Citas del Mes: Mayo
“Negamos muchas cosas, porque nuestro limitado entendimiento nos hace creer que son imposibles. Pero, mientras más leo y me instruyo, más veo que lo tenido por imposible en el pensamiento se hace posible en la realidad.”
El arpa y la sombra - Alejo Carpentier
“Un cabo de vela que acababa de consumirse en un candelero viejo y retorcido iluminaba vagamente aquella miserable habitación donde un asesino y una prostituta acababan de leer el libro eterno.”
Crimen y castigo - Fiodor Dostoievski
El arpa y la sombra - Alejo Carpentier
“Un cabo de vela que acababa de consumirse en un candelero viejo y retorcido iluminaba vagamente aquella miserable habitación donde un asesino y una prostituta acababan de leer el libro eterno.”
Crimen y castigo - Fiodor Dostoievski
El Faro del Fin del Mundo - Ushuaia - Argentina
Este faro fue habilitado el 25 de mayo de 1884 y construido en cumplimiento de la ley 1390, promulgada en octubre de 1883. La ley ordenaba habilitar en el más breve plazo la posible entrada al Río de la Plata, al puerto de Bahía Blanca y la “aproximación a la isal de los Estados”.

Situación geográfica Lat.54°44’ S Long.63°52’ W
En el extremo sur de nuestro país y como una extensión de Isla Grande de la Tierra del Fuego se encuentra la Isla de los Estados, separada de aquella pro el estrecho de Le Meire. La isla es montañosa, con alturas de más de 800 metros. En su interior alberga lagos y lagunas de difícil acceso. Sus costas ofrecen gran cantidad de bahías y caletas que forman buenos puertos naturales y acantilados que aparecían ante los ojos de los navegantes antiguos con un aspecto tenebroso. Era frecuente que muchas embarcaciones naufragaran en las cercanías de sus costas, como el caso del “Louisa” en 1898 en las proximidades del cabo San Juan o del “Amy” en 1894 al Norte de bahía Crossley, tanto por los escollos rocosos como por la combustión espontánea del carbón que transportaban.
En el siglo XVIII la Argentina comienza a perfilar su sistema económico observando una primera etapa de contactos económicos internacionales, específicamente con el área mercantil inglesa. En 1828 el navegante inglés Henry Foster con la misión de determinar la verdadera forma de la tierra y a bordo de la chalupa “Chanticleer” relevó las costas de la Isla de los Estados.
En 1868 el presidente Mitre promulgó una ley por la que se concedía al Capitán de la Marina Nacional Luis Piedra Buena la propiedad de la isla “denominada del Estado”. En 1869 en el puerto Bail Hall este marino construyó una casa para náufragos, izó la bandera argentina y en 1873 estableció una fábrica de aceite de foca en bahía Crossley.
En 1884, bajo la presidencia del Dr. Julio A. Roca, la División Expedicionaria del Atlántico Sur al mando del Coronel de Marina Augusto Lasserre relevó la costa norte de la isla. Como consecuencia de sus trabajos se instaló un faro en la actual punta Lasserre, extremo oeste del puerto San Juan del Salvamento. Su luz estaba proporcionada por 8 lámparas de petróleo. Dejó el servicio el 1° de octubre de 1902, día en que se prendió el Faro Año Nuevo.
Tan importante fue su instalación y ubicación, alejada de los más importantes centros mundiales, que Julio Verne escribió una novela utilizando a la Isla de los Estados y el faro San Juan del Salvamento, como escenarios de su obra “El Faro del Fin del Mundo”.
En 1995 se firmó un convenio entre el Museo Marítimo de Ushuaia, el Museo del Fin del Mundo y la Armada Argentina para realizar el relevamiento histórico humano de San Juan de Salvamento. Los trabajos se desarrollaron en el cementerio, el muelle, la Subprefectura y el Faro. Finalmente, el faro fue remodelado en 2002.

Situación geográfica Lat.54°44’ S Long.63°52’ W
En el extremo sur de nuestro país y como una extensión de Isla Grande de la Tierra del Fuego se encuentra la Isla de los Estados, separada de aquella pro el estrecho de Le Meire. La isla es montañosa, con alturas de más de 800 metros. En su interior alberga lagos y lagunas de difícil acceso. Sus costas ofrecen gran cantidad de bahías y caletas que forman buenos puertos naturales y acantilados que aparecían ante los ojos de los navegantes antiguos con un aspecto tenebroso. Era frecuente que muchas embarcaciones naufragaran en las cercanías de sus costas, como el caso del “Louisa” en 1898 en las proximidades del cabo San Juan o del “Amy” en 1894 al Norte de bahía Crossley, tanto por los escollos rocosos como por la combustión espontánea del carbón que transportaban.
En el siglo XVIII la Argentina comienza a perfilar su sistema económico observando una primera etapa de contactos económicos internacionales, específicamente con el área mercantil inglesa. En 1828 el navegante inglés Henry Foster con la misión de determinar la verdadera forma de la tierra y a bordo de la chalupa “Chanticleer” relevó las costas de la Isla de los Estados.
En 1868 el presidente Mitre promulgó una ley por la que se concedía al Capitán de la Marina Nacional Luis Piedra Buena la propiedad de la isla “denominada del Estado”. En 1869 en el puerto Bail Hall este marino construyó una casa para náufragos, izó la bandera argentina y en 1873 estableció una fábrica de aceite de foca en bahía Crossley.
En 1884, bajo la presidencia del Dr. Julio A. Roca, la División Expedicionaria del Atlántico Sur al mando del Coronel de Marina Augusto Lasserre relevó la costa norte de la isla. Como consecuencia de sus trabajos se instaló un faro en la actual punta Lasserre, extremo oeste del puerto San Juan del Salvamento. Su luz estaba proporcionada por 8 lámparas de petróleo. Dejó el servicio el 1° de octubre de 1902, día en que se prendió el Faro Año Nuevo.
Tan importante fue su instalación y ubicación, alejada de los más importantes centros mundiales, que Julio Verne escribió una novela utilizando a la Isla de los Estados y el faro San Juan del Salvamento, como escenarios de su obra “El Faro del Fin del Mundo”.
En 1995 se firmó un convenio entre el Museo Marítimo de Ushuaia, el Museo del Fin del Mundo y la Armada Argentina para realizar el relevamiento histórico humano de San Juan de Salvamento. Los trabajos se desarrollaron en el cementerio, el muelle, la Subprefectura y el Faro. Finalmente, el faro fue remodelado en 2002.
Miguel de Molina - Cantante y bailarín español (1908-1993)
Dos canciones son estandarte de Miguel de Molina: “Ojos verdes” y “La bien pagá”.

Miguel Frías de Molina nació en Málaga. De familia humilde, Miguel estudió en los salesianos, de donde fue expulsado y derivado a un reformatorio. Fascinado por el mundo del espectáculo, se fue de Málaga y formó parte de algunas compañías de segunda fila, actuando en locales de poca categoría. Aprendió a diseñar y confeccionar el vestuario de sus espectáculos y entabló amistad con los personajes más importantes de la época: Benavente, Lorca, Rafael de León, Pastora Imperio. En ese tiempo Miguel de Molina no tenía repertorio propio, sino que interpretaba versiones de coplas de otros artistas, sobre todo Concha Piquer, Estrellita Castro o Imperio Argentina. Miguel de Molina intervino en la obra “El amor brujo”, de Manuel de Falla, con Antonia Mercé La Argentina. Otras coplas de su repertorio son “La tarara”, “María Jesús”, “La hija de don Juan Alba”, “Los piconeros”, “Antonio Vargas Heredia”. Durante la Guerra Civil actuó en teatros, en el frente y en hospitales. Fue tachado de cantante republicano.
Fue perseguido por sus ideas políticas y por su condición homosexual. Después de una paliza en el teatro Pavón, abandonó España y se instaló en Argentina donde la persecución continuó a través de la embajada española.
Exiliado nuevamente, partió hacia México. Allí volvió a alcanzar el éxito. Tras el fallecimiento de su madre volvió a España y actuó en las fallas valencianas y en Madrid pero decidió regresar a su casa en Buenos Aires.
Con la llegada de la democracia en España, fue reclamado, ofreciéndole la medalla de la Villa de Madrid, una plaza con su nombre y casa en Málaga. En 1992 le concedieron en la Embajada de España en Argentina la Medalla de Isabel la Católica. Sus últimos años los pasó encerrado en su casa de Buenos Aires.

Miguel Frías de Molina nació en Málaga. De familia humilde, Miguel estudió en los salesianos, de donde fue expulsado y derivado a un reformatorio. Fascinado por el mundo del espectáculo, se fue de Málaga y formó parte de algunas compañías de segunda fila, actuando en locales de poca categoría. Aprendió a diseñar y confeccionar el vestuario de sus espectáculos y entabló amistad con los personajes más importantes de la época: Benavente, Lorca, Rafael de León, Pastora Imperio. En ese tiempo Miguel de Molina no tenía repertorio propio, sino que interpretaba versiones de coplas de otros artistas, sobre todo Concha Piquer, Estrellita Castro o Imperio Argentina. Miguel de Molina intervino en la obra “El amor brujo”, de Manuel de Falla, con Antonia Mercé La Argentina. Otras coplas de su repertorio son “La tarara”, “María Jesús”, “La hija de don Juan Alba”, “Los piconeros”, “Antonio Vargas Heredia”. Durante la Guerra Civil actuó en teatros, en el frente y en hospitales. Fue tachado de cantante republicano.
Fue perseguido por sus ideas políticas y por su condición homosexual. Después de una paliza en el teatro Pavón, abandonó España y se instaló en Argentina donde la persecución continuó a través de la embajada española.
Exiliado nuevamente, partió hacia México. Allí volvió a alcanzar el éxito. Tras el fallecimiento de su madre volvió a España y actuó en las fallas valencianas y en Madrid pero decidió regresar a su casa en Buenos Aires.
Con la llegada de la democracia en España, fue reclamado, ofreciéndole la medalla de la Villa de Madrid, una plaza con su nombre y casa en Málaga. En 1992 le concedieron en la Embajada de España en Argentina la Medalla de Isabel la Católica. Sus últimos años los pasó encerrado en su casa de Buenos Aires.
"Balún-Canán" - Rosario Castellanos (1925-1974) - Escritora mexicana
Balún-Canán (“Nueve estrellas”) es el nombre que según la tradición dieron los antiguos pobladores mayas al sitio donde hoy se encuentra Comitán en el Estado de Chiapas.
Los balcones están siempre asomados a la calle, mirándola subir y bajar y dar vuelta en las esquinas.(...) Debe de ser tan bonito estar siempre, como los balcones, desocupado y distraído, sólo mirando.

Mi madre se levanta todos los días muy temprano. Desde mi cama yo la escucho beber precipitadamente una taza de café. Luego sale a la calle. Sus pasos van rápidos sobre la acera. Yo la sigo con mi pensamiento. Sube las gradas de los portales; pasa frente al cuartel; coge el rumbo de San Sebastián. Pero luego su figura se me pierde y yo no sé por dónde va.
Es mediodía. El viento duerme, cargado de su propia fragancia, en el jardín. De lejos llegan los rumores: la loza chocando con el agua en la cocina; la canción monótona de la molendera. ¡Qué silenciosas las nubes allá arriba!
Tiemblo, pasmada, ante este nombre que no escuché nunca antes y ha de ser de alguno muy poderoso y muy malo puesto que Vicenta lo invoca. Me dejo conducir, ya sin protestar. Detrás de mí se cierran, se ajustan bien, los dos maderos de la puerta. Me quedo un instante inmóvil, parada en el centro de la sala. Los retratos me hacen guiños burlones desde el terciopelo de sus marcos. Los abanicos se abren y se cierran desplegando todos sus dientes en una carcajada cruel. El espejo... ¡No quiero que me vea! Y corro hasta el sillón donde está sentada la viejecita y hundo mi rostro en su regazo y juntas sollozamos nuestro imposible viaje a Guatemala.
Y la gente se va. Y cuando la gente se va escribe. Pero sus palabras nos llegan tantas semanas después que las recibimos marchitas y sin olor como las flores viejas.
En el suelo se mueve una larga hilera de hormigas, afanosas, transportando migajas, trozos diminutos de hierba. Encima de las ramas va el sol, dorándolas. Casi podría sopesarse el silencio.
Amalia sale a recibirnos. Lleva un chal de lana gris, tibio, sobre la espalda. Y su rostro es el de los pétalos que se han puesto a marchitar entre las páginas de los libros.
El aire amanece limpio, recién pronunciado por la boca de Dios.(...) La gallina empolla solemnemente, sentada en su nido como en un trono.
Los balcones están siempre asomados a la calle, mirándola subir y bajar y dar vuelta en las esquinas.(...) Debe de ser tan bonito estar siempre, como los balcones, desocupado y distraído, sólo mirando.

Mi madre se levanta todos los días muy temprano. Desde mi cama yo la escucho beber precipitadamente una taza de café. Luego sale a la calle. Sus pasos van rápidos sobre la acera. Yo la sigo con mi pensamiento. Sube las gradas de los portales; pasa frente al cuartel; coge el rumbo de San Sebastián. Pero luego su figura se me pierde y yo no sé por dónde va.
Es mediodía. El viento duerme, cargado de su propia fragancia, en el jardín. De lejos llegan los rumores: la loza chocando con el agua en la cocina; la canción monótona de la molendera. ¡Qué silenciosas las nubes allá arriba!
Tiemblo, pasmada, ante este nombre que no escuché nunca antes y ha de ser de alguno muy poderoso y muy malo puesto que Vicenta lo invoca. Me dejo conducir, ya sin protestar. Detrás de mí se cierran, se ajustan bien, los dos maderos de la puerta. Me quedo un instante inmóvil, parada en el centro de la sala. Los retratos me hacen guiños burlones desde el terciopelo de sus marcos. Los abanicos se abren y se cierran desplegando todos sus dientes en una carcajada cruel. El espejo... ¡No quiero que me vea! Y corro hasta el sillón donde está sentada la viejecita y hundo mi rostro en su regazo y juntas sollozamos nuestro imposible viaje a Guatemala.
Y la gente se va. Y cuando la gente se va escribe. Pero sus palabras nos llegan tantas semanas después que las recibimos marchitas y sin olor como las flores viejas.
En el suelo se mueve una larga hilera de hormigas, afanosas, transportando migajas, trozos diminutos de hierba. Encima de las ramas va el sol, dorándolas. Casi podría sopesarse el silencio.
Amalia sale a recibirnos. Lleva un chal de lana gris, tibio, sobre la espalda. Y su rostro es el de los pétalos que se han puesto a marchitar entre las páginas de los libros.
El aire amanece limpio, recién pronunciado por la boca de Dios.(...) La gallina empolla solemnemente, sentada en su nido como en un trono.
Gerardus Mercator - Geógrafo, matemático y cartógrafo flamenco (1512-1594)
Mercator fue el cartógrafo oficial de Carlos V y el primero en utilizar la palabra “Atlas” para una colección de mapas. Su nombre verdadero era Gerhard Kremer, que, latinizado, se convirtió en Gerardus Mercator.
Gerardus Mercator
Estudió en las mejores escuelas de los Países Bajos y tomó lecciones particulares de matemáticas avanzadas con Gemma Frisius (quien había descrito el proceso de la triangulación, es decir, fijar los lugares por rayos que se intersecan, como técnica de mapeo en 1533). Trabajó como profesor retirándose por un tiempo al no poder4 compaginar sus creencias religiosas con el mundo científico de Aristóteles. De 1537 a 1540 se dedicó a viajar y cartografiar Flandes. En 1538 hizo un mapa del mundo en dos hemisferios basándose en un mapa de Tolomeo, pero dibujado en una proyección doble cordiforme no usual. Fue sobre este mapa que los nombres de “Norte América” y “Sur América” aparecieron por primera vez. Siguiendo a Frisius, Mercator se comprometió en el levantamiento de tierras dando lugar a mapas muy exactos de Europa en 1541 y 1544, los últimos sobre una proyección cónica con dos paralelos estándar. Redujo la longitud del mapa del mediterráneo varios grados, lo que demostró un gran avance científico con respecto a lo logrado por Tolomeo, aunque aún era demasiado largo.
En 1569 apareció el primer mapa del mundo hecho por él, de gran utilidad para la navegación, revolucionando con ello la cartografía. En 1585 comenzó un gran atlas del mundo, que contendría toda la información disponible hasta ese momento. Murió poco antes de completarlo, en 1594, así que su hijo lo terminó por él.
Lamentablemente la carta de Mercator no tuvo éxito inmediato: tuvieron que pasar 30 años para que su mérito y valor fueran reconocidos. Esto se logró gracias a Edgar Wright quien era profesor de matemáticas en Cambridge y publicó un trabajo titulado: Certaine Errors in Navigation, en el que sin complicar la vida de los marineros con un tratado académico salpicado de símbolos matemáticos, expuso, ente otras, la parte técnica de la proyección de Mercator, diciendo algo como: “supóngase que la tierra esférica se representa por un balón cubierto por una red de paralelas de latitud y meridianos igualmente espaciados. Colóquese el balón dentro de un cilindro cuyo diámetro interior sea tal que el ecuador de la esfera apenas toque las paredes del cilindro. Ínflese entonces el balón. Conforme se expande, los meridianos curvos se alisarán y aplanarán contra el cilindro. Este proceso continúa sin fin, ya que las regiones polares y los pollos mismos nunca se podrán presionar contra las paredes. Si el balón se mantiene contra los lados del cilindro y el cilindro se desarrolla y aplana, lo que queda impreso es la proyección del mundo hecha por Mercator”
Gerardus MercatorEstudió en las mejores escuelas de los Países Bajos y tomó lecciones particulares de matemáticas avanzadas con Gemma Frisius (quien había descrito el proceso de la triangulación, es decir, fijar los lugares por rayos que se intersecan, como técnica de mapeo en 1533). Trabajó como profesor retirándose por un tiempo al no poder4 compaginar sus creencias religiosas con el mundo científico de Aristóteles. De 1537 a 1540 se dedicó a viajar y cartografiar Flandes. En 1538 hizo un mapa del mundo en dos hemisferios basándose en un mapa de Tolomeo, pero dibujado en una proyección doble cordiforme no usual. Fue sobre este mapa que los nombres de “Norte América” y “Sur América” aparecieron por primera vez. Siguiendo a Frisius, Mercator se comprometió en el levantamiento de tierras dando lugar a mapas muy exactos de Europa en 1541 y 1544, los últimos sobre una proyección cónica con dos paralelos estándar. Redujo la longitud del mapa del mediterráneo varios grados, lo que demostró un gran avance científico con respecto a lo logrado por Tolomeo, aunque aún era demasiado largo.
En 1569 apareció el primer mapa del mundo hecho por él, de gran utilidad para la navegación, revolucionando con ello la cartografía. En 1585 comenzó un gran atlas del mundo, que contendría toda la información disponible hasta ese momento. Murió poco antes de completarlo, en 1594, así que su hijo lo terminó por él.
Lamentablemente la carta de Mercator no tuvo éxito inmediato: tuvieron que pasar 30 años para que su mérito y valor fueran reconocidos. Esto se logró gracias a Edgar Wright quien era profesor de matemáticas en Cambridge y publicó un trabajo titulado: Certaine Errors in Navigation, en el que sin complicar la vida de los marineros con un tratado académico salpicado de símbolos matemáticos, expuso, ente otras, la parte técnica de la proyección de Mercator, diciendo algo como: “supóngase que la tierra esférica se representa por un balón cubierto por una red de paralelas de latitud y meridianos igualmente espaciados. Colóquese el balón dentro de un cilindro cuyo diámetro interior sea tal que el ecuador de la esfera apenas toque las paredes del cilindro. Ínflese entonces el balón. Conforme se expande, los meridianos curvos se alisarán y aplanarán contra el cilindro. Este proceso continúa sin fin, ya que las regiones polares y los pollos mismos nunca se podrán presionar contra las paredes. Si el balón se mantiene contra los lados del cilindro y el cilindro se desarrolla y aplana, lo que queda impreso es la proyección del mundo hecha por Mercator”
Cine: "El Acorazado Potemkin" - Sergei Eisenstein (1898-1948)
A principios del siglo XX, el arte sufrió muchísimos cambios (evoluciones) en todos sus ámbitos. En 1907 Pablo Picasso pintaba “Las señoritas de la calle Avignon”, es la época también de músicos como Erik Satie o Arnold Schöenberg y su dodecafonismo y en lo estrictamente cinematográfico es la época en que nace el movimiento expresionista (Weiner, Eisenstein).

El film (1925) muestra la revolución de un grupo de marineros rusos de un barco llamado Potemkin, frente al poder establecido que los oprimía, pero es en realidad el reflejo del inicio de la Revolución Rusa que terminó con el poder zarista y dio paso al comunismo. En el film de Eisenstein esa idea de revolución (guerra) como motor para el cambio está lógicamente trazada bajo el prisma de la épica, del romanticismo y la justificación. Los planos enfatizados sabiamente por el director ruso a través del montaje en los que se muestra la crueldad del enemigo sirven para crear, magnificar y demostrar la sensación de situación insostenible en la que vivía el pueblo ruso durante la época zarista.
El acorazado Potemkin al igual que muchos films rusos del período eran encargos o estaban supervisados por el gobierno y más concretamente por Lenin, quien dijo que “De todas las formas de arte, el cine es para nosotros la más importante.”
Más allá de tener que hacer un film propaganda, Eisenstein creía firmemente en la bondad y necesidad de esa revolución, de ese levantamiento armado porque a través de cierto tipo de encuadres, una herramienta más sutil que el montaje, el director subraya la idea de la maldad de los soldados zaristas o los oficiales del Potemkin, sobretodo cuando debe encuadrarlos, mostrándolos siempre sin cabeza, a través de sombras aterradoras… deshumanizándolos. Y es ahí donde se puede extraer algo personal de un film de encargo. Cuando Eisenstein podría haberse limitado a la espectacularidad y efectividad evidente del montaje opta también por dar una visión personal del hecho a través de sutilezas propias de quien es conocedor de que un encuadre vale más que mil palabras, y que de un encuadre unido a otro con una pizca de criterio y mucho de genialidad surgen obras de arte.
Eisenstein nació en Riga, Rusia (hoy Letonia). Fue director de teatro y cine, y pionero en el uso de la edición. No utilizaba actores profesionales en sus películas. Fue perseguido y vigilado por sus ideas políticas. Murió en Moscú.

El film (1925) muestra la revolución de un grupo de marineros rusos de un barco llamado Potemkin, frente al poder establecido que los oprimía, pero es en realidad el reflejo del inicio de la Revolución Rusa que terminó con el poder zarista y dio paso al comunismo. En el film de Eisenstein esa idea de revolución (guerra) como motor para el cambio está lógicamente trazada bajo el prisma de la épica, del romanticismo y la justificación. Los planos enfatizados sabiamente por el director ruso a través del montaje en los que se muestra la crueldad del enemigo sirven para crear, magnificar y demostrar la sensación de situación insostenible en la que vivía el pueblo ruso durante la época zarista.
El acorazado Potemkin al igual que muchos films rusos del período eran encargos o estaban supervisados por el gobierno y más concretamente por Lenin, quien dijo que “De todas las formas de arte, el cine es para nosotros la más importante.”
Más allá de tener que hacer un film propaganda, Eisenstein creía firmemente en la bondad y necesidad de esa revolución, de ese levantamiento armado porque a través de cierto tipo de encuadres, una herramienta más sutil que el montaje, el director subraya la idea de la maldad de los soldados zaristas o los oficiales del Potemkin, sobretodo cuando debe encuadrarlos, mostrándolos siempre sin cabeza, a través de sombras aterradoras… deshumanizándolos. Y es ahí donde se puede extraer algo personal de un film de encargo. Cuando Eisenstein podría haberse limitado a la espectacularidad y efectividad evidente del montaje opta también por dar una visión personal del hecho a través de sutilezas propias de quien es conocedor de que un encuadre vale más que mil palabras, y que de un encuadre unido a otro con una pizca de criterio y mucho de genialidad surgen obras de arte.
Eisenstein nació en Riga, Rusia (hoy Letonia). Fue director de teatro y cine, y pionero en el uso de la edición. No utilizaba actores profesionales en sus películas. Fue perseguido y vigilado por sus ideas políticas. Murió en Moscú.
