A dos metros bajo tierra
Soy consciente de que robar un pie puede resultar extraño. Pero oye, vivir en una casa donde una puede robar un pie, eso sí que es raro. (Claire Fisher)
Mi serie de televisión favorita es Six Feet Under, conocida en nuestro país como A dos metros bajo tierra.
A dos metros bajo tierra le concede a la muerte, su tema principal, la justa importancia, la sitúa en su justo lugar, es decir, como parte de la vida. La muerte asusta, cómo no va a asustar si se escapa por completo de nuestra jurisprudencia, si nos llega a todas las personas por igual tengamos el poder que tengamos, si en la impotencia con la que nos enfrentamos a ella paradójicamente es en esencia la cosa más leal a la que nos vamos a enfrentar jamás, fiel a sí misma y nunca traicionera aunque se la emplee traicioneramente por quienes algún día también tendrán que verse las caras con ella.
Pero A dos metros bajo tierra sobre todo trata de la vida. La vida a través de los ojos de diversos personajes de una verosimilitud más que loable, conseguida a través de la compleja personalidad de cada uno de ellos: encuentras en las mujeres y en los hombres de esta serie rasgos que adoras, otros que te dejan indiferente, y otros que detestas. Y, ¿no nos sucede lo mismo con la gente de carne y hueso? ¿No admiramos a alguien a veces, y nos enfadamos con esa misma persona por bocazas, o nos desesperamos porque ha cometido una imprudencia, por ejemplo? Y esta vida de A dos metros bajo tierra toca el tema del amor en todas sus vertientes, y habla de amistad, de lealtad, y explora en profundidad la maternidad, la paternidad, las relaciones entre hermanas y hermanos, la homofobia, y, en fin, el ser en su gravedad y en su levedad, en su alegría y en su dolor.
Un consejo: no veas A dos metros bajo tierra cuando quieras desconectar, relajarte tras un duro día de trabajo, o algo así. Es una serie dura, muchas veces desasosegadora, y que no posee la cualidad de otros programas televisivos fáciles y divertidos. Tienes que masticarla, rumiarla, digerirla, filosofarla. Resumiendo, ver A dos metros bajo tierra es lo más parecido a leer una buena novela.
El otro día vi el último capítulo con la aprensión de alguien que sabe que va a ver por última vez a una persona, y fue un remate alucinante de las cinco temporadas, de verdad. Mi bruja y yo, sobrecogidas y sorbiendo lágrimas, nos quedamos un ratito anonadadas delante de la pantalla de los créditos, sin saber qué decir.

Mi serie de televisión favorita es Six Feet Under, conocida en nuestro país como A dos metros bajo tierra.
A dos metros bajo tierra le concede a la muerte, su tema principal, la justa importancia, la sitúa en su justo lugar, es decir, como parte de la vida. La muerte asusta, cómo no va a asustar si se escapa por completo de nuestra jurisprudencia, si nos llega a todas las personas por igual tengamos el poder que tengamos, si en la impotencia con la que nos enfrentamos a ella paradójicamente es en esencia la cosa más leal a la que nos vamos a enfrentar jamás, fiel a sí misma y nunca traicionera aunque se la emplee traicioneramente por quienes algún día también tendrán que verse las caras con ella.
Pero A dos metros bajo tierra sobre todo trata de la vida. La vida a través de los ojos de diversos personajes de una verosimilitud más que loable, conseguida a través de la compleja personalidad de cada uno de ellos: encuentras en las mujeres y en los hombres de esta serie rasgos que adoras, otros que te dejan indiferente, y otros que detestas. Y, ¿no nos sucede lo mismo con la gente de carne y hueso? ¿No admiramos a alguien a veces, y nos enfadamos con esa misma persona por bocazas, o nos desesperamos porque ha cometido una imprudencia, por ejemplo? Y esta vida de A dos metros bajo tierra toca el tema del amor en todas sus vertientes, y habla de amistad, de lealtad, y explora en profundidad la maternidad, la paternidad, las relaciones entre hermanas y hermanos, la homofobia, y, en fin, el ser en su gravedad y en su levedad, en su alegría y en su dolor.
Un consejo: no veas A dos metros bajo tierra cuando quieras desconectar, relajarte tras un duro día de trabajo, o algo así. Es una serie dura, muchas veces desasosegadora, y que no posee la cualidad de otros programas televisivos fáciles y divertidos. Tienes que masticarla, rumiarla, digerirla, filosofarla. Resumiendo, ver A dos metros bajo tierra es lo más parecido a leer una buena novela.
El otro día vi el último capítulo con la aprensión de alguien que sabe que va a ver por última vez a una persona, y fue un remate alucinante de las cinco temporadas, de verdad. Mi bruja y yo, sobrecogidas y sorbiendo lágrimas, nos quedamos un ratito anonadadas delante de la pantalla de los créditos, sin saber qué decir.

Comentario:
Es mi serie favorita.. Estoy a unos capítulos de terminar la quinta temporada y me resisto. No quiero que se termine.
Comentario:
Yo la verdad es que me la he descargado por completo de Internet, soy así de pirata... es que me gusta verla en versión original. Si no, de todas formas, en algunos videoclubes la tienen para alquilar. También venden las cinco temporadas, pero comprar series cuesta una pasta. Ahora, en este caso merece la pena para quien no pueda descargarlas, son una joyita.
Comentario:
A mi también me encanta esa serie, aunque no había hecho tan profundas y acertadas reflexiones. Por supuesto ya no la ponen en la tele, es lo que tienen las cosas buenas, que las quitan. ¿Será por si nos dá por pensar, como a tí????
P.D. : he reabierto en esta dirección
P.D. : he reabierto en esta dirección
Comentario:
Muy muy buena. La he visto ocasionalmente. Es que la tele yo la pongo... entre poco y nada.
Qué más añadir? Siempre me deja pensando, tienes razón.
Como tú, cada vez que apareces, aunque sea poco, jodía.
Qué más añadir? Siempre me deja pensando, tienes razón.
Como tú, cada vez que apareces, aunque sea poco, jodía.
Comentario:
Tendré que volver al mundanal mundo televisivo. Lo tengo abandonado por voluntad propia hace unos cinco meses. Sólo la visiono cuando estoy en hogares ajenos (a veces menos ajenos que el que me dá cobijo). No sé ni en que canal lo colocan. Es cuestión de estimular sensaciones que estoy un poco piedra.
Besucos sureños
Besucos sureños