener todas las cartas en la mano y que no nos vayan a coger durmiendo la siesta, como los gringos al propio Santa Anna en la batalla de San Jacinto, que nos costó la pérdida de Texas.”


“-Siéntese, Valdivia. Cuando las cosas se hacen abiertamente, no provocan sospecha. Es el secreto lo que despierta el olfato de los lobos. Aquí en los portales ni usted ni yo llamamos la atención. Mire: los buitres han vuelto a volar sobre el Castillo de Ulúa. Eso es más llamativo que un cordial cafecito entre usted y yo...”


“Virtud, necesidad, fortuna. Nunca lo olvido. Los atributos del gobernante.
En la historia de México del siglo XIX, Juárez dependió de la virtud, Santa Anna de la necesidad, Iturbide de la fortuna. En el siglo XX, Madero fue el virtuoso, Calles el necesario, Obregón el afortunado. Ya ves, sólo el necesario no murió asesinado. ¿Virtud, necesidad y fortuna?
Creo que sólo mi general Cárdenas juntó las tres.”


“Reía como si arrastrase fierros en vez de palabras.”


“Me miró traspasándome como a una ventana.”


“No la volví a ver. Murió poco después. Yo creo que murió de melancolía y de esa nostalgia de lo imposible que a veces nos invade porque sabemos que lo que deseábamos pudo ser posible.”
No