" Habrá de Ser Un Tango Nuestra Herida... "
Nació en los boliches y tugurios de Buenos Aires, una ciudad que por entonces no paraba de crecer. Los inmigrantes paleaban su soledad y esfuezos en modestos bailongos animados por un trío de guitarra, flauta y violín, bailando entre hombres cuando escaseaban las mujeres.
A principios del siglo pasado se instaló en los principales cabarets de París. Triunfar en Europa le posibilitó la entrada en las casas "bien" de Buenos Aires y le permitió instalarse en el gusto popular.
El primitivo trío sumó al piano y al bandoneón ("el instrumento" del tango) y así aparecieron las primeras orquestas "típicas". Y aparecieron los cantores, uno de los cuales alcanzó la talla de mito nacional: Carlos Gardel, muerto trágicamente en Medellín.
Los años 40 son la época de oro del tango: las grandes orquestas reinan, entre ellas la de Aníbal Troilo, D' Arienzo y Di Sarli. Tocan en cabarets de lujo, cafés y clubes.
A principio de los 60, con el crecimiento del jazz, el rock y el pop, la estrella del tango comienza a declinar. Las orquestas se disuelven y, sobre todo, se pierde la danza.
En los 70 irrumpe en escena el cantor Roberto "el polaco" Goyeneche con su particular forma del fraseo. En esos años, brilla un músico excepcional que propone formas nuevas para un género ya clásico: Astor Piazzolla, quien se había iniciado como bandoneonista en la orquesta de Troilo. Tuvo su propia orquesta y luego dejó todo para perfeccionarse en piano con Nadia Boulanger y volcarse definitivamente a la composición de obras tan innovadoras como inolvidables. Los defensores de la tradición tanguera no lo perdonaron, pero en cualquier show o antología sobre el género es imposible ignorar sus clásicos "Adiós, Nonino" y "Balada para un loco"
A mediados de los 80 otra vez son los extranjeros los que recuperan el tango y, esta vez, es para bailar.
- Alcoba Azul -
La noche irá sin prisa de nostalgia
Habrá de ser un tango nuestra herida
Un acordeón sangriento nuestas almas
Seremos esta noche todo el día
Vuelve a mí
Ámame sin luz
En nuestra alcoba azul
Donde no hubo sol para nosotros
Ciégame
Mata mi corazón
En nuestra alcoba azul
Mi Amor
(Frida soundtrack)

A principios del siglo pasado se instaló en los principales cabarets de París. Triunfar en Europa le posibilitó la entrada en las casas "bien" de Buenos Aires y le permitió instalarse en el gusto popular.
El primitivo trío sumó al piano y al bandoneón ("el instrumento" del tango) y así aparecieron las primeras orquestas "típicas". Y aparecieron los cantores, uno de los cuales alcanzó la talla de mito nacional: Carlos Gardel, muerto trágicamente en Medellín.
Los años 40 son la época de oro del tango: las grandes orquestas reinan, entre ellas la de Aníbal Troilo, D' Arienzo y Di Sarli. Tocan en cabarets de lujo, cafés y clubes.
A principio de los 60, con el crecimiento del jazz, el rock y el pop, la estrella del tango comienza a declinar. Las orquestas se disuelven y, sobre todo, se pierde la danza.
En los 70 irrumpe en escena el cantor Roberto "el polaco" Goyeneche con su particular forma del fraseo. En esos años, brilla un músico excepcional que propone formas nuevas para un género ya clásico: Astor Piazzolla, quien se había iniciado como bandoneonista en la orquesta de Troilo. Tuvo su propia orquesta y luego dejó todo para perfeccionarse en piano con Nadia Boulanger y volcarse definitivamente a la composición de obras tan innovadoras como inolvidables. Los defensores de la tradición tanguera no lo perdonaron, pero en cualquier show o antología sobre el género es imposible ignorar sus clásicos "Adiós, Nonino" y "Balada para un loco"
A mediados de los 80 otra vez son los extranjeros los que recuperan el tango y, esta vez, es para bailar.
- Alcoba Azul -
La noche irá sin prisa de nostalgia
Habrá de ser un tango nuestra herida
Un acordeón sangriento nuestas almas
Seremos esta noche todo el día
Vuelve a mí
Ámame sin luz
En nuestra alcoba azul
Donde no hubo sol para nosotros
Ciégame
Mata mi corazón
En nuestra alcoba azul
Mi Amor
(Frida soundtrack)









