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Pentagramas, óleos, palabras, pinceles, acordes, brújulas, recuerdos, ilusiones, música, silencios...
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CITAS DEL MES


“No importa al tiempo el minuto que pasa, sino el minuto que viene. El minuto que viene es fuerte, fecundo; supone traer en sí la eternidad, y trae la muerte, y perece como el otro, pero el tiempo subsiste.”

“Memorias póstumas de Blas Cubas” > J.M. Machado de Assis


“Mi casa era baja, pobre, con grandes manchas de humedad en las paredes (...)
En el techo, entre las tejas coloniales, sobresalía la maleza, como los bigotes de un gato gigantesco que se hubiera escondido.”

“La alfombra roja” > Martha Lynch


“Tenía una sana capacidad para olvidar lo desagradable. Un dios generoso le había dado el raro don de pensar sólo en el futuro”

De la película “Dogville” - Lars von Trier


Luna o reloj

Las tardes prisioneras
En los rincones fríos
Y las canciones cónicas de los jardines
Golondrinas sin alas
Entre la niebla sólida
Angustia en mi garganta
Sobre la frente seca
Y en tus manos una estrella fresca
Después en el valle sin sol
Un mismo ruido
La luna y el reloj


Vicente Huidobro

 
VIAJES: MACONDO > Colombia
Macondo es un pueblo ficticio, escenario de la novela “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.

En Macondo no se puede distinguir entre la realidad y la irrealidad, es un territorio mágico.
Lo maravilloso convive con lo cotidiano y a través de un lenguaje evocador y preciso, es posible hacer vivir
lo inverosímil.
La construcción imaginaria tiene sus raíces profundas en la realidad americana.

Macondo nace, vive y desaparece junto con sus habitantes al finalizar la novela.
El drama, la historia, se extiende al pueblo mismo transformándolo en personaje.

Macondo es el nombre de un árbol que alcanza apróx. 35mts de altura y además, era el nombre
de una finca bananera de la United Fruit Company cercana a Aracataca, pueblo donde nació García Márquez.
Finalmente se convirtió en el espacio imaginario donde se situaría la historia de los Buendía.

Sobre el regreso a los escenarios donde transcurrió su niñez
dice García Márquez: «Ni mi madre ni yo, por supuesto, hubiéramos podido imaginar siquiera que aquel cándido paseo de sólo dos días iba a ser tan determinante para mí, que la más larga y diligente de las vidas no me alcanzaría para acabar de contarlo».

En ese momento, la única manera de llegar desde Barranquilla hasta Aracataca, era a bordo de una destartalada lancha de motor que se abría paso a través de un laberinto de estrechos canales de mangles hasta alcanzar la población de la Ciénaga:

«Los mosquitos carniceros, el calor denso y nauseabundo por el fango de los canales que la lancha iba revolviendo a su paso, el trajín de los pasajeros desvelados que no encontraban acomodo dentro del pellejo, todo parecía hecho a propósito para desquiciar la índole mejor templada».

Se propuso rebautizar al pueblo como: Aracataca-Macondo para reactivar la economía del lugar,
sumido en tal pobreza que se declaró en quiebra total.
Sin embargo, la iniciativa despertó un escaso interés por parte de los habitantes y la medida no fue aprobada.

El propósito de las autoridades municipales era convertirlo en un destino turístico.
Después de todo, de allí salió el único Premio Nobel (1982) del país y muchos de los rasgos
con los que García Márquez ilustró ese pueblo imaginario surgieron de las historias
que le contaban sus abuelos sobre Aracataca (que se llama así desde 1915).

La frontera imaginaria de Macondo empieza en pueblos lacustres sumidos en el sopor:
Nueva Venecia, Trojas de Cataca y Bellavista.
Irónicos nombres para unas miserables aldeas flotantes construidas en forma de palafitos sobre el barro
y pintadas con colores pastel.
Un mundo silencioso y asfixiante de aguas plomizas.

Actualmente, la carretera atraviesa fincas bananeras, pueblos en ruinas y estaciones de tren solitarias.
A medida que se penetra en la Guajira el paisaje cambia bruscamente
y la tierra se vuelve desértica y pedregosa.
En el horizonte aparecen las mujeres guajiras ataviadas con sus largas túnicas de colores vivos, acompañando a los rebaños de cabras y montadas a lomos de mula.

Camino a Riohacha, se eleva la imponente Sierra Nevada de Santa Marta, con sus cumbres de nieves perpetuas a más de cinco mil metros de altura, y a un paso del mar Caribe, aparece la ruta como un espejismo.

La mayoría de los habitantes rechazó la iniciativa, sin embargo el alcalde Pedro Javier Sánchez mandó a hacer un cartel para colocar
en la entrada del pueblo con la leyenda:

“Bienvenido a Aracataca-Macondo, tierra del realismo mágico”


 
La silla del águila > Carlos Fuentes > Escritor mexicano (1928)

“-Asumes la presidencia, Séneca, te ponen en el pecho la banda tricolor, te sientas en la Silla del Águila y ¡vámonos! Es como si te hubieras subido a la montaña rusa, te sueltan del pináculo cuesta abajo, te agarras como puedes a la silla y pones una cara de sorpresa que ya nunca se te quita, haces una mueca que se vuelve tu máscara, con el gesto que te lanzaron te quedas para siempre , el rictus ya no te cambiará
en seis años, por más que aparentes distintos modos de sonreír, ponerte serio, dubitativo o enojado,
siempre tendrás el gesto de ese momento aterrador en que te diste cuenta, amigo mío,
de que la Silla Presidencial, la Silla del Águila,
es nada más y nada menos que un asiento en la montaña rusa que llamamos La República Mexicana.”


“¿Cuánto crees que dura la juventud? ¿Sabes que un viejo de melena da risa y pena ajena?
¿No has visto a esos jipis ancianos arrastrando su pobre rebeldía por los barrios de clase media a donde fueron a naufragar, buscando un inexistente San Francisco de los años sesenta,
enredados en collares de cuentas coloridas y empujando sus alpargatas viejas hasta el supermercado?”


“...lo sucio y lo sagrado comparten una cosa. No nos atrevemos a tocarlos...”


“Ni manco me rindo porque me quedan pies para patalear.”


“Tengo más paciencia que las viejitas cuando barajan los naipes. Dicen que una viejita se murió barajando.”


“Me guiaron por esos túneles sombríos
con olor a muertes olvidadas.
Una rata inmunda me miró como si me deseara. Goteaba sal de las bóvedas
y el castillo entero crujía
como si mis pasos lo ofendieran.”


“-¿Por qué no tienen ustedes un vicepresidente como nosotros?- me pregunta el embajador de los EE UU, Cotton Madison-. Ya ve, matan a Kennedy, asume Johnson; renuncia Nixon, asciende Ford. Ningún problema.
Trato de explicarle que durante el siglo XIX, cuando tuvimos vicepresidentes, estos prohombres se dedicaron a minar y derrocar al Presidente en turno, empezando con la sublevación de Nicolás Bravo contra Guadalupe Victoria en 1827. Y Santa Anna, “el caudillo inmortal de Cempoala” según nuestro Himno Nacional, le dio un golpe a su propio vicepresidente, Valentín Gómez Farías, aunque el “Quinceuñas” (el cojo Santa Anna, Paulina) fue capaz de darse golpes de Estado a sí mismo (...)
Podría hacer una lista de lavandería de vicepresidentes desleales. Anastasio Bustamante contra Vicente Guerrero, y aun de generales que prefirieron asaltar el poder que defender al país contra un invasor extranjero, como sucedió con el traidor Paredes Arrillaga en la guerra con los americanos.
Es una historia deprimente, pero más vale tomarla en cuenta, mi discreta amiga, para tener todas las cartas en la mano y que no nos vayan a coger durmiendo la siesta, como los gringos al propio Santa Anna en la batalla de San Jacinto, que nos costó la pérdida de Texas.”


“-Siéntese, Valdivia. Cuando las cosas se hacen abiertamente, no provocan sospecha. Es el secreto lo que despierta el olfato de los lobos. Aquí en los portales ni usted ni yo llamamos la atención. Mire: los buitres han vuelto a volar sobre el Castillo de Ulúa. Eso es más llamativo que un cordial cafecito entre usted y yo...”


“Virtud, necesidad, fortuna. Nunca lo olvido. Los atributos del gobernante.
En la historia de México del siglo XIX, Juárez dependió de la virtud, Santa Anna de la necesidad, Iturbide de la fortuna. En el siglo XX, Madero fue el virtuoso, Calles el necesario, Obregón el afortunado. Ya ves, sólo el necesario no murió asesinado. ¿Virtud, necesidad y fortuna?
Creo que sólo mi general Cárdenas juntó las tres.”


“Reía como si arrastrase fierros en vez de palabras.”


“Me miró traspasándome como a una ventana.”


“No la volví a ver. Murió poco después. Yo creo que murió de melancolía y de esa nostalgia de lo imposible que a veces nos invade porque sabemos que lo que deseábamos pudo ser posible.”
 
FOTOGRAFÌA > GRUPO F/64

En 1931, en California, EE.UU., varios fotógrafos crearon el grupo F/64, motivados por el deseo de que se reconociera a la fotografía como un arte por su propia esencia, sin la necesidad de recurrir a manipulaciones técnicas.

F/64 hace referencia a la abertura más pequeña del diafragma de la cámara fotográfica, que permite lograr una mayor nitidez de la imagen.

El nacimiento de F/64 se enmarca en una nueva manera de entender la fotografía: ofrecer una representación objetiva de la realidad.

Estéticamente, sus ideas se alejaban de las dos tendencias dominantes en la historia de la fotografía: la artificiosidad de composiciones demasiado elaboradas, de inclinación pictorialista; y los experimentos visuales y técnicos utilizados por los artistas de vanguardia.

El núcleo inicial lo formaron Edward Weston y Ansel Adams. El primero publicó en 1932 el libro “The art of Edward Weston”, que significó la representación gráfica del F/64.

Las características del grupo fueron:
la obsesión por el detalle,
el cuidado en la composición,
el rechazo hacia el uso del papel satinado y el raspado de los negativos originales,
la preferencia por los paisajes californianos como tema de sus composiciones y
el uso de cámaras de gran formato con la mínima abertura de diafragma.

Willard Van Dyke fue aprendiz de Weston, y pasó al mundo del cine
tras la disolución del grupo, primero como cámara, y luego como
coproductor y realizador.

En 1933, Edward Weston se retiró, después de trabajar para el Proyecto Federal de las Artes en Nuevo México y California; su huella estética permaneció, aunque no así su colaboración directa.

Imogen Cunningham, química de formación, aportó sus
conocimientos en la labor del positivado. Su tema preferido fue el primer plano floral.


Ansel Adams fue el teórico más activo del grupo, y la apertura de su galería en San Francisco constituyó el escenario preferido para las exposiciones de sus miembros. El paisaje desértico fue el tema principal que abordó en esa época.

Ansel Adams creó el “sistema de zonas”, un método de medición y revelado que utilizaba para dividir la graduación de luz en 10 zonas diferentes, del blanco al negro. Esto le permitía visualizar los diferentes niveles de gris en la fotografía final con gran precisión.

Sonia Noskowiak fue discípula de Weston en Los Ángeles
(con él aprendió a positivar), prefería las composiciones abstractas
extraídas de motivos naturales o arquitectónicos y los paisajes urbanos.

La actividad del F/64 se plasmó en numerosas exposiciones
y en la redacción de artículos (soporte teórico)
en los que cada fotógrafo aportó el modo de entender su arte.

Las imágenes en blanco y negro de gran contraste visual fueron el estandarte de este grupo,
que se disolvió en 1935, ante la disparidad de intereses y objetivos de sus integrantes iniciales.
 
Vidas secas > Graciliano Ramos > Escritor brasileño (1892-1953)

Graciliano Ramos escribió “Vidas secas” entremayo y octubre de 1937. Los capítulos se publicaron inicialmente sepradaos, como cuentos, hasta ser reunidos bajo la forma de lo que se llamó “novela desmontable”.

El autor expuso su punto de vista sobre “Vidas secas”:

“Hice el librito sin paisajes, sin diálogos y sin amor. En eso, al menos, debe ser original. Ausencia de campesinos bien hablantes, incendios, inundaciones, ponientes colorados, amor de caboclos (en Brasil, mestizo de indio y blanco). Mi gente, casi muda, vive en una casa vieja de hacienda; las personas adultas, preocupadas por el estómago, no tienen tiempo de abrazarse. Hasta una perra es una criatura decente, porque en la vecindad no existen galanes caninos.”

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"Doña Vitória movió el abanico, y pasado un minuto las llamaradas crepitaban entre las piedras.
El círculo de luz aumentó, ahora las figuras surgían en la sombra, rojas. Fabiano, visible de la barriga para abajo, se iba volviendo indistinguible de allí para arriba, era una negrura que vagas claridades atravesaban. De esa negrura salió nuevamente el parloteo masticado."


"El sol chupaba los pozos (…) examinó el cielo limpio, lleno de claridades de mal agüero, que la sombra de las aves cortaba."


"Los brazos le colgaban, desanimados."



"Minúsculos, perdidos en el desierto quemado, los fugitivos se abrazaron, sumaron sus desgracias y pavores."


"Ahí Fabiano paró, se sentó, se lavó los pies duros, intentando retirar de las grietas hondas el barro que tenían. Sin secarse, intentó calzarse, y fue una dificultad: los talones de las medias de algodón hacían pelotas en el empeine de los pies y las botinas de vaqueta se resistían como vírgenes."


"Allá había sapos. Y la canción de ellos subía y descendía, una tonada lamentosa llenaba los alrededores. Intentó contar las voces, pero se confundió. Eran muchas, sin duda había una infinidad de sapos en los matorrales. ¿Qué estarían haciendo? ¿Por qué gritaban aquella cantinela gorgoteante y triste?"


"Baléia se enojaba, cabeceaba y no podía dormir. (…) Barrido el piso con la escoba, se escurriría entre las piedras, se enroscaría, se dormiría al calor, sintiendo el olor de las cabras mojadas y oyendo rumores desconocidos, el tic-tac de las goteras, la cantinela de los sapos, el soplo del río inundado. Animales pequeños y sin dueño irían a visitarla."