La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
Hester Prynne
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Sindicación
 
Templos
Una palabra tras otra palabra tras otra palabra es poder (Margaret Atwood)

Internet te ofrece el singular, morboso y en cierto modo inquietante placer de mostrarte, como si de una ventana que abarca el mundo entero se tratase, lo que está pasando en todos los rincones del planeta. Y yo en mis ataques de melancolía aprovecho este don de la ubicuidad, esta desnudez internacional, para entrar en las webs de sitios que amo y en los que no puedo estar ahora mismo, como por ejemplo, la universidad encajada en unas montañas norteamericanas donde estudié un año, y todos los lugares que conocí por aquél entonces.
En esas estaba justo ahora cuando se me ha ocurrido visitar la web de una librería de Manhattan que me encanta, Coliseum Books. Situada junto a la majestuosa Biblioteca Pública de crujientes pasillos y horas de husmeo, y enfrente del lindo Bryant Park, servidora se ha pasado horas perdiéndose en sus pasillos y calculando mentalmente cuántos tesoros podía llevarse con los escasos dólares de su bolsillo. Y como la mayoría de mis librerías favoritas (son los lugares que siempre visito cuando viajo), Coliseum tenía un café. El olor te invadía por toda la tienda, que es bien grande, y al final simplemente cogías unos cuantos volúmenes y te los llevabas a una mesa para beberlos mientras hojeabas el café, digo, al revés, que es que estos momentos me llenan de emoción y me hago un lío.
Ay, pues no entro yo ahora en la web de Coliseum y me entero de que van a cerrar... De hecho cuentan que el último café lo sirvieron el 1 de diciembre y ya se está vendiendo todo con un enorme descuento de liquidación. Es que hasta venden las estanterías… se me ha encogido el corazón cuando lo he leído.
¿La razón? Explican que no han podido con la competencia de las grandes superficies, ni tampoco con esas tiendas de libros de saldo
que están abriendo por todo Nueva York, y mucho menos con la venta de libros online. Recuerdo con culpabilidad una tienda de libros de ocasión (me niego a llamarla librería, pues los ejemplares estaban distribuidos con menos amor y criterio que los cds piratas de un top manta) que había muy cerquita de Coliseum, regentada por gente china, y donde realmente los precios eran tan baratos que más de una vez compré allí. Y me remuerde aún más la conciencia cuando pienso que tantas veces en Estados Unidos entré en Borders o en
Barnes & Noble, que son esas multinacionales de las que habla
Coliseum, cuya identidad es la de una librería de barrio, independiente, digna y que tiene que cerrar. Me angustio mirando mis preciados libros adquiridos en Amazon, y mi Pepito Grillo me reprende con cara de progenitor decepcionado. Si Coliseum, con un local tan exquisito y una ubicación tan privilegiada no ha podido mantenerse, ¿qué pasara con otras librerías, allí en Mahattan, pero también en el resto del mundo? ¿Y qué pasa con mi sueño de abrir en algún momento una, y vivir de por y para la literatura?
La lectura y la bibliofilia son dos elementos esenciales en mi vida. Gasto gran parte de mi dinero en mi biblioteca. Leo muchas publicaciones especializadas en literatura para estar al día de las novedades, y procuro adquirir las que me interesan siempre que puedo. Por otra parte, voy aumentando también mi colección de clásicos y rarezas. No soy especialmente tiquismiquis, y si puedo y mientras esté en un estado aceptable, compro los libros de segunda mano. Por supuesto, cuando encuentro una edición única o hermosa se me pone la carne de gallina, pero estas cosas sólo pasan en las librerías de viejo. Me gusta merodear entre los libros durante horas, por eso a veces efectúo mis compras sola y en grandes superficies, para pasar desapercibida. Además es a estos lugares, o a Internet, donde acudo cuando busco un ejemplar en especial, porque es más fácil que lo tengan que en un local pequeño. Donde claro, se puede encargar, pero otra cosa es que soy una lectora muy poco
paciente. Por tanto, compro en sitios independientes muchas veces (aquí en Madrid J & Js Books and Coffee, Petra´s International Bookshop, Fuentetaja, Pasajes o la Librería de Mujeres, por poner unos ejemplos en una ciudad llena de librerías deliciosas), pero también me encontraréis en uno de esos mastodontes globalizados, perdida por sus pasillos blancos y demasiado limpios, que una librería sin polvo tiene algo de sospechoso.
Pues eso, que paradójicamente sostengo la permanencia y al mismo tiempo contribuyo a la desaparición de encantadoras librerías como Coliseum Books, que hacen que el mundo sea sin duda un lugar mejor.
Me da mucha pena, van a cerrar un templo y a saber lo que abren ahí, pero cuidado, que los espíritus de muchas almas literarias estarán vigilando entre sus paredes, asegurándose de que todo lo que ocurra dentro tenga un regustillo ficticio.