ORGULLO
Y el pecado que yo imputo a cada fantasma frustrado es no haber encendido el candil y no haber tomado las riendas (Elizabeth Barret Browning)
Después de tanto noalaguerra confieso que me volví un poco adicta a las manifestaciones. Hay cierto sentimiento de unión con la gente que grita contigo, y las cañas de después, sudorosa y afónica, tienen un gusto distinto.
También fue frustrante, en esos tiempos de gobierno sordo y cacerolada sonora, que muchas personas que estaban en contra de la invasión de Iraq y de la falsa democracia de Aznar siguieran los patrones de la sociedad conservadora cuando gritaban sus lemas. Los había sexistas, como el típico “hijo de puuuuuuta”, homófobos, como “Aznar maricón” (y pancartas de Bush dando por culo a Aznar) y una amplia gama de horrores que me llevaban a buscar a gente que utilizase un poco más la cabeza. El lenguaje no es inofensivo, configura nuestro pensamiento y hay que utilizarlo, a mi parecer, de una forma más política. Adrienne Rich define el poder como la posibilidad de imponer tu punto de vista a través de la lengua, y así ha sido siempre.
Después de los atentados del 11 de marzo en Madrid, un sentimiento de vulnerabilidad hizo que un montón de personas saliesen de sus casas al día siguiente y recorriesen la Castellana (o cualquier otra calle de cualquier otra ciudad del país) bajo la lluvia para expresar su solidaridad a las víctimas. La sensación de “me podría haber pasado a mí” era, creo yo, lo que más desasosegaba. Pero, ¿qué te encontrabas cuando te metías entre la gente buscando un hueco? Banderas con el aguilucho franquista y lemas contra “los moros”. ¿Es ese el mundo de fronteras y prejuicios que consideramos seguro?
Unos días antes de esa tragedia había tenido lugar la manifestación del 8 de marzo, Día de las Mujeres, de la que soy habitual desde hace ya bastantes años. No es sólo una manifestación reivindicativa sino también simbólica, pues las mujeres tomamos las calles y organizamos un montón de eventos que son exactamente así: de, por y para mujeres. Esto no significa que los hombres queden excluidos de la lucha antisexista, y de hecho los más concienciados de mis amigos en absoluto lo sienten así. Esta lucha no tiene lugar sólo el 8 de marzo sino que deben llevarla a cabo durante todo el año. Pero este día es para las mujeres como un espacio metafórico de affidamento, que es como las feministas italianas llaman a la hermandad entre mujeres.
Recuerdo los viejos tiempos en los que estaba en mi primer colectivo feminista y organizamos unos seminarios semanales de feminismos en la universidad. Eran sólo para mujeres y se nos pidieron tantas explicaciones que hicimos mixto el espacio. Creo que en los dos años que siguieron aparecieron unos dos chicos.
Pero no quiero ahora desviarme del tema que me ocupa, y que es este afán mío por segregar en las manifestaciones, cuando se supone que cuanta más gente haya, mejor, ¿no?
Teóricamente esto es lo ideal, pero a veces lo político deja de serlo, como en los casos que he citado, y se convierte en sinrazón.
Y todo esto viene a que el lunes es 28 de junio, Día del Orgullo LGBT (Lesbiano Gay Bisexual Transexual), más conocido, y no inocentemente, por Día del Orgullo Gay. Esta vez el desfile –no lo llamo manifestación, y esto tampoco lo hago inocentemente- es el sábado 3 de julio.
Veremos lo de siempre: patrocinios varios de todos los bares de Chueca y de refrescos y marcas y tiendas, el culto al cuerpo de machos esculturales bailando sobre carrozas y las pancartas de partidos políticos que, de repente, ese día, son super solidarios con la causa.
¿Dónde queda ahí la verdadera lucha, la verdadera política? No digo que mucha de la gente que lleva años participando en esta celebración no haya contribuido al avance de nuestros derechos. Por supuesto que sí, pero, ¿es esta la manera en que queremos expresarnos? ¿Con el lenguaje del capitalismo, del culto al cuerpo y de la pantomima?
Los gays y las lesbianas compartimos muchas reivindicaciones: contra la discriminación laboral, por el derecho a la adopción, etc. Pero nuestras luchas son muy diferentes.
Los movimientos de lesbianas, a mi parecer, deberían estar más vinculados a los movimientos feministas que a los gays, porque somos mujeres, y como tales, tenemos una doble lucha. Los movimientos feministas deben implicarse más en la lucha lesbiana.
Y es desde aquí donde hago un llamamiento a todas las mujeres para que organicemos una manifestación alternativa, de orgullo lesbiano. ¿Quizá para el 2005? Considero absolutamente necesario un debate acerca de esta cuestión de la “manifestación” del Orgullo Gay entre las feministas lesbianas y una movilización al respecto. ¿Qué os parece, chicas, si lo hablamos YA?
Después de tanto noalaguerra confieso que me volví un poco adicta a las manifestaciones. Hay cierto sentimiento de unión con la gente que grita contigo, y las cañas de después, sudorosa y afónica, tienen un gusto distinto.
También fue frustrante, en esos tiempos de gobierno sordo y cacerolada sonora, que muchas personas que estaban en contra de la invasión de Iraq y de la falsa democracia de Aznar siguieran los patrones de la sociedad conservadora cuando gritaban sus lemas. Los había sexistas, como el típico “hijo de puuuuuuta”, homófobos, como “Aznar maricón” (y pancartas de Bush dando por culo a Aznar) y una amplia gama de horrores que me llevaban a buscar a gente que utilizase un poco más la cabeza. El lenguaje no es inofensivo, configura nuestro pensamiento y hay que utilizarlo, a mi parecer, de una forma más política. Adrienne Rich define el poder como la posibilidad de imponer tu punto de vista a través de la lengua, y así ha sido siempre.
Después de los atentados del 11 de marzo en Madrid, un sentimiento de vulnerabilidad hizo que un montón de personas saliesen de sus casas al día siguiente y recorriesen la Castellana (o cualquier otra calle de cualquier otra ciudad del país) bajo la lluvia para expresar su solidaridad a las víctimas. La sensación de “me podría haber pasado a mí” era, creo yo, lo que más desasosegaba. Pero, ¿qué te encontrabas cuando te metías entre la gente buscando un hueco? Banderas con el aguilucho franquista y lemas contra “los moros”. ¿Es ese el mundo de fronteras y prejuicios que consideramos seguro?
Unos días antes de esa tragedia había tenido lugar la manifestación del 8 de marzo, Día de las Mujeres, de la que soy habitual desde hace ya bastantes años. No es sólo una manifestación reivindicativa sino también simbólica, pues las mujeres tomamos las calles y organizamos un montón de eventos que son exactamente así: de, por y para mujeres. Esto no significa que los hombres queden excluidos de la lucha antisexista, y de hecho los más concienciados de mis amigos en absoluto lo sienten así. Esta lucha no tiene lugar sólo el 8 de marzo sino que deben llevarla a cabo durante todo el año. Pero este día es para las mujeres como un espacio metafórico de affidamento, que es como las feministas italianas llaman a la hermandad entre mujeres.
Recuerdo los viejos tiempos en los que estaba en mi primer colectivo feminista y organizamos unos seminarios semanales de feminismos en la universidad. Eran sólo para mujeres y se nos pidieron tantas explicaciones que hicimos mixto el espacio. Creo que en los dos años que siguieron aparecieron unos dos chicos.
Pero no quiero ahora desviarme del tema que me ocupa, y que es este afán mío por segregar en las manifestaciones, cuando se supone que cuanta más gente haya, mejor, ¿no?
Teóricamente esto es lo ideal, pero a veces lo político deja de serlo, como en los casos que he citado, y se convierte en sinrazón.
Y todo esto viene a que el lunes es 28 de junio, Día del Orgullo LGBT (Lesbiano Gay Bisexual Transexual), más conocido, y no inocentemente, por Día del Orgullo Gay. Esta vez el desfile –no lo llamo manifestación, y esto tampoco lo hago inocentemente- es el sábado 3 de julio.
Veremos lo de siempre: patrocinios varios de todos los bares de Chueca y de refrescos y marcas y tiendas, el culto al cuerpo de machos esculturales bailando sobre carrozas y las pancartas de partidos políticos que, de repente, ese día, son super solidarios con la causa.
¿Dónde queda ahí la verdadera lucha, la verdadera política? No digo que mucha de la gente que lleva años participando en esta celebración no haya contribuido al avance de nuestros derechos. Por supuesto que sí, pero, ¿es esta la manera en que queremos expresarnos? ¿Con el lenguaje del capitalismo, del culto al cuerpo y de la pantomima?
Los gays y las lesbianas compartimos muchas reivindicaciones: contra la discriminación laboral, por el derecho a la adopción, etc. Pero nuestras luchas son muy diferentes.
Los movimientos de lesbianas, a mi parecer, deberían estar más vinculados a los movimientos feministas que a los gays, porque somos mujeres, y como tales, tenemos una doble lucha. Los movimientos feministas deben implicarse más en la lucha lesbiana.
Y es desde aquí donde hago un llamamiento a todas las mujeres para que organicemos una manifestación alternativa, de orgullo lesbiano. ¿Quizá para el 2005? Considero absolutamente necesario un debate acerca de esta cuestión de la “manifestación” del Orgullo Gay entre las feministas lesbianas y una movilización al respecto. ¿Qué os parece, chicas, si lo hablamos YA?
LECTURAS VERANIEGAS
O que é cavalo? É liberdade tão indomable que se torna inútil aprisioná-lo para que sirva ao homem: deixa-se domesticar mas com um simples movimento de safanão rebelde de cabeÇa –sacudindo a crina como a uma solta cabeleira –mostra que sua íntima naturaleza é sempre bravia e límpida e libre. (Clarice Lispector)
Si cuando llegáis a la última página están llenos de arena de playa, huelen a la barbacoa que hicisteis un día en el campo, están mareados por el traqueteo del metro vacío de un agosto en Madrid, manchados de harina del día que no pudisteis dejar de leer ni cuando cocinabais, con alguna lágrima impresa que ha emborronado las letras... entonces es que os han gustado tanto como a mí.
Esta lista de libros está confeccionada a vuelapluma. Sólo un ejemplo de tantos y tantos que me encantaría recomendaros. Os agradecería que añadieseis comentarios a esta entrada del blog con vuestros propios favoritos, y así nos aportamos mutuamente.
***************NOVELAS*******************
· Una mujer difícil (A Widow for One Year), John Irving. Es la historia de Ruth, pero también un ensayo sobre la muerte, sobre el arte de escribir y, ante todo, sobre la vida. Increíble.
· Malena es un nombre de tango, Almudena Grandes. Algo así como un novelón del siglo XIX pero situado en la España de los años 80. Por cierto, no tiene NADA que ver con la película.
· El príncipe de las mareas (The Prince of Tides), Pat Conroy. Tampoco es comparable a la película, aunque ésta tampoco está mal. Pero la novela entremezcla muchísimas historias. Pat Conroy es un maestro de la memoria y maneja como nadie el arte de la descripción. Además, sus libros son siempre un alegato contra la educación que reciben los hombres y una reivindicación de la sensibilidad.
· Jane Eyre (Jane Eyre), Charlotte Brontë. Llena de simbolismo y lo que en argot de la crítica anglosajona podríamos denominar un "page-turner". Imposible dejar de leer una vez has empezado. Si os interesa una visión feminista de las Brontë otras escritoras no dejéis de leer La loca del desván (The Madwoman un the Attic) por Sandra Gilbert y Susan Gubar. Jane Eyre tiene una especie de respuesta escrita por la apasionante Jane Rhys y titulada Ancho mar de los Sargazos (Wide Sargasso Sea).
· Escrito en el cuerpo (Written on the Body), Jeannette Winterson. La / el protagonista no es mujer u hombre sino más bien la barra que hay entre medias. Poesía en prosa.
· La Señora Dalloway (Mrs. Dalloway), Virginia Woolf. Una de las grandes figuras literarias de todos los tiempos y su novela muestra de aquello que se denominó "fluido de consciencia" ("stream of consciousness"), una mezcla de estilo indirecto y monólogo interior. Michael Cunningham escribió hace pocos años una magnífica deconstrucción de este libro llamada Las horas (The Hours) de la que nació una película de gran calidad.
· Cisnes salvajes (Wild Swans), Jung Chang. Para conocer la historia de China a través de tres generaciones de mujeres.
· Moby Dick (Moby Dick), Herman Melville. Todo el mundo tiene en la cabeza a la famosa ballena asesina, pero Moby Dick no es un libro de aventuras sin más, sino algo así como el
"Quijote" estadounidense. Cargado de simbolismo y cien por cien metafórico, Melville juega con todos los géneros haciendo que esta novela sea una especie de collage. Eso sí, conseguid una buena traducción si lo leéis en castellano, porque circulan en este idioma bastantes adaptaciones de pésima calidad.
· Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite. Martín Gaite murió hace cuatro años. Me sentí desolada. Cuando leí este libro, en mi adolescencia, le escribí una carta. Me respondió. Y ese fue el inicio de una correspondencia que nunca olvidaré. Carmen me enviaba tarjetas de colores con pegatinas brillantes. Un día la conocí en la Feria del Libro de Madrid. Mi amiga Chave y yo visitamos su tumba hace un tiempo, en su pueblo. Leímos extractos de sus obras y le dejamos unas flores.
· La vida exagerada de Martín Romaña, Alfredo Bryce Echenique. O cómo llorar de la risa y reivindicar la ternura y el surrealismo de la vida cotidiana.
******************************************
Ya he llegado a diez novelas así que punto y final por hoy. En otro momento haré una lista de poesía, de cuentos, de ensayos y de teatro, porque ahora... ¡me tengo que ir a trabajar!
[Si vivís en Madrid o pasáis por aquí, podéis comprar vuestros libros de, por o para mujeres en la Librería de Mujeres y apoyar de este modo un proyecto imprescindible]
Si cuando llegáis a la última página están llenos de arena de playa, huelen a la barbacoa que hicisteis un día en el campo, están mareados por el traqueteo del metro vacío de un agosto en Madrid, manchados de harina del día que no pudisteis dejar de leer ni cuando cocinabais, con alguna lágrima impresa que ha emborronado las letras... entonces es que os han gustado tanto como a mí.
Esta lista de libros está confeccionada a vuelapluma. Sólo un ejemplo de tantos y tantos que me encantaría recomendaros. Os agradecería que añadieseis comentarios a esta entrada del blog con vuestros propios favoritos, y así nos aportamos mutuamente.
***************NOVELAS*******************
· Una mujer difícil (A Widow for One Year), John Irving. Es la historia de Ruth, pero también un ensayo sobre la muerte, sobre el arte de escribir y, ante todo, sobre la vida. Increíble.
· Malena es un nombre de tango, Almudena Grandes. Algo así como un novelón del siglo XIX pero situado en la España de los años 80. Por cierto, no tiene NADA que ver con la película.
· El príncipe de las mareas (The Prince of Tides), Pat Conroy. Tampoco es comparable a la película, aunque ésta tampoco está mal. Pero la novela entremezcla muchísimas historias. Pat Conroy es un maestro de la memoria y maneja como nadie el arte de la descripción. Además, sus libros son siempre un alegato contra la educación que reciben los hombres y una reivindicación de la sensibilidad.
· Jane Eyre (Jane Eyre), Charlotte Brontë. Llena de simbolismo y lo que en argot de la crítica anglosajona podríamos denominar un "page-turner". Imposible dejar de leer una vez has empezado. Si os interesa una visión feminista de las Brontë otras escritoras no dejéis de leer La loca del desván (The Madwoman un the Attic) por Sandra Gilbert y Susan Gubar. Jane Eyre tiene una especie de respuesta escrita por la apasionante Jane Rhys y titulada Ancho mar de los Sargazos (Wide Sargasso Sea).
· Escrito en el cuerpo (Written on the Body), Jeannette Winterson. La / el protagonista no es mujer u hombre sino más bien la barra que hay entre medias. Poesía en prosa.
· La Señora Dalloway (Mrs. Dalloway), Virginia Woolf. Una de las grandes figuras literarias de todos los tiempos y su novela muestra de aquello que se denominó "fluido de consciencia" ("stream of consciousness"), una mezcla de estilo indirecto y monólogo interior. Michael Cunningham escribió hace pocos años una magnífica deconstrucción de este libro llamada Las horas (The Hours) de la que nació una película de gran calidad.
· Cisnes salvajes (Wild Swans), Jung Chang. Para conocer la historia de China a través de tres generaciones de mujeres.
· Moby Dick (Moby Dick), Herman Melville. Todo el mundo tiene en la cabeza a la famosa ballena asesina, pero Moby Dick no es un libro de aventuras sin más, sino algo así como el
"Quijote" estadounidense. Cargado de simbolismo y cien por cien metafórico, Melville juega con todos los géneros haciendo que esta novela sea una especie de collage. Eso sí, conseguid una buena traducción si lo leéis en castellano, porque circulan en este idioma bastantes adaptaciones de pésima calidad.
· Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite. Martín Gaite murió hace cuatro años. Me sentí desolada. Cuando leí este libro, en mi adolescencia, le escribí una carta. Me respondió. Y ese fue el inicio de una correspondencia que nunca olvidaré. Carmen me enviaba tarjetas de colores con pegatinas brillantes. Un día la conocí en la Feria del Libro de Madrid. Mi amiga Chave y yo visitamos su tumba hace un tiempo, en su pueblo. Leímos extractos de sus obras y le dejamos unas flores.
· La vida exagerada de Martín Romaña, Alfredo Bryce Echenique. O cómo llorar de la risa y reivindicar la ternura y el surrealismo de la vida cotidiana.
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Ya he llegado a diez novelas así que punto y final por hoy. En otro momento haré una lista de poesía, de cuentos, de ensayos y de teatro, porque ahora... ¡me tengo que ir a trabajar!
[Si vivís en Madrid o pasáis por aquí, podéis comprar vuestros libros de, por o para mujeres en la Librería de Mujeres y apoyar de este modo un proyecto imprescindible]
Yo
Bueno, creo que ya toca presentarme... Tampoco sé qué decir de mí en unos cuantos párrafos y si realmente interesa, así que no me extenderé.
Soy una madrileña de 27 años, inconfundible abrileña, feminista de diversos feminismos, lesbiana y lesbianista. Estudio filología inglesa tras probar con la carrera de filosofía y sentirme abrumada entre tanto patriarca inventor de normas morales. Nunca es tarde si la dicha es buena, porque ahora estoy en "mi salsa" entre las hermanas Brontë y Virginia Woolf y tantas y tantos más... Me encanta leer, los libros se apilan en mis estanterías peleándose por estar en primera fila. También escribo de todo y en todas partes porque paso poco tiempo en casa entre la facultad y el trabajo. Soy jefa de estudios en una academia donde valgo de "chica para todo": profesora de asignaturas de letras, de inglés, de informática... Sueño con tener una de esas becas de doctorado para dedicarme todo el día a investigar (¿existen ese tipo de becas en nuestro país?).
Aunque si os digo la verdad trabajar con adolescentes te da una perspectiva bastante realista de la vida. Siento que estoy en un momento en que hace poco tuve su edad, con lo que aún confían en mí y me cuentan todas sus hazañas, pero ya soy adulta, con lo que a escondidas me llevo las manos a la cabeza y me escandalizo (nunca delante de ellas o ellos, para que sigan creyendo que soy "guay").
Procedo de una familia caótica de ocho hermanos, varias cuñadas y cuñados, bastantes sobrinas y sobrinos y demasiadas historias que no se le ocurrirían ni siquiera a Isabel Allende o a García Márquez. Ya os contaré algún día alguna.
Mi norte son mis amigas y mis amigos.
Vivo en el centro de la ciudad, accediendo absurdamente a pagar un alquiler surrealista porque así están las cosas. Recuerdo cuando tenía quince años y salía por Malasaña. Veía a las típicas parejitas haciendo la compra en el Día% y les envidiaba. Bueno, pues ahora yo hago la compra en el Día% cuando me llega el dinero (después de haber sido atracada por mi casero) y comparo los precios de los briks de leche y me ducho con agua casi helada porque la caldera está medio estropeada y en estos momentos no hay dinero para llamar al "hombre". Mi madre siempre llama "el hombre" a quien viene a casa a arreglar algo: "Ha venido el hombre a poner el cristal" / "El hombre ha desatascado ya el váter".
Todas estas dichas y desdichas hogareñas las comparto con mi maravillosa compañera de piso, que en este momento está algo enfadada porque he empezado un blog sin ella. Teníamos planeado hacer uno juntas (y lo haremos, cariño). De todas formas hoy me debe una porque justo han venido mis padres a casa y ella se había traído a su chico a dormir. Claro, mi madre se ha escandalizado y me ha preguntado que qué pasa, que si es que se van a casar pronto.
En cuanto a música mis cantantes favoritas son Ani DiFranco y ToriAmos. Últimamente no paramos de escuchar en casa el cd de Bebe. Pero bueno, esto de ponerme a enumerar mis libros o mis grupos favoritos es bastante complicado, así que paro.
Este blog se llama La Letra Escarlata por un libro de Nathaniel Hawthorne que lleva el mismo título. Hester Prynne, su protagonista (a quien le he tomado prestado mi pseudónimo), es condenada al ostracismo por cometer adulterio. Estamos en la época del puritanismo (siglo XVII) en Estados Unidos. Hester es silenciosa y yo me reapropio de su nombre para deconstruírlo y hablar sin parar.
Soy una madrileña de 27 años, inconfundible abrileña, feminista de diversos feminismos, lesbiana y lesbianista. Estudio filología inglesa tras probar con la carrera de filosofía y sentirme abrumada entre tanto patriarca inventor de normas morales. Nunca es tarde si la dicha es buena, porque ahora estoy en "mi salsa" entre las hermanas Brontë y Virginia Woolf y tantas y tantos más... Me encanta leer, los libros se apilan en mis estanterías peleándose por estar en primera fila. También escribo de todo y en todas partes porque paso poco tiempo en casa entre la facultad y el trabajo. Soy jefa de estudios en una academia donde valgo de "chica para todo": profesora de asignaturas de letras, de inglés, de informática... Sueño con tener una de esas becas de doctorado para dedicarme todo el día a investigar (¿existen ese tipo de becas en nuestro país?).
Aunque si os digo la verdad trabajar con adolescentes te da una perspectiva bastante realista de la vida. Siento que estoy en un momento en que hace poco tuve su edad, con lo que aún confían en mí y me cuentan todas sus hazañas, pero ya soy adulta, con lo que a escondidas me llevo las manos a la cabeza y me escandalizo (nunca delante de ellas o ellos, para que sigan creyendo que soy "guay").
Procedo de una familia caótica de ocho hermanos, varias cuñadas y cuñados, bastantes sobrinas y sobrinos y demasiadas historias que no se le ocurrirían ni siquiera a Isabel Allende o a García Márquez. Ya os contaré algún día alguna.
Mi norte son mis amigas y mis amigos.
Vivo en el centro de la ciudad, accediendo absurdamente a pagar un alquiler surrealista porque así están las cosas. Recuerdo cuando tenía quince años y salía por Malasaña. Veía a las típicas parejitas haciendo la compra en el Día% y les envidiaba. Bueno, pues ahora yo hago la compra en el Día% cuando me llega el dinero (después de haber sido atracada por mi casero) y comparo los precios de los briks de leche y me ducho con agua casi helada porque la caldera está medio estropeada y en estos momentos no hay dinero para llamar al "hombre". Mi madre siempre llama "el hombre" a quien viene a casa a arreglar algo: "Ha venido el hombre a poner el cristal" / "El hombre ha desatascado ya el váter".
Todas estas dichas y desdichas hogareñas las comparto con mi maravillosa compañera de piso, que en este momento está algo enfadada porque he empezado un blog sin ella. Teníamos planeado hacer uno juntas (y lo haremos, cariño). De todas formas hoy me debe una porque justo han venido mis padres a casa y ella se había traído a su chico a dormir. Claro, mi madre se ha escandalizado y me ha preguntado que qué pasa, que si es que se van a casar pronto.
En cuanto a música mis cantantes favoritas son Ani DiFranco y ToriAmos. Últimamente no paramos de escuchar en casa el cd de Bebe. Pero bueno, esto de ponerme a enumerar mis libros o mis grupos favoritos es bastante complicado, así que paro.
Este blog se llama La Letra Escarlata por un libro de Nathaniel Hawthorne que lleva el mismo título. Hester Prynne, su protagonista (a quien le he tomado prestado mi pseudónimo), es condenada al ostracismo por cometer adulterio. Estamos en la época del puritanismo (siglo XVII) en Estados Unidos. Hester es silenciosa y yo me reapropio de su nombre para deconstruírlo y hablar sin parar.
El amor
El lunes terminé los exámenes de literatura, lo cual siempre me deja cierto vacío (¿y ahora qué voy a hacer? ¿qué va a retar mi cabeza ávida de información?). Por otra parte, es en verano única y exclusivamente cuando puedo leer lo que yo quiero, lo que elijo. Durante el año voy acumulando libros que consigo. Compro por todas partes, en español y en inglés. Para los de este último idioma mis lugares favoritos son Petra’s International Bookshop y J&J’s Books and Coffee. Puedo pasar horas entre el polvo de los libros de segunda mano, fascinándome.
También es en esta época cuando organizo el revistero y extraigo publicaciones algo antiguas que aún no me ha dado tiempo a leer. Ayer precisamente estaba hojeando un dominical de hace un mes y me encontré tres artículos que captaron mi interés.
Una entrevista a la escritora india Arundhati Roy. Roy es activista de causas como la antiglobalización o los derechos de las mujeres en su país. Aprovechó el éxito de su primera y única novela hasta ahora, El dios de las pequeñas cosas (The God of Small Things), para dar voz a quienes el mundo silencia. ¿Qué entiendes por libertad?, le pregunta la entrevistadora. Y Arundhati responde algo así como que libertad es la posibilidad de hacer elecciones radicales. En Europa y Estados Unidos esto es prácticamente imposible, porque toda la gente está dentro del sistema, pero en países como India, aunque haya fascismo, todavía se puede ser salvaje. Roy es un ejemplo a seguir, y una vez más me propongo que escribir y luchar sean una misma cosa, o bien se entremezclen tanto que sea incapaz de distinguir ambas acciones.
Unas páginas más tarde, te topabas con un artículo de testimonios de personas que, por un motivo u otro, habían estado a punto de morir. Y una señora comentaba que se sorprendía mucho de la gente que decía que la vida no valía nada. Pero si es lo único que vale, añadía, y no los enfados, las prisas, el orgullo, la ambición...
Finalmente, ilustrado con unas fotos terribles (casi tan impresionantes y escalofriantes como las de las torturas por parte de soldados norteamericanos a iraquíes en la prisión de Abu Ghraib), había un reportaje sobre el sida en pueblos alejados de todo en China. Para huir de la pobreza, el campesinado había donado sangre a multinacionales que querían el plasma para confeccionar fármacos. Estas multinacionales no tomaban ninguna medida sanitaria en las donaciones (¿qué más da? Esta gente no vale nada, pensarían) y el sida se acabó contagiando a miles y miles de personas (hombres a mujeres, mujeres a fetos...). Una fotografía mostraba los ojos llenos de lágrimas de una anciana. Otra un niño de siete años esquelético y moribundo.
Me causa tanta tristeza, a veces incluso amagos de depresión, el saber que los seres humanos son capaces de hacer cosas tan terribles. Luego pienso en mis “problemas” y me da vergüenza no valorar que soy tan afortunada. También soy consciente de que los seres humanos son capaces del mismo modo de las acciones más hermosas: el cariño de una madre, la amistad, escribir un poema, subirse a una secuoya y vivir años sobre ella para evitar que la talen, dar un abrazo, consolar, adoptar, cuidar, sonreír, ayudar...
Y llego a la conclusión de que es el amor la única solución. Cuando hay amor las cosas se arreglan. Y no me refiero sólo al romántico, también al de la amistad, al familiar (sea cual sea el concepto de familia que cada cual tenga), y al que ponemos cuando hacemos ciertas cosas.
El problema es que tendemos a antinaturalizar nuestras relaciones, a olvidarnos del amor y a pensar qué provecho podemos sacar de ellas y qué problemas nos pueden traer que nos compliquen nuestra cómoda vida. Y entonces comenzamos a hablar con el idioma de la falsedad y tendemos una mano hipócrita en lugar de darnos un abrazo sincero. La magia se destruye y otra obra de arte, porque las relaciones basadas en el amor son obras de arte, se va a la mierda.
También es en esta época cuando organizo el revistero y extraigo publicaciones algo antiguas que aún no me ha dado tiempo a leer. Ayer precisamente estaba hojeando un dominical de hace un mes y me encontré tres artículos que captaron mi interés.
Una entrevista a la escritora india Arundhati Roy. Roy es activista de causas como la antiglobalización o los derechos de las mujeres en su país. Aprovechó el éxito de su primera y única novela hasta ahora, El dios de las pequeñas cosas (The God of Small Things), para dar voz a quienes el mundo silencia. ¿Qué entiendes por libertad?, le pregunta la entrevistadora. Y Arundhati responde algo así como que libertad es la posibilidad de hacer elecciones radicales. En Europa y Estados Unidos esto es prácticamente imposible, porque toda la gente está dentro del sistema, pero en países como India, aunque haya fascismo, todavía se puede ser salvaje. Roy es un ejemplo a seguir, y una vez más me propongo que escribir y luchar sean una misma cosa, o bien se entremezclen tanto que sea incapaz de distinguir ambas acciones.
Unas páginas más tarde, te topabas con un artículo de testimonios de personas que, por un motivo u otro, habían estado a punto de morir. Y una señora comentaba que se sorprendía mucho de la gente que decía que la vida no valía nada. Pero si es lo único que vale, añadía, y no los enfados, las prisas, el orgullo, la ambición...
Finalmente, ilustrado con unas fotos terribles (casi tan impresionantes y escalofriantes como las de las torturas por parte de soldados norteamericanos a iraquíes en la prisión de Abu Ghraib), había un reportaje sobre el sida en pueblos alejados de todo en China. Para huir de la pobreza, el campesinado había donado sangre a multinacionales que querían el plasma para confeccionar fármacos. Estas multinacionales no tomaban ninguna medida sanitaria en las donaciones (¿qué más da? Esta gente no vale nada, pensarían) y el sida se acabó contagiando a miles y miles de personas (hombres a mujeres, mujeres a fetos...). Una fotografía mostraba los ojos llenos de lágrimas de una anciana. Otra un niño de siete años esquelético y moribundo.
Me causa tanta tristeza, a veces incluso amagos de depresión, el saber que los seres humanos son capaces de hacer cosas tan terribles. Luego pienso en mis “problemas” y me da vergüenza no valorar que soy tan afortunada. También soy consciente de que los seres humanos son capaces del mismo modo de las acciones más hermosas: el cariño de una madre, la amistad, escribir un poema, subirse a una secuoya y vivir años sobre ella para evitar que la talen, dar un abrazo, consolar, adoptar, cuidar, sonreír, ayudar...
Y llego a la conclusión de que es el amor la única solución. Cuando hay amor las cosas se arreglan. Y no me refiero sólo al romántico, también al de la amistad, al familiar (sea cual sea el concepto de familia que cada cual tenga), y al que ponemos cuando hacemos ciertas cosas.
El problema es que tendemos a antinaturalizar nuestras relaciones, a olvidarnos del amor y a pensar qué provecho podemos sacar de ellas y qué problemas nos pueden traer que nos compliquen nuestra cómoda vida. Y entonces comenzamos a hablar con el idioma de la falsedad y tendemos una mano hipócrita en lugar de darnos un abrazo sincero. La magia se destruye y otra obra de arte, porque las relaciones basadas en el amor son obras de arte, se va a la mierda.
Anteproyecto frustrado
Pongamos por caso que un tipo roba a alguien y después le dispara y le mata. No entiendo mucho de leyes, pero supongo que sería juzgado por asesinato. Ahora bien, imaginemos que otra persona dispara a un ministro con el fin de conseguir algún fin político. Entonces se le acusaría de terrorismo.
Todo el mundo es igual ante la ley (al menos en teoría), pero no todos los delitos son iguales. Esta verdad de Perogrullo parece haber sido puesta en cuestión de algún modo por el mismísimo CGPJ, que ha intentado frenar el anteproyecto de ley contra la violencia de género del Gobierno, aduciendo que tenía elementos anticonstitucionales porque protegía sólo a las mujeres.
Para mí esto es tan surrealista como decir que no es justo que la ley de divorcio no incluya cuando el otro día el conductor de un autobús de línea pegó un frenazo y un señor cayó y se fracturó la rodilla. ¿Qué tendrá que ver?
La lucha feminista en este tema ha tratado siempre de dar nombre al grave problema que causa tantas muertes y destroza tantas vidas. Porque hasta que algo no tiene nombre, no existe. Gran paso que los medios por fin dejen de calificarlo de crimen pasional, como si se tratase de un bello drama shakesperiano, y que cada vez más gente deje de utilizar eso de violencia doméstica, que suena inofensivo, como si te hubiese mordido el hámster o algo así, y que, además, relega un problema nacional e internacional al ámbito privado. Aunque ya lo dijo Kate Millet: "lo personal es político". Lo de violencia de género concretiza más el asunto.
Porque así como el sexo define las características genitales con las que nacemos, el género nos habla de los roles que vamos adquiriendo con la educación. Simone de Beuvoir lo explica perfectamente en El segundo sexo: “no se nace mujer, se llega a serlo”. Es decir, no nacemos cariñosas, sumisas, pasivas, coquetas... sino que la sociedad nos va poniendo a cada una y a cada uno en el lugar que nos ha asignado.
Por tanto, violencia de género es un término que incide más en las características de dominación y ansia de poder de quienes la perpetran: los hombres.
Y ahora es cuando iba a escribir: “no todos los hombres, por supuesto”. Porque siempre parece que nos tenemos que justificar. Obviamente, no todos los hombres son asesinos ni todas las mujeres son santas. Obviamente.
Esto de justificarse viene muy al caso porque cuando las feministas conseguimos dar un paso adelante se nos intenta obligar a dar cien atrás. En mi vida he visto que se pongan tantas trabas como en estos temas. Que si chicas, no utilicéis esto del maltrato para conseguir la custodia, que si esta ley tiene que contemplar también a los hombres que sufran abusos por parte de sus compañeras...
Vamos a ver: el problema de la violencia machista, término que defiende Amparo Moreno y con el que finalmente yo me quedo, muchas gracias, ha de tener una legislación concreta porque sucede con frecuencia y es una de las mayores lacras de la sociedad.
Si un hombre sufre violencia por parte de su cónyuge, y lo mismo con las parejas de gays y lesbianas, por supuesto ha de ser socorrido y amparado judicialmente, como cualquier tipo de violencia. Pero son casos aparte de esta ley porque más del noventa por ciento de los actos de violencia en relaciones son de un hombre hacia una mujer. Necesitamos una ley específica porque es un problema específico, simplemente.
Aburre hasta el hartazgo que una lucha lógica tenga que ser aclarada constantemente. Me encantará ver a los terroristas haciendo curas de rehabilitación. Ese día estaré a favor de que la hagan también los maltratadores.
También me creeré que no hay efectivos suficientes para proteger a las mujeres amenazadas por sus compañeros o maridos el día que no pongan guardaespaldas para las flores de la dichosa boda real con el fin de que las personas ávidas de souvenirs monárquicos no se las lleven.
Sinceramente, a veces parece que nos están diciendo a la cara que somos estúpidas y estúpidos.
Todo el mundo es igual ante la ley (al menos en teoría), pero no todos los delitos son iguales. Esta verdad de Perogrullo parece haber sido puesta en cuestión de algún modo por el mismísimo CGPJ, que ha intentado frenar el anteproyecto de ley contra la violencia de género del Gobierno, aduciendo que tenía elementos anticonstitucionales porque protegía sólo a las mujeres.
Para mí esto es tan surrealista como decir que no es justo que la ley de divorcio no incluya cuando el otro día el conductor de un autobús de línea pegó un frenazo y un señor cayó y se fracturó la rodilla. ¿Qué tendrá que ver?
La lucha feminista en este tema ha tratado siempre de dar nombre al grave problema que causa tantas muertes y destroza tantas vidas. Porque hasta que algo no tiene nombre, no existe. Gran paso que los medios por fin dejen de calificarlo de crimen pasional, como si se tratase de un bello drama shakesperiano, y que cada vez más gente deje de utilizar eso de violencia doméstica, que suena inofensivo, como si te hubiese mordido el hámster o algo así, y que, además, relega un problema nacional e internacional al ámbito privado. Aunque ya lo dijo Kate Millet: "lo personal es político". Lo de violencia de género concretiza más el asunto.
Porque así como el sexo define las características genitales con las que nacemos, el género nos habla de los roles que vamos adquiriendo con la educación. Simone de Beuvoir lo explica perfectamente en El segundo sexo: “no se nace mujer, se llega a serlo”. Es decir, no nacemos cariñosas, sumisas, pasivas, coquetas... sino que la sociedad nos va poniendo a cada una y a cada uno en el lugar que nos ha asignado.
Por tanto, violencia de género es un término que incide más en las características de dominación y ansia de poder de quienes la perpetran: los hombres.
Y ahora es cuando iba a escribir: “no todos los hombres, por supuesto”. Porque siempre parece que nos tenemos que justificar. Obviamente, no todos los hombres son asesinos ni todas las mujeres son santas. Obviamente.
Esto de justificarse viene muy al caso porque cuando las feministas conseguimos dar un paso adelante se nos intenta obligar a dar cien atrás. En mi vida he visto que se pongan tantas trabas como en estos temas. Que si chicas, no utilicéis esto del maltrato para conseguir la custodia, que si esta ley tiene que contemplar también a los hombres que sufran abusos por parte de sus compañeras...
Vamos a ver: el problema de la violencia machista, término que defiende Amparo Moreno y con el que finalmente yo me quedo, muchas gracias, ha de tener una legislación concreta porque sucede con frecuencia y es una de las mayores lacras de la sociedad.
Si un hombre sufre violencia por parte de su cónyuge, y lo mismo con las parejas de gays y lesbianas, por supuesto ha de ser socorrido y amparado judicialmente, como cualquier tipo de violencia. Pero son casos aparte de esta ley porque más del noventa por ciento de los actos de violencia en relaciones son de un hombre hacia una mujer. Necesitamos una ley específica porque es un problema específico, simplemente.
Aburre hasta el hartazgo que una lucha lógica tenga que ser aclarada constantemente. Me encantará ver a los terroristas haciendo curas de rehabilitación. Ese día estaré a favor de que la hagan también los maltratadores.
También me creeré que no hay efectivos suficientes para proteger a las mujeres amenazadas por sus compañeros o maridos el día que no pongan guardaespaldas para las flores de la dichosa boda real con el fin de que las personas ávidas de souvenirs monárquicos no se las lleven.
Sinceramente, a veces parece que nos están diciendo a la cara que somos estúpidas y estúpidos.
