La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
Hester Prynne
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Sindicación
 
Total, por un anuncio de la tele...
Nunca he sido capaz de averiguar exactamente en qué consiste el feminismo; sólo sé que la gente me llama feminista siempre que expreso sentimientos que me diferencian de un felpudo. (Rebecca West)

El anuncio de no sé qué coche en el que actúa Pau Gasol es completamente sexista. Y me da igual cuánto paguen, cualquier persona que participe en algo así (y especialmente si es gente como él, a quien el dinero no le falta precisamente), está siendo partícipe, válgame la redundancia, de uno de los eslabones de la cadena de la violencia de género. Bueno, te ha tocado a ti, Pau, llevarte la bronca de La Letra Escarlata, porque acabo de ver el anuncio, pero la verdad es que cualquier pausa publicitaria nos dará buenas muestras de que el mundo entero está subdesarrollado en cuestión de género. Vamos, que ni Bin Laden ni Bush. No hay nada más amenazante para la seguridad mundial que el machismo. En su forma más terrible, se lleva las vidas de miles de mujeres al año en manos de sus parejas, en guerras, en ablaciones, o cuando el chador no permite ver los coches al cruzar una calle. También destroza con violaciones, abortos clandestinos, comercio de mujeres, analfabetización, explotación, religiones que denigran, matrimonios forzados. Y en su forma más sutil, que no es nada sutil, machaca con las presiones sociales para tener un determinado cuerpo, para ser la supermujer que trabaja y es ama de casa y con suerte tiene una pareja que “ayuda en casa,” con los medios de comunicación, con las ideas que aún sigue teniendo la gente en la cabeza, porque basta con coger el autobús o escuchar las conversaciones a la hora del café en el trabajo para darte cuenta de que se sigue hablando impunemente con un lenguaje medieval y unas ideas prehistóricas, basta con caminar sola por la noche sintiendo un miedo tan internalizado que ya ni nos damos cuenta de que lo sentimos. Y es que desafortunadamente hay mucha gente que se cree, siguiendo la fórmula aznárica, que “el género va bien,” y así van las cosas, y así os las cuento, repitiéndome más que el ajo, porque no hay nada más cansino, reiterativo y doloroso que el machismo, que no se pasa de moda porque se transforma con las modas, pero sigue ahí, disfrazándose con los tiempos, convirtiéndose en página web, en verso rapero, en creación de moda de un diseñador misógino, en noticia de última hora cuando no hay más últimas horas que contar, sigue ahí, en la derecha y en la izquierda, tan de hoy día y tan carca y tan fascista como siempre. Como en los viejos tiempos.