La Letra Escarlata
No tengo tiempo para escribir poco
Hester Prynne
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Sindicación
 
Desconcierto
Los peregrinos tienen muchas posadas y pocas amistades (Fernando de Rojas)

Algunas veces, sola e incomprendiendo. La decepción siempre va unida a la sorpresa entristecida cuando la cosa va de personas que una quiere… Procuro que la ley que rige mi vida sea la del cuidado. Cuidar cada pequeño elemento de los pequeños haceres del día a día para componer un universo enorme de importantes nimiedades. Sobra decir que no creo ser perfecta, y que a veces a mí también me engulle la velocidad de la vida moderna, pasando por alto lo que tal vez sea importante para alguien, para arrepentirme después de haber sido cegada por el reloj, la pereza o por mi propio ombligo. No obstante, y a sabiendas de que no voy a ser leída por estas personas –suelen tener demasiada prisa como para detenerse a leer lo que su amiga llevaba en el corazón y ha intentado traducir en palabras-, me consta que hay gente a la que quiero mucho, a la que quiero con toda mi alma, pero con quien hace tiempo que no intercambio más que frases vacuas y muletillas bobas. Gente que ya no suele pararse a escuchar la respuesta cuando me pregunta que qué tal estoy, que no muestra orgullo ante mis logros ni me anima en mis fracasos porque desconoce ambos o ignora que para mí son logros y fracasos. Algunas veces, sola e incomprendiendo. Yo quiero aprender a seguir cuidando, pero también quiero ser cuidada. Hay piedras en mi corazón de estos seres queridos que llevan siempre tanta prisa que ni siquiera se han dado cuenta de que me han hecho daño. A veces estos guijarros me pesan y entonces se me escapan las lágrimas o los insomnios. Afortunadamente, estoy rodeada de amor y abrazos y la pena se diluye en miel y canela.
 
Armas de mujer
Y Richie comprendió, con un escalofrío, que para eso la habían fabricado. ¿Qué otra cosa se podía hacer con una pistola? ¿Encender un cigarrillo? (It, Stephen King)

No me parece un avance que una mujer se halle al frente de los ejércitos, porque, por mucho que hoy mismo salga ella en el periódico diciendo que es “pacifista” y que “el ejército español es una fuerza de paz,” no nos las va a dar con queso. Las fuerzas armadas (las de todos los países, me refiero) son un magnífico ejemplo de lo mal que nos lo montamos. Vamos, que podíamos estar aquí tan a gustito y nos dedicamos a jodernos la vida y a amargar la del prójimo. Las militares y las ministras de defensa son mujeres que, en lugar de hacer una nueva política ahora que por fin han accedido a estratos que antes les estaban vetados, prefieren meterse en un sistema completamente creado por hombres y adaptarse a él como un niño pobre que se tiene que poner ropa que ya se le ha quedado pequeña. Es triste que consideremos como avances ciertas cosas que no hacen sino perpetuar sociedades limitadas y poco creativas, sociedades que no celebran las diferencias ni saben solucionar conflictos con la palabra. Llamadme idealista si queréis.
Viendo hoy a Carme Chacón embarazada al frente de un batallón y diciendo con vehemencia eso de “soy pacifista” me he acordado de un reportaje que vi ayer en el National Geographic acerca de los avances en balística y de cómo un grupo de científicos habían conseguido diseñar un arma que disparaba mil balas por minuto y otra que tenía una bala que nunca fallaba, porque se teledirigía al objetivo. Y yo pensaba: así que estos científicos están por ahí haciendo dinero a costa de inventar estas pistolas o metralletas o lo que sea que, obviamente, sólo sirven para matar y para nada más. Y luego qué, ¿van a sus casas, hacen el amor con sus parejas, leen un cuento a sus hijos, cenan con sus amigos, friegan los platos? ¿Pueden dormir tranquilos, con el cerebro libre de culpabilidad?
Por favor, comandantas en jefe, personas dedicadas a la ciencia, hagan lo que les de la gana, pero llamen a las cosas por su nombre y no nos traten a los demás de idiotas, ¿vale?
 
Tempus fugit
Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo (En busca del tiempo perdido 1, Marcel Proust)

En ocasiones, ¡inesperado encuentro!, un aroma o una luz o una vieja canción me llevan en volandas a la infancia y vuelvo a ver las nimiedades cotidianas de mi vida de niña, esa que sucedió ayer, esa que incomprensiblemente un día se me escurrió de las manos como un gato huidizo que de un brinco se esconde entre los muebles. Entonces, no me doy de bruces con los sucesos trascendentales que más han marcado mi persona, sino que van poco a poco penetrando en la retina de mis recuerdos esas nimiedades cotidianas que no parecen tener posteridad.
El borboteo de la insustituible cafetera vieja que mi madre ponía sobre el fuego después de la siesta (ahora, probablemente, oxidándose en un vertedero), el tacto fresco del banco del jardín (ya no existe ese jardín), los pasos quedos de mi perro vago (mi perro, mi querido perro ya está muerto), los gritos regocijados del nieto de la vecina al salir a jugar (Borja ya es casi adulto y no tiene tiempo para juegos), el crujir del periódico de mi padre (hoy día un viejecito cascarrabias), mis hermanas y hermanos subiendo y bajando las escaleras (uno ya no está, para ver al otro hay que cruzar un océano, y los demás nos repartimos en nuevas casas para generar otras rutinas y distintas memorias), el barrio con sus esquinas recónditas, su panadería rebosando donuts con escarcha de azúcar, mi amiga Elena que fumaba a escondidas, el loco que daba miedo y el kiosquero que vendía –jueves sí jueves no- la flamante revista SuperPop (hace años que no paso por esas calles), las conversaciones con mi hermana pequeña antes de dormir (sustituidas ahora por las charlas a través del móvil), la sensación de que aún quedaba tiempo para ser lo que me diese la gana ser…
El viejo tópico, en fin, del tiempo y su fugacidad. Eso que no te crees hasta que empieza a sucederte.
 
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Las únicas personas normales son las que no conocemos demasiado (Joe Ancis)

Alguna que otra vez me han dicho eso de “es que no pareces lesbiana,” y creo que piensan que me lo tengo que tomar como un cumplido, pero… para empezar, ¿qué es parecer lesbiana? ¡Somos tan diversas, tan distintas, de tantos colores y sabores y olores! ¡Con creencias tan diferentes, esperanzas y deseos tan personales, políticas tan múltiples! Y para seguir, ¿por qué iba a tomarme como un cumplido “parecer heterosexual”? ¿Qué coño (santo coño…) significa eso? ¿Tener el pelo largo, llevar falda, pintarse los labios o qué? ¿No son las mujeres heterosexuales también variadas y policromáticas? Todo este dilema me recuerda a esa frase tan horrible de “sentirse mujer” o “ser femenina.” Vamos, esas personas que deben de creer que sólo hay una forma de sentirse mujer (si es así, ¿cuál es y quién establece esas normas?) o de ser femenina (¿qué diablos quiere decir eso?). Lo que nos lleva, en conclusión, a la amargante división dual de heterosexual/homosexual y mujer/hombre que tantas cosas se deja entre medias, albergadas en la barra que divide a ambos pares de palabras.
Ahora que no es difícil tener al alcance de la mano información de todos los recovecos de nuestro planeta enfermito (le duelen tantas partes que parece milagroso que le siga latiendo la tierra) nos llegan noticias que nos sorprenden y descolocan, fenómenos que no son tales sino hechos que siempre han existido pero que se han silenciado porque se salían de la norma y claro, para qué dar ideas… Me refiero a sucesos como el de Thomas Beatie, el hombre transgénero que ha quedado embarazado, por poner un ejemplo. Y venga todo el mundo a debatir sobre si entonces no es un hombre de verdad (¿existen unos requisitos para serlo? ¿cuáles son y quién los establece?), si es antinatural (como tantas otras cosas, como un marcapasos o un condón, pero es que así somos los seres humanos, y además, hay animales macho que se embarazan, como los caballitos de mar, si es que necesitamos buscar correlaciones absurdas) o yo que sé qué…
Las personas que convivimos en estos momentos en nuestro mundo somos las primeras que tenemos la sabiduría necesaria para desafiar esa palabra que ha torturado a tantas generaciones a lo largo de la historia: lo normal, lo que viene de la norma. Somos las primeras que podemos darnos cuenta de forma generalizada (siempre ha habido casos aislados de valientes que nos precedieron) de que lo normal no existe, es tan sólo un intento para mantenernos a raya. Lo normal es un centro artificial que se ha creado para que todo lo que no esté en ese centro sea condenado. Lo que quiero decir, en fin, es que tenemos el deber –y además, nuestra vida se enriquecerá de forma inimaginable si lo hacemos- de mirar a toda esa gente (tanta…) que reside en la barra que separa las palabras con las que nos han enseñado a comprender limitadamente el mundo.
Hombre/mujer
Heterosexual/homosexual
Cuerdo/loco
Sano/enfermo
Bueno/malo
Guapo/feo
Normal/anormal
Legal/ilegal

¡Se me ocurren tantas!
Abramos nuestra mente.
Feliz primavera.

Este post está dedicado a Mamen, porque me lee todos los días, porque es maravillosa.
 
¿Por qué? ¿Por qué?
Las almas ruines sólo se dejan conquistar con presentes (Sócrates)

Para mí, lo más duro de la vida, de mi vida, es aceptar que existe la crueldad profunda y que nunca podré llegar a comprenderla. Que hay personas que causan verdadero dolor y que son seres humanos, como yo, por mucho que a veces sintamos la tentación de llamarles monstruos. Cuanto más me adentro en mis años adultos más consciente soy de la maldad sin tregua y más ansiedad me causa despertarme por la mañana y acordarme de pronto de que por el mundo hay gente pegando, matando, violando, torturando, disparando. ¿Por qué? ¿Por qué? No lo entiendo. Intento hacer más llevadera esta verdad rodeándome del amor de mi gente, de mis libros, de mi música y pensando en mis heroínas y en mis héroes. Y así, a tropezones, van pasando los días en esta tierra tan llena de achaques.
Empezaba yo mis andanzas universitarias cuando la guerra de Bosnia, y las violentas imágenes me traumatizaron. Aún hoy tengo grabadas esas fotos terribles que mirábamos con horror desde nuestros cómodos hogares. Y fue desde mi privilegiada posición desde donde se me ha ido encogiendo la inocencia con las noticias que me llegaron de Ruanda, de Afganistán, de Iraq, de los cayucos y pateras, de tantas cosas.
Pero aún más insoportable que el mundo en guerra y que las insufribles e injustificadas desigualdades, se me antojan terriblemente pesados de cargar los pequeños actos malévolos, las acciones deformes e incomprensibles de gente despreciable como el costarricense Guillermo Vargas Habacuc, un supuesto artista (en fin) que hizo lo siguiente en una exposición en Managua: escribió en letras confeccionadas con pienso para perros la frase “Eres lo que lees.” Dichas letras estaban fuera del alcance de un perro que ató debajo de ellas y que dejó morir de hambre a los ojos de los insensibles visitantes de la galería. [Aquí podréis leer lo que escribió la escritora y defensora de los animales Rosa Montero y un vídeo del repugnante montaje. Aquí se recogen firmas para que no dejen acudir al energúmeno a la Bienal Centroamericana de Honduras 2008, a la que ha sido invitado].
Ante ejemplos como este, ya digo, rodearse de motivos por los que la vida merezca la pena (que los hay, y muchos) y ser un poco activista. No digo que todo el mundo tenga que ser Julia Butterfly Hill, pero sí que tenemos el deber moral de aportar nuestro granito de arena contra la estupidez y la maldad.
 
Y ahora...
Los partidos políticos son como los pañales. Deben cambiarse con regularidad y por el mismo motivo (Anónimo)

No tienen ustedes un cheque en blanco, señores y señoras del PSOE. Personalmente, me alegro de que hayan ganado las elecciones, pues un gobierno conservador significa el peligro de muchas libertades seculares. Aunque si hubieran perdido, bueno, estamos en una democracia, por lo que la izquierda nos hubiéramos remangado y nada, a trabajar en la lucha por la protección de aquello en lo que creemos.
Lo que no me ha parecido bien, la verdad, ha sido el tan cacareado bipartidismo que ha fomentado esta campaña, especialmente debido a los debates de a dos emitidos por television. Este sistema no es presidencialista, sino parlamentario. Zapatero y Rajoy no deberían haber actuado como estrellas mediáticas al estilo de Obama y Hillary, sino que los debates tendrían que haber incluido a otras formaciones políticas relevantes.
Dicho esto, tampoco me parece que estos otros partidos, como por ejemplo Izquierda Unida, tan necesario, hayan sabido llegar a la gente a la que tenían que llegar, por lo que me parece que necesitan una renovación profunda para seguir manteniéndose en pie y defendiendo todas esas valiosas ideas que defienden.
Repito, no tienen ustedes un cheque en blanco. Han de cuidarse de seguir con la reforma social que nuestro país merece y que, poco a poco, va progresando. Y estas son algunas cosas que desde La Letra Escarlata les exijo, ya que han contado con mi voto –útil y no ciego, yo soy una de las que dejó en la estacada a Izquierda Unida, cosa que me duele pero que he considerado que debía hacer esta vez- y opino que debo ser escuchada:
-La violencia de género merece mucho más que esa ley, un buen comienzo pero que como demuestran las estadísticas, no está haciendo mucho por acabar con esta vergüenza. Es necesario un estudio exhaustivo que busque los medios de proteger a las mujeres, realizar campañas más influyentes e incidir en la educación temprana. La sensibilización empieza por la erradicación en la televisión pública de la publicidad y los programas sexistas y en la introducción de modelos a seguir de hombres sensibles y mujeres con voz en todos los ámbitos de la sociedad.
-Todas las religiones deben autofinanciarse. La enseñanza religiosa debe salir de los colegios públicos y no existir siquiera como asignatura optativa. Quien quiera que su prole reciba este tipo de enseñanzas que le lleve a catequesis, a la sinagoga, a la mezquita o a donde sea. Me parece muy bien que lo hagan pero no tenemos por qué pagarlo el resto de la gente con nuestro dinero. Los obispos y demás poderosos de la iglesia católica (siempre hombres, claro) no deberían tener tanta presencia en los medios de comunicación para opinar de cosas que a ellos ni les van ni les vienen en un sistema laico. Si quieren hablar de lo antinaturales que son los gays o de que las mujeres que abortan son asesinas, que lo hagan en sus templos.
-Los programas sociales relativos a la inmigración deben ir orientados a la interculturalidad, es decir, a que nos enriquezcamos mutuamente intercambiando saberes entre las personas que vienen y las que estamos aquí. Se deben crear más lugares donde se pueda aprender castellano gratuitamente y agencias de empleo que vigilen que quien venga no sea explotado en su trabajo ni sufra cualquier tipo de discriminación. Por otra parte, el gobierno tiene que comunicarse con los países de origen de la gente que lo deja todo por una vida mejor para analizar cómo puede ayudar a que allí puedan llevar una vida digna que no les fuerce a tener que abandonar a sus familias o a su tierra. Y muy importante: se deben poner todas las medidas posibles contra la esclavitud de mujeres que, como si fueran ganado, son forzadas a ejercer la prostitución bajo amenaza o engaño, viviendo en condiciones violentas y precarias. Por otra parte, todas las niñas y todos los niños deben estar escolarizados sea cual sea su raza y procedencia. ¿Cómo es posible que haya tantos menores –la mayoría gitanos de Rumanía- correteando por el centro de las ciudades y haciéndose pasar por sordos para pedir dinero o robando? Sus familias les están explotando y es absolutamente imprescindible que se les obligue a ir al colegio.
-El dinero no viene mal –esa ayuda a la alquiler para menores de 30 años, el cheque-bebé- pero es tan sólo un parche. Hay que tomar medidas contra el abuso de las constructoras y de los propietarios que arriendan viviendas, contra las hipotecas que son como cadenas perpetuas, las letras exorbitantes y la inversión del 80% del sueldo en el pago de un alquiler. Hay que invertir más –mucho, muchísimo más- en escuelas infantiles públicas –que no en guarderías, los niños y las niñas no se guardan sino que son educados e incentivados por profesionales- así como en actividades extraescolares de calidad en centros culturales, polideportivos, etc, hay que desmasculinizar el horario laboral, hay que democratizar los pañales…
-En el ámbito económico, esta nueva clase social de la que se hablaba en campaña, el precariado, ha de ser tenida en cuenta para acabar con los salarios injustos y demás tipos de explotación laboral y aniquilación del espíritu.
-El funcionariado como trabajo de por vida debe terminar. Conozco tantos casos de profesores que dejan de investigar, innovar e incluso dar clase en las universidades, de gente gris que toma cafés que duran dos horas y de otras personas que abusan de su puesto que he perdido la cuenta. Por supuesto, también hay funcionarios honrados, pero un control así no les afectaría. La gente que trabaje en el sector público debe ser evaluada cada cierto tiempo para que demuestre que está sirviendo adecuadamente a la sociedad. Su sueldo sale de nuestros bolsillos.
-El aborto debe ser libre y gratuito. Desde los ámbitos educativos y sociales se deben fomentar campañas de prevención de embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual para que chicas y chicos, mujeres y hombres sepan cuáles son todas sus opciones. A ninguna mujer le gusta abortar y es realmente ridículo creer que alguna puede utilizar el aborto como un método anticonceptivo cuando se trata de una desagradable invasión de nuestros cuerpos por lo que, una vez tomada la difícil –e informada- decisión, esta debe ser respetada en un entorno libre y financiado.
-No estaría nada mal que se reforzase el sentido de comunidad mediante el fomento de actividades culturales y lúdicas para todas las edades en los barrios: en las bibliotecas, centros culturales, teatros y demás. Muchas veces, el odio y los prejuicios radican en que no nos paramos a hablar con las personas que nos encontramos todos los días en el ascensor o en la cola del pan.
En fin, podría seguir y seguir, pero aquí tenéis la sección de comentarios para añadir, disentir, etc.
Buenos días y… buena suerte.
 
¡Vota!
Los malos políticos llegan al poder gracias a la gente que no vota (William E. Simon)

¡A votar, queridas! ¡Amigos, a la urna! Nosotras, siempre con Clara Campoamor y sus compañeras en mente, que lucharon hasta conseguir en 1931 que las españolas pudiésemos ejercer nuestro derecho al sufragio. Y todas y todos, para que no vengan quienes promueven la discriminación, porque nos importa quién esté en el gobierno cuando nos despertemos el lunes por la mañana, por las y los inmigrantes que se dejan la piel trabajando aquí y no se les permite hacerlo, para que salga el sol y no la oscura sombra de la privatización y la intolerancia religiosa. Vota para unirte a quienes ahora caminan hacia su colegio electoral con la barra de pan y el periódico dominical bajo el brazo, aumentando las cifras de participación que tienen que hacernos aplaudir esta noche cuando, copazo en mano, nos comamos las uñas delante del televisor. Votemos, vamos, apaga el ordenador y a la calle. Yo os dejo que voy a echar mi papeleta. Alea iacta est

Os vinculo aquí un artículo de Almudena Grandes, que resulta bastante más convincente que el mío...
 
8 de marzo de 2008
El hecho de ser mujer me obliga a realizar tremendos esfuerzos para no fracasar, porque si lo hago nadie dirá "no tiene lo que hay que tener" sino "las mujeres no tienen lo que hay que tener." (Clare Boothe Luce)

No me gusta calificar el 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora, sino como Día de las Mujeres, empleando el plural porque somos muchas y muy diversas, y eliminando el adjetivo porque me resulta absurdo. ¿Qué significa eso de trabajadora, que tiene un empleo fuera del hogar? ¿Una doble jornada, como la mayoría de nosotras, dentro y fuera de casa? ¿Quiénes entramos dentro del calificativo trabajadora?
El 8 de marzo es un día de discutido origen, como podéis ver realizando una simple búsqueda en Internet: hay quienes dicen que radica en un incendio que tuvo lugar en una fábrica en 1908, muriendo cientos de obreras, o quienes lo sitúan en el movimiento internacional de mujeres socialistas del siglo XIX. Sea como sea, fue Clara Zetkin (1857-1933), una política alemana de izquierdas muy influyente, la que lo propuso por primera vez en la Conferencia de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague en 1910. El Día de las Mujeres se empezó a celebrar (al principio en distintos días, según el año) en 1911. Nuestras antepasadas reclamaban el derecho al voto, a trabajar fuera de casa, a ocupar cargos públicos así como el fin de la discriminación en todos los ámbitos. No fue hasta 1977 que la ONU estableció el 8 de marzo como el Día de las Mujeres en todo el mundo.
Este año, en España, el día nos lo han intentado quitar debido a que mañana son las Elecciones Generales y claro, hoy es jornada de reflexión. Nunca hubieran puesto dichas elecciones el 2 de mayo, por poner un ejemplo, suprimiendo así la marcha del Día del Trabajo, pero ya se sabe que si hay que prescindir de algo en este país, se prescinde de “las cosas de las mujeres” (que son las cosas de todo el mundo, pero bueno). Me da igual lo preocupados que intenten fingir que están nuestros políticos con el terrorismo machista, apenas lo han mencionado en esta campaña (y eso que llevamos ya más de una veintena de muertas en lo poco que llevamos de año). En lugares como la Comunidad de Madrid, donde gobierna el conservador Partido Popular, nuestro derecho de aborto (que sólo existe bajo ciertos supuestos, por lo que necesita aún avanzar mucho) se está viendo mermado. Seguimos ganando menos, todavía es harto difícil ascender en el trabajo, la televisión continúa siendo completamente sexista, la apología machista sigue quedando impune, pero bueno, ¿para qué hablar de ello en campaña? Y esto mencionando sólo mi país, porque si nos ponemos a hablar de burkas, Ciudad Juárez o la ablación, por poner unos ejemplos, es que no acabamos nunca. Pero eso sí, nosotras cabeza alta y a seguir luchando. Nadie nos ha dado nunca nada, todo lo hemos conseguido por nosotras mismas y así va a seguir siendo. Y bien orgullosas de nuestras debilidades y de nuestras fortalezas. El feminismo ha sido sin duda el movimiento más radical y transformador del siglo XX y no me da miedo predecir que lo será también del siglo XXI.
Sea como sea, es nuestro día, el día de las mujeres imperfectas y feministas: las que somos demasiado gordas o demasiado delgadas, las que tenemos demasiados pelos o demasiado mal genio, las que escribimos, pintamos, arreglamos una tubería, nos dedicamos a la ingeniería o a nuestras labores, las que murmuramos canciones mientras planchamos o acunamos un bebé mientras pensamos en el teorema de Pitágoras, las que conservamos la esperanza, las vagas o las inquietas, las que luchamos contra la ansiedad o contra la tristeza, las viajeras, las tragonas, las bolleras, las irresistiblemente atraídas por Brad Pitt, las cinéfilas y las bibliófilas, las que se pasan el día en el transporte público, las conductoras y las que van en bici, las que cuidan a sus padres, las enamoradas, las de corazón roto, las ecologistas, las pacifistas, las valientes y las que suspiramos mucho, las blogueras, las lectoras empedernidas, las informáticas, las amigas, las primas, las profesoras, las activistas, las coquetas, las divertidas o las serias, las soñadoras y las que tienen los pies en la tierra, las doctoras o las panaderas, las amas de casa, las estudiantes, las secretarias, las políticas y las bohemias. Estas y todas las demás. El día de todas, el Día de las Mujeres.
Por tanto, felicidades amigas. A celebrarlo, que el 8 de marzo es nuestro.

2005
2006
2007
 
Cristina
Siempre hay un momento en la infancia en que se abre la puerta y entra el futuro (Deepak Chopra)

Mi sobrina Cristina, de ocho años recién cumplidos –de hecho, ayer degustábamos su tarta de cumpleaños mientras charlábamos- me ha contado, con mirada de preocupación, que lo ha descubierto, que los Reyes Magos –y Papá Noel, y el Ratoncito Pérez, añade con los ojos muy abiertos- son los padres. Se lo ha dicho una niña de su clase, ávida de compartir con alguien tan terrible secreto.
Todo hubiera quedado en una incrédula sospecha si no fuera porque su héroe –es decir, su hermano mayor, Carlitos, de once años- se lo ha corroborado. Y lo que Carlitos dice, qué queréis que os diga, para ella es palabra de dios.
Cristina tenía ayer una mirada distinta, como si adivinase que algo muy importante ha pasado en su vida sin estar del todo segura de qué ha sido. Me comenta angustiada que sus padres se han debido gastar un montón de dinero en la Nintendo DS, que si lo llega a saber hubiera pedido otra cosa…
Y es que la pobre no lo sabe aún, pero acaba de despedirse de un montón de magia infantil. Acaba de hacerse de golpe bastante mayor. Porque si los Reyes son los padres, entonces hay un montón de cosas que puede que no sean verdad.
Asistir a un episodio así en la vida de una niña es triste y a la vez emocionante, porque sé que Cristina siempre va a ser una persona maravillosa y estoy expectante por observar de primera mano y de su mano los cambios de su vida. Mi hermana –su madre- estaba ayer indignadísima con la compañera de clase que le ha arrebatado el sueño a su hija pero, en fin, siempre hay algo o alguien que acaba pinchando el globo, qué se le va a hacer.
En su vida le quedan aún un buen montón de decepciones por vivir y de adioses por dar, aunque también le esperan lámparas de los deseos y muchísimos abrazos. Qué mágica es la vida, ojalá nunca se le olvide que todo es posible, que hasta puede que una fría mañana de principios de enero se tope con un rey negro, ojalá que conserve siempre la mirada que tiene ahora aunque la tiñan un poco las experiencias, que siempre sea mi niña, una niña de carne y hueso y alma, no como otras niñas de las que hablan ciertos políticos y que no existen ni –afortunadamente- existirán nunca.
 
4.000 libros
Sueña como si fueras a vivir para siempre, vive como si te fueras a morir hoy (James Dean)

Tengo la sensación de que la vida se escapa demasiado rápido, de que –cada vez a mayor velocidad- los días transcurren sin darse un respiro, sin detenerse a pensar en sí mismos.
El otro día intenté calcular cuántos libros podría leerme en toda mi vida si me leía un libro a la semana (lo cual es demasiado, yo suelo leer bastante despacio, degustando cada página). Si tengo la suerte de vivir, por ejemplo, alrededor de ochenta años, serán una media de cuatro mil libros –más los que leo por trabajo, pero esos no los elijo yo así que no valen- y eso me parece poquísimo, teniendo en cuenta todos los que me compro y todos los que están en mi lista de libros que me quiero leer.
Una cosa llevó a la otra y me vi pensando en la gran cantidad de cosas que me gustaría hacer. Como es natural, no podré cumplir todos mis deseos ni llevar a cabo todos mis sueños, pero también en eso consiste la vida, ¿no? En dar pasos adelante como un comecocos, para devorar por el camino todo lo que puedas.
Cuantos más años tienes (y yo sólo tengo treinta, no quiero ni pensar cómo será dentro de un par de décadas) más rápido pasan las semanas, los meses, los años, y te descubres diciendo con mayor frecuencia eso de “parece que fue ayer…” Por eso al menos a mí me pasa que cada vez en más ocasiones siento la necesidad de librarme de todo lo que es negativo en mi vida, de todo lo que no me enriquece de un modo u otro. Y una de estas cosas es la superficialidad.
La superficialidad me aburre soberanamente, y es lamentable encontrarla en personas de las que se podría esperar mucho más. Descubres amigas obsesionadas con su peso y con la moda, amigos que viven para salir hasta el amanecer los fines de semana, conversaciones estúpidas, prejuicios absurdos, y yo digo: no quiero nada de esto, ya estoy harta, me alejo de aquí. No porque quisiera estar hablando todo el rato de metafísica, sino porque la vida es otra cosa más allá de una existencia a base de ensaladas de lechuga y reportajes fotográficos de la inútil de Kate Moss.
Y por eso cada día me radicalizo más en ese sentido y busco otra cosa. Busco cariño, arte, paz y compromiso. Conversaciones sin ruido y silencios poblados, miradas sinceras y personas que sepan la verdadera medida de las cosas, la verdadera dimensión de los problemas de sus vidas, dónde se encuentra la verdadera belleza. Busco valentía y autenticidad.
Queda ya poco para la primavera, el tiempo pasa volando…