Los ojos que hoy me miran desde el otro lado del espejo, saben que hoy es un día especial. Han decidido, por su cuenta, vestirse de gala y deslumbrar a la vida.
Una vela, otra más y allá en el fondo, donde parece que nadie puede verla, otra más. Porque todas son representativas, porque todas luchan, porque todas viven.
El viento huracanado de estos días anteriores ha calmado hoy su furia, se ha rendido ante el calor. Ha brillado el sol, a juego con mis ojos y mis velas hoy se mantienen erguidas, fuertes, incapaces de caer.
Un ocho de marzo, tal día como hoy, un grupo de mujeres fallecieron, asfixiadas, reducidas a cenizas por su propia libertad. Por su propia dignidad. Por el derecho a ser tratadas como seres humanos, con la responsabilidad que ello conlleva pero sin la desigualdad que el sexo implica.
Algunos años después Clara Zethin, como portavoz, decidió convertir este hecho en un símbolo que Naciones Unidas inmortalizaría en 1977 como
“El día de la Mujer Trabajadora”.
Durante este mismo día miles de mujeres son maltratadas a manos de hombres neandertales cuya única meta reside en competir contra sus
colegas por ver quien es poseedor del falo más grande y cual de ellos es capaz de revolucionarse más veces en un mismo día. Intenciones que desembocan en una actitud simplista comparable a la del capitalismo exacerbado:
cantidad frente a calidad.
Otras muchas han cambiado sus ojos por los de una tela semi opaca cubierta de rejillas de metal al que denominan
burka. A través de esta ventana contemplan y juzgan el mundo que las rodea sin poder pronunciarse. Mudas; ante la injusticia de haber nacido sin pene.
En sus casas mujeres limpias de agresiones físicas se esconden tras un delantal o un uniforme obrero porque la ignorancia de sus superiores no supo apreciar su valía. Ante su presencia, las deseadas curvas femeninas comportaban suficientes inaptitudes para ser relegadas a la retaguardia o enviadas de nuevo a su casa introducidas en paquetes de urgencia.
Por todas ellas y aquellas cuyas manos todavía no reflejan huellas de vida, hoy grito fuerte
¡Felicidades! Porque a pesar de todo somos mujeres; Porque a pesar de todo, pensamos, caminamos, hablamos, observamos, reímos, follamos, hacemos el amor, bebemos, bailamos, respiramos, vivimos… TRABAJAMOS. Con estos credenciales ¿Quién dice que no somos fuertes?
Vuelvo a mirar a través de un cristal transparente, esta vez son mis pupilas, convertidas en mil ojos diferentes, las que luchan por verse reflejadas. Las que desde el otro lado sueñan con estar aquí y ahora. Don de yo estoy. Como yo estoy. No hay duda, soy mujer. Mi libertad, su libertad, ella, yo, tú. Hagamos perfecto este día. NOSOTRAS TRABAJAMOS PROTEGIDAS POR LA LUNA; SIN MIEDO.
La noche me dice que el sueño de mi ayer es el futuro de su mañana y mi presente debe hacerlo realidad.
Un beso a todas las princesas.
by Guillem Ninyoles