Aquí
Cuando hables de amor, susurra (William Shakespeare)
Estás aquí, estás conmigo. Quisiera detener el tiempo, otra vez he desaprendido a vivir sin ti.
Escribo mientras duermes a mi lado.
Debemos volver a separarnos pronto, pero yo no quiero.
Estás aquí, estás conmigo. Dentro de poco leeré estas líneas y envidiaré a esta yo que las escribe ahora, esta yo que en cuanto ponga el próximo punto va a levantarse y a olerte y besarte por todo tu delicioso cuerpo caliente y dormido.

Estás aquí, estás conmigo. Quisiera detener el tiempo, otra vez he desaprendido a vivir sin ti.
Escribo mientras duermes a mi lado.
Debemos volver a separarnos pronto, pero yo no quiero.
Estás aquí, estás conmigo. Dentro de poco leeré estas líneas y envidiaré a esta yo que las escribe ahora, esta yo que en cuanto ponga el próximo punto va a levantarse y a olerte y besarte por todo tu delicioso cuerpo caliente y dormido.

Mi Estados Unidos
Si no soy yo misma, ¿quién lo será por mí? (Hillel el Viejo)
Hoy, por fin, ha dejado de llover durante un rato. Aquí en Upstate New York hemos vivido en un estado de tormenta permanente varias semanas. Estaba tumbada en mi cama leyendo a Willa Cather cuando de pronto unos rayos se han colado por entre las hojas de colores que han sustituido al verde que me recibió aquí, en Saratoga Springs, a finales de verano. He decidido dar un paseo y he atravesado el campus hasta llegar a North Broadway. Casi todas las casas tienen ya adornos de Halloween: esqueletos, calabazas, espantapájaros… Y nada más terminar esta fiesta, que se celebra el último día de octubre, comenzarán a colocar símbolos de Acción de Gracias. Porque aquí la gente empieza a celebrar las cosas al menos un mes antes. Así que a principios de diciembre ya habrá llegado la Navidad a las calles.
Cuando he vuelto de mi paseo era de noche y una enorme luna me hacía de farola. Los pies crujían en la hierba inundada de otoño. Siempre tengo recuerdos imposibles de Madrid, imposibles porque aquí nada me puede traer a la cabeza una ciudad tan distinta a esto, recuerdos porque nada me quita de la cabeza una ciudad tan distinta a esto.
Ya casi dos meses fuera. Tengo mi pequeña familia aquí, mi “home away from home” que dirían en esta lengua en la que ahora casi siempre me expreso. Amigas, amigos, una rutina creada, un horizonte que se expande como siempre que se viaja con la mente abierta.
Es curioso, porque aunque absorbo y aprendo, y recapitulo cada noche tumbada en mi cama, me doy cuenta de que sobre todo las cosas me pasan por dentro, de que he tenido que coger un avión y atravesar el Atlántico para viajar por mí misma, y componer el collage del que estoy fabricada, hecho de recortes de periódicos, fotos inconexas y palabras, muchas palabras. Aquí he conocido a una enamorada de las palabras. Cada vez que aprende una nueva lo celebra como si fuera una matrícula de honor. Su escrutinio de los crucigramas no tiene precio. Paladea cada frase que escribe para ver si le sabe rica. Y así me ha contagiado, me ha hecho ver que no hay nada mejor en las personas que las palabras: tanto las que se dicen como las que se callan, y asimismo las que se buscan aunque no existan.
Soy un collage, como todo el mundo, habitado por sentidos y sinsentidos. Me viajo, me exploro, intento no ya entenderme, sino consentirme. Quiero ser mi propia consentida, concediéndome los caprichos que se le antojan a mi cabeza, aunque el mundo se enfade conmigo.
Mi Estados Unidos es ese lugar donde hago turismo por mi cuerpo, deteniéndome sobre todo en las vísceras, que es donde está toda mi verdad.

3 dias para que vengas, mi palabra favorita...
Hoy, por fin, ha dejado de llover durante un rato. Aquí en Upstate New York hemos vivido en un estado de tormenta permanente varias semanas. Estaba tumbada en mi cama leyendo a Willa Cather cuando de pronto unos rayos se han colado por entre las hojas de colores que han sustituido al verde que me recibió aquí, en Saratoga Springs, a finales de verano. He decidido dar un paseo y he atravesado el campus hasta llegar a North Broadway. Casi todas las casas tienen ya adornos de Halloween: esqueletos, calabazas, espantapájaros… Y nada más terminar esta fiesta, que se celebra el último día de octubre, comenzarán a colocar símbolos de Acción de Gracias. Porque aquí la gente empieza a celebrar las cosas al menos un mes antes. Así que a principios de diciembre ya habrá llegado la Navidad a las calles.
Cuando he vuelto de mi paseo era de noche y una enorme luna me hacía de farola. Los pies crujían en la hierba inundada de otoño. Siempre tengo recuerdos imposibles de Madrid, imposibles porque aquí nada me puede traer a la cabeza una ciudad tan distinta a esto, recuerdos porque nada me quita de la cabeza una ciudad tan distinta a esto.
Ya casi dos meses fuera. Tengo mi pequeña familia aquí, mi “home away from home” que dirían en esta lengua en la que ahora casi siempre me expreso. Amigas, amigos, una rutina creada, un horizonte que se expande como siempre que se viaja con la mente abierta.
Es curioso, porque aunque absorbo y aprendo, y recapitulo cada noche tumbada en mi cama, me doy cuenta de que sobre todo las cosas me pasan por dentro, de que he tenido que coger un avión y atravesar el Atlántico para viajar por mí misma, y componer el collage del que estoy fabricada, hecho de recortes de periódicos, fotos inconexas y palabras, muchas palabras. Aquí he conocido a una enamorada de las palabras. Cada vez que aprende una nueva lo celebra como si fuera una matrícula de honor. Su escrutinio de los crucigramas no tiene precio. Paladea cada frase que escribe para ver si le sabe rica. Y así me ha contagiado, me ha hecho ver que no hay nada mejor en las personas que las palabras: tanto las que se dicen como las que se callan, y asimismo las que se buscan aunque no existan.

Soy un collage, como todo el mundo, habitado por sentidos y sinsentidos. Me viajo, me exploro, intento no ya entenderme, sino consentirme. Quiero ser mi propia consentida, concediéndome los caprichos que se le antojan a mi cabeza, aunque el mundo se enfade conmigo.

Mi Estados Unidos es ese lugar donde hago turismo por mi cuerpo, deteniéndome sobre todo en las vísceras, que es donde está toda mi verdad.

3 dias para que vengas, mi palabra favorita...
Ay...
El amor no sabe de leyes (John Lyly)
Ay, tengo que contaros una cosa…
La semana que viene he quedado en el Empire State con la mujer más deliciosa del mundo entero. A veces sabe a chocolate, lo prometo, yo la he probado. Otras a tapa, a tapita de bar madrileño una mañana de domingo, mmm.
Ella piensa que estoy loca, loca por pensar y sentir así, pero por lo único que se puede dudar de mi cordura es porque estoy loca por ella. Pero en lo demás no estoy exagerando, soy completamente realista, esta mujer tiene una selva por dentro.
Sólo hay que descubrirla como se descubren los recovecos hermosos de ciudades que creíamos conocer bien. Y de pronto mira esta plaza, mira este rincón, no te hace falta explorar más para saber que es desde ya tu lugar favorito.
Y lo cierto es que a quien he vuelto loca es yo a ella, trastocándole horarios y decisiones, batiéndole sus días y practicándole la lucha libre en la cama. Me sonrío y le doy gracias por haberse dejado desorganizar así, aunque creo que a veces ha intentado ser realista, pero se ha dado cuenta de que la realidad es ésta, que no podemos evitar querernos en este mundo que intenta guardar todo en cajones etiquetados, medidos por relojes de los que nos burlamos desafiando diferencias horarias, insignificantes distancias eternas y campañas pronormalidad. Ja.
Me quiere un tesoro. ¡Un tesoro! Ay, tengo que contaros una cosa…
Su voz es una cadencia imprescindible que dice inteligencias y soluciona lo que parecían avalanchas de nieve. Resulta que no era más que un copo, un copo blanco que con el calor se deshace. Y yo que creía que el mundo se iba a terminar… Pero ella explica, y de pronto todo está bien.
Una vez tuve mucho miedo. Cuando abrí los ojos estaba rodeada de personas extrañas que me pedían que respirase hondo, que todo iba a salir bien. Sólo cuando me di cuenta de que ella me estaba sosteniendo respiré hondo. Sólo cuando, en la habitación blanca y asfixiante la vi mirándome, supe que todo podía salir bien.
Es muy difícil explicar por qué estás enamorada, hay algo que lo hace tan natural que sobra la razón.
¿Será por su mente? Está llena de ideas y sólo quieres que nunca se termine el café de su taza, para que nunca acabe de contarte cuál es su manera de ver el mundo.
¿Será por su valentía? Su forma de luchar contra la nada cotidiana, su manera de perseguir lo que desea aunque no sea lo que debiera, su fuerza a la hora de cuidar a su gente.
¿Será por su música? Me ha enseñado tantas canciones…
¿Será por sus manos? Son mapas, son calor, son quitamiedos.
¿Será por sus abrazos? Incienso, chimenea.
¿Será por sus impulsos? Pasar el día en la playa yendo desde Madrid, venir a dormir conmigo en medio de la madrugada, mostrarme la ciudad desde las alturas, y los demás me los callo que tienen copyright.
Será, será. Será porque la admiro y la respeto, porque sus sueños se han convertido en mis sueños y también le regalo los míos por si quiere que los compartamos. Será porque la veo en un futuro mirando atrás con satisfacción: nunca dejó de hacer las cosas sólo porque alguien le dijera que eran imposibles.
Será porque nada, ni siquiera los meses, ni siquiera esos kilómetros a los que aquí les dicen millas, han conseguido interponerse en nuestra cotidianidad compartida, en esa pregunta tan maravillosa que es “¿cómo te ha ido el día, mi niña?”
Ay, tengo que contaros una cosa…
La semana que viene he quedado en el Empire State con la mujer de la risa linda, de los ojos que cortan alientos, de las palabras que vuelan explicando su historia.
Qué suerte tengo.

5 días para que vengas, viajera que siempre me encuentra.
Ay, tengo que contaros una cosa…
La semana que viene he quedado en el Empire State con la mujer más deliciosa del mundo entero. A veces sabe a chocolate, lo prometo, yo la he probado. Otras a tapa, a tapita de bar madrileño una mañana de domingo, mmm.

Ella piensa que estoy loca, loca por pensar y sentir así, pero por lo único que se puede dudar de mi cordura es porque estoy loca por ella. Pero en lo demás no estoy exagerando, soy completamente realista, esta mujer tiene una selva por dentro.
Sólo hay que descubrirla como se descubren los recovecos hermosos de ciudades que creíamos conocer bien. Y de pronto mira esta plaza, mira este rincón, no te hace falta explorar más para saber que es desde ya tu lugar favorito.
Y lo cierto es que a quien he vuelto loca es yo a ella, trastocándole horarios y decisiones, batiéndole sus días y practicándole la lucha libre en la cama. Me sonrío y le doy gracias por haberse dejado desorganizar así, aunque creo que a veces ha intentado ser realista, pero se ha dado cuenta de que la realidad es ésta, que no podemos evitar querernos en este mundo que intenta guardar todo en cajones etiquetados, medidos por relojes de los que nos burlamos desafiando diferencias horarias, insignificantes distancias eternas y campañas pronormalidad. Ja.

Me quiere un tesoro. ¡Un tesoro! Ay, tengo que contaros una cosa…
Su voz es una cadencia imprescindible que dice inteligencias y soluciona lo que parecían avalanchas de nieve. Resulta que no era más que un copo, un copo blanco que con el calor se deshace. Y yo que creía que el mundo se iba a terminar… Pero ella explica, y de pronto todo está bien.
Una vez tuve mucho miedo. Cuando abrí los ojos estaba rodeada de personas extrañas que me pedían que respirase hondo, que todo iba a salir bien. Sólo cuando me di cuenta de que ella me estaba sosteniendo respiré hondo. Sólo cuando, en la habitación blanca y asfixiante la vi mirándome, supe que todo podía salir bien.
Es muy difícil explicar por qué estás enamorada, hay algo que lo hace tan natural que sobra la razón.
¿Será por su mente? Está llena de ideas y sólo quieres que nunca se termine el café de su taza, para que nunca acabe de contarte cuál es su manera de ver el mundo.
¿Será por su valentía? Su forma de luchar contra la nada cotidiana, su manera de perseguir lo que desea aunque no sea lo que debiera, su fuerza a la hora de cuidar a su gente.
¿Será por su música? Me ha enseñado tantas canciones…
¿Será por sus manos? Son mapas, son calor, son quitamiedos.
¿Será por sus abrazos? Incienso, chimenea.
¿Será por sus impulsos? Pasar el día en la playa yendo desde Madrid, venir a dormir conmigo en medio de la madrugada, mostrarme la ciudad desde las alturas, y los demás me los callo que tienen copyright.

Será, será. Será porque la admiro y la respeto, porque sus sueños se han convertido en mis sueños y también le regalo los míos por si quiere que los compartamos. Será porque la veo en un futuro mirando atrás con satisfacción: nunca dejó de hacer las cosas sólo porque alguien le dijera que eran imposibles.
Será porque nada, ni siquiera los meses, ni siquiera esos kilómetros a los que aquí les dicen millas, han conseguido interponerse en nuestra cotidianidad compartida, en esa pregunta tan maravillosa que es “¿cómo te ha ido el día, mi niña?”
Ay, tengo que contaros una cosa…
La semana que viene he quedado en el Empire State con la mujer de la risa linda, de los ojos que cortan alientos, de las palabras que vuelan explicando su historia.
Qué suerte tengo.

5 días para que vengas, viajera que siempre me encuentra.
Pakistán, Guatemala, etc…
No racionarás la justicia (Billings Learned Hand)
Hace ya mucho tiempo que las catástrofes naturales dejaron de ser naturales.
Y cuando la tierra tiembla o los mares se enfadan, dependiendo de donde tengas la buena o la mala suerte de haber nacido –porque todo se reduce a eso, a la suerte-, dispondrás de mejores o peores estrategias para combatir la muerte.
Porque desgraciadamente, cuando la tierra tiembla o los mares se enfadan, no todo el mundo es igual.
Protesto, señoría.

9 días para que vengas, niña mía…
Hace ya mucho tiempo que las catástrofes naturales dejaron de ser naturales.
Y cuando la tierra tiembla o los mares se enfadan, dependiendo de donde tengas la buena o la mala suerte de haber nacido –porque todo se reduce a eso, a la suerte-, dispondrás de mejores o peores estrategias para combatir la muerte.
Porque desgraciadamente, cuando la tierra tiembla o los mares se enfadan, no todo el mundo es igual.
Protesto, señoría.

9 días para que vengas, niña mía…
Mentiroso, lo prometiste
¿Qué puede hacer la guerra, sino generar más guerra? (John Milton)
El PSOE se comprometió en su programa electoral a dejar de considerar los gastos militares inversión en investigación y desarrollo. Sin embargo leo en El País Digital que uno de cada cuatro euros dedicados a I+D se destinará a eso en el 2006. Esta partida supone más que la investigación científica, sanitaria, agraria, oceanográfica y pesquera juntas. Además de ser la mayor cantidad dedicada nunca a actividades militares en España, somos el segundo país desarrollado que mayor porcentaje del PIB dedica a armamento. Sólo por detrás de Estados Unidos. Qué vergüenza.
Manos a la obra, hay que protestar. La lucha (sin armas) continúa aquí.
14 dias para que vengas, mi vida...
El PSOE se comprometió en su programa electoral a dejar de considerar los gastos militares inversión en investigación y desarrollo. Sin embargo leo en El País Digital que uno de cada cuatro euros dedicados a I+D se destinará a eso en el 2006. Esta partida supone más que la investigación científica, sanitaria, agraria, oceanográfica y pesquera juntas. Además de ser la mayor cantidad dedicada nunca a actividades militares en España, somos el segundo país desarrollado que mayor porcentaje del PIB dedica a armamento. Sólo por detrás de Estados Unidos. Qué vergüenza.
Manos a la obra, hay que protestar. La lucha (sin armas) continúa aquí.
14 dias para que vengas, mi vida...