Descansaba bajo la tenue sombra de la soledad cuando sus ojos se acercaron hacia el más cálido de los sentimientos. Sus palabras parecían afilados cuchillos de plata que poco a poco se hundían en la superficie de un sueño. Nada parecía perturbar el acalorado acontecimiento que estaba teniendo lugar entre las doce y la una de la mañana de ayer. Una sonrisa a lo lejos detenía el instante en un suspiro de agonía, de felicidad, de tristeza... Era el cambio de día.
