La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
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Escribir es sencillo. Tan sólo tienes que sentarte frente al ordenador y abrirte una vena.
Sindicación
 
CIELOS
Una de mis hermanas vive en la calle Bailén, frente al Palacio Real. En su edificio conviven gente que tiene mucho dinero y gente que tiene poquísimo. Si tu apartamento es exterior con vistas a los Jardines de Sabatini tienes el monedero vacío pero muchas tarjetas de crédito. Si tu apartamento es interior y da a un patio ídem tienes el monedero lleno pero se trata de céntimos color vino que a fuerza de sumar dan para comprar algo en el Dia%.
El piso de mi hermana es interior. El ventanuco de su habitación mira a una iglesia. Todas las mañanas, a las siete en punto, se despierta sobresaltada con las campanadas, por lo que desde que se mudó tiene el firme propósito de comenzar un debate en el 20 Minutos o en el Metro (publicaciones siempre llenas de jugosas cartas al director de ciudadanas/os indignadas/os) acerca de la tolerancia que existe en este país hacia la contaminación acústica católica.
Anoche, cuando salí del portal de la casa, con la cabeza llena de tinto de verano, el cielo estaba naranja y al mirar el Palacio Real se te olvidaba la parafernalia monárquica pagada de nuestros bolsillos y te sentías un poco princesa en el buen sentido (que ahora mismo no sé exactamente cuál es pero tiene algo que ver con la inocencia infantil). Cierta brisa veraniega y los discman a todo volumen (adicta últimamente al nuevo CD de Fangoria)atravesando el parque de la Plaza de España. Había muchas parejitas, eminentemente hetero pero da igual, yo me acordé de ella lo cual mira, venía al caso porque ella también es hetero, con lo cual imaginaos que papelón. Pero bueno, dejemos los lamentos que no la poesía y pasemos a mi siguiente escena de cielos inspiradores.
Cuatro de la mañana y me despierto de repente creyendo que ya es hora de ir a trabajar. Cuando miro el despertador siento el placer de cuando una es consciente de que aún le quedan un par de horitas en la cama. Casi a punto de conciliar el sueño de nuevo me despiertan unos gritos de SOCORRO SOCORRO SOCORRO. Salgo a la terraza y está todo el vecindario asomado. Nos saludamos con movimientos de cabeza adormilados. Llamamos a la policía y resulta que era “un borracho” (palabras del “honorable” cuerpo) y le echan a patadas de la calle: ala, fuera, venga, ala, vete con la música a otra parte...
Y yo me pregunté a dónde habría ido y qué se hace cuando no se tiene casa y me dieron escalofríos al pensar que al día siguiente la escena en cuestión se me habría olvidado o estaría borrosa y seguiría con mi vida, una vida en la que no tener dinero para tabaco es El Gran Problema.
Me quedé un rato fumando en la terraza y el cielo estaba negro-verano, con alguna estrella dispersa y el ruido lejano de los coches incesantes de la Gran Vía.
Esta mañana he salido a mi hora habitual y me he topado con la misma gente que me cruzo siempre antes de llegar a la boca de metro. En especial me gusta la quiosquera, una anciana menudita que distribuye los periódicos cansinamente en el estante. Después hace una pila con los coleccionables y se sienta sobre ellos a leer el ¡Hola!. El cielo estaba azul recién sacado de la lavadora y he pensado: definitivamente existe un cielo de posibilidades y no nos quedamos ni con un pedacito de nube.
Y con esto me refiero a que la vida que llevo no me resulta estimulante con la salvedad de ciertas personas y de mis libros. No quiero ir de intelectual profunda pero estoy más que harta de que el mundo esté lleno de ruido, ruido y más ruido. Las personas hablan aunque no tengan nada que decir, la televisión está siempre encendida, nadie observa cuando camina por la calle, y casi no quedan lugares fuera de tu casa donde puedas simplemente estar sin consumir. Necesito conversaciones que aviven mi lengua y agudicen mis oídos, menos debilidad porque todo nos derrumba, más activismos contra todo el horror que nos rodea, más indignación y menos lamentos, más interés genuino hacia las cosas maravillosas que nos rodean... No es cuestión de sólo hablar de filosofía frente a un cortado en el Café Gijón (por todas las diosas),es más amar la vida y querer sacar el máximo provecho de ella. Y punto. Por cierto que ahora que me he metido en el mundo de la bitácora descubro a bloggeras a las que al parecer les pasa algo parecido, porque vierten en sus weblogs las cosas más geniales que he leído por Internet en mucho tiempo. Una muestra son las que vinculo a la derecha, pero hay muchas más, sólo es cuestión de buscar.
 
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Jajaja,laBambi y su historia con las iglesias: bueno esa en concreto.
Hola Bambi!!
 
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uyyyyyy!!!!
qué vagaaaaaa!!!
desde el lunes!
habrán invadido los espírirtus prevacacionales a Hester Prynne?
no me digas más: te has lanzado al activismo y ya pasas de postear.
bueno, te seguiré a la toma de la bastilla, del palacio de invierno, del gin and tonic... lo que digas
 
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Sigo sin saber si los cielos intensos vuelan sobre almas intensas o si en aquellas ciudades de cielos intensos viven seres sin luz que sólo son capaces de sobrevivir por ese azul eléctrico .En las ciudades con cielos azul desteñido, ¿viven seres con mucha luz propia que no necesitan más azul en sus vidas?
 
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Escribe usted deliciosamente.Eso de los ruidos lejanos de la Gran Via y lo de juntar moneditas para ir a comprar al Dia,lo dicho atrapa muy bien la realidad.Saludos.
 
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http://www.PetitionOnline.com/dingdong/petition.html

¡No las tocarán!

 
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a partir de ahora dejaré el María Moliner en el baño. cada día te pregunto una letra. que nada le falte a mi niña guapa.
pd.(ties más razón que una santa, aunque hoy este mal mencionar a la santamadreglesia)..
 
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"El secreto de la vida que nos llena es el vivir y el abrirse a los otros, como si mañana no estuviera allá, como si mañana nosotros no pudiéramos estar presentes. Esto elimina el vacío de la vacilación, el pecado de desplazar las cosas para más tarde y las comunicaciones y comuniones fallidas. Esta idea me hizo prestar más atención a todos mis encuentros, mis presentaciones y mis contactos que quizás contienen la semilla de la profundidad, susceptible de ser descuidada. Es un sentimiento que se vuelve raro, cada día más raro, ahora que hemos alcanzado un ritmo tan rápido y superficial, ahora que estamos en contacto con un número mayor de personas, de pueblos y países. Esta es una ilusión que osa de privarnos del estrecho contacto con la persona que vive a nuestro lado. La peligrosa época en la que a veces las voces mecánicas de la radio y el teléfono sustituyen las íntimas relaciones humanas y la impresión de estar en contacto con millones de seres, acaba empobreciendo cada vez más la intimidad y la visión humana".
A Nin, mayo 1946

P.D. ¿Porqué cada ciudad tendrá un color de cielo tan diferente? ¿Tendrá que ver con la intensidad de las almas que pasean debajo de esas nubes?
 
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Hoy día 21 de julio de 2004 empieza mi batalla. Hoy han publicado mi queja "clerical-campanil" en el periódico 20minutos. Mi casera tiene un contactillo en Madrid Directo. Ése será el siguiente paso.
 
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De iglesias, campanas, celebraciones religiosas y demás folclores chunta-chunta sé bastante, por desgracia: vivo al ladito de una iglesia y a las ocho de la mañana, sea lunes, sábado o domingo, suenan las malditas campanas. Súmale que a las diez vuelven a dar la tabarra, y más tarde a las doce. Si es fin de semana y de cara al buen tiempo, tengo bodorrios/bautizos/comuniones con lo que eso supone aquí en Valencia: una ristra de traca cuando llegan los celebrantes y otra al salir de la ceremonia. Si hay tres bodas en una tarde, supone seis pummmmm!!!! si los amigos son tranquiletes, pero si son algo ruidosos, la cosa salea razón de dos tiras por encendido... ¡ah! y añádele los entierros, que ni te cuento cómo se te pone el cuerpo con los toques de funeral... ¿se nota que ando cabreada con el cura párroco?
 
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Menos mal que te conozco.
No