Elegí ser cursi
Nos conocimos hace poco más de un año. Sin embargo, empezamos a salir justo un mes después de su cumpleaños, así que no hubo ocasión de celebrarlo juntos, como celebramos el mío de manera más bien personal.
Siempre he sido reacia a las cuestiones cursis. Me gusta el romanticismo moderado. Cuando alguien se pone romántico conmigo no puedo evitar echar a perder el momento con un mal chiste o alguna acción inconsciente. Siento que debo salir huyendo de la situación, no porque sea mala sino porque me da la impresión de que estoy a mitad de una comedia romántica y de que lo que está pasando es, simplemente un lineamiento del guión.
Me dijo alguna vez que nunca me llevaría a una cena romántica porque a mí no me gustaban esas cosas. No me atreví a decir que se equivocaba. Entonces, cuando preparaba la manera de festejarle su cumpleaños no dude en hacerlo con una cena, una cena sorpresa.
A pesar de las altas y bajas de la relación, me dediqué tres meses a planear el cumpleaños. Elegí el vestido negro de cuello de ojal y falda tres cuartos abierta de los costados hasta el muslo. Elegí los tacones de aguja del número diez. Elegí el peinado sencillo, el maquillaje discreto.
Elegí el mezanine de un pequeño hotel colonial. El mezanine para nosotros solos, para nuestra noche de festejo. Elegí la botella de tinto y el menú italiano: ensalada caprese, fetuccini al salmón, pastel de chocolate caliente. Elegí el color del mantel y del cubre mantel. Elegí velas y no flores.
Elegí además hacerle una carta en una hoja especial que he guardado por más de nueve años, porque no había sentido amar a alguien lo suficiente como para que fuera merecedor de ser su destinatario. Elegí las letras que plasmé en ese viejo papel impregnado de significados. Elegí no decirte que te amo, no todavía. Elegí que fuera el mesero quien te entregara, a nuestra llegada a la mesa, la carta aquella. Elegí un globo de helio grande con la leyenda FELIZ CUMPLEAÑOS para que lo vieras justo al subir las escaleras que conducen al mezanine.
En los tres meses, fui un par de veces al lugar, fui muy específica con lo que quería. Los empleados del sitio (la gerente de ventas en particular) y mis amigos cercanos se habían sorprendido; no por el precio, sino por mi empeño en cuidar cada detalle.
Elegí que fuera sorpresa y te avisé un mes antes que la cena era una reunión con el editor de mi libro de poemas para afinar detalles y te dije que había elegido que me acompañaras. Elegí que tú decidieras la hora y la fecha y te pedí que no cancelaras por nada del mundo. Tú elegiste decir que sin duda estarías ahí.
Pasaron entre nosotros cosas, distanciamientos. Aún así elegí seguir adelante con el plan. Todo estaba dicho y hecho; pagado y en orden. Restaba esperar la fecha.
Elegí llamarte un día antes y me aseguraste que estarías allí y elegí creerte.
Al final, a menos de cinco horas de la cita elegiste avisarme que no irías porque tenías trabajo. Elegí llamarte y decirte que la cena era por tu cumpleaños -aunque sabía que de cualquier forma no irías- y elegí decirte que no importaba, ya no.
Entonces elegí ir a cenar. Me puse el vestido, los zapatos, me hice el peinado y el maquillaje. Me dolió la perfección de la mesa -las copas, los cubiertos, el mantel-. Me dolieron las palabras de la carta que te había escrito. Me dolieron los boleros románticos que el guitarrista se empeñaba en cantar durante la noche. Me dolió la perfección de los platillos -de los platillos que te gustan a ti, no a mí-. Me dolió la ausencia del globo del elio, me dolió que no estuvieras allí, siendo testigo-destinatario de la cursilería más grande (y tal vez la última) que he cometido en mi vida.
Ahora elijo no llorar, no llamar. No olvidar. No volver.
Siempre he sido reacia a las cuestiones cursis. Me gusta el romanticismo moderado. Cuando alguien se pone romántico conmigo no puedo evitar echar a perder el momento con un mal chiste o alguna acción inconsciente. Siento que debo salir huyendo de la situación, no porque sea mala sino porque me da la impresión de que estoy a mitad de una comedia romántica y de que lo que está pasando es, simplemente un lineamiento del guión.
Me dijo alguna vez que nunca me llevaría a una cena romántica porque a mí no me gustaban esas cosas. No me atreví a decir que se equivocaba. Entonces, cuando preparaba la manera de festejarle su cumpleaños no dude en hacerlo con una cena, una cena sorpresa.
A pesar de las altas y bajas de la relación, me dediqué tres meses a planear el cumpleaños. Elegí el vestido negro de cuello de ojal y falda tres cuartos abierta de los costados hasta el muslo. Elegí los tacones de aguja del número diez. Elegí el peinado sencillo, el maquillaje discreto.
Elegí el mezanine de un pequeño hotel colonial. El mezanine para nosotros solos, para nuestra noche de festejo. Elegí la botella de tinto y el menú italiano: ensalada caprese, fetuccini al salmón, pastel de chocolate caliente. Elegí el color del mantel y del cubre mantel. Elegí velas y no flores.
Elegí además hacerle una carta en una hoja especial que he guardado por más de nueve años, porque no había sentido amar a alguien lo suficiente como para que fuera merecedor de ser su destinatario. Elegí las letras que plasmé en ese viejo papel impregnado de significados. Elegí no decirte que te amo, no todavía. Elegí que fuera el mesero quien te entregara, a nuestra llegada a la mesa, la carta aquella. Elegí un globo de helio grande con la leyenda FELIZ CUMPLEAÑOS para que lo vieras justo al subir las escaleras que conducen al mezanine.
En los tres meses, fui un par de veces al lugar, fui muy específica con lo que quería. Los empleados del sitio (la gerente de ventas en particular) y mis amigos cercanos se habían sorprendido; no por el precio, sino por mi empeño en cuidar cada detalle.
Elegí que fuera sorpresa y te avisé un mes antes que la cena era una reunión con el editor de mi libro de poemas para afinar detalles y te dije que había elegido que me acompañaras. Elegí que tú decidieras la hora y la fecha y te pedí que no cancelaras por nada del mundo. Tú elegiste decir que sin duda estarías ahí.
Pasaron entre nosotros cosas, distanciamientos. Aún así elegí seguir adelante con el plan. Todo estaba dicho y hecho; pagado y en orden. Restaba esperar la fecha.
Elegí llamarte un día antes y me aseguraste que estarías allí y elegí creerte.
Al final, a menos de cinco horas de la cita elegiste avisarme que no irías porque tenías trabajo. Elegí llamarte y decirte que la cena era por tu cumpleaños -aunque sabía que de cualquier forma no irías- y elegí decirte que no importaba, ya no.
Entonces elegí ir a cenar. Me puse el vestido, los zapatos, me hice el peinado y el maquillaje. Me dolió la perfección de la mesa -las copas, los cubiertos, el mantel-. Me dolieron las palabras de la carta que te había escrito. Me dolieron los boleros románticos que el guitarrista se empeñaba en cantar durante la noche. Me dolió la perfección de los platillos -de los platillos que te gustan a ti, no a mí-. Me dolió la ausencia del globo del elio, me dolió que no estuvieras allí, siendo testigo-destinatario de la cursilería más grande (y tal vez la última) que he cometido en mi vida.Ahora elijo no llorar, no llamar. No olvidar. No volver.
Etiquetas: amor
Comentario:
Es muy triste la historia. Siento que algo tan preparado te haya salido mal; quizás no fuese el chico indicado...
Lo ves como una gran cursilada, si; pero demostrar el cariño y el amor, con tanta delicadeza, con tanto mimo y detalle, con una cena tan especial y cuidada, se merece el mayor reconocimiento... y si alguien no supo o quiso ir... se perdió, seguro, uno de los mejores momentos de su vida...
Mucho ánimo y suerte...
Y ya que eres aficionada a los besos... te mando unos cuantos.
Lo ves como una gran cursilada, si; pero demostrar el cariño y el amor, con tanta delicadeza, con tanto mimo y detalle, con una cena tan especial y cuidada, se merece el mayor reconocimiento... y si alguien no supo o quiso ir... se perdió, seguro, uno de los mejores momentos de su vida...
Mucho ánimo y suerte...
Y ya que eres aficionada a los besos... te mando unos cuantos.
Comentario:
Hola. Solo puedo decir que me ha gustado mucho leerte, que he saboreado cada palabra y que elijo añadirte a favoritos y volver a pasar por aquí...





