Tempus fugit
Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo (En busca del tiempo perdido 1, Marcel Proust)
En ocasiones, ¡inesperado encuentro!, un aroma o una luz o una vieja canción me llevan en volandas a la infancia y vuelvo a ver las nimiedades cotidianas de mi vida de niña, esa que sucedió ayer, esa que incomprensiblemente un día se me escurrió de las manos como un gato huidizo que de un brinco se esconde entre los muebles. Entonces, no me doy de bruces con los sucesos trascendentales que más han marcado mi persona, sino que van poco a poco penetrando en la retina de mis recuerdos esas nimiedades cotidianas que no parecen tener posteridad.
El borboteo de la insustituible cafetera vieja que mi madre ponía sobre el fuego después de la siesta (ahora, probablemente, oxidándose en un vertedero), el tacto fresco del banco del jardín (ya no existe ese jardín), los pasos quedos de mi perro vago (mi perro, mi querido perro ya está muerto), los gritos regocijados del nieto de la vecina al salir a jugar (Borja ya es casi adulto y no tiene tiempo para juegos), el crujir del periódico de mi padre (hoy día un viejecito cascarrabias), mis hermanas y hermanos subiendo y bajando las escaleras (uno ya no está, para ver al otro hay que cruzar un océano, y los demás nos repartimos en nuevas casas para generar otras rutinas y distintas memorias), el barrio con sus esquinas recónditas, su panadería rebosando donuts con escarcha de azúcar, mi amiga Elena que fumaba a escondidas, el loco que daba miedo y el kiosquero que vendía –jueves sí jueves no- la flamante revista SuperPop (hace años que no paso por esas calles), las conversaciones con mi hermana pequeña antes de dormir (sustituidas ahora por las charlas a través del móvil), la sensación de que aún quedaba tiempo para ser lo que me diese la gana ser…
El viejo tópico, en fin, del tiempo y su fugacidad. Eso que no te crees hasta que empieza a sucederte.

En ocasiones, ¡inesperado encuentro!, un aroma o una luz o una vieja canción me llevan en volandas a la infancia y vuelvo a ver las nimiedades cotidianas de mi vida de niña, esa que sucedió ayer, esa que incomprensiblemente un día se me escurrió de las manos como un gato huidizo que de un brinco se esconde entre los muebles. Entonces, no me doy de bruces con los sucesos trascendentales que más han marcado mi persona, sino que van poco a poco penetrando en la retina de mis recuerdos esas nimiedades cotidianas que no parecen tener posteridad.
El borboteo de la insustituible cafetera vieja que mi madre ponía sobre el fuego después de la siesta (ahora, probablemente, oxidándose en un vertedero), el tacto fresco del banco del jardín (ya no existe ese jardín), los pasos quedos de mi perro vago (mi perro, mi querido perro ya está muerto), los gritos regocijados del nieto de la vecina al salir a jugar (Borja ya es casi adulto y no tiene tiempo para juegos), el crujir del periódico de mi padre (hoy día un viejecito cascarrabias), mis hermanas y hermanos subiendo y bajando las escaleras (uno ya no está, para ver al otro hay que cruzar un océano, y los demás nos repartimos en nuevas casas para generar otras rutinas y distintas memorias), el barrio con sus esquinas recónditas, su panadería rebosando donuts con escarcha de azúcar, mi amiga Elena que fumaba a escondidas, el loco que daba miedo y el kiosquero que vendía –jueves sí jueves no- la flamante revista SuperPop (hace años que no paso por esas calles), las conversaciones con mi hermana pequeña antes de dormir (sustituidas ahora por las charlas a través del móvil), la sensación de que aún quedaba tiempo para ser lo que me diese la gana ser…
El viejo tópico, en fin, del tiempo y su fugacidad. Eso que no te crees hasta que empieza a sucederte.

Comentario:
El tiempo, uno de mis temas preferidos. Hace mucho que soy consciente de que es lo más fungible que tenemos.
No te tengo enlazada, pero te sigo :)
No te tengo enlazada, pero te sigo :)
Comentario:
Hermosa manera de recordar la infancia, y contagiosa.
Saludos
Saludos
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Qué curioso, mi artículo de mañana domingo en Usar y Tirar va un poco de eso, de la memoria...
Y hace poco incluí unas citas de Umberto Eco en La Archivera Compulsiva sobre este mismo tema...
Será que de repente a todos nos ataca tarde o temprano esa sensación.
Besotes... y ya no te lo digo más, jajaja!!
Y hace poco incluí unas citas de Umberto Eco en La Archivera Compulsiva sobre este mismo tema...
Será que de repente a todos nos ataca tarde o temprano esa sensación.
Besotes... y ya no te lo digo más, jajaja!!