Hoy me he levantado con ganas de escribir algo diferente. Voy a variar el contenido de este blog, solo por hoy. Pero necesito desviar mis intereses para fijarme en un asunto concreto. Me voy a permitir el lujo de hacer una reseña. Desgraciadamente no es para informar sobre alguna nueva obra literaria. Resulta, es un tema de impacto, que en clase de economía nos recomendaron un libro para el día del examen “Principios de Economía” de N. Gregory Mankiw y claro como no podía ser de otra manera me lo compré y me lo he estado leyendo durante este tiempo.
Confieso que la economía no es uno de mis fuertes. Sus gráficas y conceptos tan consumistas se me escapan de las manos y llegan incluso a encolerizarme al pasar las páginas. Por eso cuando pensé en que tenía que leerme un libro tan sumamente grande y económico…¡ Imaginen una montaña! Bueno, no obstante, tengo por costumbre leer todo lo que llega a mis manos, una está llena del espíritu aventurero.
No obstante, decía, este libro me sorprendió. El tono en que está tratado cada concepto, me llegó a parecer incluso cómico en algunas de sus páginas. He de aclarar que para mi el concepto de lectura lleva implícito la complicidad. Cuando lees has de mantener una conversación con el autor. No lo conoces, y el tampoco te conoce a ti, pero precisamente para las presentaciones existen las reseñas literarias. Gracias a ellas, el lector puede sustituir durante un tiempo su visión por la de creador de la obra. Compartir sus pensamientos, su imaginación. Como definían espectacularmente los surrealistas “Un poema se hace en grupo”. De nada sirve hacer una obra si el que lee no llega a comprender mínimamente aquello que se escribe. Por eso en ocasiones resulta tan emocionante una nueva lectura.
Pues bien, decidí presentarme a Mankiw. Algo llama, en efecto, la atención en este libro. Empezando precisamente por la reseña bibliográfica sobre su autor. En ella se nos informa en tono solemne que Gregory Mankiw es profesor de economía de universidad de Harvard. Hasta casi parece hasta normal. Pero siguiendo con la lectura, un poco más adelante dice lo siguiente “Hace tiempo enseñó incluso vela durante un verano en Long Beach Island”
Vaya!,
no sabía yo que para ser profesor de economía es importante haber adoctrinado, no importa cuando, sobre un curso de vela. Debe ser por la relación de ambos en el tema elitista económico. Consumismo, al fin y al cabo. Será tradicional que todos los profesores de economía sean a su vez, alguna vez en vida, profesores de vela o yate o…
¡A ver quien tiene más!
Lo cierto es que el espíritu consumista del autor se puede apreciar a lo largo de todo el volumen. Constantemente la incitación a las compras se hace patente. Por supuesto las críticas al comunismo son representativas, evidentemente como se va controlar una economía capitalista dirigida por la mano de un gobernador. En su lugar, la mano invisible presentada por Adam Smith es irrevocable y por tanto un ejemplo económico a seguir. De hecho hay un momento en que se plantea la situación de invertir más en empresa a costa de destrozar el medioambiente o paralizar el incremento empresarial. Ahí estaba yo, leyendo esta disyuntiva, emocionadísima por saber el resultado final de la historia. Y de pronto…
No sabe no contesta.
Con gran agilidad logra esquivar el conflicto aludiendo al hecho de que hay controversias que no pueden tener una respuesta rápida, merecen por tanto un estudio detallado de la situación. Vamos que si se trata de una zona cuya peligrosidad existencial dependa de varios años, es viable crear más empresas… ya se encargarán otros de subsanar las heridas (o asesinatos).
En definitiva, se trata de un texto de estilo sencillo y ligero cuyo contenido partidista es más una declaración de principios que una base teórica sobre un sistema científico. No hay duda de que adoctrina, pero en todos los sentidos. Quizá no debería ser conveniente que un texto dedicado precisamente a los estudiantes tuviera pretensiones tan ambiciosas políticamente hablando. Detonas formas, repito, es un libro muy cómico.
