
Sonrío. En ocasiones es divertido comprobar que una persona puede olvidar algo cuando realmente reconoce en su mirada haber disfrutado con ello. Tengo la sensación de que en sus ojos todavía permanece la imagen de mi cuerpo parcialmente vestido sobre las duras sábanas de aquel invierno. El movimiento de sus dedos llega a excitar hasta el último músculo de mi piel. Recreo en mi mente el tacto de sus labios sobre el perfume de mi tez recién lavada. El suave tacto de aquellas yemas vírgenes que se apresuraban a memorizar el mapa idealizado de una mujer acalorada.
Hoy lo observo. Indeciso, conmocionado, temeroso. Evita excitarse demasiado. Evita mirarme. Evita recordarme. Solo desea olvidar.
Cierro la puerta, sé que esa noche volveré a besar sus labios. Mis instrucciones son claras. Mi decisión firme. Aún así, también sé que volverá a olvidar. Todavía no ha aprendido que si lo deseas puedes hacer que tus sueños sean más que eso.
Quizá cuando despierta y descubra junto a su almohada mi perfume se de cuenta de que nunca fui más que su lado femenino.