Lamentable accidente el de Rajoy y Esperanza Aguirre esta mañana.

El aeronave que transportaba al líder de la oposición, Mariano Rajoy, a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el alcalde de Móstoles, Esteban Parro, un cámara de Antena 3 y dos pilotos ha colisionado en la plaza de toros debido al fuerte viento matutino minutos después de haber despegado. Seguro que al levantarse ninguno de los dos había preparado un día tan ajetreado como el que ha resultado.
Tras el fortuito aterrizaje el alcalde de Móstoles, Esteban Parro, se encontraba alterado y lógicamente aterrorizado por el accidente que acababa de padecer. Por el contrario, la reacción del líder de la oposición y la presidenta de la Comunidad de Madrid era impasible. Ni un mal gesto, ni una mirada nerviosa, ni tan siquiera un temblor improvisado.
Como personajes populares, que son, se
sacudieron el polvo y siguieron a lo suyo, que es presentar una imagen pública.
La sonrisa permanente y postiza de Aguirre ocultaba (o debería ocultar) una experiencia indeseable para cualquier persona. Y de fondo las memorables palabras de Rajoy “sabía que con este tiempo no debía ser aconsejable volar”. Esta situación, pese a lo trágico del suceso, es comparable a aquellos momentos en que un vergonzoso percance genera en el protagonista reacciones adversas a las predecibles para aplacar el sentimiento de bochorno o las risas ajenas.
Es admirable la muestra de contención que estas dos figuras han demostrado ante las cámaras. Sin embargo, lejos de evocar lástima o solidaridad se han convertido únicamente en un
objeto noticioso. No quiero decir con esto que hubiera sido mejor que se presentaran víctimas (pese a que ese haya sido su papel real) del devenir del temporal. Pero no hubiera estado de más que nos hubieran sorprendido con algún síntoma de dolor o expresión de nerviosismo o temor. En definitiva, una guiño que indicara la veracidad del reciente acontecimiento que acabábamos de presenciar. Más que nada por obedecer la regla de que no somos de piedra, aunque siempre hay excepciones.
La secuencia ha sido muy mecánica, falta de acción, incluso aburrida. Parecía la toma falsa de una película de ciencia ficción. ¿De qué material están hechos estos dos individuos? Luego dirán que la reacción de los actores de este género fílmico roza el surrealismo. Nada más lejos de la realidad. Mis esfuerzos por buscar en el vídeo a los actores de doblaje para poder ver, al menos, alguna expresión humana han resultado nulos.
Aún más sorprendente resultaba el rostro de Rajoy, quien desconcertado, pero aguantando el tipo, no ha dejado entrever el dolor por la rotura de dos de sus dedos. Quizá el tiempo de reacción ha sido demasiado escaso para poder preparar el comportamiento de cada uno de ellos. O tal vez el guionista de ambos sólo está activado para actuar impulsivamente en respuestas políticas fuera de lugar. En todo caso, echaré de menos durante algún tiempo el sistemático
gesto indicador de Mariano Rajoy.