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la vida exagerada
la vida ES exagerada. Mucho más que yo.
Acerca de
Acerca de mi, pues todo mi blog, que para eso es mío.
Sindicación
 
escrito a mano

ya es invierno y sin embargo o precisamente por eso tu calor me mantiene permanentemente en marga corta y mirando al mar. Cada día te veo más guapa, más linda, más única. Cada día, en resumen, te veo más. Y mejor. Contigo he recorrido ya media España y hemos visitado, aunque tú no lo sepas, la mitad de la geografía de mis sueños. Casas en todos los escenarios. Tú, y la edificación exacta de lo que se entiende por un hogar.
Sonreímos, te incluyo, casi todo el tiempo. Por eso cuando las cosas se te tuercen se me queda una cara de pastel pegado al molde, de petirrojo sin plumas en una de las dos alas, de cristal empañado. Y me pongo a inventar, ya sabes, maneras de destruir el poder desvergonzado de tu jefe: truenos y centellas pinchándole en la nuca, pellizcos de monja en su ánimo imprevisible, silencios inauditos en su verborrea, amabilidad en sus evidentes carencias afectivas. Le doy patadas voladoras a su ego y le dejo suave, tolerante e irreconocible.
Créeme. A ese tío ahora le pica el alma y no sabe por dónde empezar a rascarse.
Ahí se queda. Tú y yo nos vamos. Ese poder es nuestra capa y nuestra espada, querida mía. No puedo más que desearte -lo mejor- y sonreirte desde este lado de la península en que te espero. Me llevas en el bolsillo. Dame de comer algún beso de vez en cuando :)
 
corchetes
A veces la vida está en "pause". A veces discurre a toda velocidad, y nos damos cuenta de que se nos está escapando incluso mientras se nos está escapando. Lo que aún no me había ocurrido nunca es esta enorme gama de días concentrados en el hueco de un reloj. Cada mañana hay más clases, trabajo, fines de semana contigo, vueltas atrás y saltos hacia delante, cosas que estudiar, planes de futuro... y sin embargo esto es un paréntesis, lo sé, no sé como explicarlo, os lo tenéis que creer. He vuelto a estudiar y me faltan tres años (menos dos meses) para poder currar en eso. Mientras, evidentemente, puedo trabajar sólo la mitad del día, así que vivo como una pequeñaja, y como una pequeñaja sin muchos recursos económicos. Mientras, la viejuna que hay en mi interior ya está en Ikea comprando platos y eligiendo postales para la pared del estudio (veis? nuestra casa va a tener hasta estudio, a veces me doy una risa...)
Tengo que tener mucha paciencia. Tengo que ser la Reina de las pacientes, porque voy a estar preparando este viaje tres años. Menos mal que estás conmigo, uf. Menos mal que hacer la maleta contigo es infinitamente más entretenido, lindo y verdadero que hacerla sola (soy un desastre, mi vida está llena de situaciones en las que siempre han sobrado pares de calcetines y nunca tenía sujetadores, o en las que me he cocido debajo de un jersey de cuello vuelto porque había olvidado traer el bañador. Ah, mi compleja relación con los contextos...) Así que seguro que juntas construímos un futuro a la medida de nuestros neceseres ;)
Para eso, estamos todas de acuerdo, hay que empezar amueblando el presente. Y para eso sí que tengo dinero, y nunca me va a faltar tiempo. Tengo mucho que contaros. Voy a ser trabajadora social, estudio con gente que nació en 1989 (ayayayay) y ayer recibí un libro de Reiki de 500 páginas que tengo que traducir para finales de Enero.
Vengo a despedirme, como quien dice. Voy a mudarme, vamos a mudarnos. Este fin de semana os doy la dirección. Nuevos horizontes necesitan nuevas ventanas desde las que asomarse, así que nos vemos dentro de nada entre otras paredes. Dieciséis, para ser más exacta.
 
...
...cuando te pille....
;)
 
más amor, sospecho...
Y es que sigo tan agustito entre esas 16 paredes que no veo el momento de actualizar... qué más puedo decir por ahora. Supongo que es el momento de verte a contraluz de espaldas al mar y morirme una vez más del amor. O de hacerte por vigesimosegunda vez el desayuno. O de despertarme porque me acaricias y viceversa (está bien, tienes razón, este viceversa ocurre muy raramente).
Volveré a estudiar en Septiembre y llenaré este blog de asignaturas, anécdotas de la más pureta de la clase, y dudas existenciales, es lo que tiene cambiar de vida...
Pero mientras, mientras quede agosto y aún tenga 31 años y no se me caiga el diente de leche, permitidme que siga sólo diciendo una vez más que la quiero, que te quiero, y que el aire huela durante unos días más a after sun.
Perdonad la sosería, la reiteración, el almibar. Pero es que....
vivo en un permanente e ininterrumpido ataque de amor. Ay.
 
16 paredes
Hay una casa que aún no sabe que vamos a habitarla. Yo, que voy y vengo del futuro como quien se pone y se quita un vestido lindo pero complicado (abotonado hasta el cuello, pero precioso. Así son mis viajes al futuro: costosos. Perfectos), en uno de esos viajes la he visto. Tiene contraventanas azules. Y está en las nubes. No tiene ni idea de que, en un tiempo impreciso vamos a ocuparla, decorarla, honrarla, pincharla con clavos pequeñitos y apenas molestos, repintar alguna pared de verde. No sabe, tranquila en su ignorarlo todo, que vamos a crecer y quien sabe si reproducirnos entre sus 16 paredes. Sí, las he contado. Son 16. Llegaremos con mi desorden de maletas y tus cajas de fotos. Con mi caos de papelitos y tus cuadernos de cuento. Con nuestro pelo rizado. Con tu risa y mi diente de leche. La rutina aún será un espacio en blanco que construir. Tu cuerpo llenará esa casa nuestra y a mi, personalmente, no me hará ninguna falta nada que no sea una cama. Una bañera (la casa tiene bañera mi amor. Con pies de león y una sirena con pijama de rayas flotando en el agua). Esa casa que aún no sabe que es nuestra tiene la misma cara que el día que nos besamos la primera vez: de despiste total, de ignorancia boba y encantadora. Como quien dice: “soy un recipiente, ¿qué esperabas?”. Tienen razón. No espero nada de la casa que será nuestra, ni del día en que por fin me despierte a tu lado sabiendo que así serán los días sucesivos: una hilera de amaneceres enredada en tus piernas. Por mi puede llover, pasar un cometa, ganar Obama, desplomarse la bolsa. Será “el primer día que me desperté a tu lado sabiendo que así serían los días sucesivos”. Con ese nombre tan largo, se van a reír de él en el colegio. En cambio, “la casa en la que vivimos juntas” parece rimar con un montón de palabras encantadoras: chocolate, amor, complicidad, risas, sexo, desayunos, mar, sexo, (ah, ¿ya lo he dicho? perdón :)
No me preguntes donde está, cariño, porque no lo sé. Y no porque mis viajes al futuro sean imperfectos, no. Es porque tú tienes la otra mitad del mapa. Yo, sin ti, no sé llegar.