La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
Hester Prynne
Creative Commons License
La Letra escarlatabyHester Prynneis licensed under aCreative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 España License.
Sindicación
 
El oasis de mi sofá
Cada día es una pequeña vida (Quinto Horacio Flaco)

Enero ha comenzado sin tregua, cosa que demuestra el hecho de que sean casi las tres de la madrugada y no me haya acostado aún (y lo que te contaré morena). Hasta arriba de trabajo, que en cierto modo es bueno –peor sería que mi cuenta corriente continuase enrojeciendo, color que poco a poco va desapareciendo de los números- pero que por otra parte me impide por ahora hacer algo con lo que llevo soñando desde hace ya varios meses: acurrucarme en el sofá con una taza de café humeante y un buen libro, sin teléfono, sin compromisos posteriores, sin prisas ni preocupaciones, sin nada que hacer después mas que quizá levantarme a recargar la taza o a darle un beso a mi bruja (quien por supuesto, está tumbada en el otro sofá devorando también una novelita y levantando de cuando en cuando la vista para hablarme con los ojos).
En esta fantasía que la vida loca que me he creado me impide llevar a cabo –no por mucho tiempo, es mi más firme propósito de 2008 derrocar al malvado rey estrés- se engloban todos mis deseos, todas mis aspiraciones, todo lo que quiero conservar si ya lo tengo o conseguir si aún no forma parte de mi vida: un lugar con pilas de libros y calcetines por el suelo al que poder llamar casa, la cotidianidad del amor en todas sus formas (mi novia, mi familia de sangre o de corazón) y una tranquilidad que me conserve la salud tanto espiritual como corporal.
A medida que se van desplegando ante mi entendimiento todos los horrores y errores de este mundo, los cuales lamentablemente son demasiados como para conservar la inocencia, siento que me vuelvo cada vez más animal, como una loba que no tiene por qué salir de su cueva para seguir siendo salvaje, como una leona que amamanta a su cría sin dejar de estar al acecho de posibles atacantes, como una tortuga vieja y resistente que va almacenando recuerdos en su prehistórico caparazón.
Esto no quiere decir que haya dejado de querer ver el mundo y aprender cosas nuevas, todo lo contrario. Lo único que digo es que siempre quiero tener una casa a la que volver.
 
2008
El azar sólo favorece a quien sabe cortejarlo (Charles Nicolle)

Qué extraña y terrible puede resultar la vida. Dos amigas valencianas vienen a Madrid a cumplir un viejo sueño: pasar la Nochevieja comiéndose las uvas en la Puerta del Sol. Un par de días después y un rato antes de emprender su viaje de regreso a la cotidianidad de las aulas donde enseñan, una infantil y la otra secundaria, se disponen a visitar el museo Reina Sofía, una de esas citas ineludibles para los turistas que visitan la capital. Encaminándose hacia allí por el emblemático paseo de Recoletos, una de ellas escucha un ruido sordo y lo siguiente que ve es a su amiga de la infancia tendida en el suelo, sangrando a borbotones. Qué absurda y fugaz puede resultar la vida, a esta mujer valenciana le mató el escudo de cemento que coronaba un edificio perteneciente a una aseguradora. Habría resultado igual de trágico, pero tenía más posibilidades de desprenderse sobre los trabajadores de dicha aseguradora, que siempre salían a fumar justo en ese punto, o sobre los madrileños que pasan por allí todos los días rumbo al trabajo. O mejor aún, el escudo podría haberse desprendido justo cuando no transitaba nadie. Pero cayó sobre una mujer que nunca pasaba por esa calle, que ni siquiera era de Madrid.
Y en esta misma ciudad, se desploma repentinamente uno de los edificios de un colegio donde un par de días antes cientos de alumnos, con sus padres y profesores, representaban una función de Navidad. Afortunadamente, el colegio estaba cerrado por las vacaciones. Podría haber pasado en un concurrido periodo lectivo, pero sucedió cuando no había nadie. Qué vida tan rara.
Y precisamente porque nunca se sabe, te regalo un propósito para el 2008, a ver si te gusta y te lo llevas puesto. Para ti este exprimidor de momentos con el fin de que les saques todo su jugo y rebañes luego la pulpa que se ha quedado en la bandeja. No dejes nada, no vaya a ser. Bébete el zumo de los pequeños momentos, porque son los más importantes y a veces los que más nos cuesta valorar, sin darnos cuenta de que todas esas monedas de oro acaban formando un tesoro: el buenos días de una persona que queremos, la sonrisa cómplice de una compañera de trabajo, el abrazo de un familiar a quien hace tiempo que no ves, un paseo con el perro, un café y una buena novela, empezar algo, rematar algo, atreverse a algo, meterse en la cama, escuchar una canción que te encanta, ver una buena película, estar enamorada, ir de excursión, cocinar, escribir una carta, recibir un e-mail de un amigo, reírte, y lo que tú quieras.
Felices pequeños momentos de 2008.

2007
2006
2005