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la voz de mego
ahora te toca a ti
Acerca de

Marisa, yo, no es más que una persona a la que le gusta soñar, escribir y disrfutar de los pensamientos mientras los inmortaliza en notas comos las que se pueden leer en este espacio.

Sindicación
::..::La vida es Sueño y los Sueños Sueños Son/Calderón de la Barca::..::
 

Carrera contra el tiempo

Decía mi madre que está harta de que no llegue nunca a tiempo a ninguna parte ¿Qué prisas! Desde pequeña recuerdo como nuestras idas y venidas de la escuela se convertían siempre en un caótico maratón de imposibilidades: Me obligaba a levantarme rápidamente cuando el reloj estaba a punto de tocar las ocho y media, para vestirme velozmente, coger mi mochila nunca preparada del día anterior y bajar corriendo las escaleras para desayunar por el camino. Mientras ella arreglaba de mi ropa esos pequeños detalles que no había persona capaz de captar y que, sin embargo, a mi madre le quemaban los ojos: El cuello, las puñeras, el yérsey vuelto… Al salir de la escuela las prisas continuaban. Mi pobre abuelo se veía obligado a recuperar sus piernas adolescentes para que sus nietos llegaran puntuales a todas partes. Todo esto mientras nos hacía comernos la merienda por el camino. Lógicamente siempre llegábamos tarde.

A pesar de los esfuerzos sobrehumanos de mi madre porque cumpliera un horario estricto, soy incapaz de llegar a hora a todas partes. Por eso, cuando el otro día fui a visitar a mi antiguo profesor me acordé de todos aquellos retrasos que tuve que lamentar avergonzada ante todos mis compañeros de clase. Al llegar al umbral de la puerta, experimenté un repentino ataque de vergüenza, aún sabiendo que mi profesor se encontraba solo: llegaba tarde. Su sonrisa comprensiva y el ceño fruncido me trasladaron de nuevo a mi infancia. Por un momento, sonrojada sentí la tentación de pedir perdón ante los pupitres vacíos. La anécdota sirvió para romper la barrera del tiempo entre aquel señor ligeramente envejecido y la pequeña que ahora se sentaba a contarle todos los cambios que se habían producido en su vida. Del mismo modo que antaño sus experiencias nos dejaban atónitos, ahora mis relatos enmudecieron a aquel viejo profesor. Al acabar afirmé con precaución “Nunca cambiaré” y entonces como si despertara de un profundo sueño, miró su reloj y asintió añadiendo “Yo tampoco”, y se fue corriendo dejándome como única despedida un hasta luego lejano y apresurado que me acompañó durante el camino a casa.

El eco de aquella confesión permaneció en mi cabeza durante los días posteriores, hasta hoy. Esta mañana, mientras tomaba una taza de té asomada a mi ventana observé anonadada como, una intrépida mujer, retaba a un vehículo a una carrera por alcanzar en el mínimo tiempo posible el extremo opuesto del paso de cebra. Por suerte, no ocurrió ningún incidente lamentable entre ambos protagonistas; Sin embargo, la improvisada carrera me llevó a fijarme en la reacción de los demás transeúntes. Nada. La impasibilidad era absoluta ¡Una mujer había estado a punto de atropellar un coche y nadie parecía asombrado! Todo el mundo continuaba con su misma rutina. Ellos tampoco cambiarían nunca. Para todos los actores de mi particular escenario matutino el tiempo pasaba más deprisa de lo que ellos pudieran asimilar. Igual que para mí, igual que para mi admirado profesor de infancia quien todavía sigue corriendo al salir de clase.

Por cierto, ganó la señora.
 

Evanescencia, Fugacidad, Inmediatez...

I què fa al carpe diem? Pensava l ´altre dia sobre el tema aquest i hem recorde ilusionant-me mentre pensava que podia existir. Que va existir de fet durant una època molt intensa. Però realment no sé si es tracta d´una filosofia que es puga mantenir tota una vida.

A mi m´agrada pensar en el present com quelcom passatger. Com un visitant oportú que sempre aplega i mai no saps bé quan pots tirar-ho de casa. Només sé que obri la porta i el rep, li salude i li felicite. Però aplega un moment en que el cos demana certa estabilitat. L´edat diuen els més nodrits en aquestes questions. I si és aixina és perquè deixa de haver-hi un present inmediat.
Tinc un tio que sempre ha sigut molt altruista. Molt bohemi, que diuen els meus pares. Ha viscut per a viure. Sense preocupar-li res que li fora a passar demà. Ha sigut sempre el meu mite. El meu símbol a imitar. Però l ´altre dia mentre parlava en ell hem va dir “Tens que saber que la llibertat és bonica durant un cert temps... Després cal estabilitzar-se i possar-li fre al temps”. De veres? Hem vols dir que aplegarà un dia en que voldré formar una família, quedar-me a casa i deixar que el temps passe mentre mire tristament per la finestra com les gotes d´aigua continuen la meva vida? Hem vols dir que abans d´acabar de viure al mon el mon s´hem quedarà gran.
I els somnis? Què ocorre amb els somnis? NO. Hem negue a pensar que un dia els segons deixaran de ser vida. Els ressuscitaré, com ho faig en tot. Res no pot quedar pendent com un malson que es repeteix constantment. Ben bé que en saps que les pitjors turmentes venen quan menys plou. Que no m´estime viure eternament. Només vull poder sentir, apassionadament com si demà el foc de la meva sang en cremara la pell. No hi podria ser més trist que les coses es repetiren eternament com en la pel•lícula del dia de la marmota. No hem puc imaginar el que seria viure en un rellotge capficada. Què més té que fora jove eternament...mai no podria saber el que va viure el meu llallo al no tornar a vore´s jove. I el que es enamorar-se a la vellea. Ni el que és dir allò mític de “quan jo era jove...”
Ara soc jove, i ara només puc dir que vull lluitar, vull conèixer els segons. No vull tenir que lamentar mai el tempus fugit.
 
Tortas de maíz
“Lo quiero, lo quiero, lo quiero es mío”. El enervante llanto que ha roto con el pacífico silencio es producido por un niño de estatura media que observa desafiante a su madre. A medida que los segundos se hacen más intensos y las miradas de curiosos se van añadiendo a la escena unas gotas de agua traslúcida se dejan entrever en los ojos grisáceos del infante. La madre cada vez más avergonzada reclama el auxilio entre sus semejantes con el débil temblor de sus manos y el fuerte latir de su corazón que contienen un grito ensordecedor y una palmada de castigo.

Finalmente la compasión de los más ancianos y la dosis de regocijo en la desgracia ajena obligan a la desafortunada madre a ceder ante los caprichos del niño ¡Malcriado! Ha de oír por debajo la dama. Mejor eso que la cárcel.

Todos sabemos juzgar, Normalmente optamos por criticar, en este caso, a la madre y cuestionar sus técnicas educativas. Otras simplemente, desde un placentero rincón maldices al niño por interrumpir un momento de deleite mientras sonríes por no pertenecer a dicha familia. Y a lo lejos siempre se oye “Si fuera mío esa criatura llegaba caliente a casa”. Hoy ya no puedes decir estas cosas demasiado alto.

Realmente el tema de la educación infantil me reserva ciertas dudas apocalípticas. No me llego a imaginar que un niño incapaz de distinguir el bien del mal este apto para entender una charla acerca de lo irreverente y maleducado que puede resultar dar cuatro berridos en mitad de un complejo público. La meta, si mal no recuerdo, es conseguir lo que se desea, cuanto antes, al precio que sea. El precio a sacrificar se aprende pronto.

Nadie nos enseña a educar a una criatura y sin embargo, en situaciones críticas todo el mundo se autoproclama mejor educador que cualquiera. Malo es consentirle y malo es darle una palmadita para que aprenda. No abogo por los malos tratos (¡todo lo contrario!) pero justifico un cachete en un momento de tensión como el explicado, sin que por ello tenga que acontecer delito alguno.

En mi infancia he recibido muchos cachetes y ninguno de ellos lo he memorizado como acto de maltrato. De hecho creo que han contribuido beneficiosamente a mi actual educación. Oportunamente puedo pensar que sin ellos podría haber obtenido los mismos resultados con una grata conversación psicológica. Pero olvidamos en este punto un minúsculo detalle. Mis padres, muy a su pesar, no son psicólogos, ni sociólogos, ni psiquiatras en última estancia. Sólo sabían con certeza indiscutible que deseaban tener hijos y criarlos. (Un viva por ellos que decidieron un objetivo demasiado duro y alejado de mis expectativas). Este detalle no podemos obviarlo a la hora de juzgar el papel paterno (materno). Ante mis ojos unos padres son merecedores de mi admiración si dan el máximo de sus posibilidades por sus hijos.

Tampoco es conveniente olvidar el maltrato psicológico, y ese pasa desapercibido ante nuestra mirada crítica. Más condenable que una palmada oportuna puede resultar unas palabras dolosas.

Finalmente una única reflexión sobre terreno resbaladizo ¿Quienes somos el resto de mortales de un emplazamiento público para juzgar una inocente reprimenda sin haber padecido el sufrimiento de ser padres?
Hagas lo que hagas. Sacrifiques lo que sacrifiques nadie te va a garantizar nunca que ese niño podrá estar orgulloso de ti el día de mañana. Nadie te va a prometer que nunca hará nada de lo que debas arrepentirte. Porque nadie, salvo él/ella puede elegir su destino. Como padres uno solo puede guiarle y enseñarle sus experiencias. Al final la imagen paterna queda siempre grabada en una foto acompañada de mil sentimientos diferentes motivados o no por alguna acción del pasado. No hay comprensión. El amor, como los sentimientos, duerme sobre sedimentos pasionales.

 
Sonrío. En ocasiones es divertido comprobar que una persona puede olvidar algo cuando realmente reconoce en su mirada haber disfrutado con ello. Tengo la sensación de que en sus ojos todavía permanece la imagen de mi cuerpo parcialmente vestido sobre las duras sábanas de aquel invierno. El movimiento de sus dedos llega a excitar hasta el último músculo de mi piel. Recreo en mi mente el tacto de sus labios sobre el perfume de mi tez recién lavada. El suave tacto de aquellas yemas vírgenes que se apresuraban a memorizar el mapa idealizado de una mujer acalorada.

Hoy lo observo. Indeciso, conmocionado, temeroso. Evita excitarse demasiado. Evita mirarme. Evita recordarme. Solo desea olvidar.
Cierro la puerta, sé que esa noche volveré a besar sus labios. Mis instrucciones son claras. Mi decisión firme. Aún así, también sé que volverá a olvidar. Todavía no ha aprendido que si lo deseas puedes hacer que tus sueños sean más que eso.

Quizá cuando despierta y descubra junto a su almohada mi perfume se de cuenta de que nunca fui más que su lado femenino.
 
Autocensura Sexual
Odio los enormes obstáculos que parecen separar a hombres y mujeres. Odio que nosotras y ellos veamos (equivocadamente) cada día como se incrementan estas diferencias. Me aborrece acudir a una librería y descubrir entre la multitud de títulos disponibles algunos como: “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus” “Porque los hombres mientes y las mujeres lloran”….entre otros. Tampoco me agradan las lecturas de mujeres que con el feminismo por bandera escriben viñetas ridiculizando algunas de las manías femeninas por sistema, es el caso, entre otros, de Maitena . A esta autora, a la cual respeto y con cuyos dibujos objetivamente me río mucho, le encanta esperpentizar los mitos femeninos. Esos que durante años nos han colgado como cola y con los que tenemos que seguir a cuestas y crucificarnos si es preciso con todas sus consecuencias.
Es cierto que existen diferencias, empezando por los genitales hasta acabar por nuestra forma de observar el mundo. Pero dejando a un lado estas diferencias obvias, todas las demás son secundarias e impuestas por una sociedad cada día más automatizada. Es muy extendido el rumor sobre la relación íntima que mantiene las mujeres y las compras compulsivas. Sin embargo, los paparazzis de la crítica de sexos no enfocan las aventuras cada vez más habituales de los hombres en el mundo de la moda.
Olvidamos, tal vez, que estas diferencias estéticas empezaron con la aparición de los medios de comunicación de masas. Era preciso idear un objetivo a quien bombardear con publicidad ostentosa y comercial para que este reciente sector pudiera plantar sus raíces. El sujeto tenía que ser: sumiso, con acceso restringido a la comparación y a quien se le pudiera insistir en el mismo elemento varias veces seguidas al día. Por coincidencias temporales la mujer encajó perfectamente en aquel target provisional. Era una época en que la mujer debía permanecer en casa, cuidando de la familia, administrando la economía del hogar y siendo consciente de sus límites presénciales. Efectivamente, se convirtió en el blanco de toda la publicidad, de todos los programas y de todos los estereotipos hoy mundialmente conocidos.
Actualmente las semillas han crecido y se han arraigado en una sociedad que se conforma con repetir aquellos hitos impuestos por el sistema comercial. Somos pasivos receptores ante las nuevas directrices marcadas por las últimas tendencias. Los medios se defienden alegando que ellos “dan al público lo que el público pide”. Naturalmente, no es fácil derribar un muro de piedra que se ha ido construyendo durante años. Pero sí es productivo hacer broma sobre el tema esquizofrénico que aparece inherente al sexo femenino. Más cuando como inocentes corderitos nos dedicamos a dibujar los mismos estereotipos una y otra vez.
Pensando en personas, ¿A quién no le aborrecería una que hablara sin parar, dedicara su vida a lujos y banalidades y controlara enfermizamente todos tus movimientos? Si únicamente las mujeres fueran así ahora mismo me hacía hombre. Del mismo modo que unas lágrimas bien derramadas pueden salvarnos en un determinado momento su empleo no hace sino corroborar nuestro victimismo. Además de galardonarnos con el sinónimo que hoy día permanece en el diccionario como “sexo débil” o “blando” o “delicado” junto al adjetivo femenino.
Abogo por las mujeres, por la igualdad. Una paridad lograda y sobre justificada. Pero defiendo las armas blancas. No justifico el uso y abuso de las herramientas tradicionalmente identificadas con la mujer porque esto sólo provoca un retroceso.
Servirse del atractivo sexual en el ámbito laboral resulta mezquino para cualquier persona. Las relaciones sexuales se pueden mantener con cualquier persona siempre y cuando no haya intenciones ocultas e interesadas en su realización. Fuera de esta restricción el que dos miembros de una misma empresa se vean involucrados en un lío sexual no debería ser motivo de rumores ni conversaciones. Ni mucho menos excusa para criticar a la fémina en cuestión. En tal caso ambos géneros son culpables de un mismo acto.
El terreno sexual es bastante árido todavía para la mujer. Sin embargo, como representante en este blog, he de reivindicar el fin de los tabúes femeninos. A mí como a cualquier persona me gusta el sexo, se trata de un instinto natural que va adjunto al ser, ya sea humano o animal. No se trata de ovacionar el vicio. Todos somos conscientes de que los excesos nunca son buenos. Sin embargo, defiendo la libertad siempre y cuando haya un respeto mutuo. Defiendo las conversaciones sin censura acerca del tema. Y ante todo, defiendo la espontaneidad recíproca.
No voy a vestir con géneros aquellas actividades que nacieron sin ellos y no voy a aplaudir diferencias prefabricadas. ¿Por qué no disfrutar dejándonos llevar sin tener que evitar más trabas que las de la propia vida?

 
El pasado es todo aquello que no podemos recuperar. El tiempo, los segundos que quedaron olvidados en un ayer, en una antes o un adiós. No es posible mirar atrás sin nostalgia. Nostalgia del dolor, de lo amado, de lo perdido. Pensar en recuperar ni tan solo por unos segundos el sueño de un ayer es volver a creer en el olvido. Las lágrimas que anoche caían de mis pensamientos hoy vuelven a avivarse porque nunca serán otra vez las mismas. El cristal acorazado con que rasgaban mis mejillas se ha endurecido esta mañana al atravesar el frío invierno del pasar del tiempo.
No quiero creer que fue más bello lo que no ha podido permanecer. Lo perfecto durará para siempre y sin embargo quien lo dijo falleció en la historia. Los ecos de hace siglos se oyen en las casas antiguas, en los cementerios, en los libros, en las clases de jóvenes alumnos… y sin embargo nadie es capaz de mantener una conversación con aquel ayer de entonces. No puede permanecer vivo aquel que durante un tiempo fue la voz y alma de una época…porque esa época ya ha pasado y hoy quedamos los vivos. Hoy quedan nuestros sueños. El amanecer de cada triunfo es el pasar de cada día. Seguir adelante es no mirar atrás o mirar con ojos de recuerdo. Hacer de nuestros cristalinos iris álbumes gigantescos. Conservar nuestra historia grabada en piedra. Proteger el material con el paraguas del tiempo para que ni la más tierna gota de agua logre horadar su superficie. Atrás quedó el tiempo y después su recuerdo.