Era el momento más importante de la noche, un instante en que se decidiría si definitivamente iba a quedarme en aquel maldito puesto de trabajo o por fin ascendería e iniciaría mi nueva vida. Mi apuesto jefe Sin Rostro me miraba con una sonrisa cómplice, llenando mi cabeza de pajaritos y por supuesto de efectivas esperanzas. De repente la aglomeración de personal que esperaba expectante los resultados del examen, empezaron a moverse aleatoriamente.
Empujones, nervios, gritos, sollozos. El misterio y la aproximación a la resolución empezaba a ponerme nerviosa, a agitarme en demasía. Inicie la
marcha tonta, esa que caracteriza a los padres primerizos. Izquierda. Izquierda. Izquierda. Persona. Otra, esta no se aparta. Sigo a la izquierda. Me estoy alejando de la puerta, a este paso no voy a poder oír los resultados. Cambio de dirección, derecha. Derecha ¿Se puede saber qué coño hace toda esta gente? ¿Por qué no se están quietos? Derecha. Derecha. De esa puerta sigue sin salir nadie y estoy empezando a desesperarme. La tripa empieza a dolerme. La garganta se me seca. Todo me molesta. El reloj me presiona demasiado la muñeca y encima parece haberse roto. No avanza.
Izquierda. Izquierda. Izquierda. Tengo prisa. Acelero. Me estoy meando ¿Es posible? No puedo ir al servicio está demasiado lejos de la dichosa puerta ¿Y si salen y no me localizan? ¡Qué se pare esta gente, por favor! Me meo. Empiezo a votar. Fantástico ahora me he convertido en el centro de atención. Normal con tanto vote y tanto correr de un lado a otro, estoy empezando a ofrecer síntomas de demencia.
Me duele la tripa. Me meo. Corre. Corre. Sería maravilloso que súbitamente saliera alguien de esa puerta, envuelto en humo, con una noticia apremiante para mis oídos, como si de un concurso de antaño se tratara. Sal, sal. No. Mejor me siento. Ahora no puedo dejar de mover mi pierna. Me incomodan estas mantas. Me impiden moverme libremente ¿He dicho mantas? ¿De dónde ha salido tanto calor, y la gente? ¿Quién ha apagado la luz? Ah! Era
otro sueño. Pero sí que es cierto que me meo. Ahora ya no hay excusa para esperar. Aunque me pesan los ojos y se está tan bien aquí dentro.
Uff… No aguanto más, un salto y al baño…De prisa, de prisa que hay prisa. Bájate los pantalones. Ainns… Tengo la sensación de que no voy a poder aguantar mucho más ¡Ah! ¡Mierda! ¡Qué fría está la maldita taza del w.c! ¡Pues meo de pie! Lo prefiero…Qué relajante sentir como se vacía mi vejiga de la acumulación de líquidos nocturna. Siento como se va desinflando gota a gota… ¿Y ese ruido?
¡Un momento! Ese ruido no lo hago yo. Yo orino a chorro, no gota a gota. Cuando logre reincorporarme buscaré el origen de tan inquietante sonido. Ahora tengo prisa por acabar. El mundo cambiante. Ahí me incluyo yo.
¡Cómo no! El grifo. Alguien olvidó apretar fuerte el grifo.
El sonido de las gotas que escapaban de sus tuberías era algo parecido a una danza alegre. Invitaba a rumbear un poco. Rápido y constante. Este apunte meramente anecdótico no pretende sino reforzar la idea de que
se estaba derrochando gran cantidad de agua de una forma tan alegre y jovial que en cualquier otro contexto podía haberse convertido en la melodía de un festival.
Apreté los grifos y reflexioné sobre la suerte de todo el agua derramada hasta ese momento.
A partir de ese instante mis sueños se centraron en un único pensamiento: Los desagües; Como cementerio acuoso. Por eso, hoy , al levantarme he construído un mausoleo para estas gotas perdidas. Ahí, donde anoche, lucen ahora un lazo negro y un ramillete de flores perfumado (básicamente porque el lugar lo requería). Es pero que con este gesto el señor
Medio Ambiente sea capaz de emocionarse y retrase un poco más su muerte.
Desde aquí propongo a todos hacer lo mismo en sus casas. En todos esos grifos inocentes que derraman agua debido a nuestra torpeza al cerrarlos. Réquiem por las caídas y pérdidas en
el valle del despilfarro.
