Bah
No hay nada más interesante que la conversación de dos amantes en un profundo silencio. (Achille Tournier)
Duermes en la habitación de al lado. Sólo tengo que caminar unos pasos y ahí estás tú. ¿Qué más se puede pedir en esta vida? Dinero, una casa más grande, fama… bah. La posibilidad de acabar cada noche el día que comence contigo al salir el sol. Y a lo demás, bah.

Duermes en la habitación de al lado. Sólo tengo que caminar unos pasos y ahí estás tú. ¿Qué más se puede pedir en esta vida? Dinero, una casa más grande, fama… bah. La posibilidad de acabar cada noche el día que comence contigo al salir el sol. Y a lo demás, bah.

Carrera profesional
Para bien o para mal, nuestra vida estará determinada por los sueños que tuvimos y nuestra lucha para hacerlos realidad. (Mihaly Csikszentmihalyi)
Tengo la inmensa suerte de trabajar en casa, ya que soy traductora autónoma. La decisión de cambiar de trabajo y arriesgarme a empezar de cero, sin apenas contactos ni títulos específicos que me avalasen (pero con la certeza de que no lo iba a hacer mal, puesto que domino el inglés, y leo y escribo durante horas todos los días) fue justo eso, arriesgada, pero ahora sé que mereció la pena dejarlo todo. He tenido la fortuna de contar con el apoyo de mi bruja, que creyó en mí y que me ha financiado en más de una ocasión (muchos clientes quieren sus textos YA pero luego tardan siglos en pagarte, es increíble), y eso ha sido lo más importante en los momentos desmoralizantes en los que he recordado lo sencillo que era trabajar de tal a tal hora en una oficina haciendo lo que mis jefes me decían que hiciera y punto y he estado a punto de abandonar mi proyecto.
La gente me dice que qué envidia, que eso de trabajar en casa es maravilloso. Muchas personas podrían hacerlo si quisieran, pero entiendo que a veces da miedo, porque, ¿y si sale mal? En ocasiones es una vida demasiado solitaria, por lo que hay que obligarse a hacer algún deporte o dar paseos para mover un poco el trasero. También cuesta cumplir los horarios que una misma se pone, porque no hay nadie detrás controlando los descansos que haces o lo que te distraes navegando aleatoriamente por Internet. Y por último, hay quien no comprende que aunque estás en casa, estás trabajando, y se presenta inesperadamente, te llama por teléfono para charlar o algo similar.
Pero por lo demás, sí, trabajar en casa me parece maravilloso. Porque aunque me impongo horarios, estos son flexibles y puedo salir a hacer algún recado o saltármelos si me he acostado tarde la noche anterior, por ejemplo. Además, yo decido qué trabajos acepto y soy mi propia jefa para bien y para mal. En general, estoy muy satisfecha y me alegro muchísimo de haber tomado esta decisión que en un principio me llenó de inseguridades y recelo.
¿Y todo esto a qué viene? Pues a que, después de traducir todo tipo de textos aburridísimos, porque cuando una tiene que comer tampoco puede ponerse muy selectiva, por fin he conseguido aquello a lo que aspiraba: me han dado mi primera novela para traducir. Pertenece a uno de los grupos editoriales más importantes de España y espero estar a la altura, porque se trata de una historia muy bonita y poética. Será extraño ver el libro en los escaparates cuando todo haya terminado, pues seguro que tras haberlo trabajado tanto tendré un vínculo muy especial con él.
Esto es sólo el principio.

Tengo la inmensa suerte de trabajar en casa, ya que soy traductora autónoma. La decisión de cambiar de trabajo y arriesgarme a empezar de cero, sin apenas contactos ni títulos específicos que me avalasen (pero con la certeza de que no lo iba a hacer mal, puesto que domino el inglés, y leo y escribo durante horas todos los días) fue justo eso, arriesgada, pero ahora sé que mereció la pena dejarlo todo. He tenido la fortuna de contar con el apoyo de mi bruja, que creyó en mí y que me ha financiado en más de una ocasión (muchos clientes quieren sus textos YA pero luego tardan siglos en pagarte, es increíble), y eso ha sido lo más importante en los momentos desmoralizantes en los que he recordado lo sencillo que era trabajar de tal a tal hora en una oficina haciendo lo que mis jefes me decían que hiciera y punto y he estado a punto de abandonar mi proyecto.La gente me dice que qué envidia, que eso de trabajar en casa es maravilloso. Muchas personas podrían hacerlo si quisieran, pero entiendo que a veces da miedo, porque, ¿y si sale mal? En ocasiones es una vida demasiado solitaria, por lo que hay que obligarse a hacer algún deporte o dar paseos para mover un poco el trasero. También cuesta cumplir los horarios que una misma se pone, porque no hay nadie detrás controlando los descansos que haces o lo que te distraes navegando aleatoriamente por Internet. Y por último, hay quien no comprende que aunque estás en casa, estás trabajando, y se presenta inesperadamente, te llama por teléfono para charlar o algo similar.
Pero por lo demás, sí, trabajar en casa me parece maravilloso. Porque aunque me impongo horarios, estos son flexibles y puedo salir a hacer algún recado o saltármelos si me he acostado tarde la noche anterior, por ejemplo. Además, yo decido qué trabajos acepto y soy mi propia jefa para bien y para mal. En general, estoy muy satisfecha y me alegro muchísimo de haber tomado esta decisión que en un principio me llenó de inseguridades y recelo.
¿Y todo esto a qué viene? Pues a que, después de traducir todo tipo de textos aburridísimos, porque cuando una tiene que comer tampoco puede ponerse muy selectiva, por fin he conseguido aquello a lo que aspiraba: me han dado mi primera novela para traducir. Pertenece a uno de los grupos editoriales más importantes de España y espero estar a la altura, porque se trata de una historia muy bonita y poética. Será extraño ver el libro en los escaparates cuando todo haya terminado, pues seguro que tras haberlo trabajado tanto tendré un vínculo muy especial con él.
Esto es sólo el principio.

La viejecita de fuego
La novela no tiene leyes. Nunca las ha tenido y nunca las tendrá (Doris Lessing)
Justo hace ahora un año la vi dando pequeños pasos por una empedrada calle de Segovia. Yo había acudido al Hay Festival, la estupenda versión castellanoleonesa del festival literario, y lo que más me interesaba de esa edición era, por supuesto, la conferencia que iba a dar ella. Parecía mentira que esa viejecita redonda de pelo nevado y caminar reticente hubiera escrito las gruesas novelas que pueblan mis estanterías (desde ese día, una de ellas dedicada por su puño y letra), parecía mentira que fuera la autora de ese escandaloso manifiesto feminista –ella odia que lo denominen así, aborrece las etiquetas tan constrictivas, y qué razón tiene- titulado El cuaderno dorado (The Golden Notebook), que en los años sesenta narró de forma pionera la revolución que llevaban las mujeres por dentro, parecía mentira que esos ojos cálidos, como de abuela escandinava que hornea bollitos de canela, tuviesen la capacidad no sólo de ver sino también de visionar, de descubrir lo que fue, lo que es y lo que será como si nadie lo hubiese registrado antes. Parecía mentira, pero las apariencias siempre engañan.
Cuando comenzó a hablar su voz fuerte y sus ideas claras y valientes la transformaron a nuestros ojos en lo que ya era. Una mujer intelectual admirada y admirable, que tanto nos ha enseñado siempre y que tanto tiene aún que ofrecer. Una mujer que se autoeducó tras dejar la escuela a los 15 años. Una escritora que desafía lo preconcebido con sus párrafos punzantes.
Hoy, como sucede repentinamente en contadas ocasiones, se ha hecho justicia. Doris Lessing ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura de 2007.
Enhorabuena, Doris. Enhorabuena a todas. Enhorabuena a todos.

Justo hace ahora un año la vi dando pequeños pasos por una empedrada calle de Segovia. Yo había acudido al Hay Festival, la estupenda versión castellanoleonesa del festival literario, y lo que más me interesaba de esa edición era, por supuesto, la conferencia que iba a dar ella. Parecía mentira que esa viejecita redonda de pelo nevado y caminar reticente hubiera escrito las gruesas novelas que pueblan mis estanterías (desde ese día, una de ellas dedicada por su puño y letra), parecía mentira que fuera la autora de ese escandaloso manifiesto feminista –ella odia que lo denominen así, aborrece las etiquetas tan constrictivas, y qué razón tiene- titulado El cuaderno dorado (The Golden Notebook), que en los años sesenta narró de forma pionera la revolución que llevaban las mujeres por dentro, parecía mentira que esos ojos cálidos, como de abuela escandinava que hornea bollitos de canela, tuviesen la capacidad no sólo de ver sino también de visionar, de descubrir lo que fue, lo que es y lo que será como si nadie lo hubiese registrado antes. Parecía mentira, pero las apariencias siempre engañan.Cuando comenzó a hablar su voz fuerte y sus ideas claras y valientes la transformaron a nuestros ojos en lo que ya era. Una mujer intelectual admirada y admirable, que tanto nos ha enseñado siempre y que tanto tiene aún que ofrecer. Una mujer que se autoeducó tras dejar la escuela a los 15 años. Una escritora que desafía lo preconcebido con sus párrafos punzantes.
Hoy, como sucede repentinamente en contadas ocasiones, se ha hecho justicia. Doris Lessing ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura de 2007.
Enhorabuena, Doris. Enhorabuena a todas. Enhorabuena a todos.
