La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
Hester Prynne
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Sindicación
 
De librerías y bibliotecas
La lectura es un vale de descuento a todas partes (Mary Schmich)

Con preocupación y desasosiego leo el e-mail que nos envía a sus lectoras y lectores (prefiero llamar así a quienes compran en una librería, en lugar de “clientes”) una de las librerías más maravillosas de Madrid, Fuentetaja. Y es que dice así:

Estimados amigos:
desde ayer la librería Fuentetaja queda momentáneamente cerrada por obras en el edificio. Os adjunto una carta que explica nuestra situación. En nuestra página web os iremos informando.
De todas formas, pondremos todo de nuestra parte para que el cierre no sea definitivo. ¡Contamos con tu ayuda!
Un cordial saludo,
Personal de Librería Fuentetaja


Vivo muy cerca de Fuentetaja, y puedo corroborar que el edificio de la calle San Bernardo donde se encuentra la bella librería está siendo reformado, y lleva recubierto con un andamio desde hace ya tiempo. Quienes conocemos Fuentetaja no tenemos problemas en encontrarla sorteando barras de hierro y otros tropiezos, y hemos seguido rumiando entre sus libros día sí día también. Se ha hecho así desde 1959, puesto que nunca había cerrado antes. Me han contado quienes recuerdan tiempos más grises, cómo en la dictadura compraban allí clandestinamente libros prohibidos.
Estoy preocupada.
Estoy preocupada porque no parece un cierre “normal,” por motivos de obras. Si así lo fuera no dirían “pondremos todo de nuestra parte para que el cierre no sea definitivo” ni necesitarían “contar con tu ayuda” ni dirían “hasta luego” con lo que definen en su web como “gran sentimiento de desgarro.” ¿Qué está ocurriendo? ¿Tiene que ver con que el edificio puede no llegar a estar habitable nunca, y van a trasladar la librería a otra parte? Me temo que ni siquiera parece ser eso, sino algo peor: ¿existe la posibilidad de que Fuentetaja no vuelva a abrir nunca? ¿Por qué? ¿Tiene tal vez que ver con el cierre a nivel mundial de las librerías independientes, en beneficio de las grandes cadenas? Tiemblo.
Perder las librerías independientes es perder una gran porción de lo hermoso que hemos conseguido hacer los seres humanos por el mundo.

Por otra parte se desea establecer el préstamo de pago en las bibliotecas públicas, lo cual es una verdadera vergüenza, sobra explicar el por qué. En otros países he podido observar con envidia cómo las comunidades tienen uno de sus ejes centrales en la biblioteca de su localidad. Es allí donde la gente se encuentra para asistir a tertulias, leer, estudiar, navegar por Internet u hojear el periódico del día. Es allí donde se organizan diferentes eventos, donde niñas y niños pueden participar en un montón de actividades e incluso donde puedes coger un dvd sin pagar un duro, que el cine también es cultura. Las bibliotecas públicas de aquí también tienen alguna que otra actividad, pero nada comparable a lugares como Saratoga Springs, Nueva York, donde viví el año pasado. Allí, por ejemplo, el pueblo vota para elegir el libro del año, y luego todo el mundo se lo lee y hay un montón de actividades organizadas en torno al libro en cuestión. Poco a poco, y si nos lo proponemos, podemos conseguir bibliotecas donde la gente pueda encontrar un espacio para desconectar de las obligaciones y dedicarse al placer de la literatura y sus derivados. Pero si se cobra por sacar libros, entonces no sólo se estará contradiciendo la propia esencia de una biblioteca pública, sino que nunca será posible que ésta sea de verdad de la buena ese espacio único para el fomento de la cultura, esa oportunidad de poder ser mejores, de crecer y de crear comunidades que convivan y se inspiren unas a otras.
 
8 de marzo de 2007
El miedo es la fuente de donde mana la superstición, y una de las principales fuentes de donde bebe la crueldad. Conquistar el miedo es comenzar a saber. (Bertrand Russell)

8 de marzo. VIVA LA LUCHA DE LAS MUJERES. Hoy es nuestro día, el día en que simbólicamente reclamamos las calles, dejando a nuestros compañeros y amigos en casa, para celebrar juntas lo conseguido, indignarnos juntas por lo no conseguido, y confabular en akelarres urbanos para cambiar el masculino mundo.
Hoy el blog lo quiero dedicar, para festejar este Día de las Mujeres, a unas que admiro mucho: las lesbianas de las ciudades pequeñas y de los pueblos. Precisamente el fin de semana pasado tuve el inmenso placer de tomarme unas cervezas con dos chicas de un lugar de esos donde todo el mundo se conoce, y escuchaba con fascinación el eterno armario al que se ven sometidas por mera supervivencia. Y cuando digo armario, lo digo en la totalidad de sus significado: NADIE sabe que son lesbianas. Ni sus mejores amigas y amigos, ni su familia, ni nadie. ¿Cómo puedes alcanzar una relación profunda, sincera, de cariño de verdad, con personas que no saben algo tan importante de ti?
Yo, viviendo en una gran ciudad, me encuentro con que siempre he dado por sentadas cosas que a mucha gente de otras partes de mi propio país (ya no digamos del resto del mundo, en la mayoría del cual no existen leyes tan antidiscriminatorias como las de aquí) no les resultan tan obvias. Claro, yo he vivido lo mío con mi familia, y me ha costado mucho llegar a abrirme del todo, sobre todo con mis padres. Y claro, yo también he vivido incontables situaciones en las que me he sentido olvidada o insultada, o en las que me han insultado directamente. Pero cuando, de adolescente, le dije a mi amigo Kico (el primero al que se lo conté) que me gustaban las chicas, nos fuimos los dos a explorar Chueca y descubrimos un montón de lugares donde yo no me sentía la rara, la diferente, ni nada de eso. Sitios donde las chicas se besaban con las chicas, revistas sobre nosotras, colectivos en los cuales te asesoraban con respecto a cualquier tema. Al cabo de los años fui a la universidad, y allí también conocí a muchas lesbianas, y tuve mis primeras relaciones largas, y me uní a un colectivo feminista, las maravillosas y ya desaparecidas Insumisas al Género. Y posteriormente anduve por la Eskalera Karakola, y más tarde por el Entredos, y en fin, que siempre me he rodeado de otras lesbianas y de otras personas, hombres y mujeres, con los que he sido yo misma y me han querido por eso. Hoy día vivo con mi bruja, mi novia, y vamos de la mano por la calle, y bueno, no digo que aquí todo sea perfecto, hay mucha gente cegada por el odio hacia la diferencia, que no es sino ignorancia, y ciertas zonas de la ciudad donde como mínimo nos mirarían mal, pero en general, podemos vivir tranquilas.
También hay muchas mujeres en las ciudades de provincia y en los pueblos que, desafiantes, se han atrevido a ser quienes son, les guste a sus vecinas y vecinos o no. Para ellas va este post, cargado de aplausos.
Y también para las que aún viven en la sombra o en el silencio, para vosotras, porque nacemos donde nacemos por casualidad, porque amáis muchas cosas de vuestra casa pero otras os asfixian, porque sabéis que no estáis haciendo ni sintiendo nada vergonzoso y aún así la fuerza de las convenciones y del miedo os mantiene calladas, para vosotras toda la fuerza, todos los ánimos.
Feliz 8 de marzo, feliz día de todas las mujeres.

8 de marzo de 2005
8 de marzo de 2006
 
A dos metros bajo tierra
Soy consciente de que robar un pie puede resultar extraño. Pero oye, vivir en una casa donde una puede robar un pie, eso sí que es raro. (Claire Fisher)

Mi serie de televisión favorita es Six Feet Under, conocida en nuestro país como A dos metros bajo tierra.
A dos metros bajo tierra le concede a la muerte, su tema principal, la justa importancia, la sitúa en su justo lugar, es decir, como parte de la vida. La muerte asusta, cómo no va a asustar si se escapa por completo de nuestra jurisprudencia, si nos llega a todas las personas por igual tengamos el poder que tengamos, si en la impotencia con la que nos enfrentamos a ella paradójicamente es en esencia la cosa más leal a la que nos vamos a enfrentar jamás, fiel a sí misma y nunca traicionera aunque se la emplee traicioneramente por quienes algún día también tendrán que verse las caras con ella.
Pero A dos metros bajo tierra sobre todo trata de la vida. La vida a través de los ojos de diversos personajes de una verosimilitud más que loable, conseguida a través de la compleja personalidad de cada uno de ellos: encuentras en las mujeres y en los hombres de esta serie rasgos que adoras, otros que te dejan indiferente, y otros que detestas. Y, ¿no nos sucede lo mismo con la gente de carne y hueso? ¿No admiramos a alguien a veces, y nos enfadamos con esa misma persona por bocazas, o nos desesperamos porque ha cometido una imprudencia, por ejemplo? Y esta vida de A dos metros bajo tierra toca el tema del amor en todas sus vertientes, y habla de amistad, de lealtad, y explora en profundidad la maternidad, la paternidad, las relaciones entre hermanas y hermanos, la homofobia, y, en fin, el ser en su gravedad y en su levedad, en su alegría y en su dolor.
Un consejo: no veas A dos metros bajo tierra cuando quieras desconectar, relajarte tras un duro día de trabajo, o algo así. Es una serie dura, muchas veces desasosegadora, y que no posee la cualidad de otros programas televisivos fáciles y divertidos. Tienes que masticarla, rumiarla, digerirla, filosofarla. Resumiendo, ver A dos metros bajo tierra es lo más parecido a leer una buena novela.
El otro día vi el último capítulo con la aprensión de alguien que sabe que va a ver por última vez a una persona, y fue un remate alucinante de las cinco temporadas, de verdad. Mi bruja y yo, sobrecogidas y sorbiendo lágrimas, nos quedamos un ratito anonadadas delante de la pantalla de los créditos, sin saber qué decir.